martes, 24 de marzo de 2026
LOS OSCAR: UN INCISO
jueves, 5 de marzo de 2026
EL MUNDO SIEMPRE NOS COGERÁ EN PELOTAS
Siempre me ha llamado la atención que a pesar de los increíbles progresos que nuestra sociedad occidental ha venido experimentado durante los últimos siglos y, con especial alucine, durante los últimos, digamos, 75 años, sin embargo los cambios a los que nuestro mundo es sometido, nos continúan cogiéndonos con el pie cambiado, con una sorpresa que nos deja que sigamos haciendo esos gestos tan nuestros de arquear las cejas o de subir los hombros. Y todo ello a pesar de creernos listos, listísimos en progresión geométrica, y olvidándonos de aquella conocida y feliz ocurrencia que pronunciara Sócrates hace casi 3000 años, y que vendría a decir algo así como que sólo sé que no sé nada.
Claro, y a ver si nos entra en la cabeza, listos pero no listísimos, acaso y más acertadamente, listos ma non troppo recurriendo ahora a los latinos. Porque ejemplos no nos faltarían para tomar nota, enumerar las cosas que nos han acontecido en Occidente durante los últimos años y con las que apenas hace poco tiempo ni nos habríamos atrevido a soñar so pena de ser tachados de "lunáticos" o que, si nos las hubieran dicho a nosotros, habríamos levantado el mentón en una inequívoca y chulesca actitud, a la vez que habríamos respondido al iluso interlocutor de turno con un rotundo ¡eso te lo crees tú!
O si no que alguien hubiera puesto la mano en el fuego por acertar en 1945, por ejemplo, que la Televisión iba a ser apenas 10 años después ese invento que todos colocaríamos en nuestras casa y que nos habría hecho cambiar tanto o más aún que el Descubrimiento de América. Creo que muy pocos sabios hubieran augurado en su tiempo que semejante electrodoméstico, porque de eso se trata, cambiaría nuestras neuronas y nuestros más íntimos modi viwendi hasta un extremo semejante y sin apenas moverse del salón de una casa cualquiera.
Pero después de la sorpresa de la "caja tonta y cuadrada" muchas otras sorpresas habrían llegado y alterado a nuestras vidas. Y escogo a otra de ellas: Internet. Porque hoy, ¿quién sería el indocumentado que defendería que Internet no ha modificado nuestras maneras de ver y enfrentarnos al mundo real; sí, real pero introduciendo en él los cambios, que desde la virtualidad de su lenguaje, nos ha suministrado la mencionada Red de redes?, ¿quién lo habría pronosticado; pero en serio?
Y abriría un escueto paréntesis para contaros, al hilo de esto último, que hace unos meses, durante una de las limpias a las que, periódicamente, someto a mi despacho, rompí y tiré a la basura un par o tres de certificados que atestigüaban que había finalizado los cursillos de MS-2 y de Lotus 123 con unas más que decentes calificaciones.. Claro, entonces a todos se les llenaba la boca hablando de que eso era el futuro aunque, apenas unos meses más tarde, caíamos en la cuenta de que aquello era, en realidad, un timo, no como el del tocomocho pero casi. Ni los más entendidos sabían por dónde les daba el aire; el viento soplaba, sí, todos de acuerdo, pero nadie hubiera apostado para qué.
En este sentido la (otrora) todopoderosa industria cinematogáfica muy bien podría habernos orientado sobre todo esto que despierta mi curiosidad y... perplejidad. ¿O no podrían las (otrora) todopoderosss Metro-Goldwyn-Mayer, Paramount Pcictures, United Artists, etc. haber previsto los demoledores (d)efectos que sobre sus cuentas de resultados iba a provocar Internet hasta el punto de provocar la desaparición de muchas de ellas?, ¿a qué se dedicaban sus bien remunerados, supongo, analistas?, ¿nadie supo adivinar y avisar de lo que se les venía encima? Películas en casita a la vuelta de un "click", cómodamente instalados en nuestro butacón preferido, lejos del engorro de tener que ir, y además pagando, a esas oscuras e inhóspitas salas comerciales que habrían ido cerrando sus puertas como caen las fichas del dominó empujadas por la que tienen detrás?
