domingo, 23 de julio de 2017

CLINT EASTWOOD, EL ABUELO CHOCHEA


 Clint Eastwood ha supuesto, posiblemente, una de las mayores alegrías que me ha proporcionado en los últimos años el decadente (¿y hasta dónde irá a parar?) cine yanqui. En su momento me vi 7 veces, un al día durante una semana completa, su magistral Sin perdón. La reflexión que Clint plasmaba en ella sobre la violencia y, lo que pareció más increíble, su increíble puesta al día del personaje de justiciero que él mismo se había ido cincelando desde sus primeras películas con Sergio Leone, me dejó boquiabierto, al no haber asistido a nada similar desde los lejanos e incomprendidos tiempos del acerado cine de Jerry Lewis y del personaje que con él había creado. Sí, sí, Jerry Lewis, el payaso que actuaba con Dean Martin, el que luego decidió montarse un gran circo para él solo.

Pero, volviendo con Clint, y a lo que iba, el otro día vi Sully, su película basada en Chester “Sully” Sullenberger, aquel piloto que en 2009 se convirtió en un héroe cuando logró realizar un aterrizaje forzoso en pleno río Hudson, en Nueva York, salvando las vidas de sus 155 pasajeros. Y, creedme, que lo siento mucho, pero Clint Eastwood a sus 87 años ha perdido el “punch” por el que era envidiado por todos sus colegas de profesión y por tantos admiradores (yo entre ellos), apoltronados en las distintas butacas de los cines del mundo entero. Sí, el abuelo Clint chochea.

Yo ya había notado algo de todo esto: ciertos resbalones, ciertas salidas de tono, en los años de sus aclamados puentes de madison. Corría entonces el año 92, del siglo pasado, pero la historia que protagonizaban los hijos de Meryl Streep, en crisis con sus respectivas parejas, y que, después de conocer el diario y la bonita historia que su madre vive durante unos días en la soledad de su hogar con el fotógrafo que interpreta Clint Eastwood, vuelven a congraciarse y a comer perdices, como si nada hubiera ocurrido, ya me resultaba muy endeble; una peligrosa premonición del tono almibarado, con muy poco peligro que iría apoderándose del grueso de su filmografía, que vendría después, donde el genio recio y sin concesiones que nos entusiasmaba de, por ejemplo, El jinete pálido o Bird, de Sin perdón o Un mundo perfecto ya empezaban a perderse detrás de la esquina, a brillar por su ausencia.

¿O que nos depararon en su día, seamos sinceros, Medianoche en el jardín…, Poder absoluto, Ejecución inminente, Space Cowboys, Deuda de sangre, Mystic River- sería la excelente y ¿última? excepción a la regla, sus bienintencionadas pero, ¿algo más?, Million Dollar Baby, el díptico guerrero Banderas de nuestros padres-Cartas de Iwo Jiwa, la ya cargante (tanto como su protagonista, la mediocre Angelina)  El intercambio, o las apáticas e insuficientes Gran Torino, Invictus, Más allá de la vida, por no hablar ya de la-poca-cosa que suponen sus Jersey Boys, El francotirador o, por fin, y la que motiva estas líneas, la triste e insuficientísima Sully?

Quizás alguien me aconsejara que zanjara la cuestión diciendo que un abuelo no está ya para demasiados trotes, que 87 palos son ya muchos palos, demasiados. Pero, sin embargo, Clint sigue en la brecha con otra película para el año en el que estamos, una adaptación de The 15:17 to Paris, que describe el intento de asalto de Ayoub El Kazan a un tren de pasajeros el 21 de agosto de 2015 durante el servicio París-Amsterdam. Luego el abuelo no para, pero repito: chochea, y yo no esperaría grandes alharacas de este viaje en tren hasta los Países Bajos y sí en cambio, por hacer un chiste barato, un (según seamos de críticos) pequeño o gran bajón.

Luego, e incluso atentando ahora contra uno de mis últimos héroes cinematográficos, me preguntaría si como se pregona entre los más puristas círculos críticos cada vez que Clint estrena una película, cual si del lugar más común se tratara, si Clint Eastwood, digo, es realmente el último cineasta clásico.
Porque más allá de cuestiones puramente cinematográficas, o no, mejor inmersos en ellas, ¿no sería una característica común a todos los clásicos, que con el celuloide han sido, a los Hitchcock, Houston, Hawks, Ozu, Mizoguchi, Dreyer, etc. y etc., el hecho de que las arrugas y los años les hicieron mejores y que, de hecho, algunas de sus grandes películas son, precisamente a las que les toca figurar en los últimos escalafones cronológicos de sus filmografías?
Y acordémonos de Frenesí (Hitchcock), de Dublineses (Houston), de El Dorado (Hawks), de El hombre que mató a Liberty Valance o de Siete mujeres (Ford), de Cuentos de Tokio (Ozu), de Gertrud (Dreyer) o, por no resultar abrasivo, de El intendente Sansho o de La emperatriz Yang Kwei Fei (Mizoguchi), y comparémoslas, ya sé que son odiosas las comparaciones, pero hagámoslo y sin que sirva de precedente, con las últimas entregas del otrora (ya va siendo hora de decirlo) gran Clint Eastwood, y preguntemos ahora, ¿será de verdad Clint Eastwood el “último cineasta clásico”?, ¿o será esta otra de esas exageraciones a las que tan propensos parecemos en estos tiempos, para atenuar y soportar mejor este desolador panorama cultural que tenemos entre las manos y ante los ojos? Vosotros diréis.



 
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lunes, 3 de julio de 2017

CRISTIANO RONALDO Y LA PIEDRA


En la entrada que hice en mi blog el 28 de junio de 2012, ¡cómo pasa el tiempo! (aunque para algunos sea como si no pasara ni el tiempo ni nada, y continúan tropezando 2 veces en idéntica piedra, y me temo que hasta que no se peguen en la mismísima espinilla 1000 veces, no se quedarán tranquilos); sí, en esa entrada a la que llamé, Los lugares comunes (y el fútbol), hablaba de eso, de que el fútbol es posiblemente la actividad humana más trufada de estos lugares comunes, donde éstos más campan a gusto, más a sus anchas.

Y comentaba, entonces, uno de los más célebres soniquetes que “canta”, letra arriba, letra abajo, que la suerte de los penaltis, la tanda de lanzamientos desde los 11 metros, con los que se decide el resultado de aquellos partidos eliminatorios cuyos 90 minutos reglamentados y los 30 añadidos de la prórroga, han terminado en empate, en un ni para ti ni para mí pero que, sin embargo, debe, sin embargo, resolverse en favor de “ti” o de “mi”, es una lotería: la lotería de los penaltis.

