martes, 25 de abril de 2017

THANKS, GRACIAS, спасибо, ESKERRIK ASKO, 谢谢, MERCI, DANK,….

Lo que parecía imposible, o por lo menos complicadillo, ha llegado: lavueltaylatuerca.blogspot.com., ha sobrepasado este fin de semana, y con creces, la barrera del sonido, la barrera de las 10000 entradas.

Pero con ello no solo quiero dejar constancia del hecho, lo que sería, por mi parte, totalmente pretencioso, sino agradecer, con toda la sinceridad que me fuera posible trasmitir desde este teclado, a todos aquellos y aquellas que lo han hecho posible y alguna vez (porque basta una) hayan decidido perder un poco de su precioso tiempo en hojear o leer alguna de las entradas con las que, en este tiempo, he ido rellenando lavueltaylatuerca.

Con ello busco, entre la hojarasca de esta primavera-otoñal, un canto y me doy con él en los dientes, porque muchos de los objetivos que me propuse, cuando decidí aventurarme en estos universos virtuales, se han visto cumplidos. Y es que estoy seguro que, con estas más de 10000 visitas que ha recibido el blog, puedo afirmar que aquel ideario que me planteé, y que se plasmó en la primera entrada, se ha visto reafirmado, acaso un poco pero, sin la menor duda, suficientemente.
 
¿Lo recordáis? Quizás lo pudiera resumir en una breve frase: tener siempre la mente abierta a los avatares que suceden, día a día, en este mundo, y a nuestro alrededor; no perder nunca la curiosidad, el espíritu de asombrarse porque el nos pondrá, saludablemente, manos a la obra y con ello entraremos, bien pertrechados, e indagaremos en cualquiera de las circunstancias que nos rodean y, sobre todo, nos hará huir, cono de la peste, de las fáciles y perezosas explicaciones que recibimos por doquier (y este mundo nuestro ni es fácil ni es perezoso); y preguntarnos, en su lugar, por el porqué de las cosas, más allá de los qués, sacar punta a todos los lápices y coger, en definitiva, la tuerca y darle unas cuantas vueltas más, las que sean precisas, asumiendo y disfrutando con el hecho de que 2 + 2 no siempre suman cuatro,….
 
… y hacernos, con todo esto, más peligrosos; nunca plácidos receptores, borreguitos que a todo inclinan la cabeza y dicen que sí, y vestirnos con las galas de la interrogación y preguntar, preguntarnos siempre, por qué esto es así y no asá, hasta que la tuerca parezca que no va a dar más de sí. Porque eso será: "lo parece". Estemos seguros que la rosca, con los instrumentos precisos (nuestra cabeza, por ejemplo), siempre podrá girar una vueltita más.


 
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sábado, 15 de abril de 2017

14 COSAS PARA HACER EN BILBAO CUANDO ESTÁS COÑADO


 (14) Sea o no Semana Santa, dejad que el Guggenheim nos eche de menos y, en su lugar, nos damos una vuelta por el Museo de los Pasos (Iturribide, 3) para disfrutar, entre otros, de esta maravilla de Piedad, de Juan Pascual de Mena (1756). Creo que el cuerpo exánime de Jesús, entre los brazos de María, es una de las representaciones de la muerte más emocionantes que he tenido ocasión de ver.

Añadirle con el pensamiento (aquí os ayudo yo) el Pie, Jesu, de Fauré. Y en cuanto termine, esperad dos segundos para respirar.


 (13) No propongo nada; por si acaso.

(12) Yo que ando por Bilbao desde tiempos inmemoriales, que, incluso, suelo comentar en plan gracieta que en las próximas bakatas me subiré a Artxanda para ver cómo se ve Bilbao sin mí, no dejo de sorprenderme con los cambios, bonitos cambios, que están lavando la cara, lavándola para bien, de nuestro querido Botxo.

Lo último, algunos me diréis que estoy bloqueado y que he sido el último en enterarme, son las aventuras que nos propone www.bilbobentura.com y que uno puede correrse por la Ría alquilando una canoa o una piragua, y surcar con ella sus ¡limpias aguas! como un audaz y cachondo piel roja, al tiempo que echamos un vistazo a la ciudad desde un punto de vista realmente novedoso y... acuático.

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¿Quién me lo hubiera dicho a mí, cuando pateaba sus grises y tristes calles hace tan solo unos años, y si caías a las aguas de su Ría ya podías ir encargando la Misa de salida del día del txapuzón en ocho?

(11) Al estar muy cerca de Bilbao, casi en sus afueras, a unos 150 kms de distancia, una hora y tres cuartos de viaje en coche, alguna vez si estamos coñados en el Botxo podemos salir y darnos una vuelta por Pamplona.

Pamplona no tiene desperdicio para el visitante. Es muy difícil aburrirse por ahí, con la cantidad de vida que se respira en sus calles; una vida muy a tener en cuenta para tratar de copiar sus modales en otras ciudades no tan afortunadas en este sentido, o más insulsas. Aunque sé, y de entrada, lo aviso, que éste propósito nunca es fácil de conseguir.

En Pamplona se reúnen EN INCREÍBLE Y, CON SUS TIRAS Y AFLOJAS, ARMONÍA, los más serios ciudadanos, con indisimuladas afinidades con el Opus (Pamplona no deja, de momento, de ser su centro neurálgico), y con una Iglesia muy tradicional que hunde hondas raíces en su subsuelo, con otros ciudadanos más gamberros, menos compuestos, situados en las antípodas de aquellos primeros, y que se alinean con el pensamiento más liberal y líquido (recuerdos para Bauman, qed), con los amantes al rock más radical y heavy; descendientes de los inolvidables Barricada y/o Marea (aunque estos, en realidad, se crearan, en Berriozar, están casi al lado).

La convivencia en una ciudad de apenas 200.000 habitantes de estos dos extremos de la esfera social, dentro de esa confortable armonía, es algo digno de ver, admirar e imitar (si se puede, lo decía). Elegantes y guapas mujeres vestidas a la última conviven con jóvenes más demodé, desenfadados, y siempre a guasto. Porque aquí, en Pamplona, no pasa nada. O pasa de todo: eso que no pasa en ningún otro sitio que yo conozca.
 
Y si para muestran valieran dos botones, cito primero, a los benditos SANFERMINES que, como casi todo el mundo sabe, se celebran a golpe de platillo y pura hermandad, durante las primeras semanas del mes de Julio.

