viernes, 30 de mayo de 2025

NO ESPERES DEMASIADO DEL FIN DEL MUNDO

Cosa muy rara en mí, pero el martes me acerqué al cineclub FAS para ver la película No esperes demasiado del fin del mundo atraído por su título. El fin del mundo siempre ha sido algo que me ha dado qué pensar y procuro no dejar pasar ninguna propuesta que se relacione con él. Y no suele fallar aunque, en esta ocasión, la película y el disparatado sentido del humor de su director, el bueno de Radu Jude, deje bastante que desear. O al menos lo deja para mí, al que no le gusta equiparar la noble gracia con el gamberro petardo.

Lo cual no quita- ¡faltaría más!- para que durante su proyección estuviese dándole vueltas al coco y divagando sobre el- muy loable a priori- intento que demuestran muchos cineastas por realizar películas que ronden las 3 horas (largas o cortas) de duración. Porque cierto es- y habría que reconocerlo- que en nuestro imaginario occidental el nº3, la trilogía goza siempre de un especial predicamento. Sobre que la Santísima Trinidad tendría algo que ver en todo ello yo no albergaría duda alguna.

Y así tendríamos- y no me enrollo- al Padrino 1, al Padrino II, y al Padrino III, o a El señor de los anillos 1, 2, y 3. Sí, es como si el trío nos pusiera- jeje-, como si la trilogía otorgase al artista que está detrás del proyecto un indudable aura de genio, de número redondo, de completitud. Y las películas de 3 horas no estarían sino abrevando en similares estanques trinitarios.

O, ¿o qué podríamos decir de la reciente y decepcionante substancia o de Emilia Pérez, o ya más en serio, de  Rocco y sus hermanos, o de El Gatopardo, por no salirnos de Visconti, o de los maravillosos Andrei Rublev o Solaris del siempre añorado Tarkovski o del hipnótico En el curso del tiempo, de Wenders, etc.?  Sí, parece que  las 3 horas apuntan hacia una obra de pelo-en-pecho; y a veces, hacia la Obra Total. Y así yo no le buscaría mayores explicaciones a los 168 minutos con los que carga No esperes demasiado…  Sí, la ambición pura y dura, aunque no lo parezca, de la que hace gala Radu Jude,con esos slow motions que nos remiten a las maravillosas cosas de la vida de Sauset, y aunque intente disimularla con esa estética chapucera, a lo Pedro Lazaga, con ese blanco y negro que se me aparece cercano al inclasificable cine hecho con dos (de los antiguos) duros.

Por eso me molesta, sí, me molesta, que Radu realice su película dándoselas de “que-paso-de-todo” pero que, luego, inunde sus fotogramas de decenas de puristas referencias literarias, cinéfilas, musicales que no están al alcance de muchos (os dejo los 3 minutitos del mítico y original clip de Dylan Subterranean Homesick Blues, al que Radu le dedica la última ¡media hora de su película!, ¿o conté de mas?- se me hizo eterno).


Aunque al finalizar la proyección y después de todo, también después de esos interminaaables planos consagrados a las personas fallecidas por accidente en una carretera comarcal; al finalizar la proyección digo, salvara los muebles- ¡bueno soy yo!- y una cosa me llevara a la otra o el título de la película de Radu- ¿somos colegas, no?- a los increíbles versos que Jorge Teillier escribió para su particular día del fin del mundo, y que siempre que los leo me ponen la carne de gallina- lo siento, Radu, pero tú ni te acercas a eso, pero colegas, ¿eh?- y que disen algo así como…

El día del fin del mundo

será limpio y ordenado

como el cuaderno

del mejor alumno.

El borracho del pueblo

dormirá en una zanja,

el tren expreso pasará

sin detenerse en la estación

y la banda del regimiento

ensayará infinitamente

la marcha que toca hace veinte años en la plaza.

Sólo que algunos niños

dejarán sus volantines enredados

en los alambres telefónicos

para volver llorando a sus casas

sin saber qué decir a sus madres,

y yo grabaré mis iniciales

en la corteza de un tilo

pensando que eso no sirve para nada.

Los evangélicos saldrán a cantar

a las esquinas sus himnos de costumbre.

