martes, 16 de agosto de 2016

FRANCO CONTINÚA ENTRE NOSOTROS; PRIMO LEVI LO DEJÓ ESCRITO: ¡S.O.S.!


Siempre con un libro bajo el brazo, aunque en estas tórridas tardes del verano, paradójicamente, no tenga casi tiempo de abrir las tapas. Pero hago lo que puedo, y estos días ando con El sistema periódico, de Primo Levi que leí en alguna parte que había sido elegido el mejor libro de ciencia escrito durante el último siglo.
 

Primo Levi era químico pero también un excelente escritor y El sistema periódico es buena prueba de ello. Además no se trata de ningún enrevesado tratado científico sino de una entretenida y fascinante colección de breves relatos (posiblemente fuera esta, la “brevedad”, la que me animó a escoger sus páginas para amenizar estos días tan ajetreados), y que tiene desde sus títulos y tramas una directa relación con diferentes elementos químicos, a los que Levi convierte en metáforas sobre el hombre y las relaciones humanas, tal y como podemos leer en la contraportada del libro editado por Península. Así tenemos Argón, Hidrógeno, Zinc, etc. hasta Carbono, que es el veintiuno y último relato. Todos ellos buenos cuentos y varios, excelentes; sin ir más lejos, Zinc me pareció uno de esos que el gran Borges podría incluir en cualquier antología de las suyas sin ningún desmerecimiento.

Pero para estas líneas me quedaré con Oro, porque en él he encontrado una frase que me ha dado que pensar y que es, directamente, el motivo que me ha impulsado a escribir estas parrafadas, aparte de intentar prestar con ellas algún pequeño servicio a la buena literatura, a Primo Levi, y a avivar en algún interesado lector las ganas por comprar El sistema periódico, que no nunca sobraría en ninguna buena biblioteca, como siempre defenderé cuando algún libro me toca la fibra.

Pero a lo que iría sería a esa frase que dice, (…) el fascismo había hecho efecto sobre nosotros, como sobre casi todos los italianos, alienándonos y volviéndonos triviales, pasivos y cínicos, ya que al momento he pensado en nosotros pero en nosotros, nosotros, en los españolitos de a pie y en los 40 años (que se dicen pronto) en los que también sufrimos como Levi el fascismo puro y duro, bajo las señas de la dictadura de Franco.

Porque pienso que aún, casi medio siglo después de que el funesto dictador muriera y acabara con ello su cruento régimen militar, continuamos, en cierta y desoladora manera, enredados y bebiendo de aquellos mismos líquidos que empaparon y dieron voz a su peripatético pero muy peligroso, ¡Arriba, España!

Y habría sido Primo Levi quien me habría puesto sobre la pista. O más en concreto, su cuento Oro y la frase que repito como un mantra, (…) el fascismo había hecho efecto sobre nosotros, como sobre casi todos los italianos, alienándonos y volviéndonos triviales, pasivos y cínicos. Y pregunto, ¿no seguimos con la inestimable (sic) ayuda del caudillo alienados con nuestra propia historia, con nuestros ancestrales complejos arrastrados desde el… oro, sí pero, en nuestro caso, desde el Siglo de Oro, y no seríamos asimismo triviales (encendamos, por ejemplo, la televisión en cualquier momento del día), pasivos (¿no es la queja nuestro deporte nacional preferido; la queja y a continuación el cruzarse de brazos y dormir la siesta más pesada que podamos imaginar?), y cínicos (¿o no nos creemos más listos, espabilados y pícaros que cualquier otro que no sería sino un pobre diablo que no sabe disfrutar verdaderamente (sic) de la vida y se pierde en sesudos jamacocos que no llevan a ninguna parte y de los que nosotros, afortunadamente (sic) tan listos, nos hemos apartado recurriendo al cachondeo más ruidoso y frívolo, a la noche más larga?