Y en segundo lugar su precioso y mítico frontón, el LABRIT, donde cada sábado se realiza un festival de pelota a mano. Asistir en la Bombonera, así se le llama popularmente al recinto al tener sus 1000 localidades casi volcadas sobre la cancha, me parece un espectáculo irrepetible. Las txarangas, cuando tocan, los cánticos, gritos y silbidos, los aplausos a rabiar, los ánimos y apoyos a los pelotaris que se contagian de la tremenda algarada y brindan al respetable excelentes partidos, crean un ambiente mágico donde se mezclan, se citan, conviven, se divierten y aplauden al unísono, la chavala más atractiva, la señora glamurosa, el caballero tocado por un sombrero de fieltro con la cuadrilla más bulliciosa y cantarina, la de la juventud divino-tesoro, llena de calle, y katxis de cerveza.
 

Y con esto os dejo. Con los dos botones. Con el emotivo homenaje que durante unos pasados SANFERMINES le tributaron al también mítico Titín III (un riojano de pro, pero ¡qué más da!) con el graderío del LABRIT abarrotado (como siempre), de fiestón y puesto en pie entonando la mexicanada Sigo siendo el rey ¡con un improvisado mariachi a pie de kantxa! rodeando al pelotari.
 

Claro, que todo este “buen rollo” queda muy cerca de Bilbao. En las afueras del Botxo. Y que nadie se moleste, por favor. Exactamente, y si la wikipedia no nos engaña, a 154,9 kms.

 
(10) Como suele decirse que el que ha nacido en Bilbao puede haber nacido donde le dé la gana, también esta 10ª propuesta puede hacerse en Bilbao o donde a uno le dé la gana. Simplemente clicad en el enlace de abajo y fliparéis con uno de los momentos televisivos más alucinantes, subversivos y originales de los últimos años.
Ocurrió el 13 de diciembre de 2016, martes para ser más exactos, pero no imaginad ningún mal fario, ninguna cenizada, sino justo los contrario: los Primitals Bros, canallada o grupo musical a capela ideado por el increíble y multifacético Santi Ibarretxe, funcionando a pleno rendimiento en el plató de La hora cultural de 24hs, ante el asombro y estupefacción de su presentador, el bueno de Antonio Gárate, que suda literalmente tinta china viendo al grupo actuar y sin tener la menor idea de por dónde va a salir él o por dónde van a salir ellos. A eso se le llama talento. Y talento en estado puro. A capela. A raudales. Para dar y tomar. ¿O acaso la versión de la Bohemian Rhapsody, que interpretaron para terminar su actuación, podría merecer otro calificativo?

¡¡Así que disfrutadlo a tope, tanto si estáis en Bilbao como si estáis en cualquier otra parte del mundo que también será Bilbao, no lo dudéis!!


NOTA,- Prometo que haré lo que esté en mi mano para que todos podamos disfrutar del espectáculo (nunca mejor dicho) durante la próximas Fiestas de Bilbao, en la Aste Nagusia 2017.

(9) Darse una vuelta por el Frontón de Miribilla y ver algún partido de pelota es siempre una gozada pero durante el Torneo Aste Nagusia, durante las fiestas, la gozada se multiplica x2 o másLes guste o no a los descosidos de siempre, la pelota es el único deporte originario de esta tierra de la “piel de toro”. Sólo por esto se merecería la pelota que le diéramos un empujoncito con nuestra asistencia al frontón.

Pero es que además el Frontón de Miribilla es una construcción espectacular con 3000 localidades (lo que le convierte como quien no quiere la cosa en uno de los recintos deportivos para la práctica de la Pelota a Mano más grande del mundo) y con una perfecta visibilidad desde todas ellas.

Para esta edición las empresas organizadoras no han escatimado esfuerzos y en Bilbao tendremos a los mejores pelotaris de la actualidad, Urribarría, Altuna, el big boy (ver la entrada en este blog del 17 de octubre de 2015), Urrutikoetxea, Olaizola, ese gigante que se niega a caer (ver la entrada en este blog del 8 de mayo), etc. Si falta alguno es simplemente porque se encuentra lesionado. ¡Un recuerdo y muchos ánimos para Irujo! Así que de momento en Bilbao estarán todos los que son y estos son todos los que están. Que nadie se queje. Yo, de momento, me apunto al programa del día 23: Irribarría vs Altuna y ¡que salten las chispas de la genialidad!

Así que desde esta 9ª propuesta propondría al personal que suba durante este Aste Nagusia 2016 al Frontón. Que antes se meta entre pecho y espalda una comida como Dios manda. Restaurantes donde elegir no faltan en la Villa. Regar los platos con un buen vino. Después las copas y derechos al frontón. Y si la tela nos sobra un poco, jugarnos unos euritos con una apuesta. Si no ganamos que no se arme un alboroto: los corredores, en estos tiempos de crisis, nos lo agradecerán de todas maneras. Y si ganamos, la cena la tendremos pagada.

Os puedo asegurar que, posiblemente, seguirán habiendo muchas otras tardes en nuestras vidas pero esta que pasaremos en el Frontón Miribilla será una de las más memorables. Y el que avisa no es traidor. Ahí os va el programa de este año. y GORA ASTE NAGUSIA!!

CUARTOS DE FINAL TORNEO

Bilbao, 22/08/2016

BENGOETXEA VI –BEROIZ
URRUTIKOETXEA-LARUNBE

Bilbao, 23/08/2016
IRRIBARRIA-MERINO II
ALTUNA III-REZUSTA

SEMIFINAL TORNEO

Bilbao, 24/08/2016

ELEZKANO II –ZABALETA
GANADORES DíA 22


Bilbao, 25/08/2016

OLAIZOLA II-UNTORIA
GANADORES DíA 23


FINAL TORNEO

Bilbao, 27/08/2016

GANADORES DÍA 24-GANADORES DÍA 25


(8) Para Gorka y Tato, que lo hacen posible
En los periodos de vacaciones siempre se me ocurre la misma boutade, y cada vez que la pongo en práctica no me arrepiento. Se trata de escapar, durante unos minutos o unas horas, a algunos de los montes que rodean Bilbao. En su día me contaron que Salzburgo presumía de ser la única ciudad europea en estar rodeada por sus cuatro esquinas con montañas. Debo decir que esta afirmación es inexacta y que Bilbao también lo está, y con mayor mérito aún ya que es una ciudad más grande y populosa que la austriaca. Por aquí podríamos colar algunas pistas para promocionar Bilbao sobre un aspecto en el que no siempre se repara con la debida atención.

Bueno el caso es que esta Semana Santa opté por estas vacaciones "sin salir de casa". Mi bolsillo me lo agradeció y subí hasta uno de esos montes que rodean Bilbao; en concreto hasta Archanda y desde allí, a 700 metros de altura, volví la mirada hacia abajo, hacia el valle, para ver cómo se veía Bilbao sin mí.

