viernes, 7 de octubre de 2016

CAROL, EL PRÓXIMO BESO SERÁ EN LOS LABIOS


El otro día me animé a ver Carol, la película de Todd Haynes, multipremiada y multiaclamada; para muestra un botón o muchísimos botones porque parece que a todos estos gacetilleros les gusta subirse a la chepa del caballo ganador:




"Haynes consigue un extraño milagro –dar la impresión de que no falta ni sobra un plano en todo el metraje–, hay que añadir un asombroso trabajo del punto de vista (...) desde ya un referente ineludible del melodrama contemporáneo."  Sergi Sánchez: Diario La Razón




Y si nos ponemos a contar los premios para qué andarnos por las ramas:


2015: Premios Oscar: 6 nominaciones incluyendo mejor actriz (Cate Blanchett)

2015: Globos de Oro: 5 nominaciones incluyendo mejor película drama y director

2015: Premios BAFTA: 9 nominaciones, incluyendo Mejor película

2015: Festival de Cannes: Mejor actriz (Rooney Mara)

2015: Premios David di Donatello: Nominado a mejor film extranjero

2015: American Film Institute (AFI): Top 10 - Mejores películas del año

2015: Independent Spirit Awards: Mejor fotografía. 6 nominaciones

2015: Critics Choice Awards: 9 nominaciones incluyendo mejor película y director

2015: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor film, director, guión y fotografía

2015: Críticos de Los Angeles: Mejor banda sonora.

2015: Sindicato de Actores (SAG): Nom. actriz (Blanchett) y actriz sec. (Mara)

2015: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión adaptado

2015: Premios Gotham: Nominada a Mejor película, guión y actriz (Cate Blanchet)

2015: Satellite Awards: Mejor banda sonora. 5 nominaciones

2015: Asociación de Críticos de Chicago: 6 nom. incluyendo Mejor película.

Acojonado. Vamos, una de esas joyitas del 7º Arte, “imprescindible”, y que salen muy de vez en cuando, que añadiría cualquiera de estos críticos;  para acogotar al personal y dejarle con un palmo de narices, que añadiría yo. Aunque en esto ya ando con el culo más que pelado, y si nunca es oro todo lo que reluce, hablando del cine norteamericano qué os puedo contar que no sepáis.


Pero ante tanta unanimidad crítica y festivalera incluso a mí se me presentaron las dudas razonables. ¿Y si era Carol realmente una obra maestra? ¿Si no verla podría ser constitutivo de un flagrante delito contra el buen gusto penado con una maratoniana sesión continua de películas de Cantinflas?


Así que a ello fui y como Carol se encontraba, además, entre la lista de películas disponibles en el videoclub de Imagenio pues la duda ofendía y me apeteció echarla un vistazo. Lo hice el otro día… Y el chasco fue monumental. Se ve que no, que no aprendo. Que para estos yankies las películas son como las preferentes. Todo se trata y se resume en vender, en venderlas como sea; envolver el producto en un papel de regalo tan increíble que haga que hasta el detalle más pueril nos resulte alucinante. Y todos a mirar, con los ojos como platos.


Sí, sí, Carol, la puesta al día de Douglas Sirk, interpretaciones como nunca se han visto, Cate Blanchett impresionante, pero con Rooney Mara sin irle a la zaga, y la música de Carter Burwell, ¿a cuántos espectadores ha hecho llorar a moco tendido?... Y blah, blah, blah y blah…


Porque lo que yo vi durante dos horas, y lo vi muy atento (no fuera a perderme ni uno de esos prometidos momentos “imprescindibles”) fue una cosa muy diferente.


