domingo, 11 de junio de 2023

LA 6ª DE BEETHOVEN Y BREVE CARTA A MI PRIMO PERU

Peru,

voy a comentarte una cosa que me anda rondando por la cabeza estas últimas semanas. Es un recuerdo, o una invención mía, pero lo mismo me da porque a mis efectos, y a falta de que alguien me lo corrobore o me lo niegue, me vale lo mismo porque es cierto.


El caso es que yo andaría entonces por mis 12 o 13 años, y escuchando Grease, o a Travolta, Supertramp. Rod Stewart, etc., cuando le pregunté a tu padre a quien tenía, y sigo teniendo, por un gran sabio en muchas materias, y entre ellas, cómo no, en música clásica.

Y el caso es que le pregunté, o creo haberle preguntado (pero ya te digo que a mis efectos, me da igual), tío, si quisiera empezar a escuchar música clásica, ¿qué disco me recomendarías tú? Y al momento tu padre me contestó, la Pastoral, Toni, y sin ninguna duda, la 6ª sinfonía de Beethoven.

Y algo así debió ocurrir, porque me compré el disco y, durante muchos años, lo he tenido en casa, en vinilo, la 6ª de Beethoven. Pero cierto es también que no debí escucharlo muchas veces; quizás escuchara una cara, o quizás cara y media y, seguramente, nunca entero (en aquel momento, a los 12 o 13 años, casi 50 minutos de música sin palabras, ¡socorro!), porque el disco siempre ha lucido en mi estantería impecable, como recién sacado de la tienda.

Y ahora el tiempo ha pasado, corriendo que se las pela. Yo ya tengo 57, o sea que han pasado mucho más de 40 años, y ayer escuché la 6ª de Beethoven, en la versión cuyo enlace te dejo abajo (por si te apetece, sólo por si te apetece), y la carne se me puso de gallina 10 veces 10, y es que la 6ª es posiblemente mi sinfonía favorita (esta anéctota/recuerdo que te he contado contribuye, sin duda, a ello); esto es, para mí podrá haber otras sinfonías tan buenas como ésta, pero mejores, ni una.

Y termino con la reflexión que toda esta batallita me sirve en bandeja. Cuando se tienen 12 o 13 años no para uno de recibir consejos (formulados con la mejor intención) por parte de los mayores pero, entonces, no caemos en la cuenta y se nos olvida una cosa, las orejas de aquel chiquillo que escucha el consejo también tienen 13 años, ¡entre las dos!, y no los 45 ó más de quien da el consejo.

Pero yo, ahora, con mis 57 años a la espalda alucino con la 6ª, entre cuyas notas siempre se filtrarán el recuerdo de tu padre y de mis "invencibles" 12 o 13 años, cuando creía que me las sabía todas y, realmente, no me enteraba de casi nada.

Pero ésta debe ser una de las lecciones que nos imparte la vida, siempre con una (jodida) condición: no tener ya ni 12 ni 13 años. Y, así, podemos afirmar que estas lecciones de la vida siempre llegan con retraso, siempre tarde, siempre a toro pasado. Lo que no deja de ser, a su vez, una cruel y dolorosa lección; como comprar un billete de tren cuando el tren ya ha partido, y en la estación sólo quedan los operarios de turno sando brillo al andén.

Abrazo, tu primo,
Toni


 
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