El ejercicio no tiene desperdicio. Lo recordaba de otras ocasiones. Porque si las vistas son espectaculares, el panorama tiene, además, otras gratificantes consecuencias. Por ejemplo, atempera los "egos" demasiado subidos. Porque la ciudad sin nosotros continúa bullendo, continúa produciendo sus sonidos particulares, continúa respirando, continúa viviendo. Y haríamos bien, entonces, en no creernos tan imprescindibles ni centros de ningún mundo. Es, así, esta visión desde Artxanda, y más aún si lo hacemos solos, empapándonos del silencio de los árboles, de la hierba y de la vigilante montaña, una impagable cura de humildad, un poner las cosas y nuestros huesos en su justo lugar. Ni más ni menos. Ahí es nada. Para resultar tan económico y costar tan poco no habrá muchos destinos y vacaciones que den para tanto.

Y eso sí, al de un rato, cuando empieza a refrescar, empiezo a regresar a la ciudad. Casualmente es jueves y miro la hora en el móvil. Las 20,15. Y me acuerdo que la Bilbaína Jazz Club (BJC) ha adelantado los horarios de sus conciertos a las 20,30. Y ya no lo dudo y hacia allí que voy.

El jazz me flipaba con 16 años. Ahora me gusta. Y le reconozco unos méritos que con 16 años se me escapaban y de los que ahora pienso que muy pocas manifestaciones culturales pueden presumir.

El jazz ha conseguido que lo que fue en sus orígenes una música popular haya derivado y se haya convertido en auténtico crisol, en una música que tiende y abraza influencias de las músicas más vanguardistas del siglo XX, de Debussy a Stravinski, pasando por Nino Rota o Shostakovich, y sin perder con ello, y ¡he aquí el milagro!, un ápice de aquellas melodías que le hicieron nacer a ras de tierra y de algodón, los espirituales, el blues, etc.

Sólo por eso el jazz merecerá siempre mi respecto y admiración. Y ante apuestas como la de la BJC me quito el sombrero y saludo al respetable; sobre todo a Gorka y a Tato, almae maters de todo este tinglado que cada jueves a las 20,30h. se monta en los bajos del Club bilbaíno.

Y este último jueves no fue una excepción. Disfruté con el cuarteto de Rob García, un baterista neoyorkino de muchos kilates, y con el increíble saxo Noah Preminger, también venido desde la Gran Manzana, y el fino contrabajista japonés, afincado en Barcelona, Masa Kamaguchi, y con Marco Mezquida, el pianista menorquín que a sus 29 años ha sido elegido tantas veces Melor Músico de Jazz del Año que se está sopesando seriamente cambiar el nombre del Premio y llamarlo directamente Premio para Marco Mezquida.

Y, como se preveía, el concierto no tuvo desperdicio. Pero es que además, viendo sobre el escenario, a apenas unos centímetros de distancia, a este magnífico cuarteto yo me preguntaba porqué nos cuesta ponernos tantas veces de acuerdo, y sobre las cuestiones más nimias, y estamos siempre a la gresca, al yo más y tú menos, al yo más listo y tú más zoquete. Y no miro a nadie pero miro a todos. Porque allí, sobre el escenario de la bodega de la BJC, había cuatro personas, cada una de su madre y de su padre, cada una desde su propio país de origen, cada una con sus propios rasgos y color de piel, cada una con su instrumento y sus creencias religiosas y ninguna montó el potxo ni se partió la cara por las diferencias. Eso sí, todos "discutieron" pero lo hicieron con música. Y ningún kalafnikov interrumpió las melodías e improvisaciones. La sesión discurrió como la seda. Y terminó con la más sincera y estruendosa salva de aplausos. Y yo pensé que sí, que todo es aún posible. Quizás la cuestión radicara en convertir a este pequeño rincón del mundo, a la pequeña bodega de la BJC en el mundo entero, aunque solo fuera por el tiempo que dura un bolo. Porque por algo hay que empezar, digo yo. Y luego ya intentaremos alargar los tiempos. Pero poco a poco. De momento guardemos lo que tenemos, este tesoro de los jueves a las 20,30h. y no lo dejemos escapar. Tampoco hay tantas BJC como para desperdiciar lo que ésta nos ofrece desde hace ya 25 años. Un cuarto de siglo, que se dice pronto...

(7) Para Gustavo, que me dio la idea
Llueve. En Bilbao, por lo menos, llueve a cántaros. De los 29 días de este febrero bisiesto las crónicas cuentan que llovieron 20. Y de los 9 que llevamos de marzo han llovido, de momento, los 9. Y hoy además llueve torrencialmente. ¿Qué se le va a hacer? Es lo que toca, dicen los amigos del refranero. Yo no lo soy. Ni por el forro. Y me pensando que la lluvia tiene su punto. En ocasiones incluso es imprescindible. Como para regar los campos o refrescar la hierba o para crear, con su constante, monótono y, ¿porqué,, no?, triste goteo, el clima más apropiado para escuchar la colección de lieders que se agrupan en el Viaje de invierno, de Frank Schubert. Escuchar el Viaje durante el verano, bajo una chicharra de 40 grados, no está mal. Nunca está de sobras escuchar el Viaje. Pero hacerlo mientras en la calle caen chuzos de punta y el termómetro marca no más de 10 graditos es realmente una experiencia mágica. Única.

El pasado día 6, con uno de esos días, en el Palacio de Euskalduna, aquí en Bilbao, se pudo asistir a un Viaje interpretado por el excelente barítono José Antonio López acompañado al piano por el joven maestro Rubén Fernández, dentro de los conciertos programados en el Festival Musika Musika de este año. Cuentan las crónicas que no tuvo desperdicio. Y me lo creo. Y aquí, para muestra un botón, os dejo El organillero, uno de los lieders que componen ese Viaje que Frank Schubert realizó a unas tierras que nadie podrá encontrar ni pisar nunca dentro de los lindes de este mundo. Son, sin duda ésas, tierras que sólo se escuchan con el oído y se sienten en el corazón.


 (6) Y para empezar el año ir al Cineclub FAS, en la Plaza de Indautxu, en los bajos de la Iglesia de El Carmen a ver, por ejemplo, Ocho y medio del gran Federico Fellini y flipar con la copia en 35mm que se proyectó y con una forma magistral e irrepetible de hacer y de entender el cine, que me temo que ya no volverá. Pero ¡qué importa! El FAS hace que esa melindrosa y lloriqueante nostalgia no tenga razón de ser. Es el milagro-FAS como yo suelo llamarle. Y éste un excelente tráiler de la película. Pasen y vean:


(5) Y para terminar el año más musicón y más Neil Young, y realizar un concurso: ¿cuál de los dos punteos de guitarra es mejor, el de Neil en Like a Hurricane o el de Frank Zappa en Watermelon in Easter Hay? Y si después de una atenta escucha se produce un empate entre los dos que nadie se alarme ni se eche las manos a la cabeza, que para eso los viejos y sabios romanos inventaron aquello del ex -.aequo.
¡¡¡FELIZ AÑO!!!
 
