viernes, 21 de octubre de 2016

UN MONSTRUO VIENE A VERME... ¡SOCORRO!

Juro que no iba a escribir nada. Como me pasó con el caso del Nóbel al bueno de Dylan que, al final, la “montará”, como tiene que ser, como siempre ha sido él: un bicho raro y único. Y que se lo pregunten si no a cualquiera que le conozca de primera mano. A Sam Peckinpah, por ejemplo, aunque ya no esté aquí entre nosotros y tengamos que recurrir a las crónicas del rodaje de Pat Garrett y a las hemerotecas.

Pero bueno, no iba a eso. La Academia Sueca y el Nóbel se las arreglarán y saldrán adelante con o sin Bob, y sí a algo que, aún estando ya curado de espanto (por eso no pensaba escribir ni palabra), me ha producido y me produce auténtico sonrojo e incomodísima urticaria mental.

Sí, un monstruo podría venir a verme y no me dejaría más perplejo. Porque la campaña de promoción de la última película de Bayona roza, en su buenismo exagerado, el puro esperpento. Ahora leo, como si tal cosa, que Un monstruo viene a verme forma parte y cierra la ¡¡¡¡trilogía maternofilial!!! que Bayona ha realizado con El orfanato, Lo imposible y ahora con el monstruo (¡uuuhhh!): tres intrascendencias de biberón, por seguir con el símil maternofilial.

Sinceramente pienso que a esta gente, encargada de la promoción de estos productos (dios me libre de llamarles películas), se le va la olla y cree que somos más estúpidos de lo que realmente somos. Porque querer hacernos colar que la idea de construir una Trilogía estaba en la mente de Bayona cuando dio su primera voz de “¡acción!” durante el rodaje de El orfanato es ir demasiado lejos. Vaya que yo, por lo menos, no me lo como, y hablando de “ollas”, ni con verdura.
 

Bayona rueda. Y rueda bajo los auspicios, entre otros, de Telecinco Cinema, o sea, según las directrices de Paolo Vasile que es uno de los capos más avispados en esto de convertir el más inocuo e insustancial de los entretenimientos en una fuente de escupir euro tras euro y regodearse, después, en lo más alto del Box Office. Y solo eso. Que bastante es. Lo reconozco. Pero a las Trilogías que las dejen en paz. Porque son algo que requiere mucho más esfuerzo, dedicación y… talento.

Porque a ver si ahora nos van a vender la moto (gripada) de que realizar una Trilogía es como hacer churros, una tarea al alcance de cualquiera que pase-por-ahí (y perdón a todos los churreros), cuando en realidad es un trabajo infinitamente más sesudo y (mentalmente) mucho más costoso. Que se lo digan sino a Richard Wagner y a su Tetralogía del Anillo.

¡Así que seamos serios, por favor! Bayona se forrará con el monstruo y después con Parque Jurásico 5ª parte. (Igual también Spielberg imagina una “Quintología Jurásica”, sic; "nuestro" Gran Hermano ya va por la 17ª: ¡a ver quién gana!). Pero que a muchos de nosotros nos dejen tranquilos y nos eviten, en la medida que puedan, continuar oyendo memeces que a veces nos producen esa urticaria de la que hablaba más arriba, o vergüenza de pertenecer a esta gran familia de humanos progresivamente desorientados y espantados, y no por la "Trilogía maternofilial" ni monstruitos como el del bueno de Bayona precisamente.

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