¿O no nos daría en estos días, que quien más o quien menos se pira unos diítas de bakatas, el turismo más europeo, los cabezas cuadradas que bajan de Alemania, los gentlemen trasmutados en hooligans como réplicas del doctor Jeykill o los
finos y educadísimos franceses, la razón más indiscutible a nuestra sin sustancial manera de pasear por este mundo? ¡Si todos ellos quieren lo que tenemos nosotros! ¿Para qué tenemos que preocuparnos entonces?, nos preguntaríamos alienados, triviales, pasivos y cínicamente ignorantes. ¿O no es, en el fondo, esta una de las causas del lamentable espectáculo en el que nuestra clase política anda solazándose, no-hay-prisa-je-je, como quien no se entera de nada, desde hace más de seis meses, en este disparate de dimes y diretes que amenaza, pero a quién le importa si somos tan listos, con tumbarnos de un sopapo, del que quién sabe después lo que nos va a costar despertar y levantarnos?

Claro, Franquito sigue haciendo de las suyas. Ha muerto, sí, hace casi medio siglo, pero sus muy prescindibles “enseñanzas” continúan empozoñándonos la sangre (española, que cantaría el bueno de Manolo Tena). De esto ya no tendría duda alguna. Primo Levi, El sistema periódico y el Oro me la habrían despejado.  
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lunes, 25 de julio de 2016

26-J: SÍ VA MÁS: UN ANEXO


Me iba a callar o, por lo menos, no escribir más sobre este disparate político en que estos indocumentados y asiduos habitantes del Congreso nos están metiendo desde hace meses. Pero como siempre, la rectificación ha llegado hasta mi puerta y antes de los días decisivos me ha llamado. Y no he tenido más remedio que abrir, escucharla y plegarme a sus siempre convincentes consignas, y donde ya dije Diego decir ahora, digo. O al revés. (El refranero no es lo mìo: lo sabéis).


Así que añado ahora un anexo a esta España ¿semipiternamente? electoral a cuenta de unos versos que he leído y extraído de las Hojas de hierba, de Walt Whitman, con las que ando enredado desde hace casi dos años. Y tan a gusto. (También lo sabéis).

El poema lo escribe Whitman en 1873 en un momento en que los Estados Unidos están sufriendo una gravísima crisis económica derivada de la quiebra de la banca de Jay Cooke, y en unas deprimentes circunstancias a las que no he podido dejar de sacar ciertas y tristes semejanzas con estas otras que estamos viviendo nosotros aquí y ahora. Por ello, la rectificación y el anexo. Me han salido a bote pronto.
 

Porque al igual que Whitman, y después de tanto desatino, creo que nosotros también debemos mantener intactas nuestras esperanzas (esas que nadie debería poder sustraernos ni en las peores circunstancias) en que el futuro que se nos abrirá después de estos vergonzosos meses in albis, de tantas y tantas impresentables declaraciones y bochornosos riffi-raffes entre aquellos y aquellas destinados a ser un día nuestros gobernantes, será un panorama más halagüeño, amable y sosegado.

Lo habría escrito el poeta en sus versos finales, bien puedo confiar en ti, patria, en tu suerte y en tus días./¿Quién sabe si no son estas las lecciones que te convienen?/Acaso de ellas surja tu canto futuro, tu trinar jubiloso,/destinando a colmar el mundo.

Y yo lo suscribo. Me apunto. Después, eso sí, de los merecidísimos tirones de orejas. Y espero, parafraseando a Whitman, que de tanto desatino y desbarajuste surjan finalmente “esas lecciones que más nos convienen”. Y me agarro a ellas. Todas cuelgan del irremplazable racimo de la esperanza.

Y el poema en cuestión. No tiene desperdicio.

AL VAGAR POR LA MAÑANA[1]

Al vagar por la mañana,

salido de la noche y de sus pensamientos sombríos, a ti te tengo

en el pensamiento:

¡por ti suspiro, armoniosa Unión!, ¡por ti, divino pájaro cantor!,

por ti, patria, sumida en días aciagos, acuciada por la arteria y la

consternación, por todas las bajezas, por todas las traiciones,

y este simple prodigio he contemplado: el zorzal que alimenta a

su polluelo,

el zorzal cantor, cuyas notas de alegría y fe extática

no dejan de ratificar al alma, y de solazarla.

