viernes, 19 de enero de 2018

CANTAUTORES, DEJAD A LA POESÍA TRANQUILA

Pero que Amancio Prada (como le escuché el otro día por la tv en un programa grabado me acordé de él) toque la guitarra y cante sus canciones pero ¡con sus propias letras! Y que todos aquellos que presumen de ser cantautores hagan lo mismo.

La poesía sin músicas se basta por sí sola y muy bien. Bastante mejor que enredada en los arpegios de una guitarra machacona. Y para muestra este botón de San Juan de la Cruz y el sublime inicio de su Canto espiritual (vale con el principio para esta entrada). A mí luego, por ejemplo, la versión que canta Amancio, me sobra. Me quedo mucho antes con el silencio que pueda acompañar mi recitado mudo o sonoro de los versos sanjuanianos.

Y conste que no tengo nada contra del bueno de Amancio Prada, y reconozco (no me duelen prendas, me duelen otras cosas, pero éstas son otra historia) que el arreglo que hizo para el Cántico de San Juan sirvió, en su momento, arrastrado por la popularidad que en aquellos años tenía Amancio, para divulgar la poesía de San Juan de la Cruz. Aunque también él sacó tajada (en sus períodos de baja creatividad y ante la falta de letras originales). No seamos tan cínicos. Porque también me temo que no será menos cierto que muchos potenciales lectores de San Juan no se habrán dejado seducir por su hermosa poesía (y no sólo por el Cántico) ante la bienintencionada, pero pesada y monótona como una losa lisa, versión que pergeñó Amancio Prada.

Por eso digo, cada uno a lo suyo: San Juan con su Cántico, y con su poesía, y Amancio, y todos los cantautores que en el mundo son, con sus canciones, y con sus propias letras.

“Casco”, como bonito ejemplo a seguir, y por si alguien no me ha entendido aún, al gran Dylan again, y a su archiconocida pero no menos imprescindible Blowin´In The Wind, con su lyrics ¡originales! (de puño y letra del mismo Dylan, vamos) consiguientemente traducidos.

(Y que Paco Ibáñez tampoco se enfade y me lance un yu-yu. Que me perdone, pero Machado también se vale por sí mismo).

 
CANCIONES ENTRE EL ALMA Y EL ESPOSO

ESPOSA
¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

(Pregunta a las Criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.
(…)
Leer más...

jueves, 28 de diciembre de 2017

ÚNICOS Y GENIALES: FELIZ AÑO

Bueno, el año que se termina. ¡Adiós, finito, caput! Quien le eche de menos que se arrasque porque una de las cosas contra las que nunca podremos luchar en este mundo es que lo que se va ya no vuelve.

Por eso, y ante eso, paciencia. Y ver en su lugar su lado bueno. Que lo tiene, aunque a veces nos cueste dios y ayuda encontrarlo y podamos, entonces, pensar que no existe, que todo, y este mundo en concreto, es una mierda, y todo nos da igual: que a Trump le vaya bonito con lo que quiera hacer y a los yihaddistas lo mismo, y a Kim Jong-un lo mismo, jugando con sus misiles de tan corto alcance como su cabeza, y a los demás idem de ídem.

Pero por ahí mal vamos: cada uno con su movida: mal negocio, coleguitas. Porque de esta (mala) manera un día veremos las hostias a distancia y al otro, sin embargo, tan de cerca que nos dejarán la cara como el Ecce Homo de Borja. Así que al loro: que el mundo no sea tan dulce como un polvorón (ya que estamos en Navidades) no debe darnos permiso para tirar todo por la borda o tratar de “endulzar” la vida con un poquito más de vinagre. Lo bueno y lo malo se estrechan siempre las manos. Tampoco contra eso se puede luchar pero sí, en cambio, y sería ésta mi última propuesta del año, extraer de ello esa pizca de excelencia que es lo que, en definitiva, nos hace ser tan especiales.

Por eso, y a modo de ejemplo, os dejo, y dejo este 2017 que se muere, con Uliana Lopakina bailando, y ¡cómo!, La muerte del cisne, que también se muere como el año, con sus buenos y malos momentos.
 