La anciana loca paseará con quitasol.

Y yo diré ‘El mundo no puede terminar

porque las palomas y los gorriones

siguen peleando por la avena en el patio‘.

Y que a mí, que procuro no estarme quieto aunque no lo parezca (jeje), junto al inspirador título de la película de Radu Jude, me inspiraron, súper modestia aparte, estos otros versosque me atrevo a dejaros sabiendo que sois buena gente y que no volarán cuchillos.

                                                 Jorge Teillier y el fin del mundo,-

No esperes demasiado

del fin del mundo

es el título de una película.

Y me ha dado qué pensar.

Al título, me refiero.

Me trae a la memoria

a Jorge Teillier y sus inolvidables versos

para El día del fin del mundo.

Tampoco el poeta espera

demasiado de semejante fecha,

aunque lo haría por motivos

bien diferentes: para él el fin del mundo

es la última mentira; un del todo imposible

mientras- y así nos lo cuenta- las palomas

y los gorriones continúen peleando

por la avena en el patio. Sí, y yo me apunto

al banquete. Bien como gorrión,

bien como paloma. Me resulta indiferente

el tamaño de las alas. Si lo garantiza

el divino Teillier, ¿quién soy yo

para llevarle la contraria,

y con la boca llena?

Así que lo dicho, y que sirva de muestra, colofón o coletilla este botón con el que ahora termino (de abrocharme el pijama): el que entre en el cineclub FAS y se aburra es porque quiere o porque se ha equivocado de puerta.
Leer más...

viernes, 4 de abril de 2025

NEGROS INSOLIDARIOS

Sé que esta entradita me va a granjear desacuerdos en manada. No importa. Lo políticamente correcto nunca ha ido conmigo y con los años que llevo a cuestas no voy a cambiar ahora. Ni me apetece ver Heidi ni leer a Los cinco de marras. Prefiero enredar, buscar la boca de áquel que tenga todavía la "piñada" completa, decir "no" cuando toca decir "sí". Porque, y yendo ya al grano, un día de abril de 2024, que bien pudiera ser cualquier otro día- porque los sucesos que relato continúan produciéndose ahora sí-, los seguidores del Atlético de Madrid profirieron, durante el partido que les enfrentaba al Athletic, inequívocos chillidos simiescos dirigidos a Nico Williams, el excelente jugador de color que milita  en el equipo bilbaíno.

Y sin embargo a los impresentables y despistados muchachos del Frente Atlético parecía que se les escapaba un detalle, que por evidente, me deja sin habla. Y por eso debo recurrir a confesarlo en este blog, ya que en su equipo también militan jugadores negros, como era el caso aquella tarde de Samuel Lino que corría detrás del balón con el dorsal 12 a la espalda. Todo lo cual me ha traído a mi turbia cabezota la siguiente reflexión: si en cuanto se empezaban a escuchar las primeras lindezas racistas dirigidas contra Nico, todos, y fijaos bien que escribo "todos", si todos los jugadores negros, los negros del Athletic y ¡los negros del Atlético también!, en solidaridad con su compañero de raza, se hubieran parado en mitad del césped, cruzándose de brazos y conjurándose en no dar ni sola patada más al balón hasta que los improperios cesasen, seguramente otro gallo hubiera cantado. Y¡quién sabe!, quizás hubiese cundido el ejemplo, y ante el temor de ver suspendidos los partidos antes de llegar a los reglamentados 90 minutos, los voceras de turno hubieran decidido callar para siempre. Sí, quién sabe. Pero por probar nada se pierde. Porque tengo el pálpito de que la actitud que acabo de describir daría más que algún jugoso resultado. Sí, uno mucho más importante, de esos que no suben al marcador, y sí que se inscriben en nuestras más civilizadas conductas. Y así, el "¡negro-maricón!" quedaría encriptado en las hemerotecasi como un sucedáneo de las crónicas que daban fe de la 1ª Guerra Mundial.