Y ahora la guinda del pastel, the last but not the least; esto es la Inteligencia Artificial, sí, la IA de marras, la que está poniendo todo patas arriba. Y podríamos pensar que, en contra de lo que ya nos habría sucedido con la Televisión o con Internet, la IA nos cogería por fin preparados. Y elementos para creer en ello parece no habernos faltado. Y no obstante habríamos vuelto a fallar, a quedarnos muy cortos. Más que nunca hoy los miedos a eso imprevisible que pudiera depararnos la IA, nos tienen en ascuas.
Y eso que ya lo escribía antes. Porque la propia industria audiovisual habría ido sembrando de anticipaciones nuestras elucubraciones sobre una inteligencia artificial. O, ¿quién no se acuerda de Hal-9000, en el 2001 de Stanley Kubrick, el súper ordenador que arruina la misión del Aries B1B cuando los astronautas deciden desconectarlo ante la increíble capacidad que parece haber desarrollado para pensar- sentir incluso- por sí mismo?, ¿o aquella terrible guerra contra las máquinas que está en el origen de Terminator2 cuando aquéllas se rebelan contra el ser humano que las ha diseñado y creado?
(Lo que, en el fondo, no dejaría de ilustrarnos, y abro con ello un segundo paréntesis, sobre el pánico que los humanos sentimos hacia la animación de lo inanimado, hacia el hecho de que, de repente, un muñeco, una piedra se meneen y cobren vida por sí mismos ante nuestra atónita mirada que, en definitiva, sean como nosotros somos?)
Sí, el mundo parece cogernos siempre la delantera a pesar de nosotros hayamos sacado billete para viajar con él, aunque, ¿incluso y aparentemente?, nosotros lo hagamos (posible). Lo inventamos, sí, pero él nos sobrepasa. Porque quizás, y como (im)posible solución a mi desconcierto, y al hilo de los ejemplos que hasta aquí habría expuesto, quizás, digo, nos haya llegado la hora de admitir a lo imprevisible como necesario compañero para cualquier travesía que queramos organizar y emprender; y a pesar de que esto imprevisible pueda ser recogido en nuestros códigos racionales sólo bajo la condición de indeseable.
Y ya tendríamos, entonces, al equipo completo. Con las conclusiones en la punta de la lengua o... del teclado. Con el ufano progreso sacándonos una cabeza y mirando hacia atrás y viéndonos cada vez más con la lengua fuera, haciendo la goma- por emplear ahora un término ciclista- desconcertados, sin saber qué hacer- echar pie a tierra o continuar- ni hacia dónde dirigir nuestros ojos, ni para qué hacia allí precisamente, tentados en estas circustancias, y más que nunca, hacia el carpe diem, que no sería sino el perfecto complemento del ¡a la mierda con todo(s) lo(s) demás!, el caldo donde se cocina el más pernicioso de los egoísmos, el que siempre nos dejará con hambre, asustados ante lo que se nos puede venir encima porque, por mucho que no queramos, siempre seremos seres- hacia.
Sí, seres hacia lo impreviisble.
¡Qué miedo, ¿verdad?!
jueves, 12 de febrero de 2026
DOS COSAS IMPORTANTES QUE APRENDÍ CON EL GOLPE
El cineclub FAS inauguró el tercer trimestre del curso 2025/26- ¡se acercan las Bodas de Plata!- con la presencia del siempre agradecido Félix Linares y la proyección de El golpe, la archiconocida película que George Roy Hill dirigió en 1973 con la pareja Newman-Redford.
Porque de cualquier película se puede sacar un grano que nos alimente y sacie esas ganas que tenemos de meternos ideas y celuloide en el cuerpo. Ésta es mi regla de oro. Así debiéramos ser y yo, por lo menos, me aplico el cuento, y un par de jugosas enseñanzas sí que saqué de golpe con El golpe- jeje. Me troncho, y enseguida me pongo.