Y es que si somos capaces de hacer de la muerte algo tan emocionante y hermoso quizás entonces, aunque a veces nos cueste creerlo, seamos únicos y geniales. Demostrarlo o no ya es otro cantar que dependerá de cada uno de nosotros. Pero hacedme caso por una vez y, por lo menos, intentarlo: únicos y geniales, sí, y ¡¡¡Feliz 2018 para todo quisqui!!!


Leer más...

sábado, 9 de diciembre de 2017

CARLOS BOYERO, DESHEREDADO


Todo el mundo sabe que filmaffinity es un portal de Internet donde se habla de cine y se valoran las películas, después de dar cuenta del argumento y de sus principales créditos, en una escala que va del 0 al 10 en función de las opiniones que emiten los usuarios debidamente registrados.

Pero es que además, la ficha de cada película se completa con un resumen de las críticas que algunos de los más renombrados expertos de este país han publicado en la prensa y revistas especializadas; este es el caso del señor Carlos Boyero, conocido y re-conocido crítico cinematográfico (¿cuántas películas habrá podido ver en su vida?); sin duda, uno de los más valorados y consultados por los aficionados después de haber trabajado para la prensa escrita del todopoderoso El País, perteneciente al más todopoderoso todavía Grupo Prisa, y para el más modesto El Mundo.
 
Así que por filmaffinity supe que el señor Carlos Boyero, en las páginas de El Mundo, calificaba a la majestuosa (para mí, por lo menos, que también he visto desde los 16 años bastante películas- y ahora tengo 52) Stalker, del no menos majestuoso (para mí, por lo menos) cineasta ruso Andrei Tarkovski, con una escueta y única palabra: “aburrida”, y se quedaba, me supongo, tan ancho.

Aunque yo tampoco es que me quedara demasiado “estrecho”. Las opiniones de estos críticos hace ya mucho, mucho tiempo que han dejado de servirme de referencia alguna. Menos todavía la del señor Boyero cuyas líneas siempre me las he saltado “a la comba” y cuyos gustos cinematográficos difieren de los míos como una gamba a una lima de uñas.

Por eso me importaba un carajo el adjetivo “aburrida” usado para des-calificar la excelente Stalker, porque tampoco quiero, ni me imagino que puedo, entrar en una discusión con el señor Boyero. Con ella, además, tampoco iba a ir a ninguna parte. Luego quedamos en eso de que para gustos no hay nada escrito y punto pelota.

Porque a lo que voy, o a lo querría ir con esta entrada, es a otra parte porque, días después, me encontré con el cortometraje Los desheredados de la cineasta Laura Ferrés nominado en su correspondiente categoría para los Premios de Cine Europeo de este año, después de haber ganado el premio Leica Cinema Discovery al Mejor Cortometraje en competición en el Festival de Cannes, ni más ni menos.

Y entonces me acordé que estos desheredados de Laura Ferrés yo ya los había visto este mismo año durante la selección de cortometrajes para ZINEBI, el Festival de Cine de Cortometraje y Documental de Bilbao. El cortometraje fue seleccionado para el Festival pero quise repasar mis motas porque me sonaba que la película me había parecido una castaña. Y abrí el cajón, cogí las notas que escribo mientras veo los cortometrajes y, efectivamente, ahí estaban Los desheredados, a los que había calificado con un 1 sobre 3, siendo 3 el máximo, y terminando mis notas con un dramático ¡SOS! por el que clamaba una urgente ayuda que me despertara del sopor en el que había caído durante su visionado.

Luego, con Stalker y Boyero, y Los desheredados, las preguntas se me imponían con urgencia. ¿Dónde coño queda la objetividad?, ¿o acaso la puñetera no existe, y en su lugar sólo existe el más crudo relativismo?, ¿el “todo depende”, y el más caprichoso y pretencioso todavía, “todo depende de mí”? Y lo peor, ¿adonde nos lleva este relativismo a-toda-costa?, ¿no nos lleva a un sabio pero ignorante estado que ignora que es un ignorante estado?

Sólo sé que no sé nada, decían aquellos benditos griegos del pasado y nosotros, en este siglo XXI, nos vamos acercando a ellos, pero por caminos opuestos, por la puerta de atrás. No pensamos que no sabemos nada, sino justo al contrario, que lo sabemos todo o, por lo menos, tanto como cualquiera, y así nos van las cosas.