Y entonces escribía aquel 28 de junio (me imagino que con motivo de la semifinal del Europeo que enfrentó a España contra Portugal):

“(…) Y termino. La semifinal de España contra Portugal se decidió en la tanda de penaltis. Y los penaltis clasificaron a España para la final del domingo. Y no, no fue un asunto de suerte o de loterías (del Estado). Simplemente España fue mejor en esa faceta última del juego. O cometió menos errores que el contrario. O no tan graves. Porque Portugal se enredó en uno bastante gordo. O, al menos, así lo creo yo. Dejó que Ronaldo tirara el quinto penalti de la tanda. El quinto, el decisivo (¿ah, Ronaldo, el engreído, el que quiere el Balón de Oro por encima de todo y de todos- ¿está Messi por ahí?) porque el quinto penalti siempre vale para algo: para ganar el partido, para perderlo o para empatar y seguir tirando más penaltis. Pero siempre vale para algo SI SE TIRA, porque es un lanzamiento que puede no tirarse. Que fue lo que pasó. Y pregunto, ¿qué hubiera ocurrido si el mejor lanzador de Portugal, o sea Ronaldo, hubiera tirado el primer penalti, más discreto y sin tanto bombo como el quinto? España había iniciado la tanda. Y Xabi Alonso falla el primer lanzamiento. Si Ronaldo hubiese sido el primero, hubiera chutado y marcado y posiblemente el resto de los lanzamientos no habría sido lo mismo. ¿Quién sabe? Quizás España se hubiera descentrado y Portugal hubiera alcanzado la final. Nunca podrá decirse. Pero el caso es que Portugal y Ronaldo cometieron un error. Y los errores se pagan. Y España está en la final. ¿Suerte, lotería? ¡Por favor, seamos serios y… menos comunes!”

Todo lo cual viene ahora a cuento, vuelve a salirme a colación, porque Ronaldo, aquel-engreído-en-busca-de-la-gloria, aquel yo-y-yo, continúa siendo 5 años después el mismo yo-y-yo-y-después-otra-vez-yo, y que a los demás que les den, aunque los demás sean sus compañeros, los integrantes de su equipo nacional de fútbol.

Porque Cristiano volvió a tropezar con la misma piedra: semifinales de la Copa FIFA de Confederaciones, la competición que disputan las selecciones ganadoras de sus respectivas Confederaciones, en el país donde se disputará el próximo Mundial; semifinales, digo, contra Chile, otra vez, la tanda de penaltis, y él otra vez, el gran Cristiano, otra vez terco, terquísimo, arrogante, y-yo-y-yo-y-después-otra-vez-yo, quiere lanzar no el 1º, demasiado "madrugador" y que muy pronto se olvida, aunque sea fundamental empezar la tanda marcando, sino el 5º, ese que puede dar la gloria pero que PUEDE NO TIRARSE. Que fue lo que volvió a ocurrir 5 años después. Y Portugal otra vez, eliminada, fuera de la Final, pero Ronaldo tranquilo como un pachá porque el muchacho no aprende y no se entera de nada aunque la inflamación de la espinilla, a base de tantos trastazos contra el mismo adoquín, le esté rozando ya la entrepierna. Pero qué se le va a hacer, esta gente son así: encantados-de-conocerse, encantados-de-tener-los-pies-como-botas. Claro me dirá alguno, por algo es uno de los mejores futbolistas del mundo. Touché?
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miércoles, 21 de junio de 2017

MANOS ARRIBA, PERO QUE ESTO NO SEA UN ATRACO

Harto estoy de que nadie se caiga del guindo. Como si los “popes municipales” de la cultura pusieran el precio a las entradas de los espectáculos en general porque a alguien, que pasaba por ahí, se le ocurrió decir “tanto” y todos, como borregos, hubieran asentido:, “¿tanto?, de acuerdo muchachos, tanto”.

Y esto lo saco ahora a cuenta de los 65 euracos que hubo que pagar por escuchar en el Teatro Arriaga de Bilbao al imprescindible Juanjo Mena (porque nunca me cansaré de alabar la ingente labor que hizo al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, y de cuyos valiosos réditos la BOS continúa viviendo en la actualidad, y bastante bien por lo que tenemos oído; que sea por un montón de años); al imprescindible Juanjo Mena, decía, al frente de su actual formación, la Filarmónica de la BBC londinense. Pero, ¡ojo!, y es a lo que voy: lo “imprescindible” nunca debería ser es el factor único a tener en cuenta a la hora de fijar el precio de las entradas, de una entrada, en este caso, para escuchar a Juanjo Mena dirigiendo a la Filarmónica de la BBC. Hay otros factores, otras cosas, en las que nadie parece reparar…
 
Cierto que podría aducirse, y esto es un escueto paréntesis, que hubo precios más asequibles para asistir al concierto, hasta llegar a los 50€ (sic), pero en localidades que, en el Teatro Arriaga, bien pueden llamarse, y de buen rollo, tuertas, o ciegas directamente. Vamos que si la taquillera se cubre la boca con un pañuelo, bien hubiéramos podido escuchar aquello de ¡¡esto es un atraco!!
 
Y explico porqué considero esos precios abusivos para oír en el Teatro Arriaga a Juanjo Mena y su Filarmónica, porqué me siento con ello, desplumado, atracado-a-entrada-armada. Porque así, denunciando estos abusos, puede que aquellos “popes”, a los que aludía al principio, se lo piensen dos veces antes de asentir ante la primera ocurrencia de “tanto”. Aunque debamos, si queremos resultar convincentes, hacer acopio de buenas razones, tantas como podamos, para dejar a esos “popes” sin posibilidad de contraataque. Luego, me meto en la charca hasta la cintura y busco razones.

Y nos ponemos, entonces, en los tacos de salida y empezamos, por afirmar, que el precio de una entrada, para cualquier espectáculo o concierto, como es el que caso que motiva estas reflexiones, debe, o debería (porque, de hecho, no lo está y, como también decía más arriba, nadie parece reparar en ello), estar sujeto, ya que hablamos de música, a la calidad o fama (medidas ambas, si se quiere- acepto pulpo como animal de compañía- en términos de ventas de discos) del cantante o grupo que vayamos a escuchar; también se debería tener en cuenta, la cantidad de profesionales que harán falta para montar la representación y los artistas que pisarán el escenario (no es lo mismo la actuación de un heroico y sobrio cantautor, que la actuación de una impresionante, por el número de profesores y cantantes que se necesitan, orquesta que fuera a interpretar la 8º sinfonía de Gustav Mahler; y también, habría que tener en cuenta, la “seriedad” o trascendencia del acontecimiento (no es lo mismo una actuación durante una merendola de cumpleaños que una actuación hecha y derecha o, cambiando al tercio deportivo, una confrontación deportiva amistosa o una oficial). Y pienso que hasta aquí todos estaríamos, más o menos, de acuerdo; ¿o no?

Sería la diferencia que habría que abonar por asistir a un concierto de Bruce Springsteen (al que por algo llaman el Boss) o a uno del infausto, Manel Navarro (sí, el representante español en el Festival de Eurovisión 2017, al que sus más allegados, posiblemente, llamen Manu); la misma que habría entre un partido de esos que se incluyen dentro de la preparación de los equipos de cara a la temporada venidera, y que acontecen durante los torneos veraniegos, y cuyo resultado no iría, en realidad, a ningún sitio, y una Final de la Champions cuyo resultado no sólo es que siempre vaya a alguna parte, sino que de él pende la continuidad, o sea, el empleo y sueldo, de muchos entrenadores y jugadores.

Pero también habría que considerar otros factores, y entre estos ése sobre el que casi nadie cae o lo tiene en cuenta, y que sería, el lugar (recinto, estadio, …) donde la actuación musical o contienda deportiva o lo que queramos añadir a la lista, vaya a celebrarse.

Porque creo que el concierto, el partido, o lo que sea, se prestigia y debe, por lo tanto, valorarse también en función del recinto o del estadio donde vaya a producirse. Las circunstancias, y el dónde es una de las circunstancias más a tener en cuenta, deberían hacer subir o bajar el precio de las entradas.

