Podría decirse que el populismo es el movimiento que
agrupa a los boronos (en el buen sentido
del término, que también lo tiene) y que se enfrenta a sus “enemigos” naturales, los
cosmopolitas, y déjesenos ahora emplear esta luminosa palabreja. Y que nadie se piense que una facción es
mejor que la otra. Cierto que el borono puede creer que El Greco es el hermano
mayor de Las Grecas, lo que puede hacer sonreír maliciosamente al engreído
cosmopolita, pero también sería cierto que, muy posiblemente, el borono sepa
cuántos huevos pone una gallina al mes y el cosmopolita, ante esa misma cuestión,
apenas se encoja de hombros y reconozca que “pasa”, que esa pregunta a quién
coño le importa; o sea, y a lo que voy, que ni puta idea; o sea, y a lo que
también voy, que ninguno es mejor que el otro, ni el borono ni el cosmopolita
que únicamente serían, a estos efectos, diferentes.

Entonces no-problema, que diría Terminator. La diversidad nunca lo crea por sí misma. El problema
siempre viene después. Cuando nos
empeñamos en asimilar la diferencia con un molesto callo en el pie que siempre
nos pone de mal humor y dispuestos a saltar a la mínima. Pero el borono y el
cosmopolita sólo son distintos y
ambos, en cuanto pasaran a referirse a la nación que les vio nacer y dar sus
primeros pasos, también tendrían ideas distintas
sobre ella, pero nunca pondrían en duda las máximas con las que se regula un
país que presume de democrático, con la clásica separación de poderes, el
sufragio universal, las elecciones libres, o la misma y por todos respetada
organización territorial.

Ahora bien, ambas facciones deben tener muy claro el
terreno que pisan y sobre el que se mueven y no invadir las aceras por las que
transita el otro más o menos finolis.
Y pondría un ejemplo para aclararnos. El borono se sentirá más fácilmente
tentado a dejarse maravillar por los astros del celuloide o del deporte o por
los protagonistas de los tabloides más amarillos que el sol y simplemente, se
me ocurre, por la distancia desde la que él observa al estrellado; una distancia que, normalmente, lo ubica en un punto
desde el que ese cosmopolita se presenta para él casi inalcanzable, como un
coto(matamoros) cerrado, para entendernos.
Y así el borono deberá tener en cuenta y no cerrar
embobado los ojos, que entre esas personas estrelladas
también suelen encontrarse actitudes no del todo recomendables: doping, vida
disoluta,mayores dosis de egoísmo, juergas sin otra vocación que alimentar las
risas más sinsorgas, insolidaridad, etc. y si el borono no actúa de esta forma
y se ajusta bien las gafas, pagará, témome, las consecuencias.

¿Cuáles consecuencias? Y tiro otro ejemplito. Por
estos lares de la Piel de Toro tuvimos enredando hace unos años al difunto
Jesús Gil, ex alcalde de Marbella entre otros méritos y uno de los retratos más
completos del populismo. Era Don Jesús durante su primera época al pie del
cañón un tipo simpático, ameno y gracioso… muy popular, en una palabra, pero que no supo echar el freno a tiempo y
así, en cuanto puso su zapato y plantó su huella sobre el terreno que los cosmopolitas
definen y defienden (con uñas y dientes) como su terreno, las gracietas del borono dejaron de tener la mínima
gracia (y valga la redundancia).

Y una de aquellas gracietas bien pudo ser presidir
uno de los clubes de fútbol más poderosos de la nación o el Atlético de Madrid.
Otra, el codearse y hacerse íntimo de Paolo Futre, jugador de su equipo y una
de las megaestrellas del balompié en sus dorados años, compartir sus correrías
y confundir por ello a un empleado, el primero de la empresa pero empleado al
fin y al cabo, con un hijo mimado. Ya después vendría lo de Marbella.
Seguramente uno de los centros dorados
del cosmopolitismo y, no contento con ello, y yendo más allá, totalmente
desbocado y salido de madre, coquetear y rozar, el muy pillín él, las faldas
del poder y curiosear sobre lo que podría esconderse debajo de ellas.
Lo que ya fue,
a todas luces, demasiado. El cosmopolita puso pie en pared al grito de ¡hasta
aquí hemos llegado, Don Jesús!, ¡que usted, y no se olvide de ello, es un auténtico
borono! Y tras la bronca, borrón y cuenta nueva: Don Jesús, despojado y
apartado del poder, sus seguidores, ante el desconcierto que se dibuja en sus
labios, se apartan de él y le dejan de lado como a un apestado y, finalmente,
un infortunado, como todos, infarto termina con su vida. Y después, si le he
visto, no me acuerdo. Sin duda que ésta es la cruel estrategia que suelen poner
en práctica los cosmopolitas para quitarse de encima a aquellos boronos, que
osan “mancillar” sus exclusivos terrenos de juego (y valga otra redundancia,
Don Jesús), pagar con ello la osadía que han cometido al plantarse donde nadie
les ha llamado.