El relativismo nos obliga a caminar entre arenas movedizas, y con el arte y con el cine, que es de lo que estamos escribiendo, este terreno es, particularmente, pantanoso. ¿Qué película está bien o mal o regular, y en función de qué criterios? Y oímos la respuesta, todo depende y todo depende de cada uno. O sea, que no hay criterios. Y las consecuencias a este aserto nos esperan a la vuelta de la esquina, a la salida del cine: si la película te ha gustado, la película es buena; si no te ha gustado, la película es mala. Y punto pelota otra vez.

Pero yo a lo mío: así no vamos a ningún lado… o a lo mejor sí: al lado en el que todo da igual, en el todo se olvida a toda leche, al lado en el que, parafraseando a Woody Allen, el cachondeo no deja de ser la mayor de las tragedias más el tiempo necesario para que las lágrimas dejen de resbalar por nuestras mejillas, a ese lado, en definitiva, del todo depende y depende de mí, que para eso sé más que nadie o tanto como cualquiera, ¡¿qué pasa?!
 
 
Nada, tranki, no pasa nada... O sí que pasa, ¡qué coño! Pasa, por ejemplo, que necesitamos criterios objetivos y razonados que nos ayuden a despejar el grano de la paja. Pasa que necesitamos que nos expliquen los porqués, y así descartar los porque sí, o los que porque yo lo valgo o yo lo digo. Y entonces el señor Boyero, y tantos otros como él (no me duelen prendas en reconocer que, aunque trate de evitarlos a toda costa, a veces yo también caigo en esos porque sí), dejarán de deprimirme por partida doble. Por parecerme unos charlatanes-siempre-sin-criterio, y porque esos charlatanes-siempre-sin-criterio, en estos mercados tan volátiles y relativos como los que frecuentamos hoy en día (¡que ellos mismos habrían creado con sus alegres pareceres!), se cotizan a precio de oro. Sí, charlatanes por eruditos, y opiniones por verdades. Y esto nunca me ha parecido ni me parecerá de recibo.

 
Leer más...

viernes, 1 de diciembre de 2017

11 PÍLDORAS CONTRA LA DEPRESIÓN

Propongo unas píldoras, que sólo aquí, en esta entrada, pueden adquirirse, y sin receta. Se ingerirán una al día, o todas de golpe, no tienen contraindicaciones, o según le dé al paciente, porque también advierto que en este blog todos los médicos estarán de baja, como en el bendito Reino de los Cielos de Jorge Teillier.

Así estoy en condiciones de afirmar que la jodida depresión irá remitiendo poco a poco, con la inestimable ayuda de la imaginación y de YouTube, con breves poesías y grandes canciones. Probad, o leed y escuchad, estas pequeñas cápsulas. Nada vais a perder por ello:

(11)

Wences me dio la idea, a Wences se la devuelvo con un abrazo,-
 
Para terminar el año con una buena sonrisa que, después de todo, no deja de ser el mejor antídoto contra la depre, hagámoslo con una noticia que pulula por las redes y que sea verdad o mentira, como todo lo que, por otro lado, se pesca en esas redes, tiene su coña. 

Vamos a ella: Pfiezer es una compañía farmacéutica centrada en la fabricación de Viagra y en su momento instaló uno de sus principales centros de producción en el pequeño y bucólico pueblecito irlandés de Ringaskiddy. Como todos los pueblecitos irlandeses desde el Innisfree por donde pululaban John Wayne y Maureen O´Hara en El hombre tranquilo, esa entrañable película de John Ford. Hasta aquí todo bien: nada empinado.

Pero sólo hasta aquí, porque aquí es donde el terreno empieza a “mirar hacia arriba”, como escribiría un clásico comentarista de ciclismo. Y es que resulta que los vecinos de Ringaskiddy andan con la mosca detrás de la oreja o quizás, debiéramos matizar, con la mosca zumbándoles por los calzones. Y es que muchos de ellos aseguran que notan que la Viagra flota en el aire. Y sin receta. Eso, como la canción: Love is in the Air.