Porque la 1ª enseñanza me atizó a los pocos minutos de empezada la proyección. O quizás más que una sacudida fuera una confirmación que bien podría formar parte de aquellas verdades de Perogrullo. Sí, ya habréis oído hablar de él: Perogrullo, el mismo que a la mano cerrada le llamaba "puño", y que volviendo al caso que nos ocupa sentenciaría lo siguiente: Paul Newman es un actor que con los años fue haciéndose grande y, por su parte, Robert Redford sí, otro actor pero éste en dirección contraria, o sea, siempre a pequeño; uno de esos actores que por mucho que crezca y se estire siempre aparecerá agachado; pero, ¡ojo!, sin que esto suponga ningún menoscabo a sus magníficas tareas como impulsor y defensor del cine más valiente e independiente, ése que se filma sin red que valga, y que todos los buenos aficionados conocemos como el Sundance Festival.
Y El golpe sería una prueba palmaria de esto que escribo. Me refiero al Redford en cuclillas o ¿no sentís que cada vez que Newman hace acto de presencia en la pantalla, la película saca pecho y se pone de puntas?, ¿y no veís que, por el contrario, Redford casi nunca aporta, casi nada consigue por sí solo, y siempre debe estar acompañado, bien sea por el propio Newman, o por el entrañable Luther o, incluso, por la cogida con alfileres y sanguinaria-súper sanguinaria (sic), Salino?
Sí, la presencia de Redford es, sin duda, uno de los borrones con los que El golpe se ensucia. Y el otro, irónicamente estaría ligado a esa segunda enseñanza a la que antes me he referido y que no estaría haciendo referencia sino a las añagazas y trampas que nos tiende el guión y que, desde entonces, se habrían ido adueñando, digo las trampas y añagazas, de muchas de las ficciones que suelen llenar nuestras salas comerciales apelando al hecho incontrovertible de que el Director sabe más sobre su película que los Espectadores pero que, en lugar de sacar partido de esto, el sabio Director juega con los ignorantes Espectadores, les toma, desde el trono que ocupa, por el pito de un sereno. Y esto a mí como que no me gusta. Procuro no pagar una entrada y entrar en un cine sólo para que me tomen el pelo.
Y me explico. O lo intento. Siempre he creído que el buen cine es aquél en que el Director se toma en serio al Espectador: juega limpio con Aquél que ha decidido emplear un par de horas de su vida (¡uy, qué tremendo suena esto, pero es verdad!) y asiste al "espectáculo" que el Director le ha preparado, teniendo en cuenta que el Espectador siempre jugará con aquellas cartas que el Director quiera suministrarle y que le hará o no compartir con las que los propios Personajes, que ha creado, tienen en su poder.
Así nos encontraremos con tres posibilidades en las que Hitchcock, por ejemplo, era un maestro, y no sólo del suspense: 1,- El Espectador sabe tanto de la trama como los Personajes, 2.- El Espectador sabe más o 3,- El Espectador sabe menos. Y esto apelaría a la relación que, bajo los atentos mandatos y la supervisión del Director, se estrablece entre el Espectador y los Personajes. En este sentido casi podríamos colegir que el Director se mantiene al margen; esto es, juega limpio.
Y hasta aquí todo estaría, más o menos, "clarinete", pero ¿qué ocurre cuando el Director decide intervenir, no quedarse al margen, no jugar limpio y se "divierte" haciendo que el Espectador y los Personajes se "traguen" aquello que luego no será cierto, aquello que será, simple y llanamente, una mentira, un engaño vulgar y corriente? Y lo llamo "vulgar y corriente" porque el Director, cono Demiurgo que menea los hilos del argumento, siempre tiene esa posibilidad, la posibilidad de engañar al Espectador, llevarle por el camino equivocado y echarse unas risas cuando se despeñe; risas, claro está, que nadie, salvo Él, escucha.