Ahí pensé, y sentí

que si gusanos, serpientes y larvas repugnantes pueden

convertirse en dulces cantos espirituales,

si los bichos se transmutan así, y para eso se utilizan, y así son

bendecidos,

bien puedo confiar en ti, patria, en tu suerte y en tus días.

¿Quién sabe si no son estas las lecciones que te convienen?

Acaso de ellas surja tu canto futuro, tu trinar jubiloso,

destinado a colmar el mundo.






[1] En Hojas de hierba, de Walt Whitman, Edición bilingüe de Eduardo Moga, Galaxia Guttenberg, Círculo de lectores, Barcelona, 1996, p.1023.
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lunes, 18 de julio de 2016

NICHOLAS RAY, EL CINE EN CARNE VIVA


Sí, Nicholas Ray es uno de los directores que me pone la piel de gallina. Lo hace con sus películas, claro. No con todas, con algunas. Y no siempre sino a veces. Pero eso es mucho decir porque no son demasiados los directores de cine de los que lo puedo decir. A la emoción son pocos los que llegan. Y yo, después de tantos años y de tantas películas, hace tiempo que he decidido juzgarlas por la emoción que consiguen transmitirme, y que yo consigo experimentar en forma, por ejemplo, de eso, de los instantes en los que siento la piel de gallina. Ésa es la mejor señal, la única que no falla: la señal de que no estoy perdiendo el tiempo; la señal de que estoy asistiendo a algo muy especial.


Sólo por eso a Nicholas Ray se le debería eternamente un respeto, un puesto entre los más grandes cineastas. Quizás no en lo más alto de ese imaginario y cinematográfico podium; quizás tampoco en el segundo; ni en el tercero con la medalla de bronce que, por otro lado, ¿para qué la querría él? Porque posiblemente su cine no sea un cine redondo, o sea, que entre sus películas no habrá una obra maestra absoluta, de ésas que una mayoría estaría en condiciones de colocar entre “las 10 mejores de la Historia”. Pero ni falta que le hace. Porque el cine de Nicholas Ray es un cine de momentos. Y en esto no hay muchos que le puedan aventajarle, que puedan presumir más que él de tener en su filmografía tantas escenas inolvidables, tantos momentos de esos que te ponen la piel de gallina.

Y con ellos yo me doy por satisfecho. ¿Cómo no iba a dármelo? ¿Alguien se acuerda de una película entera? Pocos. Y por supuesto que yo, con mi memoria acuática, no pertenezco a ese club. Aunque tampoco lo echo de menos. Si valoro las películas, como he escrito un poco más arriba, por la carne de gallina, por la emoción que me produce su visionado no necesito juzgar la película en su totalidad. Me bastan los momentos; el mágico (e inolvidable) momento, por poner un ejemplo, en que Tracy se despide de Alvy en la penúltima secuencia de Manhattan que es uno de esos minutos en los que si decidimos que la vergüenza torera se vaya a la mierda nos pondríamos a llorar, y tan a gusto.

Pero ¡ojo! que con esto no defiendo los “juicios troceados” de las películas. Porque si esa escena de Manhattan nos emociona, eso indica que la película entera tampoco es manca y sí algo también especial. Tanto que estaría en condiciones de afirmar que una película será tanto mejor cuantos más momentos de esos de “piel de gallina” tenga. Porque si el todo se descompone en partes o la película en secuencias y planos, las partes se alimentarán y enriquecerán con la calidad del todo o de las secuencias y planos en que se descomponga la película. Por eso si cuando Tracy le dice a Alvy aquello de tienes que aprender a confiar en la gente, se nos forma un nudo en la garganta, otra de las formas que tiene la emoción de manifestarse, es que la película merece la pena. Y mucho.

Y en estas lides Nicholas Ray podría sacar pecho. Su cine se encuentra con los instantes en su salsa. Claro que por eso es un cine hecho más con el corazón que con la cabeza, más a tumba abierta que apalancado en un confortable butacón junto a una chimenea, más en carne viva que en el frío metal de un microchip.