Incluso una camarera de un popular pub de la zona, Debbie O´Grady, en declaraciones a The Sunday Times, ha asegurado que a los ringaskiddenses les basta un soplo de ese aire para estar enseguida más tiesos que un poste de la luz, y la propia madre de Debbie, Sadie, con sus 60 años a cuestas, no duda en afirmar que sí, que todos los que los han olido ese aire han estado recibiendo los humos del amor durante años y gratis. Y todo porque los humos que emanan de las chimeneas de la susodicha planta, cuando ésta se encuentra a pleno rendimiento, provocan que los hombres y perros del lugar sufran erecciones esporádicas, pero bien prolongadas y muy admirables para quienes las han visto y catado
Sadie añade, además, en el rotativo que en el pueblo llevaban ya ciertos meses sorprendidos por la cantidad de gente que se acercaba a Ringaskiddy, y que luego nunca se iban. La Viagra debe haberse colado en los suministros de agua, aventura la buena de Sadie, que sería lo que habría ocurrido antes que la fábrica fuera regulada con las consabidas y pertinentes medidas de seguridad, pero que esto, lejos de suponer un problema, hacen del pueblo un lugar privilegiado; sobre todo, continúa Sadie toda embalada, para muchos hombres que, sin meterse con nadie, han pasado de ser inofensivos hombrecitos a poder presumir no solo de beber mucha cerveza.

Claro que, por su parte, Pfizer niega la mayor (erección- jeje) y se lava las manos, como todo buen capitalista en cuanto se huele, y nunca mejor escrito, un problema, y apunta a que sus procesos de fabricación siempre han sido “altamente sofisticados y máximamente regulados”. Por supuesto (sic).

Pero los vecinos continúan en sus trece (¿centímetros?) afirmando que, incluso, Ringaskiddy habría experimentado un llamativo baby boom justo después de que Pfizer empezara a producir Viagra en sus contornos a troche y moche. De hecho, los lugareños se preguntan por qué los chavales acuden sino a las cercanías de la fábrica a inhalar el humo que despiden sus chimeneas. Mejor eso que oler pegamento, asegura más de uno socarronamente.
Pero según Pfizer, poco o nada hay de cierto en esto que los calenturientos vecinos de Ringaskiddy cuentan. No hay Viagra, repite categóricamente la empresa; apenas si se trata de un mito divertido, añaden, que se ha propagado entre los habitantes de la localidad.

Sin embargo, y por si acaso, más de uno continúa dándose la vueltilla de rigor por los alrededores de Pfizer; sobre todo, durante las noches de los sábados, mientras aún resuenan en sus oídos, las maleducadas y cachondas risotadas que esa chica tan mona dejó escapar de sus labios cuando ese uno se bajó los pantalones. Y es que a muchos nos gusta creer que Love is in the Air. Eso nadie nos lo puede quitar.
 



(10)
También dice uno de mis tan odiosos refranes que cuando no puedas con tu enemigo te unas a él. Y esta 10ª píldora contra la "depre", en esta época heladora, de continuas y pertinaces lluvias y de días tan cortos como un susto, va por ahí. ¿Qué estamos deprimidos? Pues de p.m. Escuchamos el prodigioso adagio assai del Concierto para piano, de Ravel al mismo tiempo que leemos el no menos prodigioso Farewell, de Pablo Neruda, y nos quedamos tan pitxis, más relajados que una de esas hojas que lentamente se han caído de los árboles durante estos días puñeteros.





Adagio assai




 
Farewell
1
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
2
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
3
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.
4
Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca.
Amor divinizado que se va.
5
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste; pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.



 (9)
Y el 9, la 9ª píldora es de Chiquito, del gran Chiquito de la Calzada, aquel innovador y soberbio humorista al que su alucinante éxito popular provocó que le salieran imitadores hasta debajo de las piedras, con el irónico efecto de que muchos de ellos superaron el éxito del original y consiguieron, así, que el auténtico, el auténtico Chiquito tuviera que bajar la cabeza y hacer un noble mutis por el foro.

Por eso, esta 9ª píldora estará exclusivamente dedicada a él y que sirva, además, como justísima reparación a todos esos agravios comparativos que su persona y talento han sufrido por parte de facilones imitadores. Porque él siempre será único, y los otros, por el contrario, siempre multitud.