Salino es una fría asesina que, detrás de su disfraz de camarera, quiere matar a Redford. Nadie lo sabe. Sólo el Director travestido en la piel de Newman. Pero el Espectador, no se entera hasta que lo decide el susodicho Demiurgo. Y, sobre todo, la original- otro sic- escena final, la redada en la que mueren Newman y Redford, que el Espectador se come con patatas y que, en el momento final, descubrimos que es más falsa que un duro de cuatro pesetas, que nadie muere en ella; detalle que todos conocían- por supuesto el Director, pero también los Personajes- y del que el pringao de turno, el Espectador, o sea "yo", sólo se enterará cuando las luces de la sala se enciendan. O unos minutitos antes, no exageremos.
Por ello será ésta una operación contra la que siempre me he puesto en guardia y que siempre me tendrá en su contra. El Director, porque Él lo sabe todo, debe jugar limpio con sus Espectadores. Dejar claro qué es lo que Ellos y los Personajes deben conocer. Aunque también asumiría que, ante el incremento de sentido común e inteligencia (cinematográfica) que los Espectadores han ido adquiriendo con el paso de los años, a los Directores les tiente la posibilidad de engañar- jeje- a estos nuevos listillos con lo que esperan, además, que a ellos, a los Directores, les sirva para presentarse por lo que, realmente, son y que muchos parecen olvidar: el Director como Demiurgo, los Espectadores, ¡ay!, simples Criatur(ill)as.
Y bien que pudo ser con El golpe cuando este jamacucos, del que vengo dando cuenta, llegara a materializarse por 1ª vez- y que ello contribuyera, de paso ¡ay!, a sus excelentes resultados en las taquillas del mundo entero: el Espectador de los 70 tan listo él, engañado por una simple película ambientada en los años 30, pero que eso, lejos de amilanarle o contrariarle, le hizo sentirse bien, muy bien, descubrir que le gusta ser engañado- inteligentemente, por supuesto-, y que la película, en tanto que posteriormente es comprendida y, con ello, el engaño es aclarado, le hiciera venirse arriba, le aumentara las dosis de autoestima que circulara por su cuerpo de Espectador que-se-de-cuenta-hasta-de-lo-que-no-se-daba-cuenta.
Sí, creo que bien pudo ser El golpe, la primera ficción que me atizó ese golpe y me hizo ver, más allá de las estrellas, el papel en blanco. Y como después de los éxitos vienen las secuelas y continuaciones, después de El golpe vinieron muchísimas más de estas películas-con-trampa. Doy una pista: se las identifica con ceirta facilidad. Son todas esas sobre las que nos advierten- bajo pena de echarnos de la cuadrilla- ¡pero no contéis el final a nadie! Malditos spoilers. Y ahora mismo, mientras termno la entrada, me viene al recuerdo el mediocre sexto sentido, de Shyamalan.
Y no tendría nada en contra de las trampas, pero mientras sea Espectador- Criatur(ill)a no quiero que el Director-Demiurgo las utilice para cachondearse de mí, y colocarse él, descaradamente, por encima. Porque el Director-Demiurgo es el amo de la función. Sí, todos lo sabemos o deberiamos saberlo. Pero regodearse en ello siempre me parecerá de un pésimo gusto: la bravuconada de un abusón que se las sabe todas.
lunes, 9 de febrero de 2026
L´AMOUR TOUJOURS!: EL MUNDO SE HA HECHO PEQUEÑO
El mundo tan chulito él, creyéndose tan grande, resulta que es, en realidad, muy, muy, pequeño, ya que este finde se me habría mostrado en todo su real tamaño, en toda su patética mentira de gigante.
O si no aclaradme vosotr@s la razón por la que el sábado en Londres, en la majestuosa catedral del Rugby, o sea, en el estadio de Twickenham donde Inglaterra iniciaba su participación en el mítico Torneo de las VI Naciones que le enfrentaba a Gales a los sones de ese L´Amour Toujors! de Gigi DÁgostino, y al día siguiente, en las antípodas británicas y rugbísticas, o sea sé, en el Frontón Adarraga de Logroño sonaba ¡idéntica musica ratonera! en los descansos del partido del Torneo de Parejas de Pelota a mano 2026 que enfrentaba a Laso y Albisu contra Zabala y Martija.