Pero nada de todo esto ocurrió. Y mi gozo en un pozo. Pero, ¿por qué?, ¿qué es lo que ahora va mal? Y me temo que la respuesta que voy a dar sea una de esas, a las que aludía al comienzo de esta entrada, que no sirven para granjearse ni okeys, ni amigos, ni visitas a este blog y sí, por el constrario, para ser obsequiado en su lugar con un billete en business y sin escalas al Planeta de la Mierda. Aunque lo diría, si fuera preciso, tapándome las narices porque considero que si nada de todo lo descrito pasó, una de las razones (habrá más no lo niego pero ésta, de la que dejo constancia, es una de ellas y tan válida como cualquier otra que se nos pudiera ocurrir) es aquélla que coloca a la raza negra como una de las razas más insolidarias que pisan no sólo un terrenoi de juego, ya que hablamos de fútbol, sino cualquier otro lugar de esta Tierra nuestra. Al hombre negro le cuesta Dios y ayuda juntarse con otro compañero de fatigas y proclamar que lo que les está martirizando es una flagrante e inrtolerable injusticia. Uu hombre blanco no hubiera aguantado ni la mitad y ya habría montado la de Dios es Cristo. Sólo acordémonos de Espartaco, por ejemplo.

Pero, ¡'ay!, el hombre negro no es Espartaco. Y menos todavía Kirk Douglas. Porque para plantar cara a un desmán no se junta con sus semejantes ni con Super Glu. Al negro no le gusta hacer piña, es menos comprometido, va más a su aire, y así le ha ido históricamente. Y ¿así le irá? Confío en que no aunque aún resuenen en mis oídos aquellos comentarios que un excelente amigo me confiaba después de haberse pasado un mes en Sudáfrica. Toni, me decía, en Ciudad del Cabo los negros muestran el racismo más feroz que yo haya visto nunca contra aquellos a los que llaman "colours" y que no serían sino los negros "desteñidos" que no son ni blancos ni negros, sino todo lo contrario.

Cierto es también, y me sirve de consuelo, que el otro día leí, e incluso me inspiró un poema, que lo imposible sólo es aquello que siempre llega pero lo hace con retraso, al contrario que lo posible que siempre es puntual como un Telediario. Así que, ¿por qué no soñar con que los sofocones y agresiones racistas vayan a terminar una noche en el cubo de la basura? Llegará, sí, llegará, aunque no nos impacientemos. Lo hará con retraso. Por eso hoy nos parece imposible.

Leer más...

jueves, 3 de abril de 2025

CLUB DE ROMA: UNA BREVE. PRESENTACIÓN

Hace unos meses que pertenezco y participo en los excelentes coloquios que organiza mensualmente el Club de Roma. Pero hasta hoy no me había decidido- cosa rara en mí- a escribir nada al respecto, Pero, por fin, he decidido estrenarme con las presentes líneas, y a resultas de un manuscrito que la semana pasada me envió un buen amigo para que lo leyera y le diera mi humilde- ¡siempre humilde, que diría David Hume!- opinión.

Porque no es éste un amigo que se mueva entre las medias tintas. Todo lo que piensa y escribe tiene siempre un aquél que hace que merezca la pena poner los ojos sobre sus letras. Y así, y ya desde las citas iniciales, aquéllas que suelen ser un anticipo de lo que nos encontraremos a continuación, me topé con ésta, debida al economista Juan Torres. Y la trascribo, porque pienso que en ella se encuentra el espíritu que mueve a nuestro Club- o así quiero creerlo- y que lo hace tan imprescincible.

Dice Juan (las mayúsculas son mías), "la conclusión es que no hay manera posible de resolver problemas que son de la humanidad, de nuestra especie en su conjunto, SI LOS SERES HUMANOS NO TOMAMOS CONCIENCIA DE ESPECIE y, en consecuencia, si no planteamos los problemas desde esa perspectiva y actuamos conforme a ella."

Claro que para ello, creo, y Juan no lo dice pero seguro que lo piensa, habrá que ir dejando aparcado nuestro siempre "gratificante" ego aunque, todavía, no dispongamos del correspondiente ticket de la O.T.A.
Leer más...

martes, 18 de marzo de 2025

LOS QUE ESCUCHAN


No estamos aquí para recomendaciones. Que cada cual se abra camino en esta jungla de asfalto, con el permiso de John Houston, pero resulta inevitable o, al menos lo resulta para mí, que cuando se escribe sobre cualquier cosa que pudiera rondarnos por la cabeza, las inclinaciones se noten y nos torzamos hacia uno u otro lado.

