jueves, 13 de agosto de 2026

EL ECLIPSE

 ¡Cómo no, hoy voy a escribir sobre El eclipse! ¿Y por que "El" con mayúscula y "El eclipse" en negrita y  cursivas? Porque como me comprenderéis, o me comprenderán los que mejor me conocen, no he pensado en malgastar las pocas neuronas que me quedan em hablar del eclipse que ayer, 12 de agosto de 2026, eclipsó nuestro sentido común y nos lanzó a los montes y atalayas más altas para observar durante ¡3 segundos!- por el vídeo que me mandó mi cuñado- un fenómeno que no se repite más que de ciento en viento pero del que el día anterior habían avisado que el año que viene habría otro igual pero en mejor.

Entonces, ¿en qué quedamos, en "de ciento en viento", o en un fenómeno más repetido que el telediario de las 3? La verdad es que me daba igual. Si cuando llueve, no suelo mirar al cielo para ver caer las gotas sobre mi cara, no entendía esa obsesió por girar la cabeza hacia arriba y observa, en esta ocasión, un eclipse atrincherado, detrás de una chapuceras gafas oscuras. Me entraba por un oído y me salía por el otro. Porque, además, siempre intento huir como de la peste de las manías, y la eclpsemanía no iba a ser una excepción.

Por lo que, en su lugar, y por no parecer un perro demasiado verde, sí que vi el eclipse, pero el que Antonioni rodó en 1962 con Monica Vitti y Alain Delon. A este sí que me apunto, y me apuntaré siempre. Porque en él el eclipse no es un mero fenómeno sino un auténtiico, con el permiso de la película de Wim Wenders, estado de (nuestras) las cosas.

Eso es, porque a 64 años de su realización El eclipse habla todavía con mayor insistencia sobre nosotros, engreídos hombres y mujeres occidentales, a los que la película no deja de contraponer con otros y otras pobladores de otros continentes que bien podrían ser de otros planetas. Porque este eclipse de Antonioni se refiere a la oscuridad que atenaza nuestras vidas, a los pasos de ciego que nuestras piernas se empeñan en recorrer. Y así nos encontramos con una Monica Vitti que, en realidad, no sabe adónde va, que deambula entre la ruptura de una relación y el comienzo de otra que, seguramente, le llevará al mismo fracaso, porque ella continúa en eclipse, como la propia película que en sus últimos planos no duda en abrazarse a la oscuridad y el silencio más aterrador.

NB,- Reparar en cómo en el mismo año Ingmar Bergman realizó Los comulgantes, una de sus más terribles películas sobre el silencio (de Dios, en este caso).


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