miércoles, 12 de agosto de 2026

CUALQUIERA SABE DE CINE; POR SUPUESTO, ARTURO TAMBIÉN

Hoy en día nos enfrentamos a una cruel e injusta realidad a la que Internet y las Redes Sociales le han dado vitaminas y comida hasta hartar. La realidad en cuestión, y en resumidas cuentas, vendría a decir lo siguiente "todo el mundo (cree) que sabe de todo, todos somos expertos y entendidos en todo"; vaya, en las antípodas del "zapatero a tus zapatos" y como si el "todo" no fuera otra cosa que un partido de fútbol- ahora que el Mundial ya ha pasado- sobre el que todo pichichi opina, y defiende con uñas y dientes su opinión por muy disparatada que pueda sonar. Porque ¿quiénes serían estos "entendidos en fútbol"? Pues claro, nosotros-todos-sin excepción somos los entendidos o, ¿quién se atreve a cerrarnos la boca en estos tiempos donde la libertad de expresión cabalga a sus anchas- aunque lo más redondo que hayamos visto en nuestras vidas sea una onza de chocolate?

Y si todo se quedara ahí, quizás ni tan mal. A fin de cuentas el fútbol no deja de constituir una parte más o menos pequeña de todo nuestro humano entramado. Pero no deja ser ciertamente preocupante que el fenómeno de los "sabelotodos" se haya extendido por nuesta tierra como una resbaladiza y peligrosísima mancha de aceite. Porque aquel "saber de todo" ya no se circunscribe al fútbol- ¡ojalá fuera así!- sino, literalmente, a TODO- TODO. Y el cine, que es en lo que yo ando más enredado, no iba a ser una excepción. 

Y lo estaría diciendo a cuenta de que el otro día- sería en cualquier periódico de la pasada Semana Santa (ya me vale)- cayó en mis manos antes de echarlo a la basura de papeles viejos (ya iba siendo hora) un ariculete en el que el tan poco intersante como famoso Artuto Pérez Reverte, escritor - por si alguien se ha olvidado-, se explayaba afirmando categóricamente, como sólo él sabe hacerlo, sobre las Mejores Películas de Cine Religioso. Y Arturo lo tenía bien clarito, como todo-¡qué envidia! (sic), y se lanzaba a la piscina a lo bomba, me imagino- ¡biueno es él!-  y citaba, como si los lectores ya hubiéramos puesto sobre los pupitres nuestros respectivos papeles y bolígrafos, la infumable Las sandalias del pescador, dirigida por Michael Anderson, sí el mismo de la no menos infumable La vuelta al mundo den 80 días, que se cargaba plano a plano la bonita novela de Julio Verne, con la inestimable colaboración de ¡Cantinflas!

Aunque no contento con ello, con conceder la medalla de oro a semejante pastiche, Arturo, siempre tan echao pa´lante-  insistía y reservaba la medalla de plata para El tormento y el éxtasis, la última, y seguramente la peor, de las películas que dirigiera Carol Reed, sí, el de El tercer hombre, el de Larga es la noche con uno de los grandes, éste sí, y al que en los créditos se suele citar como James Mason.

¿Y, en estas penosas circunstancias- y no pretendo "eternizarme"- qué hemos hecho, Arturo, de Bergman, de El séptimo sello, de Los comulgantes o del insigne Dreyer, y de la sublime Ordet o de la no menos sublime pasión de Juana de Arco a la que, por no faltar, no le faltan ni las palabra para ser la estremecedora obra maestra que es? Claro, por lo visto, el cine ya es como el fútbol, y por extensión me temo que como todo el resto de nuestros asuntos.


Y así nos va, todos tan entendidos y expertos, todos hichando pecho, sin parar de hablar, sin dejar el mínimo resquicio a la noble y humilde ignorancia- aquel bendido, sólo sé que no sé nada, que decía Sócrates y que es la antesala del verdadero saber-, donde en lugar de hablar tanto-tantísimo, escucharíamos un poco más sin dejar de estar muy atentos, y más aún en estas penosas circunstancias, a tod@s aquell@s inexpertos que se disfrazan, eso sí: expertamente- por eso hay que tener mucho cuidado- de lo que no son, sólo porque-ellos-lo-valen, ¡ay, Arturo!, y sin reconocer- ¡eso jamás!- que sus conocimientos sobre el tema a debatir son más bien escasos, por no decir que casi-ninguno, porque de todo es imposible saber. Por eso siempre habría que tener "las comillas" bien a mano, o una buena mordaza para tod@s aquell@s que, muy a menudo, hablan más de la cuenta, ¿o no es así, Arturo?

Y lo dejaría aquí: porque puede que la Vida no sea, en el fondo, más que un juego. pero os aseguro que ese juego jamás será el fútbol.

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