Todo lo cual viene a cuento porque hace unos día terminé de leerme la novela de Diego Sánchez Aguilar, Los que escuchan, editada hace unos añitos- no muchos- por la Editorial Candaya. Y si la saco a colación desde ese inmenso cajón de sastre en el que se apilan las novelas no del todo conocidas o injustamente desconocidas, lo hago porque su lectura me ha puesto delante de una de las mejores novelas, escritas en castelllano, que he tenido ocasión de leer en los últimos años. Sí, quizá desde aquellos detectives salvajes que escribiera Roberto Bolaños, no habría vuelto a sentir que la literatura en la lengua de Cervantes, puede servir para algo más que para pasar hojas.

Porque la novela de Diego Sánchez Aguilar aporta e interesa desde su primera página; luego el interés no decae durante su desarrollo; y al final se vuelve parte indisociable de aquellos ejercicios de admiración sobre los que, tan sabiamente, Emil Cioran llamaba nuestra atención. Porque Los que escuchan es un relato apasionante en donde podemos encontrar pasajes y citas que nos darán que pensar, y ahí nos encontraremos con ese peligro sobre el que tantas veces advierto: el peligro de "darle vueltas a las cosas", el peligro que te hace cuestionarte sobre aquello sobre lo que no albergabas ninguna duda, pero que, sin embargo, ¡hostias!...

Sí, éstas son las obras a las que me apunto y procuro no perdérmelas: las que me sacuden de los hombros, las que te invitan a espabilar. Y en esto Los que escuchan no tiene desperdicio. En ella leemos "cuando se tiene todo, el Sistema ya no puede vendernos nada, ni siquiera aquello con lo que ya hemos dejado de soñar, salvo que nos inocule el miedo a perder lo que tenemos".

Claro, y a mí se me ocurre, "hemos dejado de soñár" porque, precisamente, ya lo tenemos todo. Así que ésta, nuestra más fabulosa capacidad de ensoñación, se encuentra en la reserva, su aguja apuntando al desolador cero-patatero. Luego, catástrofe primera. Pero sin quedarnos en ella, porque aún habría más. Y, como Joe Rigoli sigo: "salvo que se nos inocule el miedo a perder lo que tenemos". Y sería entonces cuando me asalta la pregunta, ¿no estará el Sistema metiéndonos por vena una especie de miedo universalis en el que hasta cruzar un paso de cebra se ha convertido en una cuestión de vida o muerte? Luego, catástrofe segunda.

Sí, porque hoy todo es tremendo y todo eso se nos viene encima: la franja de Gaza, y la guerra de Ucrania, los dispatates de Donald- y no me refiero al Pato- y la DANA de Valencia, los inquiokupas campando a sus anchas, o los chavales que se cargaron el otro día a su cuidadora social porque, quizá, no les hubiera preparado la merienda. Y así podríamos seguir hasta hartar a Job, pero a lo que iba y con lo me quedo por ahora, o a lo que las páginas de Los que escuchan me enseñan es a admitir que situados en un Estado del Bienestar bastante aceptable- no seamos ciniquetes: Occidente nunca se ha visto en una de éstas: comida-vestido-techo garantizados, ¿el terrorífico COVID? y en menos de 2 años, no una sino tres vacunas que te criaron-; sí, que en este Estado del Benestar sólo la posibilidad de perderlo todo puede hacer que nos entre el canguelo. 
Luego seríamos víctimas de nuestra propia prosperidad, pero sólo porque esta prosperidad la habríamos construído sobre una flagrante ausencia de valores, sobre los cimientos de la más absoluta intrascendencia, la que nos aboca a ese "todo vale", la selva en la que los egos no dejan de ponerse de puntillas, de crecer más y más hasta alcanzar unas proporciones tan grandes y tan inútiles como el desierto del Gobi.

