lunes, 30 de octubre de 2023

MUNDIAL DE RUGBY FRANCE 2023, LO MEJOR Y LO PEOR

Así que primero voy con lo mejor que siempre resulta más gratificante y que, además, y escribiendo sobre rugby en términos pugilísticos, siempre vence por K.O. a todo aquello que podríamos encuadrar bajo el epígrafe contrario, o sea, bajo lo peor y de lo que al final de estas líneas también daremos cuenta cuenta justa para no ser acusados de "caseros". Pero primero, eso: lo dicho, lo mejor del Mundial de Francia 2023 (y sin orden de preferencia):

1. Las lágrimas que derramaron los jugadores portugueses después de ganar su primer partido en un Mundial, a Fijy, una selección que no es moco de pavo precisamente, y a pesar de que la victoria les eliminaba del Torneo. Ver esas lágrimas (¡de alegría!) es el mejor el mejor tributo a un deporte en el que el honor (¿alguien sabe lo que es?) estará siempre por encima de los triunfos (a éstos sí que los conocemos, ¿verdad?).

2. Y sin dejar a Fijy: a su jugador Joshua Tuisova, durante el Mundial se le murió un hijo de 7 años, después de una larga enfermedad. Pero Joshua no acudió a los funerales  y continuó concentrado con sus compañeros para disputar y asegurar su plaza en los CF en el partido, al que anteriormente hacíamos referencia, que su seleccióon disputaba contra Portugal donde un punto bonus les servía para superar a Australia y sellar, de esta manera, su pase entre las ocho mejores selecciones.  

3. O el quién da más después del Irlanda vs Nueva Zelanda. Después de las ¡37 fases! que una enorme y heroica Irlanda realizó en la última jugada del ecnuentro buscando enmedar la fatídica suerte que ler persigue en los Cuartos de Final de los Mundiales. Al final 24-28. Otro Mundial será. Pero el partido quedará grabado en la retina de todos aquellos que lo vimos aquella tarde de octubre.

4. ¡Y cómo no! El inteligentísimo planteamiento de Rassie Erasmus, entrenador jefe de los Sprinboks, que dejó en apenas 11 tantos a los todopoderosos All Blacks en la Final. Cuando se dice que Sudáfrica le tiene tomada la medida a Nueva Zelanda no se sabe muy bien todo el esfuerzo y (seguro) todas las noches en vela que eso supone.  

Y en cuanto a lo peor, por el contrario, no habría mucho donde elegir, dejando en un aparte a la horrible megafonía que, a través de mi televisión, por lo menos, me impidió disfrutar de la maravillosa liturgia de los Himnos, ya que en la retransmisión las voces en directo del esforzado coro se entremezclaban en un batiburrillo desajustado y desintonizado con los propios cantos de los espectadores.

Aunque habría otro un detalle, y éste sí, super horribilis y que a mí me ha hecho cabecear perplejo, aunque después de pensarlo con un mayor deternimiento, no sea más que lo que lamentablemente debería haber tenido previsto. Porque no todo es tan prístino y ejemplarizante. Ni siquiera el rugby. Porque ni él puede librarse de esos contratiempos que nos asaltan en cualquier momento y desde hace ya tanto tiempo que, a veces, nos olvidamos de contar y los asumimos con una triste recogida de hombros, como algo que siempre ha estado y estará ahí (¡ay!), como el cielo continúa sobre nuestras cabezas. 

Y con ello me refiero al enconado y milenario enfrentamiento que existe entre Francia e Inglaterra y que, incluso, y más allá de sus diferencias políticas y de carácter llega a materializarse, incluso, en el uso del idioma. Quizá nuestra seña de identidad más sapiens. Porque si de imposible pudiéramos catalogar que un inglés te hable en francés, a duras penas conseguirás que un francés te hable en inglés. (Comprobado en persona: hace apenas 5 años en la cafetería de la Filmoteca de París, no encontré un camareta con  el que pudiera entenderme en el idioma de Shakespeare). Y de estas idiosincracias ni tan siquiera el rugby, el más bello combate entre caballeros, puede decir, ésta boca no es mía. ni librarse de sus lamentables resultados.