 
 
 
 
(4) Y para no quedarnos musicalmente con mal sabor de boca recordar que hoy 12 de noviembre de 2015 cumple 70 tacos Neil Young, que si de algo puede presumir es de se la antítesis del altanero y presuntuoso Van Morrison. Modesto, genial, honrado, incansable, discreto pero atronador es, sin duda, uno de los grandes, uno de esos hombres (ya no cantantes ni artistas) que hacen que este mundo haya merecido y siga mereciendo la pena. Si escuchas su Helpless con The Band y con los estremecedores coros de Emmilou Harris y los pelos no se ponen de punta es que aún no te has levantado de la cama.

Por eso una de las cosas para hacer hoy (y siempre) en Bilbao cuando estés coñado será felicitar a Neil Young oyendo uno (por ejemplo, Helpless) o varios de sus temazos y discos,
Semper fidelis.

(3) Darle por el culo al León de Belfast que es Van Morrison y que ayer tocó en el Palacio Euskalduna de Bilbao, con las entradas desde ¡200€ la más cara, hasta 75€ la más barata!, y que si alguien ha asistido a algún espectáculo en el Euskalduna bilbaíno, se percatará de que no sólo son las más baratas sino que además son tuertas o casi ciegas Vaya, un robo con alevosía y a mano armada. Porque el León andará ya por los 70. Y además de no haber sido nunca muy simpático (aunque a un artista nadie puede obligarle a serlo) ya se ha dado varias vueltas por Bilbao. O sea que la primicia, de cachondeo. Al León ya le hemos visto la melena por aquí, más poblada y por muchísima menos tela. Y hemos asistido a sus desplantes, aguantado su mal humor y aplaudido y coreado el otro lado de su carretera.

Pero el tiempo no debe pasar en balde. Y si el León todavía ruge, pero menos y da menos miedo, en obvia relación con sus años, a nosotros en los bolsillos se nos han formado últimamente como cuevas de tela donde el eco resuena, demasiado a menudo, a sus anchas. Y no querer darse cuenta de esto, de la jodida crisis, y más aún volando desde Irlanda donde, por cierto, también se las están pasando canutas, y querernos sacar 200€ por hora y media de concierto molesta y decepciona.

Así que para mí, desde hoy, el León es historia. Sus discos, directos al aparador ese donde reposan olvidados, entre otros, el Grease de John Travolta, el Breakfast in America, de Supertramp y otras reliquias del pasado. Y me quedo tan ancho. Si el estúpido insiste en su estupidez, se hace viejo y persiste en su estupidez, qué le vamos a hacer: darnos la vuelta en cuanto le veamos asomar detrás de la esquina.

Y por supuesto, en esta entrada, ni una puta foto ni un puto vídeo suyo. Y lo siento. porque Astral Weeks me flipaba. Que lo sepas, León.

(2) Jo-Wilfred Tsonga es uno de los mejores tenistas franceses de los últimos años. Su saque es temible y su derecha, cuando suelta el látigo, demoledora. Y sin embargo creo que su mejor golpe es uno que suele acabar fuera de la pista, más allá de las líneas de fondo que delimitan el rectángulo de las pistas de tenis pero que ningún juez de silla se atreve a cantar out!!. En realidad es un golpe de extremada suerte que se estrella entre las localidades VIPS de los recintos deportivos. Y ahí se queda sentado. Y vendría lo de la suerte a cuenta de que ese golpe tan especial ni siquiera sale directamente de la raqueta del tenista francés. Aunque sea su raqueta quien la lleva consigo a través de los innumerables torneos ATP que se celebran durante el año. Y ella, paciente, espera. Y cuando Jo-Wilfred atiza uno de sus raquetazos ganadores o devuelve in extremis un smash pegando uno de sus impresionantes saltos marca de la casa, ella, o la suerte de Jo-Wilfred Tsonga, se incorpora en su palco VIP y aplaude. Y yo, por lo menos, no tengo dudas. Y lo disfruto. Noura es el mejor y más afortunado golpe del tenista francés de Le Mans.
 

 




(1) Sólo decir que si un vecino te despierta con esto, a todo volumen, a las tres de la madrugada, un martes cualquiera entre semana, no molesta. Me siento en la cama y escucho...
 
 




 
 
 
 



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martes, 11 de abril de 2017

SAN MAMÉS SEDE DEL EUROPEAN RUGBY 2018. SABER GANAR Y SABER PERDER


Que Bilbao haya sido elegida, más en concreto, San Mamés, su mítico sí, estadio de fútbol, como sede de las finales del European Rugby de 2018; esto es de la Champions Cup y de la Challenge Cup de Rugby, es algo que me colma de alegría, que diría un hortera.

Pero para quien todavía albergue alguna duda sobre la importancia del evento, le diré que tome buena nota, entre otros detalles que, a diferencia del fútbol, en el que las finales de la Champions y de la Europa League, se celebran en estadios y en fechas diferentes, con el Rugby las tendemos a las dos en el mismo estadio y en días consecutivos. Primero, como aperitivo, la Challenge y después, como plato principal, la Champions.

Será un magnífico fin de semana, allá por el mes de mayo del año próximo, como para frotarse las manos, hoteles a tope, un gentío de aficionados poblando las calles y llenando los bares en sana armonía (¡me apuesto lo que sea y con quien sea!) y a pasárselo como enanos, llegue quien llegue a las finales. Habrá cuatro equipos, y cada uno tendremos nuestras preferencias, pero todos serán bienvenidos a nuestro Botxo y nos harán disfrutar como pocas competiciones deportivas en el mundo lo saben hacer. Dentro y fuera de San Mamés.

Pero es que además de todo esto auguro, y pongo la mano en el fuego si alguna falta hace, que los aficionados que lleguen desde sus respectivos países para animar, nos darán toda una lección de civismo, de saber ganar y… de saber perder, que es la lección que más nos cuesta que nos entre en la cabeza, y a la, por si esto fuera poco, más gente faltó el día en que se impartió en clase.