Y hoy que el tiempo ha pasado, y que quizás ni Chiquito, ni sus chistes, ni nada, sea igual, aquí os dejo con su chiste del burro, que a mí, posiblemente, haya sido el chiste que más me ha hecho reír, tanto que me costó escucharlo 4 o 5 veces para poder entenderlo sin que las risas me taponaran estruendosamente los oídos.
 

 
(8)
... y no me he olvidado, ¡cómo iba a hacerlo!, de que el otro día nos dejó el gran Jerry Lewis: propietario de uno de los más completos surtidos de píldoras contra la depresión que yo conozca, cómico, actor, guionista, director y payaso, para más señas, sí, gran payaso, y a mucha honra.

Su manera de pasar a controlar sus propias películas y ofrecer, a través de ellas, una mirada sesuda y reflexiva, caótica y crítica sobre su propio papel de clown y el mundo en el que vive (nuestro mundo, vamos), es uno de los mayores logros del cine de los años 60´del siglo pasado, y razón más que suficiente para que despertara la mayor de las admiraciones en aquellos "jóvenes airados" de la nouvelle vague.

Después no dudo de que el propio Clint Eastwood se fijara en su trabajo para llevar a cabo una idéntica y ácida revisión de su personaje de "pistolero" (p.e. en Sin perdón), y que, incluso, el ya no tan agraciado Jim Carey (o ver si no esa mágica píldora o el sketch de la máquina de escribir que os dejo aquí abajo) tuviera que besar el suelo cada vez que el gran Jerry hollase las aceras con cualquiera de sus zapatos. DEP, maestro.


(7)
Hoy me he levantado con el pie torcido y propongo no tomar nada, pasar el día a pelo: pastillas al cubo de la basura, sumergirnos y dejarnos mecer por la tristeza. ¿O acaso no tenemos derecho a estar tristes? Lo decía Neruda en uno de sus más memorables poemas: Estoy triste; pero siempre estoy triste. Sí, ¡¿y qué pasa?! ¿O no escribió también Dylan esta increíble canción para gloria de la tristeza y de la emoción en su estado más puro? Así que por hoy, "pastis" no, gracias, y sí un poco de Sad Eyed Lady Of The Lowlands, con sus mágicas letras puntualmente traducidas.



(6)
Un spot, pero no un spot cualquiera, sino un auténtico subidón, tal y como toca para esta prozaica sección: el anuncio que Hugh Hudson rodara para Fiat y el Reino Unido en 1979, a los irresistibles sones de El barbero de Sevilla, de Rossini, o sea, un spot que Hudson rodó un par de años antes de sus Carros de fuego, o unos cuantos más antes de su triste leyenda de Tarzán, o unos cuanto más antes de caer de cabeza en un olvido más que merecido.

Aunque aprovechando que estos "humildes" publicistas (siempre he pensado, parafraseando a Chandler, que no hay cosa más difícil de encontrar que un poco de humildad en una agencia de publicidad); estos "humildes" publicistas, decían, suelen referirse a sus "obras" de 20 o 30 segundos llamándoles "películas", como si se trataran de un Ciudadano Kane cualquiera, no estaría de más que reconociera que la mejor "película" de Hudson es, sin duda, este spot para el Fiat Strada (creo que en España fue el Ritmo), uno de los mejores que he tenido ocasión de ver (Hecho a mano por robots), y una infalible "píldora" contra las depresiones.



(5)
Yo con el fútbol ando medio reñido. eso no es ningún secreto. Ahora mismo debajo de mi casa, mientras escribo esto, las txarangas y aficionados del Athletic están "calentando motores" para el partido de esta tarde contra el Madrid. Y de verdad, creedme, no tengo ninguna gana de unirme al jolgorio. Pero el psicoanalista siempre me dice que no sea tan drástico, y que si por él fuera, contra la depresión, me recomendaría un remedio infalible: ahorrar unas perras, pillar un vuelo barato, darme una vuelta por Alemania y, sobre todo, sacar una entrada para ver en vivo un partido del Borussia Dortmund en su estadio y unirme a su afición en el espectacular "muro amarillo". Me da un poco de yuyu pero me ha pasado este vídeo que comparto con vosotros, y me ha asegurado que no hay desgracias que lamentar y sí muchas alegrías que vivir.
 