Y ahora es cuando muchos, que han llegado hasta aquí, se paran y se lo piensan: pero, ¿qué está escribiendo este tío?, ¿se le ha extraviado, acaso, la última neurona que le quedaba sana? Y yo, primeramente, aconsejaría tranquilidad, que nadie perdiera los nervios, que no cunda el pánico, que para esto no hemos venido y le dé, a cambio, una vueltita (de tuerca) a la propuesta y calibrara si debe costar lo mismo una entrada para ver un partido de fútbol en (con todos mis respetos) Lasesarre, el campo de fútbol del Barakaldo, o una entrada para ver ese mismo partido en Wembley. Lasesarre tiene su precio y vale tanto, y Wembley tiene el suyo y vale un poco más. Yo lo tengo claro. El mítico estadio inglés se habría ganado ese plus por la cantidad de memorables partidos y hazañas que su césped ha visto. Así, el recinto donde se celebra el acontecimiento prestigia al mismo acontecimiento (de igual manera que a la inversa; cuestión de sinergias, si se quiere uno ponerse pureta), y lo que importa: el prestigio debe pagarse.

Porque los participantes en el acontecimiento (sean músicos, deportistas o artistas en general) también querrán, de forma inconsciente si se quiere (pulpo-animal-de-compañía, vale), estar a la altura de las circunstancias, del lugar, en este caso, donde va a producirse la contienda o su actuación. Y de esta manera, resulta comprensible que, en igualdad con las otras condiciones, traten de esforzarse más, de hacerlo mejor, en esos recintos con un mayor prestigio (que, por supuesto, enseguida se traduciría en una mayor repercusión mediática, y enseguida, en dinerito contante y sonante) que en aquellos otros que aún no gozan (mediáticamente) de tanta solera o predicamento.

Yo comprendo, por ejemplo, que en igualdad con las otras condiciones (y no que ese día de actuación coincida, precisamente, con el 75ª cumpleaños de Mick Jagger, por ejemplo, con lo que éste podría querer darlo todo sobre el escenario para que sus “años de platino” resalten más con una actuación memorable), los Rolling se (pre)ocupen más, se esmeren más por su concierto en el Madison Square Garden que por su concierto en nuestro querido, ya que vivo y estoy en Bilbao, Pabellón de Miribilla, el recientemente construido y flamante recinto deportivo de nuestra ciudad, si es que esto pudiera darse en alguna parte, aparte de en los sueños.   

Y vuelvo ya por donde empecé: Juanjo Mena, la Filarmónica de la BBC, los 65 pavos, y…. el Teatro Arriaga, echando tierra y piedras sobre mi propio tejado. Lo sé y lo asumo, pero Teatro Arriaga no tiene aún (y espero, como agua-de-mayo, que se lo gane en un futuro muy próximo) el aroma, el prestigio ni la solera de otros recintos.

Claro que todo esto, si le diéramos la vuelta a la tortilla, serviría también para justificar los precios de las entradas que hubo que pagar a-toca-teja (de 120€ a 40, abusivos para muchos pero, en este caso, sin motivo) para presenciar la Final del Manomanista en el Frontón de Miribilla.

Y la justificación, con los mismos argumentos que he venido exponiendo hasta ahora, resulta obvia. La Final del Manomanista es el enfrentamiento cumbre de la Pelota a Mano. No hay una confrontación entre dos pelotaris de semejante nivel, un Campeonato de Pelota a Mano de semejante prestigio y, además, un recinto, el Frontón de Miribilla de semejante prestigio, con enfrentamientos en él que ya han hecho Historia por su trascendencia y calidad, con sus 3000 localidades (posiblemente el más grande del mundo), y su perfecta visión desde cualquiera de ellas, ninguna tuerta, ninguna ciega; sin duda, el recinto Nº1 para presenciar un cara a cara de este nivel.

Por ello los precios, para presenciar el partido, pueden ser elevados; pueden, incluso, rozar el precio que se desee, ya que nada hay, en el deporte de Pelota, que se pueda poner a su altura. Es Pelota a Mano, de acuerdo, un deporte minoritario, pero es el mejor partido que se puede disputar y presenciar dentro de esa minoritaria especialidad deportiva.

Así que, en este caso, habría que abonar el precio que se nos pida, porque merece la pena, porque ningún enfrentamiento deportivo que se celebre en un frontón podrá superarlo. Nada habría mejor.

Y al revés, y sobre estos mismos derroteros, volviendo a girar la tuerca, tendríamos que subir los gritos al cielo ante los abusivos, ¡estos sí!, precios (¡95€!, desde los 40, que ya están bien) que cuestan las entradas para ver la Final de la European Cup de rugby, el año que viene aquí, en Bilbao, en San Mamés, que sí que tendría su indiscutible solera, pero más como estadio de fútbol; unos abusivos precios que, ni siquiera, pagué (pagué casi la mitad) por asistir a un partido decisivo del Seis Naciones en el Milenium de Cardiff, uno de los templos de este deporte o, cambiando la hierba pero sin salirnos de los templos, por una entrada (porque también fui, ¿qué pacha?) en la Pista Central de Wimbledon para ver jugar a Venus Williams, a Nadal y a Murray (cierto, en octavos de final, y no en la Final, pero bueno) durante el más prestigioso torneo de tenis.

Aunque resumo y ya termino (que va siendo hora), con todo esto no estaría tratando sino de poner un poco de cordura, y de sentido común (lo sé también: el menos común de los sentidos) en las mentes de los responsables, de esos “popes” cuando se sientan y deciden asignar un precio a las entradas de cualquier acontecimiento cultural que vaya a celebrarse en los recintos, por supuesto, sobre los que tengan poder de decisión.

Colocar en una lado de la balanza, el precio; y en el otro lado, todas las circunstancias que rodeen al evento, sin olvidarse de ése del que casi todos se olvidan (por esto empecé a barruntar este artículo), del recinto donde el evento pasa de las letras y grafismos que se dibujan en la entrada al escenario y se hace realidad; y si la balanza queda equilibrada, en una horizontal más o menos admisible, será que los cálculos no se han hecho del todo mal. Y entonces no quedará más que dar la enhorabuena a todos esos “popes” y responsables, y levantar las manos pero para estrechar las suyas, encantados, porque esto ya no sería un atraco, y por desgracia no abundarían encuentros como estos, con gente tan sensata.

Y ya que se incluyó en el concierto de Juanjo Mena en el Teatro Arriaga, os dejo con la Variación 18 de la Rapsodia sobre un tema de Paganini, de Rachmaninov. Para amenizar la lectura de esta (un poco extensa) entrada, y para flipar: uno nunca se cansa de escuchar estas cosas…
 
 
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domingo, 11 de junio de 2017

15 COSAS PARA HACER EN BILBAO CUANDO ESTÁS COÑADO

(15) Quizás me hayan tomado el pelo, no lo sé, y ni me importa, porque hay cosas que me las quiero creer.

Además esta Ría nuestra, o sea, la Ría de Bilbao cada día me coge más desprevenido. Ya nos hemos acostumbrado a oír y a ver con nuestros propios ojos, después de habérnoslo frotados incrédulos durante un rato, que sus aguas, otrora infectas (reconozcámoslo, y de ahí que el hecho que os voy a contar casi se pueda estrechar la mano con lo milagroso), presentan, sobre todo, en algunas orillas, un aspecto tan azulado como la mejor mañana del verano. (En esta misma página he mostrado algunos ejemplos de la verosimilitud de esa afirmación). Pero el tema, por lo que me dijeron ayer, no acaba ahí.