Y ésta es una mala jugada. Con ella el Sistema nos aguijonea con continuos dardos envenenados que no hacen sino incrementar las taras en las que persistimos en enredarnos pero que, en realidad, no dejan de ser micro-conflictos, pequeños problemas- y ya sé que resulta impresentable escribir "micro" cuando nos enfrentamos a tantos muertos-, pero que bien pudiéramos solucionar si realmente importara y le interesara al Sistema pero que, por lo visto, no es así, y hace que las calamidades se prolonguen un poco más, que el miedo siga entrando en nuestros cuerpos, sin llegar a dejarnos paralizados- ¡eso nunca!: el Sistema no quiere más parálisis que las que no se ven, las que están debajo del pelo-, pero sí más desorientados que un esquimal en aquel desierto del Gobi al que antes hacía alusión.
Leer más...

domingo, 16 de marzo de 2025

DOCTOR ATOMIC O EL ASOMBRO CONTINUO

Sé que posiblemente ande un poco plomazo, pero es que la verdad cada vez que escucho el Doctor Atomic, la ópera que John Adams compuso en 1987 basada en las horas previas al lanzamiento de la siniestra bomba atómica me quedo de piedra. O alucino. Y lo hago con cualquier pasaje relacionado con ella, dígase, la hermosísima aria para barítono con la que se cierra el 1ª acto de la ópera- el Batter My Heart según los versos de John Donne- que os dejo abajo con el impresionante registro de George Findley- y que ya os lo había dejado antes, creo, en otra entrada, pero ¡qué coño, repito!- o con la Doctor Atomic Symphony que escuché el otro día con la Sinfónica de Bilbao dirigida por una entregada Joana Carneiro y que me inspiró el poema que también os dejo aquí.

Sí, con lo realmente bueno, el tan necesario asombro no deja de perseguirme. ¡Bienvenido sea entonces! ¡Los ojos, siempre como platos!

PD larga,- Y reconozco la falta (imperdonable, pero que muy pronto será corregida y entonces volveremos a hablar)) de no haber visto todavía Oppenheimer, la oscarizada película del solvente Christopher Nolan, que está basada igualmente en similares premisas "atómicas" a las que cuenta Doctor Atomic, pero tan solo con que la película le llegue a la ópera a la altura del hombro... ¡¿dónde se habrá metido el canto?!, sí, porque estoy dispuesto a pegarme con él en los dientes hasta convertirlos en pura cascarilla. Pero lo dicho: hablamos. 

                                                    Doctor Atomic,-
                                      para John Adams

El doctor Atomic

continúa al aparato.

Sí, tremendo cataclismo,

el hongo atómico,

las pieles desprendiéndose

a tiras, los ojos viendo

aquello que nunca desearon ver,

aquello se cae de pura vergüenza,

como los edificios que antes

estuvieron ahí y ahora

ya no están: se han derretido.

Tremendo, y sin embargo Adams

consigue emocionarme,

y el escalofrío me conmueve.

A pesar de los 140.000 muertos.

O… gracias a ellos,

a que fueron tantos

que a ninguno

conocí ni con ninguno

volveré a cruzarme.


 

Batter my heart, three-person'd God, for you / As yet but knock, breathe, shine, and seek to mend;/ That I may rise and stand, o'erthrow me, and bend /Your force to break, blow, burn, and make me new. /
I, like an usurp'd town to another due, / Labor to admit you, but oh, to no end; / Reason, your viceroy in me, me should defend, / But is captiv'd, and proves weak or untrue. /  Yet dearly I love you, and would be lov'd fain, / But am betroth'd unto your enemy; /  Divorce me, untie or break that knot again, / Take me to you, imprison me, for I, / Except you enthrall me, never shall be free, / Nor ever chaste, except you ravish me. (JOHN DONNE 1572-1631)

Leer más...

miércoles, 5 de marzo de 2025

CUADERNO DE BITÁCORA

Sin duda, animado por los versos de José Mª Alvárez, aquéllos que hablan de La hora envidiable en la que abrimos por / Primera vez el ROBINSON CRUSOE y que de hecho hacen que esté embarcado, ¡por primera vez!- ya me vale-, en su lectura, me propongo asimismo, y ya que esto pretende ser un blog, o sea, algo bastante personal, ir relatando cosas que no sé muy bien cómo llamarlas, aunque espero saberlo cuando las haya escrito, porque eso sí, continúo formando parte de ese club que no sabe lo que va a decir hasta que lo ha dicho. Por ejemplo,