Y como respuesta no se me ocurre otra razón que, a pesar de las apariencias- o quizás por ellas mismas-, el mundo engaña y es hoy, en realidad, un ente muy pequeño, que el capitalismo ha ido reduciendo en dimensiones hasta no saber si nos encontramos en Londres o en Logroño salvo si nos frotamos los ojos y oídos con agua y jabón.
lunes, 2 de febrero de 2026
ARVO PÄRT & CHARLES IVES, PARECIDOS RAZONABLES
Me había prometido no reincidir más en estos "parecidos rzonables" que desde hace años he venido metiendo en este blog. Y no sería otra la razón sino ésta que apela a aquello que dice que lo poco agrada pero que lo mucho cansa. Sí, mi intención era echar el freno o poner pie en pared , como prefiráis, a esa sección parecida.
Pero mis sinceros- lo juro- propósitos han vuelto a estropearse, como es habitual en mí, porque hete aquí que el otro día escuché la casi-desconocida The Unanswered Question, del compositor americano Charles Ives y me pareció un antecedente que guardaba una saludable sintonía con el, por contrario, archifamosísimo- sólo debéis echar un vistazo a las millonarias visualizaciones con las que cuenta en YouTube- Spiegel im Spiegel del músico estonio Arvo Pärt.
Posiblemente pudieran ser dos piezas a utilizar como acompañamiento sonoro en las sesiones de meditación y relajación que tanta falta nos hacen metidos como estamos en este mundo de Dios. Yo sólo os garantizo que si guardáis media horita de silencio y prestáis atendión a la música, posiblemente una extraña sensación de bienestar os recorrerá el cuerpo sin previo aviso y sin que sepáis, a ciencia cierta, de dónde viene esa calma: si está inserta en los pentagramasas de Ives y Pärt o en el interior de nuestro propio cuerpo al que sólo le hacía falta escuchar esas notas musicales para entrar en un modo más relajado y feliz de atender a todo lo que trascurre a nuestro alrededor; incluyéndonos a nosotros mismos, por supuesto, que somos quienes transcurrimos. Vamos allá:
Spiegel im Spiegel,-
The Unanswered Question,-
jueves, 29 de enero de 2026
EL ACCIDENTE DE ADAMUZ O ESTA VIDA LOCA
Estos días, y a cuenta del accidente ferroviario de Adamuz, se me ha pasado por la cabeza una triste reflexión a la que si no le ponemos remedio me temo, ¡ay!, que continuarán sucediéndose tragedias más o menos equiparables a este terrible descarrilamiento que, de momento, se ha cobrado 45 vidas.
Y se me ocurre pensar que, en el fondo e irónicamente, es la propia vida la causante de su propio destino; en este caso, de un destino fatal. Pero eso sí, habría que condenar a la Vida con mayúsuclas y como gigantesco ser vivo que, de momento, a todos sin excepción nos acoge. De este modo debemos aprender a manejarnos con Ella porque es Ella quien nos impone las reglas con las que nosotros debemos jugar (vivir).
Así, me he puesto a divagar- ¡sí, cuánto me entretiene esto de divagar!- sobre que, del mismo modo, que los deportistas sufren tendiditis, tirones por stress, lesiones inoportunas, desgarros musculares, etc.,- y aunque ni soy ni pretendo ser médico-, a cuenta del excesivo número de partidos que disputan y a los que el calendario- ¡y el negocio, no seamos ciniquetes!- les obliga a respetar, también la Vida, como ese gigantesco ser vivo al que antes aludía; o sea, el cuerpo del mundo, se rebela, a su manera, ante los excesos a los que la sometemos en nuestro desquiciado día a día.
Porque sí, esta atosigante y exagerada, a todas luces y sombras, sucesión de personas yendo y viniendo, colapsando con sus prisas y agobios las terminales de autobuses, aviones o trenes, o las principales arterias que cruzan nuestra tierra como indescifrables jeroglíficos- siempre me acuerdo, en estos casos, de la impagable expresión de Elias Canetti cuando decía aquello de una vez me asomé a la ventana y estaba todo lleno de gente. A la que yo, con todo respeto añadiría, (...) de gente que no sabe estarse quieta ni un segundo.