Y lo explico y que alguien me lo explique, por favor. La Final, y el Mundial con ella terminó el pasado sábado, 28 de octubre, Pues bien, Liga Inglesa de Rugby, más conocida como la Gallagher Premiership, había dado su pistoletazo de salida el día 13; o sea, 2 semanas, 15 días antes de que el Mundial bajara sus persianas. ¿Cachondeo, o una flagrante falta de respeto? ¿O es que estos gentlemen (sic), estos mandamases de la Federación Inglesa no podrían haber dejado pasar dos semanitas de nada y haber retrasado, por respeto al Mundial, sí, ¡cómo no!, el comienzo de su Liga sólo 15 diítas, como suele decir un colega? 

Claro, amigos, pero con Francia e Inglaterra se toca hueso reiteradamente. Sí, sí, Francia e Inglaterra, aceite y agua., perro y gato. Pero yo, por lo menos, estoy hasta los c. Como dos chiquillos que se negaran a crecer y que no se cansan de meter el dedo en el ojo del contrario. Y de girarlo después. Y aquellos mismos mandamases, a los que antes aludía, seguramente habrán discurrido (sic), esperar hasta el día 13, sí, mucho más que suficiente, porque cierto que hablamos de Rugby, y de todo un Mundial, pero no menos cierto es que lo organiza Francia y en algo tenemos que tocarles las pelotas haciéndoles ver, por ejemplo, que su Mundial nos importa, pero no demasiado, no hasta el extremo de aplazar el inicio de our business, de nuestra Gallagher.

Así, que les quede clarito, parecen terminar diciendo esos mandamases. France

well, welll… ma non troppo. Y vosotros podríais decirme, otra versión de la Monarquía versus la Guillotina, de Welllingtong versus Napoleón, otro más de lo mismo. Pero es que yo pensaba que el Rugby era otra cosa: sagrado, intocable, y que los ingleses sabrían respetar el Mundial. ¡Qué ingenuo, ¿verdad?! Por lo menos Sudáfrica, los infatigables bokkers, nos han echado un capote y han dejado a Inglaterra con la miel en los labios y fuera de la Final por un solo puntito (15-16). ¡Merecido se lo tenían los ingleses pretendiendo pasar Liga por encima del Mundial! ¡Semejante bravuconada no merece otro premio que la lucha por el 3º o 4º! ¡Y a callar, y aprender a ser más humildes next time! Aunque eso lo veo complicado. porque aparte de comer fatal, a estos ingleses parece no importarles eso de comulgar con ruedas de molino. Erre-que-erre. Así que peor para ellos. Aunque sólo por esto, por dejarles fuera de la Final, Sudáfrica se habría ganado alzar el trofeo de los campeones, la bonita Webb Ellis Cupl a los cielos para que Madiba pudiera volver a verla desde más cerca. 

Leer más...

martes, 10 de octubre de 2023

CALABAZA PARA GUGGENHEIM

Cuando las cosas están bien, está bien que se digan y se cuenten. Creo que es de recibo. Luego si volvemos la tortilla del revés, habrá que estar de acuerdo con la setencia contraria o aquéllo que podríamos pronunciar concluyendo que cuando las cosas están mal, está bien que se digan y se cuenten.

Y a elllo voy. Porque del Museo Guggenheim he contado maravillas, y no creo que haya dejado pasar alguna de sus excelentes exposiciones sin el consiguiente bien o perfecto saliendo de mi boca. Pero claro que para todo hay un antes, una excepción (que confirmaría la regla), un por aquí no paso o el más categórico, esto no está bien, y lo siento mucho.

