domingo, 11 de octubre de 2026

LA REINA MARGOT Y LAS SUPERPRODUCCIONES

Entre las dificultades, y no precisamente la menor, que atesora el cine en su versión "superproducción", aquélla que suele concebirse para metrajes que superan, a veces de largo, las dos horitas y con un reparto que se pierde a partir de contar hasta 1000, extras incluídos; entre esas dificultades, digo, se encuentra el hecho de que el propio tamaño de la empresa suele terminar engullendo a los personajes que en ellos desarrollan sus peripecias, hasta el punto de que la peripecia sobrevive pero pasando por encima del personaje al que aparta hacia un lado y sobre el que el espectador mejor dispuesto termina deesentendiéndose.

Y a esta dificultad, por el gran número de superproducciones que han caído en ella, me gustaría hacer referencia, que no solucionar, porque el problema se las trae, así que simplemente paso a exponer un ejemplo de esa "dificultad", otro más, a cuenta del viosionado que realicé el otro día de La reina Margot, posiblemente la película más conocida y reconocida de Patrick Chereau, el malogrado y talentoso director francés que, igualmente, nos sirvió algunas excelentes puestas en escena operísticas, como aquella memorable Lulú de Alban Berg, con dirección de Pierre Boulez que ofreció la Ópera de París en 1979.

Si, y seguramente fue este detalle el que me animó con La reina... y por el que me topé de llenó con aquella dificultad a la que vengo aludiendo. Porque el gusto de Chereau por la ópera y por las grandes producciones queda patente desde la primera secuencia y, posteriormente, nada en la película sufre, en este sentido, mayores contraatiempos.

Sí, todo en La reina... es a lo grande: decorados, escenografía, música, etc. y etc. Sí, todo bigger than life, que se diría en las colinas de Hollywood; sí, todo a lo grande menos, ¡ay!, los (sufridos) personajes que se ven engullidos, anulados ante el semejante mogollón, reducidos cual "hombres menguantes"- qué bonita e inquietante película aquélla de Jack Arnold- a ser una tuerca más del engranaje y olvidándose que son ellos las piezas fundamentales del espectáculo. Sin personajes no hy película. Que nos entre bien en la cabeza. Y por eso, sin personajes, sin vasallos- jeje- La reina... se me queda en agua de borrajas. Me agota y me aburre según va acercándose el final.

¿Y será por este motivo que el buen cine y las superproducciones son, muchas veces, como aceite y agua? Pudiera ser. Pero, aún desconociendo el verdadero motivo, quedémonos con que la dificultad puede salvarse. No será La reina... quien nos lo demuestre, pero ¿Visconti y su memorable El gatopardo? Como siempre se  trata de ver cine, mucho cine, muchísimo, llevar la humidad por bandera y no pensar nunca que somos más listos que nadie. ¡Sí, casi nada al aparato! 

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