Aunque si me ha dado en pensar hoy sobre todo no ha sido, paradójicamente, viendo una de sus películas sino leyendo poesía; y concretamente, el Soneto V de Garcilaso. Lo transcribo:

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.


En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Claro que si la poesía, y la duda ofende, no sería emoción en estado puro ya puede venir alguien y contarme qué coño es esto de la emoción. Y Garcilaso y este Soneto V, sobre todo, su terceto final (en negrita) me recordó ese momento inolvidable del cine de Nicholas Ray, cuando Humphrey Bogart dice, refiriéndose a Gloria Grahame, aquello de nací cuando ella me besó, morí cuando me abandonó. Viví unas semanas mientras me amó. Piel de gallina, sí. Y de la buena. En un lugar solitario. 1950.

O con la famosa secuencia de Johnny Guitar (que ésta sí al menos, reconozcámoslo, suele figurar en las listas de… mejores westerns), en la que Johnny y Vienna en la cocina del salón que ella regenta, a los sones de la canción de Victor Young, y que sería toda una declaración de principios, otro de esos momentos del cine de Nicholas Ray que sirven para explicar qué coño es todo esto de la emoción cinematográfica a la que tanto tiempo llevo dándole vueltas. Con sus palabras os dejo, y con un consejo: mientras leéis las líneas de diálogo hacedlo sobre la versión que Jeanne Balibar canta de Johnny Guitar (os adjunto el enlace), y encontraréis en la mezcla más emoción, más “piel de gallina”.


Vienna: Se divierte, ¿Sr. Logan?
Johnny: No podía dormir.
Vienna: ¿Y eso le ayuda?
Johnny: La noche pasa más deprisa. ¿Por qué estás despierta?
Vienna: Sueños. Pesadillas.
Johnny: Yo a veces también los tengo. Con esto los ahuyentarás.
Vienna: Ya lo he probado. No me ayudó demasiado.
Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo bonito.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que todos estos años me has estado esperando. Dímelo.
Vienna: Todos estos años te he estado esperando.
Johnny: Dime que te habrías muerto si no hubiera regresado
Vienna: Me habría muerto si no hubieses regresado
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero a ti.
Vienna: Aún te quiero como tú a mí.
Johnny: Gracias. Muchas gracias.

Vienna: ¡Deja de compadecerte! ¿Crees que lo has pasado mal? Yo no encontré el local. Lo construí. ¿Cómo crees que pude hacerlo?
Johnny: No quiero saberlo.
Vienna: Pues yo sí quiero que lo sepas. Por cada tabla, tablón y viga de este local…
Johnny: ¡Ya tengo suficiente!
Vienna: ¡No, vas a escucharme!
Johnny: Ya te he dicho que no quiero saber más.
Vienna: No conseguirás callarme, Johnny. Nunca más. Antes me habría arrastrado a tus pies para estar a tu lado. Te buscaba en cada hombre que conocía.

Johnny: Mira, Vienna, has dicho que has tenido una pesadilla. Los dos la hemos tenido, pero ha terminado.
Vienna: Para mí, no
Johnny: Es como hace cinco años. No ha pasado nada en este tiempo.
Vienna: ¡Ojalá!
Johnny: ¡Nada! No tienes nada que decirme porque no es real. Sólo tú y yo somos reales. Tomamos una copa en el bar del Hotel Aurora. La banda está tocando. Celebramos que nos casamos. Y después de la boda, salimos del hotel y nos vamos. Así que ríe, Vienna, sé feliz. Es el día de tu boda.
Vienna: Te he esperado Johnny. ¿Por qué has tardado tanto?..



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sábado, 9 de julio de 2016

SIDNEY LUMET EN EL DISTRITO 34: CONEXIÓN TOTAL


No dejan de sorprenderme las conexiones que existen entre las manifestaciones culturales que gozan de mi más rendida admiración. Aunque no por ello cada vez que me encuentro con una de ellas dejo de sorprenderme aún más si cabe.