Y así fue como me sentí y lo que me ocurrió cuando vi la exposición de la artista japonesa Yayoi Kusama, uno de los iconos más aclamados y reconocidos del arte de nuestros días. Cierto es que quizá el día, el último día de la exposición, pudiera prestarse al desbarajuste reinante en el Museo, con decenas de visitantes colapsando las salas, niños y niñas para arriba y para abajo, mayores fotografiando los cuadros, esculturas e instalaciones de Yayoi o fotografiándose ellos mismos delante de cualquier artilugio que colgara de una pared. Pero me han contado, y no tengo motivos para dudar, de que otros días que no fueron, precisamente, el último ni uno de los últimos, el deprimente panorama no había sido muy diferente.

Sí, aquéllo era una jungla de visitantes, una manada de idas y venidas, un auténtico follón en el que el arte estaba pero no estaba, aniquilado por el gentío siempre irrespetuoso, siempre a lo suyo, como si, irónicamente, el individuo que lo conforma y lo hace posible le importara, más bien, cerocoma. Porque el arte necesita de cierta calma para poder apreciarse en la totalidad que se merece. Necesita interactuar con el espectador, entablar con él un diálogo a dos voces (¡sólo dos!) en el que ambos salen enriquecidos.

Porque La Gioconda, por ejemplo, no es hoy la misma que pintara en su momento el gran Leonardo, sino que sobre ella se han aposentado miles de miradas que la han reconvertido en lo que hoy es, en lo que su misteriosa mirada refleja. Y los visitantes y espectadores, ¡qué decir de ellos! La Gioconda tiene ese poder de haberles modificado el pensamiento aunque sólo fuera un poquito.

Pero la algarabía, los continuos roces y movimientos son el antídoto contra esos instantes mágicos. Y, por contra, el mejor medio (sic) para ver el arte de pasada, para un hoy te he visto, mañana no me acuerdo, para desear ¡escapar del Museo! y apalancarte fuera, en la terraza, apurando un cafecito.

Sí, y por todo ello, una buena calabaza para Guggenheim- al hilo de la muestra de Yayoi. Como les ocurría a aquellos perdedores en el viejo concurso del Un, dos, tres. Porque un museo debe ser siempre un museo y su asistencia a él aproximarse más a la entrada en un recinto sagrado, que a la estrepitosa y  atropellada visita al Corte Inglés durante el primer día de rebajas, tal y como este mundo tan posmoderno y guay (sic) parece empeñado en querer abrazar.

Sí, pero ya nos lo decía Canetti: hoy me asomé a la ventana y estaba todo lleno de gente. Así que a lo mejor quien avisa no es traidor. Luego, ¡cuidado con los populismos, con las masas "atilianas"- de Atila, claro! Lo poco agrada, lo mucho cansa. Y por una vez, y sin que sirva de precedente, habrá que darle la razón al refranero.  

Leer más...

domingo, 8 de octubre de 2023

KAFKA EN LA ORILLA O LA MÚSICA PELIGROSA

En este blog me he referido múltiples veces a eso que llamo música peligrosa. El término no es enteramente de mi propiedad (yo que casi nada tengo). Quizá la primera vez que oí hablar de ella fuera en boca de Juan Querol, uno de los actores que participaron en el rodaje de mi ópera prima o Lo mejor de cada casa (Una semana en el parque).

Juan, creo recordar, tocaba la guitarra y no dejaba pasar un fin de semana sin asistir a uno o dos conciertos. Y el lunes, cuando se incorporaba al rodaje, yo siempre le preguntaba por los conciertos a los que había asistido. Y él muy serio solía decirme, nada, Toni, no te has perdido nada. Y cerraba la conversación apuntando un definitivo, nada de peligro.