Y me lo creo porque quiero, porque no estamos hablando de Madrid (como Sabina) sino de Bilbao (como el Athletic) y, querámoslo o no, reconozcamos esa es una palabra mayor. Y es que me han dicho que, bajo la superficie de las aguas de la Ría se han avistado ¡¡¡caballitos de mar!!!, posiblemente la especie animal más alucinante de la Tierra.

Por lo que la propuesta, para esta 15ª cosa para hacer en Bilbao cuando estás coñado, me la han servido a huevo: salir de casa o del hotel, con un buen equipo de buceo, tirarse a la Ría y nadar en busca de ese increíble ejemplar marítimo. La felicidad no tengo ni p. idea de lo que es, pero presenciar bajo el agua a un caballito de mar no debe quedarle nada, nada lejos.


 (14) Sea o no Semana Santa, dejad que el Guggenheim nos eche de menos y, en su lugar, nos damos una vuelta por el Museo de los Pasos (Iturribide, 3) para disfrutar, entre otros, de esta maravilla de Piedad, de Juan Pascual de Mena (1756). Creo que el cuerpo exánime de Jesús, entre los brazos de María, es una de las representaciones de la muerte más emocionantes que he tenido ocasión de ver.

Añadirle con el pensamiento (aquí os ayudo yo) el Pie, Jesu, de Fauré. Y en cuanto termine, esperad dos segundos para respirar.


 (13) No propongo nada; por si acaso.

(12) Yo que ando por Bilbao desde tiempos inmemoriales, que, incluso, suelo comentar en plan gracieta que en las próximas bakatas me subiré a Artxanda para ver cómo se ve Bilbao sin mí, no dejo de sorprenderme con los cambios, bonitos cambios, que están lavando la cara, lavándola para bien, de nuestro querido Botxo.

Lo último, algunos me diréis que estoy bloqueado y que he sido el último en enterarme, son las aventuras que nos propone www.bilbobentura.com y que uno puede correrse por la Ría alquilando una canoa o una piragua, y surcar con ella sus ¡limpias aguas! como un audaz y cachondo piel roja, al tiempo que echamos un vistazo a la ciudad desde un punto de vista realmente novedoso y... acuático.

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¿Quién me lo hubiera dicho a mí, cuando pateaba sus grises y tristes calles hace tan solo unos años, y si caías a las aguas de su Ría ya podías ir encargando la Misa de salida del día del txapuzón en ocho?

(11) Al estar muy cerca de Bilbao, casi en sus afueras, a unos 150 kms de distancia, una hora y tres cuartos de viaje en coche, alguna vez si estamos coñados en el Botxo podemos salir y darnos una vuelta por Pamplona.

Pamplona no tiene desperdicio para el visitante. Es muy difícil aburrirse por ahí, con la cantidad de vida que se respira en sus calles; una vida muy a tener en cuenta para tratar de copiar sus modales en otras ciudades no tan afortunadas en este sentido, o más insulsas. Aunque sé, y de entrada, lo aviso, que éste propósito nunca es fácil de conseguir.

En Pamplona se reúnen EN INCREÍBLE Y, CON SUS TIRAS Y AFLOJAS, ARMONÍA, los más serios ciudadanos, con indisimuladas afinidades con el Opus (Pamplona no deja, de momento, de ser su centro neurálgico), y con una Iglesia muy tradicional que hunde hondas raíces en su subsuelo, con otros ciudadanos más gamberros, menos compuestos, situados en las antípodas de aquellos primeros, y que se alinean con el pensamiento más liberal y líquido (recuerdos para Bauman, qed), con los amantes al rock más radical y heavy; descendientes de los inolvidables Barricada y/o Marea (aunque estos, en realidad, se crearan, en Berriozar, están casi al lado).

La convivencia en una ciudad de apenas 200.000 habitantes de estos dos extremos de la esfera social, dentro de esa confortable armonía, es algo digno de ver, admirar e imitar (si se puede, lo decía). Elegantes y guapas mujeres vestidas a la última conviven con jóvenes más demodé, desenfadados, y siempre a guasto. Porque aquí, en Pamplona, no pasa nada. O pasa de todo: eso que no pasa en ningún otro sitio que yo conozca.
 
Y si para muestran valieran dos botones, cito primero, a los benditos SANFERMINES que, como casi todo el mundo sabe, se celebran a golpe de platillo y pura hermandad, durante las primeras semanas del mes de Julio.

Y en segundo lugar su precioso y mítico frontón, el LABRIT, donde cada sábado se realiza un festival de pelota a mano. Asistir en la Bombonera, así se le llama popularmente al recinto al tener sus 1000 localidades casi volcadas sobre la cancha, me parece un espectáculo irrepetible. Las txarangas, cuando tocan, los cánticos, gritos y silbidos, los aplausos a rabiar, los ánimos y apoyos a los pelotaris que se contagian de la tremenda algarada y brindan al respetable excelentes partidos, crean un ambiente mágico donde se mezclan, se citan, conviven, se divierten y aplauden al unísono, la chavala más atractiva, la señora glamurosa, el caballero tocado por un sombrero de fieltro con la cuadrilla más bulliciosa y cantarina, la de la juventud divino-tesoro, llena de calle, y katxis de cerveza.
 

Y con esto os dejo. Con los dos botones. Con el emotivo homenaje que durante unos pasados SANFERMINES le tributaron al también mítico Titín III (un riojano de pro, pero ¡qué más da!) con el graderío del LABRIT abarrotado (como siempre), de fiestón y puesto en pie entonando la mexicanada Sigo siendo el rey ¡con un improvisado mariachi a pie de kantxa! rodeando al pelotari.
 

Claro, que todo este “buen rollo” queda muy cerca de Bilbao. En las afueras del Botxo. Y que nadie se moleste, por favor. Exactamente, y si la wikipedia no nos engaña, a 154,9 kms.

 
(10) Como suele decirse que el que ha nacido en Bilbao puede haber nacido donde le dé la gana, también esta 10ª propuesta puede hacerse en Bilbao o donde a uno le dé la gana. Simplemente clicad en el enlace de abajo y fliparéis con uno de los momentos televisivos más alucinantes, subversivos y originales de los últimos años.
Ocurrió el 13 de diciembre de 2016, martes para ser más exactos, pero no imaginad ningún mal fario, ninguna cenizada, sino justo los contrario: los Primitals Bros, canallada o grupo musical a capela ideado por el increíble y multifacético Santi Ibarretxe, funcionando a pleno rendimiento en el plató de La hora cultural de 24hs, ante el asombro y estupefacción de su presentador, el bueno de Antonio Gárate, que suda literalmente tinta china viendo al grupo actuar y sin tener la menor idea de por dónde va a salir él o por dónde van a salir ellos. A eso se le llama talento. Y talento en estado puro. A capela. A raudales. Para dar y tomar. ¿O acaso la versión de la Bohemian Rhapsody, que interpretaron para terminar su actuación, podría merecer otro calificativo?

¡¡Así que disfrutadlo a tope, tanto si estáis en Bilbao como si estáis en cualquier otra parte del mundo que también será Bilbao, no lo dudéis!!


NOTA,- Prometo que haré lo que esté en mi mano para que todos podamos disfrutar del espectáculo (nunca mejor dicho) durante la próximas Fiestas de Bilbao, en la Aste Nagusia 2017.