Aunque los aficionados al rugby sí que estuvieron, formales, y tomando notas, y nadie puede quitarles, desde entonces, las alegres ganas de cachondeo, ni cortarles el grifo: beben cerveza como cosacos pero… saben beber; tiñen las gradas con el colorido de sus bufandas y banderas, y con los curiosos atuendos con los que, a menudo, se disfrazan pero saben que los colores no son nunca pinturas de guerra;  hacen resonar los cimientos del campo con sus cánticos y algaradas pero saben que con la música no se ofende a nadie, y es más, alguno te recuerda que hace un porretón de años se nos dijo que la música amansa a las fueras; y sobre todo esto, y más allá de esto, después de que el partido haya concluido, haya sido el resultado el que haya sido, haya ganado el uno o el otro, vaya estas extrañas cosas que siempre ocurren cuando dos equipos se enfrentan sobre un mismo terreno de juego, eso (que me pierde la emoción), después de que el partido haya finalizado, después de los 80 minutos reglamentados (si no hay prórroga), después del reparto de las consiguientes medallas y trofeos, todos los que quieran, sin distinción de cánticos, bufandas y preferencias, se reunirán en una tasca de la ciudad para seguir bebiendo juntos más birras, celebrar el sagrado Tercer Tiempo y congratularse de haber formado parte del espectáculo. Esto sí que es, de verdad, lo importante: haber sido partícipes, desde la grada o desde el césped, del partido, porque esto, ni la victoria ni la derrota podrán quitárselo nunca a nadie.
 
Vamos, lo mismo que se lee en esos bonitos versos de Kipling que encabezan la salida de los vestuarios, la imponente entrada a la Pista Central de Wimbledon y que, sin duda, también nos sirven ahora, como anillo al dedo, para esto del Rugby que ese día estuvo en clase, que se los aprendió de memoria y los cumple a rajatabla, if you meet with Triumph and Disaster and treat those two impostors just the same; esto sería, más o menos, “si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota y tratar a estos dos impostores de la misma manera”.

Sí, un resumen tan perfecto de lo que cualquier deportista o aficionado debería llevar tatuado en el alma, que no se me ocurre añadir ni una coma. Sólo repetirlo para mis adentros y hacer que las palabras dejen de ser meras palabras sobre una pared y se conviertan en palabras de carne y hueso.

El Rugby nos enseña alguna de estas cosas. Durante la Temporada 2017/18 veremos en el círculo central de los campos donde se disputen las eliminatorias previas a la Final de la Champions, la leyenda Run To The Finals 2018. Bilbao. Un magnífico reclamo para nuestra ciudad. Y ya por el mes de mayo, aquí en San Mamés, tendremos la impagable oportunidad de tomar nota, de conocer otros modos, otras formas de acercarnos a esto que llamamos deporte, y que no tienen desperdicio, porque con ellas aprenderemos que en el deporte nadie sobra, que todos ganamos con el espectáculo…, aunque todos perdemos también, y no nos olvidemos del detalle, si, tozudos e insensatos, nos empeñamos en confundir un resultado con un patada a traición en los c.

 
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jueves, 30 de marzo de 2017

LA DONCELLA DE PARK CHAN-WOOK NO ME "PONE"


Ahora que voy a pronunciar una conferencia sobre los 30 de Robocop, de Paul Verhoeven, se me ocurre que otra buena fecha para el arranque de estos caminos por los que discurre el cine actual, sería su archifamosa Instinto básico.

Se dan en ella dos características que vertebran, como un santo y seña, nuestro cine de hoy en día. Posiblemente incluso, de nuestra misma sociedad de la que el cine no dejaría de ser una parte consustancial y un reflejo de la misma.

Y me referiría con estas características, primero, a los personajes femeninos o supermujeres (¿dónde se habrá quedado aquel Superhombre que preconizaba Nietzsche?) que se las saben todas o, como suelo decir yo, que se han aprendido el guión de memoria y no les pilla por sorpresa nada  de que pueda pasar en los siguientes minutos de la película; o sea, que esta primera característica hace de ellas una especie de demiurgos, omniscientes de todos los avatares que en la película se van a suceder.

Y en segundo lugar, o segunda característica, unos guiones tan enrevesados, tan epatantes en sus giros y retruécanos que provocan la admiración de los espectadores más fácilmente impresionables, de los críticos a los que se les van las manos para bajar estrellitas del cielo y ponerlas sobre el papel, al final de sus sesudas (sic) críticas, pero que empapuzan, digo los guiones, a los propios personajes de la película hasta hacer de ellos meras marionetas al servicio de unas tramas que terminan por engullirles en sus propias complicaciones, y haciendo de ellos medios al servicio de las alucinantes (sic) historias y nunca verdaderos fines a los que las historias, los guiones deberían servir.

Porque desde Instinto básico el guionista es el rey de la función antes de que la función o la película sea filmada; después, son las otras, las féminas, las reinas del cotarro.

Claro, diréis algunos, el mundo ha cambiado. Sí, de acuerdo. Este mundo nuestro se habría feminizado, tal vez, como un correlato de aquella juvenilización que este mismo mundo ha sufrido y de la que daba algunas cuentas en Divino tesoro, mi primer ensayo (y perdón por la autocita). La feminización del mundo es algo que yo mantengo como un axioma de estos días tan posmodernos y que no tengo ningún problema en asumir porque, entre otras cosas, nada puedo hacer para cambiarlo y, de hecho, ninguna gana tengo de hacerlo.

Prefiero contemplarlo desde la barrera y reflexionar sobre ello porque, esto sí, la feminización del mundo es una cosa que me afecta como ser vivo que vive en este mundo.

Así que sobre estos dos pilares, concretando, el guión enrevesado y la supermujer, se construirían el 90% de las películas actuales. Aludir a Tarantino quizás fuera un truquete demasiado fácil, pero a mí me basta. Ver sino Jackie Brown, los dos volúmenes de Kill Bill o el Django encadenado o la última, Los odiosos ochos. O ver el cine que nos llega puntualmente desde Oriente, como los Reyes Magos, de la mano de Zhang Yimou y su musa, ¡cómo no!, Gong Li, o de esos primos hermanos de Quentin como este modernete Park Chan-wook bebiendo sus complejos vitamínicos de estas mismas premisas: guiones que son un cristo, y mujeres a las que no engaña ni un trilero.

Y, además, por eso gustan mucho estas películas. Porque son como el mundo donde van a ser proyectadas: feminizado y un lío que ni dios acierta a poner en orden, una gigantesca caja de sorpresas, piruetas sobre piruetas, hacia un más difícil todavía, mientras los personajes, que son aquello que a mí, por lo menos, más me interesa rinden pleitesía y quedan al servicio de estas mismas premisas. También lo dije antes: siempre medios, nunca fines.

Y toda esta pajota mental se me vino a la cabeza viendo el otro día en mi querido cineclub FAS La doncella, de Park Chan-wook, multipremisada allá por donde se ha presentado, multiaclamada por todos los que la han visto. Un poco como la Carol, de Todd Haynes, de la que ya comenté similar en este mismo blog.