(4)
Escuchar y ver (yo lo hice el sábado pasado en el Liceu catalán) a Plácido Domingo, a sus 77 años, con una vitalidad y buen rollo que muchos al escucharle y verle deberían agachar la cabeza y pedir perdón, junto a la excelente soprano, y un bellezón de quitar el hipo, Nino Machaidze, cantando la increíble aria final de Thäis, el C´est toi, mon pere!, debería levantar los ánimos a cualquiera. Lo míos, por lo menos, se levantaron y... pusieron de pie para aplaudir a rabiar y soltar un par de irrintxis que me pareció (¿o me lo quiso parecer?) que Plácido me los agradecía con la mirada y una sonrisa.
 
(3)
Carta a Donald Trump
La carta a Donald Trump decía,
(aún me la sé de memoria),
ahora vigilo la frontera.
Gracias a Dios.
Había terminado de cobrar el paro
con dos bocas para alimentar.
El pequeño Roberto come como una lima.
Gracias a Dios.
Y a veces los que cruzan se detienen cuando les doy el alto.
Gracias a Dios.
Aunque otras se resisten y tengo que disparar.
Manejo bien el rifle.
¿Gracias a Dios?
Además he oído que piensan construir más muros,
sin saber que con quienes nunca podrán terminar será con las pesadillas.
Ésas tienen el secreto de atravesar las alambradas sin que nadie las vea,
y después se ríen desde el otro lado,
desde la Tierra de los Sueños,
con el God Bless… aullando de fondo como una cantinela fantasmal.
Y con ellas, con las pesadillas,
créame, señor,
ni Dios podrá ayudarnos.


(2)
Al cruzar frente a la polvorienta mesa del rincón
escuchó aquella algarada de voces infantiles
que le llamaban por su nombre de niño.
Al instante
se giró y se metió bajo la mesa del escondite.
Desde entonces
los mayores con quienes trabajaba las jornadas que acababan en “s”,
y los mayores con quienes se aburría los fines de semana
no volvieron a saber nada más de él.




(1)
Me reflejo
en el cielo ardiente
plagado de conflictos.
Me reflejo
en la tierra oscura
plagada de estrellas;
a esa errante de 40 puntas
quiero escuchar.

 

 


Leer más...

viernes, 24 de noviembre de 2017

BLACK FRIDAY

 
Como parece que hoy va a ser el Black Friday, el invento ese que la industria americana se ha sacado de la manga para vender más y más, y como a mí desde Bilbao este Black Friday me da por donde siempre me han dado las cosas que me interesan cerocoma, pero como a pesar de todo ello sigo reconociendo en la cultura yanqui más de un mérito que debería a muchos a animarnos a mirarnos en su espejo, sobre todo, en ese increíble sentido de comunidad que aún hoy continúan teniendo, como si la herencia de aquellos primeros Padres Fundadores de la Nación que arribaron a las que hoy son costas neoyorkinas, en el MayFlower y otros pasajes semejantes, inserto estos dos temazos del país de las Barras y Estrellas: el Black Market, de los Weather Report, con su connotación de "mercado negro", para quien quiera entenderlo, y el Friday On My Mind, del inolvidable Bowie, y compongamos, mezclando ambos títulos, nuestro muy particular y original Black Friday que espero que poco, o nada, tenga que ver con el que estos "capitales" americanos, tan derrochadores ellos, quieren convencernos a todos para que andemos de jauja, gastando pasta y pasta a lo tonto, incluso aquella de la que nuestros bolsillos no han visto ni la sombra.

Leer más...

sábado, 11 de noviembre de 2017

CHIQUITO, SÓLO TU NOMBRE ERA PEQUEÑO

 
Estaba, más o menos, cantado. La muerte le andaba rondando desde hacía unos días, y ésta rara vez desafina. En cuanto te echa el ojo encima, te quita el corazón. Todo lo que tienes y todo lo que podrías tener, como diría el inolvidable William Munny de Sin perdón.