5 de marzo de 2025
Esta mañana me he enterado- ¡a buenas horas!- que Harry Belafonte falleció hace un par de años. En su larga vida (96 años) fue un poco de todo, músico, actor y activista social conocido como el Rey del Calipso- le concedo, sin problemas semejante "honor"- al popularizar este ritmo musical caribeño durante la década de los 50´ aunque a mí, la vedad, nunca me dijo gran cosa, por no decir nada. Pero hoy enredándome entre las redes (sociales) me he encontrado con este vídeo que recoge una actuación suya en 1960 interpretando la conocida canción The Banana Boat Song, sobre los esclavos que en Jamaica cargaban los barcos con semejante fruta y que le llevaría en 1957 a las primeras posiciones en las listas de éxito. Y aún así no me esperaba gran cosa- las listas de éxito me traen, más bien, al pairo- pero, como a menudo me ocurre, entre el listo y el listillo apenas una "o" y una "ll" les separan, y la realidad, ¡otra vez y van...!, me ha cogido por sorpresa. Y ya que el "¡oh! no resulta fácil compartir os dejo con el vídeo en cuestión y ya me diréis si no es una agradable sorpresa.



31 de enero de 2025
Ayer me enteré que el vuelo 5342 de la compañía American Airlines que cubría la ruta de Wichita, Kansas, a Washintong DC, colisionó con un helicóptero militar cuando iniciaba las maniobras de aterrizaje. Los 60 pasajeros del avión, sus 3 tripulantes más los 4 ocupantes del helicóptero murieron en el instante del impacto, del que hasta el momento se desconocen las causas. Se espera que la recuperación de las cajas negras aclare las circunstancias del accidente, aunque Donaldus Trump, tal y como se le conoce en Ephemeris, el diario digital editado en latín y que suelo leer, ya ha culpado a los, literalmente, deficientes psíquicos (¡!) que se encargan de las labores de control del aeropuerto.
Sí, ¡¿adónde vamos?! El viejo chiste del manicomio en el que en el primer piso estaban los locos, en el segundo los que lo están un poco más, en el tercero un poco más aún y en el último el Director, vuelve a asomar a mis labios. Aunque yo, mientras se aclaran las dudas, sigo con lo mío y ya que en la noticia se menciona a la ciudad de Wichita, me he acordado de Pat Metheny y de su increíble As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls, y que, al instante, me he bajado de esa maravilla llamada youtube y que, después de cerrar los ojos, me he puesto a escuchar. ¡Hostias, qué gozada!, ¡hostias, menudo temazo! Y a Donaldus que le den. 
 

30 de enero de 2025
Me supuran los oídos de tanto decreto omnibus. Cuando una expresión se pone de moda, ¡con qué (patética) facilidad la adoptamos todos! Nadie se cuestiona nada. Todos papagayos. Pero eso sí, al pie del cañón. Pero para nada. Porque alguien con omnibus podría plantearse ponerse a hincar codos y aprender latín. La lengua de donde venimos. Lo que, sin duda, sería una sabia decisión entresacada de una chapuza. En alguna parte leí que en Italia se pretende volver a incluir al Latín en los Planes de Estudio desde los 12 años. ¿Habrá sido una alucinación?, ¿o será verdad eso de que aún no todo está perdido?

18 de enero de 2025
Dicen que hace un frío que pela. En el interior está helando por las mañanas. Aquí en Bilbao, todavía no. y ciertamente a escasos 4 metros sobre el nivel del mar es difícil que hiele. Pero aún y así la gente se queja: 5º, 6º; por las noches, 2. Yo, sin embargo, estoy curado de espanto. El 2-3 con el Osasuna nos dejó fuera de la Copa el jueves, sí que me dejó helado. Después de eso confío en que este invierno ya nada pueda hacerme tiritar.