Sí, porque antes, ¿escribía “todos”? Quizás haya exagerado. Porque yo no estoy entre esos “todos”. Lo digo también directamente. A mí La doncella me pareció un bonito soufflé que va desmoronándose poco a poco según transcurren sus interminables 145 minutos. Y lo hace, principalmente (y es mi modesta opinión y por eso he empezado hablando de lo que he hablado), porque las dos premisas, a las que he aludido una cuantas veces en este texto, se cumplen en ella a rajatabla.

El cristo de guión y la mujer, en este caso, las mujeres que sí, que se las saben todas y a las que no hay manera de torear (¡a quien se le ocurriría torear a una mujer en pleno siglo XXI!).

Y por todo esto lo que empieza pareciendo una atractiva ficción que se sirve de aquella espléndida linterna roja, de Yimou, acaba derivando en una juguetona y sinsorga sorpresa-tras-sorpresa, sin más pretensiones que embaucar a los espectadores con una pretendida, pero más falsa que un billete de 2 euros, profundidad al alcance de muy pocos entendidos, que después luego resultan que son multitud: esas multitudes que pasan religiosamente por taquilla.

Y, de esta forma, llegaríamos al colofón, al plano final de La doncella donde se resume el verdadero alcance y propósito de Park Chan-wook, donde el cachondeo campa a sus anchas, donde las dos actrices en pelota picada retozan y ríen de todo sobre la cama, como en una más de esas películas que los Reyes Magos de Oriente cargan sobre sus camellos, a cambio, eso sí, de llevarse una suculenta cosecha de Premios de la Crítica o del Jurado o del Público, o de Interpretación, femenina por supuesto; pero, ¡lástima!, los dos personajes habrían perdido, por el camino de la enrevesada ficción, todo el interés y nobleza que pudieran haber despertado en un principio, y no son ya más que divertidas gamberras que se saben el guión de antemano y se ríen y se ríen (¡viva la estulticia de Rótterdam!) de todos, de los hombres principalmente, ¡cómo no!, a los que habrían tomado por el pito de un sereno y que, mientras ellas disfrutan, ellos andan con cuchillitos rebanándose los dedos. Mundo feminizado obliga. Cada línea del guión incluida. Que no queden cabos sueltos. Que todo sea retorcido. Sin más. Y la sociedad que respire tranquila: nada de peligro avizor.

Claro, que al día siguiente vi el Nosferatu, de Murnau en una impecable copia, acompañada de la impactante música compuesta por José María Sánchez-Verdú e interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Escribir aquello de las comparaciones… me resulta demasiado cruel. Tampoco hemos venido hasta aquí para joder a nadie. ¡Hay tantas cosas mejores que hacer..!     
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sábado, 18 de marzo de 2017

5 PÍLDORAS CONTRA LA DEPRESIÓN

Propongo unas píldoras, que sólo aquí, en esta entrada, pueden adquirirse, y sin receta. Se ingerirán una al día, o todas de golpe, no tienen contraindicaciones, o según le dé al paciente, porque también advierto que en este blog todos los médicos estarán de baja, como en el bendito Reino de los Cielos de Jorge Teillier.

Así estoy en condiciones de afirmar que la jodida depresión irá remitiendo poco a poco, con la inestimable ayuda de la imaginación y de YouTube, con breves poesías y grandes canciones. Probad, o leed y escuchad, estas pequeñas cápsulas. Nada vais a perder por ello:

(5) Yo con el fútbol ando medio reñido. eso no es ningún secreto. Ahora mismo debajo de mi casa, mientras escribo esto, las txarangas y aficionados del Athletic están "calentando motores" para el partido de esta tarde contra el Madrid. Y de verdad, creedme, no tengo ninguna gana de unirme al jolgorio. Pero el psicoanalista siempre me dice que no sea tan drástico, y que si por él fuera, contra la depresión, me recomendaría un remedio infalible: ahorrar unas perras, pillar un vuelo barato, darme una vuelta por Alemania y, sobre todo, sacar una entrada para ver en vivo un partido del Borussia Dortmund en su estadio y unirme a su afición en el espectacular "muro amarillo". Me da un poco de yuyu pero me ha pasado este vídeo que comparto con vosotros, y me ha asegurado que no hay desgracias que lamentar y sí muchas alegrías que vivir.
 

(4) Escuchar y ver (yo lo hice el sábado pasado en el Liceu catalán) a Plácido Domingo, a sus 77 años, con una vitalidad y buen rollo que muchos al escucharle y verle deberían agachar la cabeza y pedir perdón, junto a la excelente soprano, y un bellezón de quitar el hipo, Nino Machaidze, cantando la increíble aria final de Thäis, el C´est toi, mon pere!, debería levantar los ánimos a cualquiera. Lo míos, por lo menos, se levantaron y... pusieron de pie para aplaudir a rabiar y soltar un par de irrintxis que me pareció (¿o me lo quiso parecer?) que Plácido me los agradecía con la mirada y una sonrisa.
 

(3)
Carta a Donald Trump

La carta a Donald Trump decía,

(aún me la sé de memoria),

ahora vigilo la frontera.

Gracias a Dios.

Había terminado de cobrar el paro

con dos bocas para alimentar.

El pequeño Roberto come como una lima.

Gracias a Dios.

Y a veces los que cruzan se detienen cuando les doy el alto.

Gracias a Dios.

Aunque otras se resisten y tengo que disparar.

Manejo bien el rifle.

¿Gracias a Dios?

Además he oído que piensan construir más muros,

sin saber que con quienes nunca podrán terminar será con las pesadillas.

Ésas tienen el secreto de atravesar las alambradas sin que nadie las vea,

y después se ríen desde el otro lado,

desde la Tierra de los Sueños,

con el God Bless… aullando de fondo como una cantinela fantasmal.

Y con ellas, con las pesadillas,

créame, señor,

ni Dios podrá ayudarnos.


(2) Al cruzar frente a la polvorienta mesa del rincón
escuchó aquella algarada de voces infantiles
que le llamaban por su nombre de niño.
Al instante
se giró y se metió bajo la mesa del escondite.
Desde entonces
los mayores con quienes trabajaba las jornadas que acababan en “s”,
y los mayores con quienes se aburría los fines de semana
no volvieron a saber nada más de él.





(1) Me reflejo
en el cielo ardiente
plagado de conflictos.
Me reflejo
en la tierra oscura
plagada de estrellas;
a esa errante de 40 puntas
quiero escuchar.