(9) Darse una vuelta por el Frontón de Miribilla y ver algún partido de pelota es siempre una gozada pero durante el Torneo Aste Nagusia, durante las fiestas, la gozada se multiplica x2 o másLes guste o no a los descosidos de siempre, la pelota es el único deporte originario de esta tierra de la “piel de toro”. Sólo por esto se merecería la pelota que le diéramos un empujoncito con nuestra asistencia al frontón.

Pero es que además el Frontón de Miribilla es una construcción espectacular con 3000 localidades (lo que le convierte como quien no quiere la cosa en uno de los recintos deportivos para la práctica de la Pelota a Mano más grande del mundo) y con una perfecta visibilidad desde todas ellas.

Para esta edición las empresas organizadoras no han escatimado esfuerzos y en Bilbao tendremos a los mejores pelotaris de la actualidad, Urribarría, Altuna, el big boy (ver la entrada en este blog del 17 de octubre de 2015), Urrutikoetxea, Olaizola, ese gigante que se niega a caer (ver la entrada en este blog del 8 de mayo), etc. Si falta alguno es simplemente porque se encuentra lesionado. ¡Un recuerdo y muchos ánimos para Irujo! Así que de momento en Bilbao estarán todos los que son y estos son todos los que están. Que nadie se queje. Yo, de momento, me apunto al programa del día 23: Irribarría vs Altuna y ¡que salten las chispas de la genialidad!

Así que desde esta 9ª propuesta propondría al personal que suba durante este Aste Nagusia 2016 al Frontón. Que antes se meta entre pecho y espalda una comida como Dios manda. Restaurantes donde elegir no faltan en la Villa. Regar los platos con un buen vino. Después las copas y derechos al frontón. Y si la tela nos sobra un poco, jugarnos unos euritos con una apuesta. Si no ganamos que no se arme un alboroto: los corredores, en estos tiempos de crisis, nos lo agradecerán de todas maneras. Y si ganamos, la cena la tendremos pagada.

Os puedo asegurar que, posiblemente, seguirán habiendo muchas otras tardes en nuestras vidas pero esta que pasaremos en el Frontón Miribilla será una de las más memorables. Y el que avisa no es traidor. Ahí os va el programa de este año. y GORA ASTE NAGUSIA!!

CUARTOS DE FINAL TORNEO

Bilbao, 22/08/2016

BENGOETXEA VI –BEROIZ
URRUTIKOETXEA-LARUNBE

Bilbao, 23/08/2016
IRRIBARRIA-MERINO II
ALTUNA III-REZUSTA

SEMIFINAL TORNEO

Bilbao, 24/08/2016

ELEZKANO II –ZABALETA
GANADORES DíA 22


Bilbao, 25/08/2016

OLAIZOLA II-UNTORIA
GANADORES DíA 23


FINAL TORNEO

Bilbao, 27/08/2016

GANADORES DÍA 24-GANADORES DÍA 25


(8) Para Gorka y Tato, que lo hacen posible
En los periodos de vacaciones siempre se me ocurre la misma boutade, y cada vez que la pongo en práctica no me arrepiento. Se trata de escapar, durante unos minutos o unas horas, a algunos de los montes que rodean Bilbao. En su día me contaron que Salzburgo presumía de ser la única ciudad europea en estar rodeada por sus cuatro esquinas con montañas. Debo decir que esta afirmación es inexacta y que Bilbao también lo está, y con mayor mérito aún ya que es una ciudad más grande y populosa que la austriaca. Por aquí podríamos colar algunas pistas para promocionar Bilbao sobre un aspecto en el que no siempre se repara con la debida atención.

Bueno el caso es que esta Semana Santa opté por estas vacaciones "sin salir de casa". Mi bolsillo me lo agradeció y subí hasta uno de esos montes que rodean Bilbao; en concreto hasta Archanda y desde allí, a 700 metros de altura, volví la mirada hacia abajo, hacia el valle, para ver cómo se veía Bilbao sin mí.

El ejercicio no tiene desperdicio. Lo recordaba de otras ocasiones. Porque si las vistas son espectaculares, el panorama tiene, además, otras gratificantes consecuencias. Por ejemplo, atempera los "egos" demasiado subidos. Porque la ciudad sin nosotros continúa bullendo, continúa produciendo sus sonidos particulares, continúa respirando, continúa viviendo. Y haríamos bien, entonces, en no creernos tan imprescindibles ni centros de ningún mundo. Es, así, esta visión desde Artxanda, y más aún si lo hacemos solos, empapándonos del silencio de los árboles, de la hierba y de la vigilante montaña, una impagable cura de humildad, un poner las cosas y nuestros huesos en su justo lugar. Ni más ni menos. Ahí es nada. Para resultar tan económico y costar tan poco no habrá muchos destinos y vacaciones que den para tanto.

Y eso sí, al de un rato, cuando empieza a refrescar, empiezo a regresar a la ciudad. Casualmente es jueves y miro la hora en el móvil. Las 20,15. Y me acuerdo que la Bilbaína Jazz Club (BJC) ha adelantado los horarios de sus conciertos a las 20,30. Y ya no lo dudo y hacia allí que voy.

El jazz me flipaba con 16 años. Ahora me gusta. Y le reconozco unos méritos que con 16 años se me escapaban y de los que ahora pienso que muy pocas manifestaciones culturales pueden presumir.

El jazz ha conseguido que lo que fue en sus orígenes una música popular haya derivado y se haya convertido en auténtico crisol, en una música que tiende y abraza influencias de las músicas más vanguardistas del siglo XX, de Debussy a Stravinski, pasando por Nino Rota o Shostakovich, y sin perder con ello, y ¡he aquí el milagro!, un ápice de aquellas melodías que le hicieron nacer a ras de tierra y de algodón, los espirituales, el blues, etc.

Sólo por eso el jazz merecerá siempre mi respecto y admiración. Y ante apuestas como la de la BJC me quito el sombrero y saludo al respetable; sobre todo a Gorka y a Tato, almae maters de todo este tinglado que cada jueves a las 20,30h. se monta en los bajos del Club bilbaíno.

Y este último jueves no fue una excepción. Disfruté con el cuarteto de Rob García, un baterista neoyorkino de muchos kilates, y con el increíble saxo Noah Preminger, también venido desde la Gran Manzana, y el fino contrabajista japonés, afincado en Barcelona, Masa Kamaguchi, y con Marco Mezquida, el pianista menorquín que a sus 29 años ha sido elegido tantas veces Melor Músico de Jazz del Año que se está sopesando seriamente cambiar el nombre del Premio y llamarlo directamente Premio para Marco Mezquida.