15 de enero de 2025
Ayer volví a ver La Estrella Azul, la deslumbrante ópera prima de Javier Macipe que es, para mí claro, la Mejor Película Española del Año y con una sustancial diferencia respecto a la siguiente. No es que me espere gran cosa- tal y como están los tiempos- pero todo lo que no sea que se alce con el Goya que acredite su enorme valía, sería un despropósito. Uno más, sí. Pero no perdamos la esperanza. Porque 
para el sábado dispongo de otra bala en el revólver o de una entrada para la representación de Tristán e Isolda en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Y quizás el domingo, si el cuerpo me responde, suba hasta Miribilla para ver jugar a Martxel Iztueta, la joven promesa de la Pelota, auténtica revelación, para mí sí, del Campeonato de Parejas y al que, con su desparpajo, es una gozada verle atizar a la pelota como si le debiera dinero; dicho esto con el permiso del mítico Jaime Ugarte. Y creo que por esta semana ya voy bien servido. 
Leer más...

sábado, 15 de febrero de 2025

CINE LIBRE

Cuando en mi querido cineclub FAS vi hace un par de días Música, la película que en 2023 dirigió la realizadora alemana Angela Schanelec, se me vino a la cabeza la expresión “cine suelto”, porque a “suelto” nos referimos cuando hablamos, por ejemplo, de esa poesía que no está sujeta a una rima concreta; vaya que los versos no riman con las letras, sino más bien con la musicalidad que surge desde ellos mismos y que se acierta a concretar en algo etéreo y a lo que, difícilmente, podemos encerrar con unas letras. Y así, por ejemplo, y continuando escribiendo sobre poesía, nos podemos encontrar con los versos que Jorge Tellier escribe en El día del fin del mundo, esos que terminan diciendo, “La anciana loca paseará con quitasol. / Y yo diré “El mundo no puede terminar/ porque las palomas y gorriones / siguen peleando por la avena en el patio.”, y que no riman ni con cola pero, sin embargo, ¡qué bonitos son, ¿verdad?!

Y como esta poesía suelta a la que nos habríamos acostumbrado hasta el extremo de considerar a la otra, a la “atada”, a la que cultiva- y otro ejemplo- Quevedo en “¡Ah de la vida!”… ¿Nadie me responde? / ¡Aquí de los antaños que he vivido! / La Fortuna mis tiempos ha mordido; / las Horas mi locura las esconde." como injustamente viejuna y/o apolillada, tendríamos también a la pintura donde más de un@ disfruta con los cuadros negros de Malévich o a la propia escultura donde también más de un@ y de dos siente estar literalmente volando con el majestuoso- otro ejemplo- Pájaro en el espacio de Brancusi. Sí, "sentir" más que que "ver".

Pero sin embargo, con el cine ¿qué nos pasa? Con el cine el axioma que he descrito en los párrafos anteriores no funciona. En cuanto su gramática, o sea sé, sus planos se despegan de la prístina dialéctica de la causa y del efecto; esto es, en cuanto la película se desentiende del cine narrativo y trata de buscarse la vida más allá, en otras esferas no-narrativas, nos ponemos nerviosos, la picha se nos hace un lío y ya sólo tenemos ojos para buscar ese cartelito salvador (sic) que nos indica “Salida”.

Aunque a a este paso, ¿adónde vamos a llegar, cinematográficamente hablando? No nos gustan las amplias casas con jardín y piscina. Vaya. Preferimos una escueta habitación. Vaya. Y sin ventanas, a ser posible. ¡Vaya por Dios! Pero yo me niego a estar encerrado. Quiero vivir a lo grande; esto es, con el cine narrativo y ese otro cine no-narrativo. ¡Sí, lo quiero todo, los quiero a los dos! Porque en las dos categorías encontrar propuestas que me enriquecen, que me hagan exclamar, ¡coño, esto no me lo esperaba, esto me interesa!

Y por eso Música me gustó, aunque sus imágenes no se desgajaran de la clásica narratividad y, en su lugar, viera aire, arrojo, ganas de nadar a contracorriente, de bucear, si es preciso, a pelo; sin sujeciones; sí, cine no-narrativo, cine suelto, cine libre del que estoy seguro que habría hecho esbozar una amplia sonrisa de complicidad  a David Lynch- sí, apuesto doble contra sencillo a que Música no le habría disgustado- y a Tarkovski, y a Bresson, y a tantos otros brechtianos imprescindibles. 

Leer más...