Así que esta mañana me despertado con la muerte del GRAN Chiquito de la Calzada. Para mí, el último gran humorista que ha rondado por este país de marras. con un sentido del humor, original, irreverente, surrealista por momentos, y que no desmerecería al lado de las mejores páginas de Miguel Mihura o Carlos Arniches.

Pero la muerte se lo tenía pedido, y cuando la maldita se encapricha con alguien hay que joderse. Ahí será nada el cachondeo que se pueda montar a partir de ahora en los Cielos, con sus andares y sus tonadillas flamencas. Mientras nosotros, aquí abajo, nos quedaremos con su recuerdo y sus chistes emitidos por televisión y hoy al alcance de todos en YouTube. Será casi igual, pero eso: casi.

Y puestos a elegir uno, vuelvo a quedarme (no me gusta repetirme, pero ese chiste es una debilidad) con el mítico, sí, mítico chiste del burro. Lo metí en su día como la 9ª pastilla contra la depresión, aunque bien podría ser la única porque, estoy seguro de que con ella valdría y sobraría para que muchas consultas de psiquiatría cerraran sus puertas por "cese del negocio".

Hace un rato se lo contaba a uno de mis mejores amigos y me daba la razón. Y añadía, y sin canutos, Toni. Touché. Porque, sin duda, sin canutos todo tiene doble mérito.
DEP.
Leer más...

domingo, 5 de noviembre de 2017

DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO

Para Manu Abans

Yo a Abbas Kiarostami no le conocía personalmente, pero voy a hacer como que sí, porque algunos artistas, y Kiarostami era uno de ellos, no te dan la mano para que les puedas tratar de “tú” sino que, en su lugar, hacen películas, por ejemplo como Abbas, y a través de ellas los que disfrutamos de la suerte de verlas, nos vamos sintiendo cercanos al hombre que las ha rodado, familiarizándonos con él, al extremo de que al tercer o cuarto visionado de alguna de sus películas, ya nos sentimos como en casa, con arrestos suficientes para tutearle (aunque no nos oiga directamente), y adjudicarle, sin temor a equivocarnos, un puesto “entre los nuestros”.

O esto es, más  menos, lo que me ha ido pasando a mí con Kiarostami. Primero con A través de los olivos, su sexta película (si no cuento mal), allá por 1994, después, y sin orden cronológico, con El sabor de las cerezas que le consagró en 1997 con la Palma de Oro en Cannes, pero después, y ya ganándose un particular huequecito (del que va a costar sacarle) en mi particular lista de filias cinematográficas, y más aún, humanas, con su inolvidable Dónde está la casa de mi amigo, en 1987 (por lo que esta casa cumple este año 30 años), y con su secuela, cinco más tarde, Y la vida continua, ya en 1992.

Y como esta increíble facultad que atesora el cine de Kiarostami hace que me sienta tan cercano a él como a mi querido tío Kote, su nombre de pila Abbas siempre me recordará a otro gran amigo, y al que uno de sus mejores amigos, llamaba cariñosamente Abans, porque éste era su apellido.

Así que Abbas y Abans. Uno, el amigo desconocido, murió en 2016; el otro, el amigo conocido un poco antes. Y los dos prematuramente. Siempre ocurre lo mismo con los amigos de verdad. A Abans le di la mano muchas veces, trabajé y compartí con él muchos tragos y ratos divertidos. A Abbas no le di la mano nunca, nunca trabajé con él, nunca nos bebimos un vinito juntos y nunca llegamos a hablarnos. Pero vi sus películas. En especial Dónde está la casa de mi amigo que es como ese apretón de manos que nunca nos dimos, como ese currelo en el que nunca nos enfrascamos, como esa ronda que nunca nos bebimos o esa amistosa charla que nunca compartimos, pero, aun y así, el más entrañable abrazo que se ha podido tejer con celuloide.

Por eso cuando me acuerdo de uno me acuerdo del otro, y esa es una magnífica señal que me habla de dos hombres como la copa de un pino. Del uno lo sé a ciencia cierta porque le traté, del otro lo sospecho y apuesto, por sus películas, a que no me equivoco: Dónde está la casa de mi amigo, 30 años después, me lo confirma cada vez que la echo un vistazo. QDEP. Los dos. Estén ahora sus casas donde estén.
Leer más...