martes, 29 de septiembre de 2020

LGTBI

La revista Anuket (diosa egipcia de la lujuria), de temática LGTBI, convocó este verano un certamen (se pedían poesías entre 15 y 50 versos) de las cuales seleccionarían 30 poemas que se incluirían en el número de septiembre.

A mí, que cualquier cosa me sirve para ponerme en marcha, a pesar de que no ando ni hostia, me picó la curiosidad. ¿Sería capaz de escribir una poesía de temática LGTBI, de no más de 50 versos, yo que, casi siempre, peco de “txapas”? Y por estos derroteros me lo tomé, y puse mis manos a la obra.

Y me salió la poesía que os dejo aquí abajo. La llamé MAGIA y dise así:.

Me tienes perplejo:

cuando te meneas

los cielos se mueven contigo.

El día nos cubre

y nos calienta con su luz,

hasta que las noches nos persiguen

y, entre lunas y risas, nos obligan

a escondernos bajo las sábanas.

Desconozco el secreto que ocultas entre los labios

y menos el que se aprieta entre tus piernas.

He visitado cientos de oráculos

y ninguno ha sabido desentrañar

ni tan siquiera esa sonrisa tuya

que habla sin pronunciar una palabra.

Aunque asumo que,

más allá de cualquier perplejidad,

lo que siempre me cogerá desprevenido,

es la magia en la que envuelves tus besos

y que hace que esta montaña

se enderezca siempre a tu antojo.

Anuket nos informó que se recibieron más de 1300 poesías, de todos los países de habla hispana y de algunos otros como Francia e Italia, y de las cuales seleccionaron las 30 prometidas. MAGIA fue una de las 30. De hecho en la revista (cuyo enlace os dejo aquí para poder descargaros el mencionado número de septiembre; sólo debéis poner vuestro e-mail y contraseña) aparece como la 12.

Todo lo cual, y como no podía ser de otra manera, me congratula. Recibir un reconocimiento, por pequeño que sea, siempre es motivo de alegría, y si no lo es, es porque nunca te han reconocido nada y no sabes, por lo tanto, de qué se trata.

Además todo sea por Anuket, y su pelea a brazo partido por mantener una publicación mensual con estas características, y por las propias LGTBI, que no es más que uno de los colectivos punteros en la lucha contra la censura, que nunca está bien, y más ahora que ya andamos con la mascarilla a cuestas. ¿Os imagináis además con un esparadrapo sobre los labios? ¡¡¡Socorro!!! O peor no-dicho, ¡¡¡Ummmmmm!!!...

https://lektu.com/l/editorial-anuket/revista-literaria-anuket-septiembre2020/14830?af=ghp

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domingo, 20 de septiembre de 2020

50 AÑOS SIN JANIS NI JIMI

No tenía intención de rememorar el medio siglo del fallecimiento de Jimi Hendrix y Janis Joplin. Y no porque no se lo merezcan sino porque, a veces, tengo la tentación de pensar que si atendiera desde estas páginas a todos los aniversarios de fallecimientos/nacimientos de personas que me han resultado relevantes por uno o por otro motivo (el otro día el gran Bird), más que un apañadito blog esto parecería un libraco de esos que podemos encontrar en las estanterías de los Registros de cualquier Ayuntamiento o funeraria.

                                           


Pero el caso es que estas conmemoraciones, en el caso de los músicos, ayudan a recuperar algunos viejos rostros y canciones que, en su momento, nos alucinaron y que ya hace tiempo, sí, demasiado tiempo quizás, hemos dejado de ver y escuchar y sin saber, además, muy bien el motivo.

Y además en mi caso particular, y estando como yo suelo estar, dándole siempre vueltas a eso de la música peligrosa vs la música inofensiva, por muy poca intención de acordarme de los 50 años que llevamos ya sin Janis ni Jimi, reconozco que no podía dejar pasar esta oportunidad para enseñar, a los que todavía no entienden eso de la "peligrosidad musical" y continúan en Babia, cómo Janis y Jimi forman parte (y la letra del Hey Joe, de Hendrix que reproduzco debajo es toda una declaración de principios al respecto; y no digo nada del Ball of Chain que canta Janis en Monterrey y que he puesto arriba), de ese selecto y minoritario grupo de "músicos peligrosos".

Sí, de ese mismo selecto y minoritario grupo que hoy en día, desgraciadamente, recibe tan pocas visitas y al que apenas se le apuntan nuevos socios. ¡Lástima! ¡Pero qué se le va a hacer! Así que de momento, QEPD. Ambos dos.  


Hey Joe, where you goin' with that gun of your hand/Hey Joe, I said where you goin' with that gun in your hand, oh/I'm goin' down to shoot my old lady/You know I caught her messin' 'round with another man/Yeah, I'm goin' down to shoot my old lady/You know I caught her messin' 'round with another man/Huh! and that ain't cool/Huh hey hoe, I heard you shot your mamma down/You shot her down now/Hey Joe, I heard you shot your lady down/You shot her down in the ground yeah/Yes, I did. I shot her/You know I caught her messin´around/Messin´around town./Uh, yes I did.. I shot her/You know I caught my old lady messin´round town/And I gave her the gun and I shot her!/Alright/(Ah! Hey Joe)/Shoot her one more time again, baby!Yeah/(Hey, Joe!/Ah, dig it!Ah! Ah!/(Joe where you gonna go?)Oh, alright./Hey Joe, said now/(Hey)/Uh, where you gonna run to now, where you gonna run to?/Yeah./(Where you gonna go?)/Hey Joe, I said/(Hey)Where you goin´to run/To now, where you, where you gonna go?/(Joe!)/I´m goin´way down, way down south/(Hey)/Way down south to Mexico way! Alright!/(Joe)/I, m going down south/(Hey, Joe)/Way down where I can be free!/(Where you gonna...)/Ain´t no one gonna find me babe!
(...go?/Ain´t no hangman gonna>/(Hey, Joe)/He ain´t gonna put a rope around me!/(Joe where you gonna.)/You better believe it right now!/(...go?/I gotta go now!/Hey, hey, hey Joe/(Hey Joe)/You better run on down!/(Where you gonna...)/Goodbye everybody. Ow!(... go?/Hey, hey Joe, what´d I say/(Hey... Joe)/Run on down.((Where you gonna go?)