Y, como se preveía, el concierto no tuvo desperdicio. Pero es que además, viendo sobre el escenario, a apenas unos centímetros de distancia, a este magnífico cuarteto yo me preguntaba porqué nos cuesta ponernos tantas veces de acuerdo, y sobre las cuestiones más nimias, y estamos siempre a la gresca, al yo más y tú menos, al yo más listo y tú más zoquete. Y no miro a nadie pero miro a todos. Porque allí, sobre el escenario de la bodega de la BJC, había cuatro personas, cada una de su madre y de su padre, cada una desde su propio país de origen, cada una con sus propios rasgos y color de piel, cada una con su instrumento y sus creencias religiosas y ninguna montó el potxo ni se partió la cara por las diferencias. Eso sí, todos "discutieron" pero lo hicieron con música. Y ningún kalafnikov interrumpió las melodías e improvisaciones. La sesión discurrió como la seda. Y terminó con la más sincera y estruendosa salva de aplausos. Y yo pensé que sí, que todo es aún posible. Quizás la cuestión radicara en convertir a este pequeño rincón del mundo, a la pequeña bodega de la BJC en el mundo entero, aunque solo fuera por el tiempo que dura un bolo. Porque por algo hay que empezar, digo yo. Y luego ya intentaremos alargar los tiempos. Pero poco a poco. De momento guardemos lo que tenemos, este tesoro de los jueves a las 20,30h. y no lo dejemos escapar. Tampoco hay tantas BJC como para desperdiciar lo que ésta nos ofrece desde hace ya 25 años. Un cuarto de siglo, que se dice pronto...

(7) Para Gustavo, que me dio la idea
Llueve. En Bilbao, por lo menos, llueve a cántaros. De los 29 días de este febrero bisiesto las crónicas cuentan que llovieron 20. Y de los 9 que llevamos de marzo han llovido, de momento, los 9. Y hoy además llueve torrencialmente. ¿Qué se le va a hacer? Es lo que toca, dicen los amigos del refranero. Yo no lo soy. Ni por el forro. Y me pensando que la lluvia tiene su punto. En ocasiones incluso es imprescindible. Como para regar los campos o refrescar la hierba o para crear, con su constante, monótono y, ¿porqué,, no?, triste goteo, el clima más apropiado para escuchar la colección de lieders que se agrupan en el Viaje de invierno, de Frank Schubert. Escuchar el Viaje durante el verano, bajo una chicharra de 40 grados, no está mal. Nunca está de sobras escuchar el Viaje. Pero hacerlo mientras en la calle caen chuzos de punta y el termómetro marca no más de 10 graditos es realmente una experiencia mágica. Única.

El pasado día 6, con uno de esos días, en el Palacio de Euskalduna, aquí en Bilbao, se pudo asistir a un Viaje interpretado por el excelente barítono José Antonio López acompañado al piano por el joven maestro Rubén Fernández, dentro de los conciertos programados en el Festival Musika Musika de este año. Cuentan las crónicas que no tuvo desperdicio. Y me lo creo. Y aquí, para muestra un botón, os dejo El organillero, uno de los lieders que componen ese Viaje que Frank Schubert realizó a unas tierras que nadie podrá encontrar ni pisar nunca dentro de los lindes de este mundo. Son, sin duda ésas, tierras que sólo se escuchan con el oído y se sienten en el corazón.


 (6) Y para empezar el año ir al Cineclub FAS, en la Plaza de Indautxu, en los bajos de la Iglesia de El Carmen a ver, por ejemplo, Ocho y medio del gran Federico Fellini y flipar con la copia en 35mm que se proyectó y con una forma magistral e irrepetible de hacer y de entender el cine, que me temo que ya no volverá. Pero ¡qué importa! El FAS hace que esa melindrosa y lloriqueante nostalgia no tenga razón de ser. Es el milagro-FAS como yo suelo llamarle. Y éste un excelente tráiler de la película. Pasen y vean:


(5) Y para terminar el año más musicón y más Neil Young, y realizar un concurso: ¿cuál de los dos punteos de guitarra es mejor, el de Neil en Like a Hurricane o el de Frank Zappa en Watermelon in Easter Hay? Y si después de una atenta escucha se produce un empate entre los dos que nadie se alarme ni se eche las manos a la cabeza, que para eso los viejos y sabios romanos inventaron aquello del ex -.aequo.
¡¡¡FELIZ AÑO!!!
 
 
 
 
 
(4) Y para no quedarnos musicalmente con mal sabor de boca recordar que hoy 12 de noviembre de 2015 cumple 70 tacos Neil Young, que si de algo puede presumir es de se la antítesis del altanero y presuntuoso Van Morrison. Modesto, genial, honrado, incansable, discreto pero atronador es, sin duda, uno de los grandes, uno de esos hombres (ya no cantantes ni artistas) que hacen que este mundo haya merecido y siga mereciendo la pena. Si escuchas su Helpless con The Band y con los estremecedores coros de Emmilou Harris y los pelos no se ponen de punta es que aún no te has levantado de la cama.

Por eso una de las cosas para hacer hoy (y siempre) en Bilbao cuando estés coñado será felicitar a Neil Young oyendo uno (por ejemplo, Helpless) o varios de sus temazos y discos,
Semper fidelis.

(3) Darle por el culo al León de Belfast que es Van Morrison y que ayer tocó en el Palacio Euskalduna de Bilbao, con las entradas desde ¡200€ la más cara, hasta 75€ la más barata!, y que si alguien ha asistido a algún espectáculo en el Euskalduna bilbaíno, se percatará de que no sólo son las más baratas sino que además son tuertas o casi ciegas Vaya, un robo con alevosía y a mano armada. Porque el León andará ya por los 70. Y además de no haber sido nunca muy simpático (aunque a un artista nadie puede obligarle a serlo) ya se ha dado varias vueltas por Bilbao. O sea que la primicia, de cachondeo. Al León ya le hemos visto la melena por aquí, más poblada y por muchísima menos tela. Y hemos asistido a sus desplantes, aguantado su mal humor y aplaudido y coreado el otro lado de su carretera.

Pero el tiempo no debe pasar en balde. Y si el León todavía ruge, pero menos y da menos miedo, en obvia relación con sus años, a nosotros en los bolsillos se nos han formado últimamente como cuevas de tela donde el eco resuena, demasiado a menudo, a sus anchas. Y no querer darse cuenta de esto, de la jodida crisis, y más aún volando desde Irlanda donde, por cierto, también se las están pasando canutas, y querernos sacar 200€ por hora y media de concierto molesta y decepciona.

Así que para mí, desde hoy, el León es historia. Sus discos, directos al aparador ese donde reposan olvidados, entre otros, el Grease de John Travolta, el Breakfast in America, de Supertramp y otras reliquias del pasado. Y me quedo tan ancho. Si el estúpido insiste en su estupidez, se hace viejo y persiste en su estupidez, qué le vamos a hacer: darnos la vuelta en cuanto le veamos asomar detrás de la esquina.

Y por supuesto, en esta entrada, ni una puta foto ni un puto vídeo suyo. Y lo siento. porque Astral Weeks me flipaba. Que lo sepas, León.

(2) Jo-Wilfred Tsonga es uno de los mejores tenistas franceses de los últimos años. Su saque es temible y su derecha, cuando suelta el látigo, demoledora. Y sin embargo creo que su mejor golpe es uno que suele acabar fuera de la pista, más allá de las líneas de fondo que delimitan el rectángulo de las pistas de tenis pero que ningún juez de silla se atreve a cantar out!!. En realidad es un golpe de extremada suerte que se estrella entre las localidades VIPS de los recintos deportivos. Y ahí se queda sentado. Y vendría lo de la suerte a cuenta de que ese golpe tan especial ni siquiera sale directamente de la raqueta del tenista francés. Aunque sea su raqueta quien la lleva consigo a través de los innumerables torneos ATP que se celebran durante el año. Y ella, paciente, espera. Y cuando Jo-Wilfred atiza uno de sus raquetazos ganadores o devuelve in extremis un smash pegando uno de sus impresionantes saltos marca de la casa, ella, o la suerte de Jo-Wilfred Tsonga, se incorpora en su palco VIP y aplaude. Y yo, por lo menos, no tengo dudas. Y lo disfruto. Noura es el mejor y más afortunado golpe del tenista francés de Le Mans.
 