Desde su primera secuencia Carol me resultó cargante como una mochila repleta de ladrillos. Todd Haynes y la película con él se deslizaba y caía de lleno, con plenísima conciencia de estar contando algo bigger than life, en esos terrenos de pretenciosidad y engolamiento tan propios de esos realizadores que se sitúan por encima de aquello que están narrando, que se piensan a sí mismos como algo también bigger than life. Y eso es un craso error. O al menos lo es para mí. Porque convierte a la película en una continua demostración de las habilidades y conocimientos de su director (¡cómo filma!, ¡cómo narra Todd Haynes!). Y a los personajes en vacuas marionetas en sus manos. Cate Blanchett, sobreactuada hasta el ahogo. Rooney Mara, más ajustada pero todavía cargante e increíble, o sea que no me la creo, en su papel de dependienta ocasional a la que parece no sorprender ni un ápice que Carol se haya enamorado de ella ¡a principios de los años 50´ del siglo pasado!


Y el pobre Kyle Chandler, ¿qué contar de él? en su papel de marido de Carol, personaje insuficiente y desgraciadamente, para los intereses de la película, indefinido, cosa imperdonable en un personaje que requiere una poderosa presencia, una fuerza y convicción en sus acciones realmente amenazantes y suficientes para que hacernos verosímil el miedo de Carol a perder a su hija. Pero no, Kyle no funciona nada de eso existe sobre la pantalla.


Y la música que nos hacía llorar, ¿para qué seguir hablando también de ella? Burnwell confundido entre pentagramas del lugar común, entre notas cientos de veces escuchadas, convertido en un perrito faldero de Michael Nyman, y olvidado por completo de sus excelentes (éstos sí) scores para los Coen Brothers, en Muerte entre las flores o Barton Fink.   


Por supuesto algo, algo de todo esto, nunca le pasó a Douglas Sirk que si, por ejemplo, en Imitación a la vida se adentraba por esos mismos vericuetos del bigger than life, montando la de dios es cristo en los funerales de Juanita Moore, la anegada sirvienta de Lana Turner, a los sones de ¡Aretha Franklin!, tenía el exquisito cuidado y gusto de situarse a un lado (cosa que me parece que al bueno de Haynes es demasiado pedir), detrás de la multitud, fuera de las tablas y dejar, así, que la película fluya sola, naturalmente, que emocione naturalmente.


Claro, que quizás todo esto me pase a mí y a dos más. Y nos encontremos entonces perdidos. Porque, ¿dónde buscar brújulas, críticas que nos orienten sobre las películas que hacen que darse una vueltilla por el cine merezca o no la pena? Y en mí caso más todavía ahora que el añorado José Mª Latorre nos ha dejado. Es una situación de triste desamparo, de cierto Robinson Crusoe. Pero quizás eso mismo sea lo que ahora más que nunca nos deba hacer mirar hacia adelante con valentía y confiar más que nunca en nuestro propio criterio, ese que se ha ido formando durante tantos años y tantas películas y se ha ganado el derecho a opinar con el más justo criterio. Y censuremos la sobreactuación de Cate Blanchett en Carol, contra viento y marea, contra los Oscars y contra tantos críticos que ya no tienen porqué acoquinarnos, con las cuentas corrientes tan bien forradas deshaciéndose (tal vez sea esta la última razón de su bonanza económica) en alabanzas con una perfomance que se toma a sí misma, a Carol, tan en serio que acaba cansando más que una docena de polvorones ingeridos a pelo y sin un miserable vaso de vino que echarse al gaznate.

Pero también, ¿por qué, no?, no desesperemos, que ese mismo criterio nos haga disfrutar en el Cine Club FAS con la desconocida (para mí, por lo menos) película surcoreana del prolífico (¿?) Hong Sang-soo, Ahora sí, antes no, y reconocer con él que las grandes películas no se chocan los cinco con ningún crítiquillo en concreto ni tienen porqué salir a recoger ninguna estatuilla dorada ni a lucir su palmito por ninguna alfombra roja sino, simplemente, apelar al corazón de cada uno, a ese de donde surgen las emociones verdaderas, la piel de gallina que nos cubre los sentidos, si no somos como el Hombre de Hojalata de El mago de Oz, cuando la joven pintora Kim Min-hee le dice, antes de despedirse, al director de cine, Jeong Jae-yeong, aquello de “el próximo (beso) será en los labios…,” emociones, sin duda, que nadie podrá quitarnos nunca de encima.

 

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