martes, 28 de abril de 2026

SOBRE EL "LIBERTINAJE" DE EXPRESIÓN

Que el mundo se ha globalizado es una verdad como aquéllas que soltaba, de vez en cuando, Perogrullo, sí, el mismo que a la mano cerrada le llamaba "puño". Pero el mundo no se ha globalizado aplicándose ignotas condicones o de cualquier manera, sino que lo ha hecho concienzudamente siguiendo las directrices que marca y que más benefician al capitalismo como sistema económico, y detrás de él, a su principal adalid, a los Estados Unidos.

Y mencionaríamos que, entre estas directrices y aunque no se caiga en ella muy a menudo- pero qué duda debería cabernos que más allá de consabidas y más afines a las cuentas de ingresos y gastos, la (sacrosanta) Libertad de Expresión estaría ocupando uno de sus puestos cabeceros- y la habría escrito con mayúsculas porque tiene, o al menos lo tiene para mí, una importancia capital(ista), y  valga la redundancia, sobre la que no reparamos en las consecuencias a la que nos lleva.o, mejor escrito, nos arrastra a tirones.

Porque, ante todo, deberíamos establecer que esta Libertad de Expresión, potestad entresacada y elevada a máximo mandamiento en los anales anglosajones y, por ende, norteamericanos, no es ningún apriori, un algo que siempre tendríamos a nuestra disposición antes, como pudiera serlo el Alma o el Espíritu o la Conciencia que siempre nos acompaña vayamos donde vayamos porque estaba con nosotros antes- y perdón si me repito- sólo quiero aclara(me).  Pero, sin embargo, la Libertad de Expresión, por mucho que nos empeñemos, no puede enmarcarse en el interior de esta categoría apriorística. La Libertad de Expresión es necesariamente post, y tiene que ser ganada o, por lo menos y por nuestra parte, tendremos que demostrar que nos hemos hecho dignos acreedores de ella pudiendo, entonces, incorporarla a nuestro particular diccionario (de la Lengua- también mayúscula).

Pero sobre esto último nadie quiere saber nada. Claro, podríamos aducir, siempre es preferible tener algo a priori que tenerlo a posterior.  Las dos cosas se tienen, cierto, pero las cosas a priori se tienen antes y..., además, ¡nadie nos las puede arrebatar! Así que sosteniéndonos sobre esta última prerrogativa, ya podríamos afirmar que la Libertad de Expresión es una categoría a posteriori ya que bien fácil nos podría ser sustraída. Cualquier régimen autoritario o dictatorial se presentaría como voluntario para demostrar la validez de semejante aserto. O eso o un esparadrapo cerrando completamente nuestros labios, También vale.

Pero, lo sugeríamos más arriba, en este carácter a posteriori de la Libertad de Expresión nadie quiere reparar. Ni oír hablar de él  Ni uno. Por supuesto, ¿quién no, prefiere apuntarse al "decir lo que me dé la gana y cuando me dé la gana" porque me sujeta, me defiende un invencible apriori que no atiende, a los posteriores merecimientos que hayamos podido hacer para ganarnos o no ese derecho? Porque la Libertad de Expresión sería un derecho aposteriori; vaya que habría que ganárselo- ya lo habría escrito antes pero, quizás, ahora cabría añadir que este derecho fuera incluso el más preciado trofeo al que la Humanidad pueda aspirar como especie: el Premio Gordo

Claro, que todo esto puede sonarnos a chino. O a nada. ¿Quién querría aplicarse aplicarse el cuento?, ¿cambiar un apriori por un a posteriori? Es tan bonito hablar; tan tentador hablar de lo que nos apetece, porque nos apetece y como nos apetezca; sin que nos tiemble la lengua- serían éstas las potestades que nos serviría- en bandeja de plata- el gratificante a priori aunque ¡mucho ojito!, tendríamos que colegir también que, si hemos acordado que la Libertad de Expresión es un aposteriori- ya que nos puede ser sustraída (escrito está),-, habría que desempolvar nuestro uniforme de vigilante (nocturno) para poder sujetarla sobre un preci(o)so andamiaje o tabla que evitara que, surfeando sobre esta ola libre, nos fuéramos hasta las orillas de Babel y de su colosal pero caótica Torre, donde todos hablan, hablan y hablan, y a la vez, las palabras y las lenguas se enredan y nadie entiende ni "jota" ni, por supuesto, atiende a lo que el vecino quiere comunicarnos. Y así, no vamos a ningún sitio.

Pero, irónicamente, ahí estamboa plantados. Solo debemos encender la televisión y escuchar los disparates, perdón, las noticias que nos informan- sic- sobre el estrecho de Ormuz o Irán o los Estados Unidos vía Donald Trump o los interminables enfrentamientos de Israel contra los "demonios" musulmanes, llámense Hezbolá, Líbano, Siria, o qué sé yo, para entender, ¡socorro!, que nos hayamos en una de las plantas más elevadas de la mencionada, caótica y funesta Torre de Babel.