 




(1) Sólo decir que si un vecino te despierta con esto, a todo volumen, a las tres de la madrugada, un martes cualquiera entre semana, no molesta. Me siento en la cama y escucho...
 
 




 
 
 
 




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viernes, 9 de junio de 2017

CHAVALES CONTRA HOMBRES, UNA GUERRA SIN TRINCHERAS


Aunque no haya que alarmarse, porque yo, por lo menos, dispongo de una explicación; y esta, a menudo, ayuda a tranquilizar los ánimos y nos pone sobre la pista de qué coño está ocurriendo y de c. podríamos hacer para solucionarlo. Claro, si esto es de verdad lo que queremos.

Porque ya lo escribía en Divino Tesoro, aquel ensayo que me publicaron hace ahora unos tres años. Aborrezco autocitarme, pero ya que nadie viene en mi ayuda, o me corrobora lo que en Divino apuntaba, pues voy yo y lo repito. En sus líneas está esa explicación a la aludo en el párrafo anterior.

Resumo la tesis: la preocupante juvenilización, cuando no infantilización (probablemente me quedara corto echando las manecillas del reloj hacia atrás), que sufren nuestras sociedades, encabezadas por las pertenecientes al otrora sólido y, más o menos congruente, Occidente.

Y esto lo escribiría ahora a cuenta del gesto que realizó el magnífico, juvenil y añiñado (para sus 27 tacos) Curry, ilustre base del equipo de baloncesto de los Warriors de San Francisco durante el tercer partido de las Finales de la NBA de este curso 2016/17.

El “muchacho”, después de que un compañero de equipo anotara un triple que iba a suponer la victoria de su equipo en la cancha del contrario, los Caballeros (¡qué ironía, ¿verdad?) de Cleveland, se acuclilla, en actitud de sufrir de repente un inoportuno apretón, apunta a la grada con las posaderas, y simula que lanza un (tor)pedo a la grada o suelta un zurullo en mitad del parquet, ante la vista abochornada y los silbidos de los 20.000 asistentes al partido. Os pongo aquí el vídeo (en cámara lenta, no es un error); echadle un vistazo.


Aunque lo dicho: yo, más o menos tranqui, hasta donde se puede estar tranquilo. La redacción de Divino Tesoro me habría servido para eso. Para no tomarme estas cosas demasiado a la tremenda, para soltar un suspiro desolado, eso sí, y decir para mis adentros, ¿adónde estamos llegando?, meterme en los bolsillos un par de cápsulas de estoicismo y confiar en que esto se pase ya que, y lo habríamos oído en algún sitio, si hay una enfermedad que se cura con el tiempo ésa es la juventud.

¡Que duda nos debe caber entonces si afirmo que la juvenilización de la sociedad nos está llevando, a primera página de los periódicos y de las redes sociales, este tipo de gestos gamberros, maleducados, juveniles, pero sin mayor trascendencia, estúpidos en sí mismos, y que enseguida pasarán, y si no pasan, pues cambiamos de canal y a otra cosa, que no tendremos prisa pero tampoco tiempo que perder, como suele decir un buen amigo.

¿Por qué os imagináis a los Magic, Bird, Jordan haciendo gestos como este de Curry? Aquéllos, y por no salirnos del mundo de la NBA, eran adultos, hombres hechos y derechos, cuidado, para lo bueno y para lo malo, pero hechos y derechos, y a los que chorradas como las del mocoso Curry seguro que les hacen agachar sonrojados las cabezas. Las broncas y malos modos del chaval Kyrgios no serían sino otro más de estos ejemplos de esta creciente y mal entendida juvenilización de nuestras sociedades, adscrita en esta ocasión, y por no salirnos de los ámbitos deportivos, al circuito tenístico de la ATP.

O ya más en serio, aunque sólo fuera por su inequívoca influencia en nuestras vidas, más allá de los Curry o Kyrgios de turno, el propio Kim Jong-un desde el Norte de Corea con sus rabietas y soflamas de chiquillo-tragón, o el musculoso Vladimir (Putin) o Donald Trump, con su procaces poses y declaraciones, con su nombre de dibujos animados, sus frecuentes salidas del tiesto, impropias de un presidente de una nación civilizada, no serían sino otros ejemplos de este calamitoso estado de las cosas que nos está tocando vivir.

Que la juvenilización actual y el auge de los populismos están en línea directa y se retroalimentan la una al otro, es algo sobre lo que, al día de hoy, no tengo la más mínima duda.

Y si me estiro, y con esto ya termino, ¿no son los mismos atentados yihadistas, de no contarse las tragedias y muertos que ocasionan, y atendiendo a las edades, al cruel ensañamiento y a las tácticas (sic) empleadas por los terroristas, extravagantes chiquilladas de adolescentes mosqueados porque les han dejado tres para septiembre?

Conducir, por circunscribirme a lo más reciente, un camión o una furgoneta a lo loco, en zig-zag, por una avenida llena de gente inocente (que no les ha hecho nada), para atropellar al mayor número de viandantes posible, o asestar puñadas a diestro y siniestro entre los asistentes a un mercadillo popular, o llevar a cabo ataques suicidas a la salida de un concierto de música cargando en una mochila explosivos, en lugar de libros de texto, para llevarse por delante a cuantos más, mejor; sean hombres de 90, de 39 (Ignacio Echevarría), o de 10 (Manchester), más y más desgraciados ejemplos de que el Tesoro ha dejado de ser Divino y de que el panorama, más que preocupante (por aquello de que confiemos en que los años, el sentido común y las arrugas, en último término, nos arreglarán el problema), resulta, y esto sí no nos lo quita nadie, vergonzoso y dolosamente desmoralizante.
 

 
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domingo, 4 de junio de 2017

NI UNA PALABRA SOBRE LA 12ª CHAMPIONS


Casi nadie se dio cuenta. ¡Qué pocos leen mi blog! Porque si lo leyeran, hubieran reparado en el artículo que subí del 6 de diciembre de 2016, Ocurrió el 27 de noviembre, por la tarde: Del Potro & Bengoetxea, y hubieran sabido que Oinatz Bengoetxea ocupa desde ese día un puesto en el Olimpo de los dioses del deporte, y que eso es decir muchísimo y, lo más importante, no se hubieran llevado las manos a la cabeza ni rascado el bolsillo cuando el domingo 28 de mayo el de Leitza derrotó en la Final del Manomanista (18-22) a Iker Irribarría, el vigente campeón, y súper favorito (100 a 60 cantaron por él los corredores).

Y cierto que aquella entrada obedecía a ese hecho concreto: la llegada con todos los honores de Oinatz al Olimpo. Aquella tarde había ganado a Asier Altuna la Final del 4 ½ y conseguía, con ello, la Triple Txapela, por llamarla de algún modo; esto es, Oinatz era ya campeón del 4 ½, Campeón del Parejas, y Campeón del Manomanista, especialidad esta última en la que había vencido a su paisano, Abel Barriola, allá por ¡¡2008!!