Sí, aquéllas fueron las primeras veces que oía a alguien hablar sobre la música peligrosa. Yo sabía muy bien a qué se refería con ello el bueno de Juan (desde aquí un saludazo), aunque no acertara a describirlo con palabras. Hasta ayer mismo cuando terminé de leer la (decepcionante) novela de Haruki Murakami (Premio Princesa de Asturias de las Letras 2023) Kafka en la orilla. Sí, quizá el título sea lo mejor de ella. Sí, el título y la definición de música peligrosa que dicta en la página 481 en la edición de Tusquets que yo he estado manejando. Escribe Murakami sobre el impresionante temazo de John Coltrane, My Favorite Things, y trascribo, Aquella música (My Favorite Things, claro) paciente y reiterativa va haciendo, poco a poco, que la realidad se desmorone y la va reconstruyendo de forma diferente. Desprende un hinóptico olor a peligro.

Of course, el paréntesis y el subrayado son cosa mía, el resto se lo debo al escritor japonés. Él habría depositado en mi cabeza toda una definición de lo que una música, realmente peligrosa, debe poseer en el encadenado de sus notas y acordes. Porque la música peligrosa se disfruta, pero a costa de pagar, en muchas ocasiones, un alto peaje, ya que después de haberla escuchado, posiblemente, ya no vuelvas a ser el mismo: la realidad, en la que vives tan confortablemente, se desmorona y, en su lugar, se va reconstruyendo esa misma realidad pero de una forma diametralmente diferente. Y esto, en muchas ocasiones, nos coge desprevenidos, nos rompe los esquemas con los que tan habituados estamos y nos lo cambia por otros distintos, y sin que nada podamos hacer por evitarlo. Es una experiencia ciertamente peligrosa pero es una experiencia que nos hechiza y a la que no queremos dar la espalda.

Por eso, la música peligrosa será siempre eterna, y nunca pasa de moda porque no entiende de modas, suena al margen de ellas y conttiene esa maravillosa capacidad de cambiarnos, de no ser siempre los mismos siendo siempre los mismos, de pensar que hemos descubierto un nuevo y virgen (para nosotros) territorio que se extiende ante nuestros ojos, abierto y ofreciéndonos infnitas posibilidades desconocidas hasta ahora, hasta que esa nota del piano de McCoy (más peligroso que un piel roja, y por seguir con My Favorite Things) nos ha encendido esa bombillita que estaba apagada.

PD,- Por supuesto que todo esto que refiero a la música, igualmente sucede con determinados libros, determinadas películas, cuadros, esculturas, o etc. 


 

Leer más...

miércoles, 4 de octubre de 2023

LA ITALIANIZACIÓN DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA

Llevo dándole vueltas a esta entrada desde hace meses. No sé si resulta apropiada o responde, más mal que bien, a una de esas estrafalarias ideas que rodean mi cabeza quizá con demasiada asiduidad. Tendré que preguntárselo a mi psicoanalista (desde aquí un saludazo), en un rato que tenga libre.

El caso es que esto que de la italianización de la política española trata de responder a las últimas maniobras, estrategias, declaraciones y contradeclaraciones, a aquel donde dije "digo", ahora digo "Diego", al desastre más puro y más duro, y seamos de una vez claros, con que nuestros políticos, prácticamente sin una decorosa excepción que les avale, nos llenan las retinas y los oídos con sus, cada día más, impresentables actuaciones y desvaríos, que no discursos.

Sí, todo parece indicar que los políticos, y la Política con ellos, se han empeñado desde hace años en tocar fondo, y parece que ahora por fin lo están logrando, aunque los "curados de espanto" sabemos que el fondo siempre es una forma de hablar y que a un poquitín que nos lo propongamos podemos seguir descendiendo, y que al fondo le suceda otro fondo, y a éste otro, y así hasta que podamos calentarnos las manos en las ascuas del Infierno.

Sí, todo muy tremendo, ¿verdad? Apocalíptico. Pero si me he decidido, por fin, a escribir estas líneas, ha sido por eso mismo. Pero al contrario. O sea, para calmar los ánimos, para que el pánico no cunda y que respiremos tranquilos. Porque nada es tan (políticamente) tremendo como parece contando, además, con que los ciudadanos ya parece que hemos dado el primer paso para desembarfazarnos de este apocalipsis que parece que se nos viene a caer encima.