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domingo, 13 de septiembre de 2020

SUERTE PARA TODOS


¿A quién no le gustaría conocer los mecanismos mediante los que se rige la suerte, la buena suerte, por supuesto? Claro, me imagino que a todo el mundo, pero entonces la suerte dejaría de ser la suerte. Porque la suerte si algo es, es aquello que hace referencia a lo imprevisible, a la casualidad que se empeña, en la mayoría de los casos, en desbaratar nuestros planes concienzudamente trazados; entremezclarse, en fin,  con aquello que nosotros, ingenuos donde los haya, pensamos que tenemos totalmente bajo control.

La suerte sería, así, el reverso de aquello que acontece por necesidad o, hablando en plata, de aquello que acontece por pelotas. Y sobre esta circunstancia podríamos citar, por ejemplo, ese tonto ejemplo de arrojar una piedra al aire y esperar a que, tras unos segundos, vuelva a caer sobre la tierra. La ley de la gravitación, descubierta por Newton, y sin ir mucho más lejos, hace que esto de la manzana ocurra por necesidad, por pelotas o porque la naturaleza así lo tiene contemplado.

Pero también los hombres podemos intervenir en el asunto (¿en cuál, no?) e intentar que las cosas se nos presenten así: por pelotas. ¡Buenos somos! Otro ejemplo tonto quizás nos pueda ilustrar al respecto. Si en una baraja de cartas apartamos todos los naipes menos los ases, y después los barajamos, para disimular más que nada, y escogemos una, seguro que esa carta es un as. O sea que habríamos colocado el grado de “por pelotas” en el 100% y el grado de suerte, ahora ya innecesario, en el 0%, lo cual parecería estar enseñándonos, además, que en esta vida las cosas se nos presentan por pelotas o, siendo ya más finos, por necesidad, o por suerte o azar. Y de este modo, nuestros más obstinados esfuerzos se volcarán para conseguir que lo segundo, el azar tienda al 0 y la necesidad al 100. Lo he escrito antes: que todo, todo esté bajo control. Esto nos encanta.

Aunque aquí nos encontraríamos de golpe y porrazo con un problema, el problema gordo. Porque en innumerables ocasiones,  y por innumerables motivos, la suerte no puede ser reducida al 0 ni la necesidad incrementada hasta el 100. Ésta sería la cruda realidad. Y a ella hay que plegarse si insistimos en seguir viviendo y pisando este planeta. No obstante, y como siempre nos pasa, nos revelamos y nos revolvemos contra esa cruda realidad. Y luchamos, a veces mucho más allá de nuestras humanas capacidades (qué le vamos a hacer, sí, el homo sapiens es así de terco) para conseguir que esa necesidad, ese “por pelotas”, se acerque al (tranquilizador) 100 y la suerte, el azar quede reducido a un (inofensivo) 0 patatero.

Y así, todo este tremendo jamacucos me ronda siempre la cabeza cuando recuerdo aquel bonito pasaje de la  novela de Tolstoi Guerra y paz en el que (y hablo de memoria), ante la inminente llegada de la tropas napoleónicas a las fronteras rusas, un coronel del ejército pregunta a uno de sus capitanes, capitán, ¿está todo listo? Y el hombre responde, sí, señor, todo está preparado, ya sólo falta que la suerte nos acompañe.

Sí, me encanta Guera y paz, y me encanta esa respuesta. Es decir, deberemos prepararnos, y a tope, para que la suerte sea 0 pero si no lo conseguimos confiar en que nos acompañe; o sea, que la suerte sea, en este caso, buena suerte, porque muy a menudo es comulgar con ruedas de molino intentar que, en todos nuestros humanos y mundanos asuntos (como sí sucede, en cambio, con muchos asuntos mundanos y naturales, cfr,- la gravedad), la suerte sea igual a 0 y que, por lo tanto, nos traiga al pairo que nos acompañe o no.

Y finiquitaría con esto de la suerte recordando el prodigioso putt que embocó, hace pocos días, desde 20 metros Jon Rahm en el último hoyo del último BMW Championship, y que le sirvió para alzarse con la victoria en el desempate contra Dustin Johnson. A algunos puede parecerles que la suerte, la folla, la txiripa habría decidido tenderle la mano por su cara bonita, pero a mí se me abre, entonces, otra cosa: como un cielo radiante donde resuenan las sabias palabras que solía pronunciar el gran y siempre añorado Severiano Ballesteros: cuando más trabajo, más suerte tengo. Éste sería el quid. Y es que si la suerte se niega a ser 0, como nos pasa casi siempre, mejor será que nos acompañe como el mejor y más leal coleguita. Y para eso, hay que currar. Severianus dixit.

Y ahí radica el secreto: trabajar duro, muy duro- y esto todos, sin excepción, lo podemos hacer- para que la suerte deje de sernos esquiva y traicionera y se incrementen con ello nuestras posibilidades de tenerlo todo bajo control o, en los términos con los que se conjuraba aquel capitán de Guerra y paz, conseguir que la suerte nos acompañe.





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