 

 


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miércoles, 15 de marzo de 2017

LA MIRADA DE MICHELANGELO ANTONIONI (DESPUÉS DE UN COLOQUIO)

Este artículo , con algún pequeñísimo añadido, lo escribí para mis amig@s del cineclub FAS. Y ell@s súper amables lo publicaron en su web. Darles desde aquí las gracias es lo menos que puedo hacer.

El otro día en el que mucho carnavalero estuvo “enterrando la sardina” yo, que soy poco de disfraces, estuve dirigiendo el coloquio de la Sesión que, como todos los martes a las 19,45hs., presenta el imprescindible cineclub FAS. Y como siempre, por lo menos para mí, volvió a ser una gozada.

O, ¿no lo es, acaso presenciar, hoy-en-día, en una sala oscura, en medio de un silencio ritual, o estando a lo que verdaderamente se está, que no es a otra cosa que a ver una película, presenciar, decía, dos películas de Michelangelo Antonioni como son El grito, una de las buenas, y La mirada de Michelangelo que apenas si dura 15 minutos y que algunos se empeñan en llamarla, con un cierto desdén, como siempre ocurre con estas “películas cortas”, “corto-metraje” (¿¡pero no habríamos quedado en que si lo breve es bueno, es doblemente bueno!?) cuando, en realidad, yo no veo en ella sino la culminación del arte de Antonioni, la culminación de su carrera, con un ascetismo y sobriedad que no pueden sino retrotraerme y llevarme de la mano hacia otras “últimas películas” como las también magistrales, hieráticas, sobrias Siete mujeres, de John Ford, donde Ozú y Mizoguchi se sienten por sus siete costados), o esa otra inolvidable fémina que es la Gertrud, de Dreyer?
 
Y lo siento. La pregunta me ha salido pelín larga, así que, a partir de ya, intentaré ser más conciso e iré al grano (¿lo conseguiré alguna vez?). Porque el caso es que, después del coloquio, estuve rumiando algunas cosas y me percaté de que no di a La mirada de Michelangelo la importancia que se merecía. Hablé de ella, sí, pero como de pasada, como si sólo fuera un cortometraje, como si yo también fuera víctima de esa manía de despachar a los cortometrajes con un chasquido de la lengua o, a lo sumo, con un “no está mal”.

Luego ahora voy a tratar de completar lo que dije o de añadir lo que no dije sobre esta, para mí, obra maestra. Porque sobre El grito todos estuvimos, más o menos de acuerdo. Los que no la habían visto y los que la habíamos visto y la recordábamos como entre brumas, como entre esas nieblas que inundan los planos de la película a orillas del triste remanso del Po. Por eso y porque La mirada de Michelangelo pasa por ser un “corto” y hay que echarle un capote. Y a eso voy. Y encantado de la vida. Aquí os va del  tirón:

  
Y es que en La mirada vemos al propio Antonioni entrar en la romana iglesia de San Pietro in Vincoli. Estamos en el 2004: o sea, Antonioni tiene ¡92 años!, y cuenta 19 desde que sufrió el ictus que le dejó inmovilizado y sin habla. Aunque después la rehabilitación obrara milagros y el cineasta pudiera recuperar la movilidad de las piernas, la voz se quedó muda.

Y Antonioni entra en la iglesia. El silencio, total. Apenas, un par de bocinazos sueltos, de algún vehículo despistado, y algún que otro ruidito que se cuela desde la calle. Pero, ¿por qué Antonioni elige esa iglesia entrar en ella y rodar su película?

A mí, por lo menos, se me ocurren dos razones. La primera, bastante obvia. En San Pietro se encuentra, entre otras imponentes piezas de mármol, el monumental Moisés que otro Michelangelo, éste Buonarrotti, esculpió hace 5 siglos. Y con él, con el marmóreo Moisés, Antonioni quiere hablar estableciendo, a falta de palabras, un diálogo hecho a base de miradas y roces.

Pero además de su mutismo, el diálogo no será un simple diálogo como el que podemos entablar nosotros con un amiguete en nuestra taberna favorita. Claro que no. Sobre todo, como ya hemos señalado, porque el diálogo es mudo y, sobre todo, porque se trata de un diálogo imposible. Es el diálogo que un creador mantiene con una obra, con una obra maestra, en este caso. El diálogo del creador con una criatura que ha creado, en este caso, otro creador con el que Antonioni comparte nombre y oficio y… últimas voluntades. En eso Antonioni y Buonarrotti se dan la mano a través del tiempo, de la creación simbolizados en el Moisés que realizó el genio de las pinturas de la Capilla Sixtina a principios del siglo XVI.

Y me acuerdo, entonces, y fijaos que las distancias entre las dos películas son siderales (¿o no tanto?), de Blade Runner, y del sobrecogedor diálogo (aunque éste se oye) de Tyrell con la criatura que ha ayudado a crear, el inolvidable Nexos 6, el inolvidable Rutger Hauer (con el juega una partida de ajedrez como ¡el Caballero con la Muerte en El séptimo sello, de Bergman!) Porque aunque Moisés no habría salido de las manos de Antonioni, éste puede comprender y soñar con él sobre el destino que, ¡ojalá!, aguarde, ¿o no?,  a su propia obra, a sus propias películas.

Pero Antonioni habla (en silencio) con Moisés y, a través de él, lo hace, cruzando el río del tiempo, con Miguel Ángel. Luego asistimos a un increíble diálogo a tres bandas. Entre un cineasta en el ocaso de su vida, un hombre del Renacimiento instalado hace ya muchos años más allá del ocaso, y la criatura de este último que le sobrevive como un guardián de la memoria, como inmejorable ejemplo de “esto que fuimos capaces de hacer juntos”, con nuestras manos y con la tierra.

Y asistimos, incluso, a una no menos increíble puesta en escena donde se juntan también ¡tres miradas!: la mirada del creador de la película (Antonioni-director), la mirada pétrea de la creación (Moisés) y la mirada del protagonista (Antonioni-actor).

Sí, estas cosas sólo la magia del cine puede conseguirlas. Y La mirada de Michelangelo se me antoja uno de los momentos más mágicos e irrepetibles del cine de este siglo que hemos estrenado (ya que hablamos de cine) hace ya 17 años.

Pero aún habría que añadir más, porque Antonioni habla con Moisés, de acuerdo, pero debemos acordarnos que Antonioni nace en 1912, en Ferrara, cantera por antonomasia del mejor mármol y, posiblemente, esa “tierra” que permitió a Miguel Angel trabajar y dar forma a su majestuosa estatua.