Y echemos, ahora, mano a las hemerotecas y comprobemos cuántos pelotaris hay que puedan presumir de haber sido campeones en la modalidad reina de la pelota con nada menos que ¡¡9 años de diferencia!! Así que si Oinatz había entrado en el Olimpo no era, precisamente, porque alguien le hubiera regalado un bono. Si un deportista ha sudado la camiseta por conseguir un puesto entre los elegidos, ése bien puede llamarse Oinatz Bengoetxea. Pero esto no deja de ser un pequeño apunte de la épica que envuelve a estos dioses del Olimpo; y si para muestra un botón, no, para muestra, Oinatz Bengoetxea, y con todos los merecimientos.

Pero, y lo escribía al principio, sobre todo esto nadie parecía haberse dado cuenta: ni los apostadores, que alegremente cantaron 100 a 60; ni los aficionados, que no llenaron el Frontón: claro, pan comido para Iker, seguro que será un visto-y-no-visto, ¿para qué gastarse, entonces, la “tela” (que no sobra)?, ¿para qué acudir a Miribilla?, si además lo echan por televisión y cuando la paliza ya sea de escándalo podremos levantarnos de la butaca y tomarnos la merienda. ¿Y la prensa?, ¿qué podríamos contar de ella y de sus pronósticos? Pues más de lo mismo, añadiendo que para el negro sobre blanco Oinatz nunca ha sido un pelotari de esos que llenan las portadas.

Sí, aún recuerdo cuando Oinatz derrotó a Abel en la Final del 2008. Las crónicas no se refirieron, entonces, a Oinatz como a un campeón menor directamente, pero lo sentían sin escribirlo. Para ellas Oinatz era un pelotari menudo, sin demasiado carisma, revoltoso, habilidoso tal vez, pero poco más. Había derrotado a Abel plantándose heroicamente, eso sí, en el cuadro 5 y entrando al aire a todo lo que salía rebotado del frontis, hasta que Abel bajó los brazos, agotado, derrotado.

¿Y poco más? Yo creo que más no, suficiente. Pero en aquellos tiempos, los imperiales tiempos de los Irujo, Olaizola, Titín, e incluso Xala, las maneras que exhibía Oinatz se antojaban acaso pillerías infantiles; sí, un buen pelotari pero muy poco más si lo comparamos con los otros monstruos, con la seriedad  y el talento que repartían a borbotones aquellos que he mencionado más arriba, con los que competía día sí, día no, y no siempre con los resultados que Oinatz hubiera deseado.

Sí, aquel fue el sambenito de Oinatz. No haber sido otro de esos monstruos. Pero es que de esos salen uno o dos cada ¿cuánto tiempo? Así que no debimos ser tan exigentes con él, y confiemos en que ahora el sambenito de Oinatz se haya esfumado para siempre, que hayamos acabado con la murga esa que cuenta que Oinatz sí, pero… Pero, ¿qué?, digo yo. Porque desde el 28 de mayo Oinatz ya será para siempre un pelotari mayor, pero como una directa extensión de aquel mismo pelotari de play-station que nos deslumbraba antes de romperse en vísperas de la Final de 2015 y, sobre todo, de aquel glorioso día del mes de noviembre cuando pudo lucir sobre su cabeza la Triple Corona de la Pelota a Mano.

Porque su triunfo contra Irribarría se debió, precisamente a eso, a palabras mayores: a saber estar, a saber empezar perdiendo 5-1, a saber no ser favorito, a saber no perder la cabeza ni el norte durante toda la contienda, cuando Iker le remontó un 12-17 y le empató a 18, a saber buscar las cosquillas al rival, a saber volverle loco, con los saques al ancho o contra la pared, a saber desquiciarle, a saber hacerle fallar ese pelotazo facilón y decisivo con el 18 iguales, a saber tantas cosas, y saber más por diablo que por viejo.
 

Sí, y no me equivoco de orden: a saber más por diablo que por viejo (Oinatz aún no tiene 33 tacos). Porque a Oinatz le ha tocado bailar no con la más fea, sino con toda la cuadrilla de feas, y en pleno apogeo; los Irujo, Olaizola, etc., a los que antes aludía. Y no sólo ha bailado con todas ellas sin excepción, sin dejar que ni una se quedara aburrida esperando en el taburete, sino que en la discoteca, perdón, en el frontón ha aprendido todos los pases de baile que esos callos le han enseñado.

Por eso ganó Oinatz. Por ser el mejor alumno de los profesores más feos, y saber demostrarlo: por pillo, por jugar con el cuchillo entre los dientes, por buscavidas, por astucia, por malicia, por no querer coger prisioneros, por… diablo, pero diablo de los buenos, no de esos con cola y cuernitos, y cuando, además, toca ser diablo.

Y por eso perdió Iker. No por buenísimo, sino por buenazo, por no haber roto un plato en su vida y no llevarse nunca el cuchillo a la boca, por noblote, por respetar hasta las comas de la Convención de Ginebra, por buen chaval, por pensar que ese diablo sin cola ni cuernos no existe y creer que la Cátedra siempre tiene la razón, por no haber leído tampoco mi blog y no saber, por ello, que Oinatz reside en el Olimpo de los dioses desde hace unos cuantos meses, por todo eso que le hizo cometer 12 errores, por todo eso que al no saberlo le colocó allá donde ni en sus peores pesadillas se imaginó estar: 18-22.
 

Y sospecho que en el Olimpo hubo juerga esa noche de domingo, y juerga de la buena. Creo que todos esos maestros que Oinatz ha tenido en su larga carrera y que, tan a menudo, le han zurrado con la regla en punta de los dedos y obligado a morder el polvo, habrán sonreído. Con malicia y hondo respeto. Porque Oinatz había enseñado a todo el mundo (la Cátedra no volverá a cantar en su contra un 100 a 60 con ese entusiasmo de los Niños de San Ildefonso, la prensa se lo pensará dos veces antes de lanzar un pronóstico en su contra, y los buenos aficionados no lo dudarán y llenarán los frontones cuando vean su nombre en los carteles del Festival) que la lección se la ha aprendido de memoria y que ya no la olvidará mientras viva, esa lección que cualquier diablo que se precie, te la suelta de corrido, pero diablos de los buenos, de esos que no tienen ni cola ni cuernitos, de esos que, hayan ganado o perdido, aún compiten en la duchas con el puño cerrado, mientras, con una mueca contrariada, se repiten, ¡ese j. dos paredes no estuvo bien tirado!, y un chorro de agua les aclara y les recuerda, tranquilos, muchachos, el partido ya se ha terminado.

Aunque tampoco habría que sacar las cosas tan de quicio. Iker sabrá sobreponerse. ¡Cómo no! Sólo tiene 20 años, y pegada y talento para dar y regalar. Pero aprenderá también, ¡cómo no!, que para ganar algunas finales no hay más remedio que vestirse de diablo, aunque todas las madres del mundo sigan queriendo casar a sus hijas contigo.

Ah, sí, y ya lo veis: ni una palabra sobre la 12ª Champions. No pensaba decir nada sobre ella, pero es que ahora, además, con los atentados de esa misma noche en Londres, la solidaridad con las víctimas, familiares y amigos de las víctimas, y con el pueblo británico que, después de todo, son los inventores de esto del fútbol y de la Champions, por extensión, debería ser total. Así que silencio doble, un recuerdo sentido, y sepamos estar a la altura de las circunstancias… y no miro a nadie de blanco, aunque me temo que, en este mundo nuestro, esto sea lo más parecido a pedir peras al olmo.

 
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