Pues a eso me refiero, que semejantes aglomeraciones- mogollón al canto- y tantos movimientos para arriba y para abajo, para derecha e izquierda o arriba y abajo o pa´quí y pa´llá, también dejan, como les sucede a los deportistas machacados o a tantos currelas que no dan abasto, a la Vida extenuada, sudando a borbotones, con la lengua fuera y con una urgentísima necesidad de echarse un rato, confiando en recuperarse so pena de caer, también Ella, en una indeseable lesión o baja por agotamiento extremo que nadie querría ver ni padecer ni en pintura.
Porque si algo habría deseado poner en claro es que accidentes como el de Adamuz, no serían otra cosa que la Vida levantando el brazo y pidiendo al entrenador- ya que también hablamos de deporte- un descanso, porque hasta aquí he llegado de momento. Así que todo lo que no sea pisar el freno, respirar hondo cinco segundos mientras nos miramos al espejo por la mañana, todo lo que no sea volver a integrar la calma chicha en esta Vida loca- con el permiso de Francisco Céspedes- a cambio le incluyo un enlace en esta entrada-, y procurar que la Vida se deslice más como una balsita de aceite que como un violentísimo tsunami, nos traerá nuevas tragedias, con un mayor o menor número de víctimas.
Claro, si los deportitas, ante los abusos a los que les somete la competioción, se ven abocado a pinzamientos, inoportunas torceduras que les obligan a guardar estricto reposo antes de iniciar la anhelada recuperación, también la Vida levanta su mano- aunque no la veamos, debemos aprender a imaginarla- y nos avisa, aunque desgraciadamente no en forma de pinzamientos sino de algo mucho más lamentable y terrible: inesperados descarrilamientos por ejemplo; no con inoportunas y dolorosas roturas del cruzado, sino con aparatosos e indesables desbordameintos de ríos.
Yo, por lo menos, así lo veo e he interpretado la tragedia de Adamuz: o a la Vida se la trata con suficiente paciencia y cariño o nuestras atolondradas y absurdas prisas harán que nos saque las uñas y nos arañe con algún que otro zarpazo... mortal; como el de Adamuz.
jueves, 1 de enero de 2026
UN CONSEJO QUE NO TIENE PRECIO: TE JUZGARÁN SIEMPRE POR LO PEOR
Y me lo decía él que para más señas, trabaja para el Cine y la TV como un, creedme, magnífico Director de Fotografía. Y me lo cuenta dede hace bastante tiempo, desde que empezara a realizar sus primeras "demos" que enviaba a las Productoras que ofrecían trabajo.
Porque en las "demos" el candidato incluye aquellos planos, incluso secuencias y fotografías, de las que más orgulloso y satisfecho se siente, de las que piensa que serán vistas con buenos ojos por parte de la empresa y que, por lo tanto, le servirán a él para hacerse con el empleo. Y creedme también que no le ha ido nada mal aplicándose el cuento.
Pero justo en ese punto surgirían las dudas: ¿qué añado?, ¿qué recorto?, ¿qué pongo?, ¿qué quito? Si todo me gusta... Aunque para sacarme del atolladero siempre surgiría aquella voz tan amistosa como válida que me repetiría,Toni, Toni, siempre te juzgarán por lo peor que enseñes. Ésa será tu- injusta-medida. ¡Qué le vamos a hacer! Pues aplicarnos el cuento, transigir y sacarle chispas al consejo dorado.
Tofo lo cual me habría venido a esta revuelta cabeza a cuenta de las recientes memorias que con el título de Juan Carlos I. Reconciliación habría publicado el emértito rey don Juan Carlos, y entonces nadie se echaría las manos a la cabeza,- y el último de ellos el mismo don Juan Carlos, por supuesto. Porque escuchando, interiorizando y asumiendo el consejo- dorado pero barato donde los haya- las críticas ya no nos cogerían tan con-el-pie-cambiado y sí con la espléndida sonrisa de ya-me-lo-imaginaba. Claro, la diferencia es obvia, y el consejo no tiene precio: gratis, con el permiso de mi gran amigo.

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