Luego cuando Antonioni entra en San Pietro a contemplar el mármol en el que se inserta el Moisés está realizando un precioso e imposible regreso a su hogar natal. Y me acuerdo entonces del bonito título de la inacabada novela del gran Thomas Wolfe, We Can´t Go Home Again o de la película de Nick Ray con el mismo título, o ya que estamos con Wolfe y Ray, de esa vuelta que Robert Mitchum hace a su vieja y abandonada casa en The Lusty Men, donde encuentra bajo las tablas del porche el mismo rifle que usara de niño, y de la que Wim Wenders llegaría a decir que es la “mejor vuelta al hogar” que ha visto nunca en un cine. Yo lo suscrito. ¿Dónde habría que firmar? Aunque esta vuelta a su “hogar” de Antonioni no le va a la zaga.

Al final de la película, Antonioni saldrá de la iglesia. Y se dirige hacia el exterior donde brilla la clara luz del día. Aunque yo creo que se dirige hacia la muerte. Y Antonioni lo sabe. Moriría apenas tres años después. La mirada será, por eso, y él lo sabe, su último trabajo, su testamento en el que, cinematográfica y milagrosamente, se aúnan la Ferrara y los mármoles que le vieron nacer, y lo último que este gran hombre de cine rueda y entrega a los espectadores.

Por eso, según abandona San Pietro, Antonioni deja el espacio de la iglesia al mármol de su Ferrara natal y al Moisés que esculpiera Miguel Angel hace 5 siglos, y al preci(o)so último plano que recoge ya el interior de un San Pietro majestuoso y oscuro, silencioso y vacío como una tumba (¿o acaso no coronaba el Moisés la tumba del papa JulioII), la tumba del propio Antonioni, cincelada además ésta con su más sobrio celuloide, y que él acaba de realizar hace 5 segundos, y para el que desea, ¿cómo ponerlo en duda?, una posteridad tan dichosa como ésta de la que disfruta Moisés.
 

Y acabo, porque podría asegurar que nunca he visto, sobre una pantalla de cine, a la vida y a la muerte estrecharse las manos de una manera más hermosa que en esta mirada de Michelangelo

Sí, cosas de este tipo se me ocurrieron después del coloquio. Y las escribo ahora. Porque mi memoria se me ha vuelto traicionera e insiste en jugarme malas pasadas.
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viernes, 3 de marzo de 2017

RECUERDOS A EDIE SEDGWICK

Yo sigo con mis historias; un poco a lo mío, que ya sabéis que ahora es el Éramos unos niños, de Patti Smith. El libro, lo dije en otra ocasión, cuenta la relación que mantuvo la cantante con el fotógrafo Robert Matlethorpe. Pero además cuenta muchísimas más cosas. Habla de Nueva York, habla de otra época, habla, por ejemplo, de unos años en la que el mundo estaba ahí enfrente, cuando sólo había que estirar el brazo para tocarlo, cuando te dirigías a él y él te saludaba amablemente, con dolor o con una sonrisa, o con una canción que incluyera a los dos.

Patti Smith vivió la decadencia de la Factory. Cuando ya habían disparado contra Warhol y éste se volvió aún más huidizo y misterioso. Pero allí conoció a la malograda, a la musa de todos aquellos que frecuentaban aquel mítico lugar, a la irrepetible Edie Sedgwick. Tal vez sea ella, su inocente belleza, el mejor resumen de aquellos años. A ella Patti Smith le dedicó el sentido poema que trascribo aquí abajo, pocos días después de su trágica muerte que el juez instructor calificó como “indeterminado accidente suicida” (¿?).

Luego lo he traducido al castellano (a ratos, libremente, como me gusta que "suene"); o sea, que todos los errores vuelven a ser míos. Y como complemento aprovecho e incluyo dos de las increíbles canciones que, esos “niños” que revoloteaban alrededor de Edie, le dedicaron: la Femme Fatale, de la Velvet, y el Just Like A Woman, de Bob Dylan. ¡Ahí es nada!

Flipad. Porque talentos semejantes no sé si volverán a reunirse alguna vez en tan breve espacio de tiempo.
 
I don't know how she did it. Fire.
She was shaking all over. It took her hours to put her armiñ on.
But she did it. Even the false eye-lashes.
She ordered gin with triple limes. Then a limosine. 

Everyone knew she was the real heroine of Blonde on Blonde.


oh it isn't fair
oh it isn't fair
how her ermine hair
turned men around
she was white on white
so blonde on blonde
and her long long legs
how I used to beg
to dance with her
but I never had
a chance with her


oh it isn't fair
how her ermine hair
used to swing so nice
used to cut the air

how all the men
used to dance with her
I never got a chance with her
though I really asked her
down deep
where you do
really dream
in the mind
reading love
I'd get
inside
her move
and we'd
turn around
and she'd
turn around
and turn the head
of everyone in town
her shaking shaking
glittering bones
second blonde child
after brian jones


oh it isn't fair

how I dreamed of her
and she slept
and she slept
forever
and I'll never dance
with her no never
she broke down
like a baby
like a baby girl
like a lady
with ermine hair


oh it isn't fair
and I'd like to see
her rise again
her white white bones
with baby brian jones
baby brian jones
like blushing
baby dolls

Patti Smith
Seventh Heaven (1972)

No sé cómo lo hizo. Fuego.

Estaba temblando. Le llevó horas maquillarse.

Pero lo hizo. Incluso se puso sus pestañas postizas.

Y pidió una ginebra con triple de lima. Y después, una limosina.

Todo el mundo sabía que era la verdadera heroína del Blonde On Blonde.

 
No es justo, no,

no es justo, no,

rodeaba a los hombres

con su pelo brillante,

con sus piernas larguísimas,

tan pura,

tan rubia,

solía pedirle

que bailara conmigo

pero con ella nunca tuve

la mínima oportunidad.

 
No es justo, no,

su pelo brillante

se movía tan dulcemente,

cómo acariciaba el aire,

cómo todos los hombres

bailaban con ella.

Pero yo nunca tuve la mínima oportunidad

aunque le preguntara,

dónde construyes los sueños,

en esa mente que vive para el amor.

Entré en sus gestos

y nos volvíamos hacia ella,

y ella se giraba

y cualquiera en la ciudad se volvía

hacia sus temblorosos

y brillantes huesos,

aquel segundo niño rubio

después de Brian Jones.

 
No es justo, no,

cómo soñaba yo con ella

y ella se durmió,

se durmió para siempre

y ya jamás bailaré con ella.

Ella se ha roto,

como un crío,

como una niña,

como una mujer con el pelo brillante.

 
No es justo, no,

me gustaría volver a verla levantarse,

ver sus blanquísimos huesos,

con el pequeño Brian Jones,

con el pequeño Brian Jones

sonrojándose como

las muñecas de las niñas.

 
Femme Fatale

 
Just Like A Woman


 

 
 

 
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