Pero el populismo nunca ha sido amiguete de
“aprender a la primera”. Y hasta es posible que nadie lo sea, incluidos los
cosmopolitas, así que ahora algunos de aquellos andan enredando y apiñados en
torno a las siglas de VOX, el partido de la ultraderecha española. Y si Don
Jesús levantara la cabeza…pero no lo
hace porque nadie lo ha hecho hasta ahora, y por ello ocupan su lugar (entre
otros) Don Santiago (Abascal), propietario de un pequeño comercio textil y de
unos bonitos terrenos donde pacen varios caballos de su propiedad (curioso:
también Don Jesús era un apasionado de estos animales), o el bueno de Iván de
Espinosa de los Monteros, sobre el que no cabría añadir gran cosa si
consideramos que su rimbombante apellido ya nos lo sitúa en el mapa, o
imaginémonos si no a una Isabel Espinosa de los Monteros, en vez de a la
inaccesible y cosmopolita Isabel Presley.

Aunque todo esto, o sea, el populismo y el auge que
ha experimentado en nuestras tierras occidentales durante los últimos años no
supondría mayor problema, aunque el Brexit inglés o el trumpismo americano, por
citar dos casos del populismo más furibundo y “exitoso”, no sean moco de pavo.
Pero en España la cuestión adquiere y se vestiría con otros tintes, sin duda
más peligrosos. Porque si el populismo ni en EEUU ni en Gran Bretaña (ni tan siquiera
en los revueltas fronteras latinoamericanas) ponen al país en la picota, en
España no ocurriría lo mismo. Aquí el populismo azuza los mismísimos mimbres sobre
las que se vertebra el país, el modelo territorial con el que éste ha decidido
regirse. Y esto ya a nadie le hace reír. La amenaza de tirar casi todo por la
borda, retroceder y tener que volver a empezar desde el “cero-carolo” sobrevuela
nuestras cabezotas; una alucinante realidad que, día a día, va teniendo mayores
visos de hacerse una realidad a secas.
Y entonces se me escurre en la memoria la boutade de Ortega. Sí, España, un país
con una mala salud de hierro. Y esto, si bien, tranquiliza a muchos, a la vista
de los últimos dimes-y-diretes, o sin ir más lejos, de las últimas e
impresentables trifulcas ocurridas en el Congreso, ¿debemos estar realmente tan tranquilos? Porque también me
vendría a la memoria el viejo cuento del ¡viene el lobo!, ¡qué viene el lobo, y
nunca viene, hasta que vino y se zampó de golpe (¿de estado?) a todas las
ovejas; o aquel otro que estaba enfermo, que siempre estaba enfermo y siempre
salía de la cama o adelante… hasta que un mal día dejó de salir y se vistió con
el traje sin bolsillos.

Encendamos, pues, las alarmas si nos parece bien,
que nadie nos sujeta las manos. Tenemos Libertad. Somos una Democracia. Y esto
es lo verdaderamente importante. Porque, a partir de aquí, todo se puede
discutir. Eso sí, con una imprescindible condición: que aprendamos a
reconocernos en el otro; o sea, el
borono en el cosmopolita y el cosmopolita en el borono. Y de esta forma,
tendremos en las refriegas (que nunca deben faltar porque también ellas nos
hacen avanzar) el respeto y las buenas maneras que tanta faltan nos hacen y que
tanto echamos de menos, porque el cosmopolita habrá aprendido que las gallinas
ponen 1 huevo cada día, y el borono sabrá que El Greco nada tiene que ver con
Las Grecas, sino que fue un pintor llamado Doménikos Theotokópoulos, que vivió
en la Isla griega de Creta hasta los 26 años, que desarrolló posteriormente,
durante su época de madurez, un estilo muy personal y que falleció en Toledo en
1614 a la edad de73 años.
(1) A efectos de este artículo, borono = bruto, patoso, bocazas, ignorante pero creyéndose el más listo de la clase o sin importarle serlo (ignorante, se entiende), acomplejado, pero Dios me libre, siempre-en-la-intimidad, también bravucón y echado para adelante, suele preferir el trago corto al largo, ¡ah! y la belleza se la pasa por la entrepierna.
(2) A efectos de este artículo, cosmopolita = sobrado, perfecto ¿por qué no?, por encima del bien y del mal, por encima, por supuesto, del resto de los mortales, solidario pàra qué, todo lo conoce y lo que no, no interesa, el más guapo de la fiesta, el encantado de haberse conocido (nunca podría pasar sin él mismo), sibilino por momentos, mal pensado casi siempre, habla tres idiomas, dice que habla cinco, sin complejos, por supuesto, siempre preferirá el trago largo al corto (con un cortos ya hay bastantes en este mundo, podría defenderse); ¡ah y guapo, fundamental!