jueves, 5 de marzo de 2026

EL MUNDO SIEMPRE NOS COGERÁ EN PELOTAS

Siempre me ha llamado la atención que a pesar de los increíbles progresos que nuestra sociedad occidental ha venido experimentado durante los últimos siglos y, con especial alucine, durante los últimos, digamos, 75 años, sin embargo los cambios a los que nuestro mundo es sometido, nos continúan cogiéndonos con el pie cambiado, con una sorpresa que nos deja que sigamos haciendo esos gestos tan nuestros de arquear las cejas o de subir los hombros. Y todo ello a pesar de creernos listos, listísimos en progresión geométrica, y olvidándonos de aquella conocida y feliz ocurrencia que pronunciara Sócrates hace casi 3000 años, y que vendría a decir algo así como que sólo sé que no sé nada.

Claro, y a ver si nos entra en la cabeza, listos pero no listísimos, acaso y más acertadamente, listos ma non troppo recurriendo ahora a los latinos. Porque ejemplos no nos faltarían para tomar nota, enumerar las cosas que nos han acontecido en Occidente durante los últimos años y con las que apenas hace poco tiempo ni nos habríamos atrevido a soñar so pena de ser tachados de "lunáticos" o que, si nos las hubieran dicho a nosotros, habríamos levantado el mentón en una inequívoca y chulesca actitud, a la vez que habríamos respondido al iluso interlocutor de turno con un rotundo ¡eso te lo crees tú!

O si no que alguien hubiera puesto la mano en el fuego por acertar en 1945, por ejemplo, que la Televisión iba a ser apenas 10 años después ese invento que todos colocaríamos en nuestras casa y que nos habría hecho cambiar tanto o más aún que el Descubrimiento de América. Creo que muy pocos sabios hubieran augurado en su tiempo que semejante electrodoméstico, porque de eso se trata, cambiaría nuestras neuronas y nuestros más íntimos modi viwendi hasta un extremo semejante y sin apenas moverse del salón de una casa cualquiera. 

Pero después de la sorpresa de la "caja tonta y cuadrada" muchas otras sorpresas habrían llegado y alterado a nuestras vidas. Y escogo a otra de ellas: Internet. Porque hoy, ¿quién sería el indocumentado que defendería que Internet no ha modificado nuestras maneras de ver y enfrentarnos al mundo real; sí, real pero introduciendo en él los cambios, que desde la virtualidad de su lenguaje, nos ha suministrado la mencionada Red de redes?,  ¿quién lo habría  pronosticado; pero en serio?

Y abriría un escueto paréntesis para contaros, al hilo de esto último, que hace unos meses, durante una de las limpias a las que, periódicamente, someto a mi despacho, rompí y tiré a la basura un par o tres de certificados que atestigüaban que había finalizado los cursillos de MS-2 y de Lotus 123 con unas más que decentes calificaciones.. Claro, entonces a todos se les llenaba la boca hablando de que eso era el futuro aunque, apenas unos meses más tarde, caíamos en la cuenta de que aquello era, en realidad, un timo, no como el del tocomocho pero casi. Ni los más entendidos sabían por dónde les daba el aire; el viento soplaba, sí, todos de acuerdo, pero nadie hubiera apostado para qué.

En este sentido la (otrora) todopoderosa industria cinematogáfica muy bien podría habernos orientado sobre todo esto que despierta mi curiosidad y... perplejidad. ¿O no podrían las (otrora) todopoderosss Metro-Goldwyn-Mayer, Paramount Pcictures, United Artists,  etc. haber previsto los demoledores (d)efectos que sobre sus cuentas de resultados iba a provocar Internet hasta el punto de provocar la desaparición de muchas de ellas?,  ¿a qué se dedicaban sus bien remunerados, supongo, analistas?, ¿nadie supo adivinar y avisar de lo que se les venía encima? Películas en casita a la vuelta de un "click", cómodamente instalados en nuestro butacón preferido, lejos del engorro de tener que ir, y además pagando, a esas oscuras e inhóspitas salas comerciales que habrían ido cerrando sus puertas como caen las fichas del dominó empujadas por la que tienen detrás?

Y ahora la guinda del pastel, the last but not the least; esto es la Inteligencia Artificial, sí, la IA de marras, la que está poniendo todo patas arriba. Y podríamos pensar que, en contra de lo que ya nos habría sucedido con la Televisión o con Internet, la IA nos cogería por fin preparados. Y elementos para creer en ello parece no habernos faltado. Y no obstante habríamos vuelto a fallar, a quedarnos muy cortos. Más que nunca hoy los miedos a eso imprevisible que pudiera depararnos la IA, nos tienen en ascuas.

Y eso que ya lo escribía antes. Porque la propia industria audiovisual habría ido sembrando de anticipaciones nuestras elucubraciones sobre una inteligencia artificial. O, ¿quién no se acuerda de Hal-9000, en el 2001 de Stanley Kubrick, el súper ordenador que arruina la misión del Aries B1B cuando los astronautas deciden desconectarlo ante la increíble capacidad que parece haber desarrollado para pensar- sentir incluso- por sí mismo?, ¿o aquella terrible guerra contra las máquinas que está en el origen de Terminator2 cuando aquéllas se rebelan contra el ser humano que las ha diseñado y creado?

(Lo que, en el fondo, no dejaría de ilustrarnos, y abro con ello un segundo paréntesis, sobre el pánico que los humanos sentimos hacia la animación de lo inanimado, hacia el hecho de que, de repente, un muñeco, una piedra se meneen y cobren vida por sí mismos ante nuestra atónita mirada que, en definitiva, sean como nosotros somos?)

Sí, el mundo parece cogernos siempre la delantera a pesar de nosotros hayamos sacado billete para viajar con él, aunque, ¿incluso y aparentemente?, nosotros lo hagamos (posible). Lo inventamos, sí, pero él nos sobrepasa. Porque quizás, y como (im)posible solución a mi desconcierto, y al hilo de los ejemplos que hasta aquí habría expuesto, quizás, digo, nos haya llegado la hora de admitir a lo imprevisible como necesario compañero para cualquier travesía que queramos organizar y emprender; y a pesar de que esto imprevisible pueda ser recogido en nuestros códigos racionales sólo bajo la condición de indeseable.

Y ya tendríamos, entonces, al equipo completo. Con las conclusiones en la punta de la lengua o... del teclado. Con el ufano progreso sacándonos una cabeza y mirando hacia atrás y viéndonos cada vez más con la lengua fuera, haciendo la goma- por emplear ahora un término ciclista- desconcertados, sin saber qué hacer- echar pie a tierra o continuar- ni hacia dónde dirigir nuestros ojos, ni para qué hacia allí precisamente, tentados en estas circustancias, y más que nunca, hacia el carpe diem, que no sería sino el perfecto complemento del ¡a la mierda con todo(s) lo(s) demás!, el caldo donde se cocina el más pernicioso de los egoísmos, el que siempre nos dejará con hambre, asustados ante lo que se nos puede venir encima porque, por mucho que no queramos, siempre seremos seres- hacia.

Sí, seres hacia lo impreviisble.

¡Qué miedo, ¿verdad?!

   



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