Así que la (¿imparable?) globalización (norteamericana) nos habría dejado, entre otras, esta libertad reconvertida en un Libertinaje de Expresión, al que aludía en el título de la entrada, entresado de la gratificante Libertad de Expresión. Con aquélla todos podrían, y de hecho, todos hablan pero no contentos con ello, a semejante "proeza" se le añade, en estos tiempos nuestros tan norteamericanos y globales, la Igualdad entre todos los seres humanos que ocupamos este Planeta (y esta Igualdad también la pensamos, en cierta manera, inserta en la salvófica categoría apriori), con lo que la operación resulta perfecta.

Sí, perfecta para no enterarnos de nada, enterándonos de todo, perfecta para que el charlatán y el erudito puedan confundirse y que nadie se atreva a apostar por quién es el uno y quién es el otro; perfecta para que, en estas condiciones, cada cual se busque su vida por su cuenta y riesgo, y la solidaridad ande desnortada pidiendo unas monedas en cualquier esquina, sin que nos percatemos que Igualdad + Libertad de Expresión es una suma que exige mucho más que una calculadora, exige sentido común a paladas y una altísima responsabilidad hacia los otros. Sí, algo que, por desgracia, hoy en día no suele darse con demasiada frecuencia. ¡Ay!



Leer más...

miércoles, 1 de abril de 2026

EL MEJOR DE LOS MEDIOCRES

Empezaba la Semana Santa y la BOS, o sea, la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, había decidido programar para los conciertos de los días 26 y 27 de marzo La pasión según San Juan, de Johann Sebastian Bach- cuando toca la orquesta, y nunca mejor escrito, siempre interpreta una obra los jueves y la repite el viernes. Y para esta ocasión habríamos contado además, con los siempre muy interesantes comentarios que Joseba Berrocal escribe al respecto del programa.

Porque en esta ocasión Joseba me instruyó poniendo negro sobre blanco una circunstancia sobre la que yo no tenía ni la menor idea y que ahora pongo en vuestro conocimiento ya que pienso que se puede entresacar de ella una cosa que nos resultará de mucho provecho.

Escribe Joseba en las mencionadas notas que Johann Kuhnau, Director Musical de Leipzig, había fallecido el 5 de junio de 1722 dejando vacante el puesto. Hombre muy culto y brillante. Hablaba hebreo, griego y latín, era además matemático, con importantes conocimientos de Derecho y un excelente músico. Sin duda, sigue escribiendo Joseba, Kuhnau dejaba el listón muy alto.

Pero no importaba. De momento. En Leipzig tenían al candidato perfecto, Georg Philpp Telemann, futuro orgullo de Alemania y de Occidente. Pero a Georg le suben el sueldo en su puesto en Hamburgo y decide renunciar a su traslado a Leipzig. Así que continúa la búsqueda. Les llega el turno a Johann Friedrich Fasch y a Christoph Graupner, renombrados músicos de la época, pero uno dice que no directamente y al otro también le suben el sueldo.

Y ya nos plantamos en abril de 1723. Casi un año desde que falleciera el añorado Kuhnau. La cosa del sustituto, que un principio parecía cosa de coser y cantar, empieza a pinchar y a ponerse ronca- jeje. Aunque no sea algo para tomárselo, precisamente, a broma porque una ciudad sin compositor municipal no es algo muy serio, que digamos. Y así, en una última deliberación Plaz, importante consejero del Ayuntamiento, emite su sentencia, dado que no podemos tener a uno de los mejores, aceptaremos al mejor de los mediocres.

Y así, ¡ya cumplidos los 37 años!, es como Bach se hace con el puesto. Y apenas un año después, para la Semana Santa de 1724 ,ha compuesto y puesto música y voz a los últimos momentos de Jesús de Nazareth, siguiendo los textos recogidos en el Evangelio de San Juan. La suerte estaba echada. Y las bocas se quedaron abiertas. De asombro, claro.

Todo lo cual debería servirnos, y es a lo que voy, para no arrojar nunca la toalla, ni darnos por vencidos aún cuando las circunstancias pinten bastos. La vida es muy larga. Y siempre hay tiempo para rehacernos, y hacernos mejores. Ahí tendríamos a Bach. Al que se le ofrece el cargo de Director Musical de Leipzig porque ya no quedaba otro (sic). Sí, el mejor de los mediocres pero al que, posteriormente, la Historia ha colocado, al decir de los entendidos, en el escalafón más alto, aquél al que el resto de compositores deben levantar su cabeza para mirarle a los ojos. 

Porque, ¿qué dudas deberían cabernos? El tiempo es nuestro aliado, nuestro río particular. Aquél en el siempre estaríamos metiéndonos chapuzones pero que siempre es, como nos dijo Heráclito, distinto, porque sus aguas lo son. Por eso las frentes siempre hacia arriba y no desistir nunca en el intento, en ese esfuerzo que nos hace siempre mejores y sólo porque previamente nos hemos esforzamos.

Seguro que Bach sabía mucho de todo esto. Por eso, ya sabéis lo mío con el cine, casi cuatro siglos más tarde, el gran cineasta ruso Andrei Tarkovski diría de él hablando de su sublime Preludio Coral en Fa menor BWV 639 (os lo dejo aquí abajo), está hecho con sonidos pero no es de este mundo. A lo que yo añadiría, ¿dónde hay que firmar?



Leer más...