Y este primer paso no sería otro que haber corrido un tupico velo, habernos girado de espaldas cuando uno de nuestros políticos quiere decirnos algo importante (sic), habernos "desafectado" de esta política del "y tú más", del " y yo entonces, ¿por qué menos?", de los corpúsculos que, a diario, rellenan nuestras calles con sus pintorescas protestas, de gente a la que nada básico le falta para vivir, y termina las concentraciones tomándose un vinito, y tan amiguetes, en la terraza de cualquier taberna donde hayan decidido poner punto y final a la manifestación (LGTBI, referendum sí, referendum no, maltratos, acercamiento de presos, etc.).

Sí, y decía o escribía, "corpúsculos" porque el hartazgo o esa molesta sensación de salir para nada ya se adueñado de nuestros brazos (haciéndonos bajar las manos), de nuestros gritos (haciendo que shora apenas sean audibles por el cuello de nuestras camisas), por el mismo número de asistentes a la protesta (inexorablemente hasta el moño, y con crecientes ganas de volverse a casa, y que ésta sea la última).

Sí, el ciudadano ha dicho "¡basta!". Hasta los cojones, y no me creo nada. Pero yo insisto, y no se trata de ninguna broma, que esta situación me pone.... las pilas, me hace abrigar esperanzas. Porque al contrario que la Política, progresiva y éticamente deteriorándose, y de los políticos en cuyas manos jamás pondría la suerte de un ser que me importara acaso un cero coma, el país, la Economía no va tan mal. Al extremo de poder pensar que Política y Econmía son dos ciencias que, en nuestros turbulentos días, van cada una por su lado. ¡Quien lo diría! La Política más atada a los dimes y diretes de nuestros políticos de turno; la Economía más sujeta a las directrices que nos vienen impuestas desde Europa, desde este Mundo Globalizado en el que estamos viviendo.

Por todo ello, tranquis, que no cunda el pánico, que nuestros políticos, si ése es su gusto, metan sus cabezas en las aguas de la más insensata mediocridad, en las aguas del "a mí qué me importa". Mientras la Economía no se obceque en seguir sus pasos.

Y de ahí lo de la "italianización". Porque yo siemrpe cuando miraba a los italianos alucinaba con la inestabilidad política que les era cosustancial, con esos primeros ministros que duraban en su cargo lo que un caramelo a la puerta de un colegio, con sus Cicciolinas, con sus Berlusconis, sus constantes estiramietnos cutáneos y escarceos amorosos, y con los desastres y más desastres parlamentaios pero que a los italianos de a pie les importaba cero coma y seguían adelante como si nada, como si oyeran llorer pero que, sin embargo o quizá por ello, por ese a-la-Política-el-caso-justo, o sea muy-poco, continúan formando parte del G7, ¡de los siete países más industrializados del mundo!, manteniéndose en él con un decoro económico más que digno.

Por eso repito, no nos llevemos las manos a la cabeza cuando encendamos los televisores, ni nos asalten las sombras de una eminente catástrofe. Lo que nos está ocurriendo no es más que el mejor signo de que el país va (económicamente) bien, de que el país está italianizándose, de que la Política terminará encerrada (y castigada) en su cuarto y sin paga (jeje), dejando que la Economía se las arregle por sí sola, acatando las normas que le llegarán desde Europa o desde el Mundo Globalizado.

Sí, ya es hora (porque Ella lo habría querido así) de que la Política se haga a un lado, que giren sobre sus talones, que sus consignas no nos hagan más que esbozar una sonrisa de circunstancias, y dejar que pasen hasta la próxima ocurrencia. Sí, hasta el próximo y aburrido, ¡y tú más!... Y nosotros cada vez más italianos, cada día más cerquita del G-8.


Leer más...