El último caso me ocurrió hace unos días. Más o menos es como sigue. Una de las películas por las que siempre he sentido una particular afinidad es Distrito 34: corrupción total (lo sé, horroroso título donde los haya; así se las gastan los “ocurrentes” distribuidores españoles; en inglés se llamó con el más asequible Q&A, algo así como Questions and Answers). Yo, a efectos de esta entrada sobre conexiones, lo transformaría en Distrito 34: conexión total, y no tendría reparos en reconocer que este Distrito 34, junto a Veredicto final (The Veredict), me parecen las dos películas más logradas de Sidney Lumet e, incluso, por momentos me atrevería a señalar que Distrito 34 gana en la photo-finish a Veredicto por el canto de uno de aquellos viejos duros.

 Las excelencias de Distrito 34 son, en mi opinión, numerosas. El personaje que interpreta Nick Nolte, el inolvidable hombre pobre, me parece uno de los policías más conseguidos que he tenido ocasión de ver en el cine. Igual que el joven e inexperto ayudante del fiscal del distrito al que da vida Timothy Hutton y que junto al villano pero frágil e inolvidable Armand Assante y su atractiva y no menos inolvidable novia compondrán uno de esos inquietantes triángulos amorosos a los que yo, por lo menos, no había asistido desde los mejores momentos del cine de Sir Alfred o Encadenados (Notorius), por citar sólo uno. Pero no me extenderé en este tema y sí, en su lugar, recomendaros el visionado de la película para aquellos que no la hayan visto todavía y para todos los que, simplemente, queráis disfrutar de un pedazo de celuloide-sin-desperdicio.
 
Aunque a lo que iba con lo de las conexiones tiene su relación con la excelente secuencia de la muerte del personaje de Assante a los sones de un temazo musical que compone Ruben Blades y que Lumet utiliza para ilustrar la escena.

Mucho tiempo he pasado en tratar de averiguar el título de la canción, el álbum donde pudiera estar incluida, o si pudiera formar parte de la BSO de Distrito 34, si es que esta existe, cosa que, desgraciadamente, parece que no.

Pero el otro día youtube y la casualidad, que también juega su papel en las redes, me descubrieron por fin que el temazo en cuestión se llama The Hit y que forma parte de las canciones de Nothing but the Truth, el primer disco que el cantante panameño grabó enteramente en inglés y para el que se rodeó de unos colaboradores que cualquiera diría que me telefoneó previamente para consultarme. Ahí es nada: mi admirado Lou Reed que interviene en tres canciones, el mítico Elvis Costello que lo hace en dos y Sting, el ex The Police, pero que aún no había perdido el norte en solitario como prueban Nothing Like the Sun, que habría grabado cuatro años antes o The Soul Cages que publicaría al año siguiente y con el que alcanzaría, aunque no me importe demasiado pero sí que hablaría de su aún buen estado de forma,, el nº1 en las listas inglesas.

 
Así las conexiones se suceden y siguen cogiéndome desprevenido: Distrito 34-The Hit-Ruben Blades-Lou Reed-Elvis Costello… Como si alguna de mis debilidades y pasiones culturales, musicales en este caso, estuvieran realmente unidas por unos hilos que, quizás, sólo Dios acertara a contarme de dónde han salido, porque yo no tengo ni la menor idea.

Por eso, mientras nadie me chive esas certezas, continuaré plegándome ante el azar, ante aquello para lo que no tengo una explicación convincente, dejándome llevar emocionado, en definitiva, por cosas como The Hit, de Rubén Blades que me sienta ante una pantalla donde se proyecta la estupenda película de Sydney Lumet y que ahora me trae además al recuerdo el gesto adusto e imperecedero de Lou o la eléctrica energía de Costello. El resto, parafraseando al poeta, ya no sería asunto mío.
 
 
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martes, 28 de junio de 2016

26-J: PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA: NO VA MÁS



Termino con esta las entradas dedicadas a las Elecciones Generales. Han sido tres, si no cuento mal, y tres "26-J:" ya me parecen bastantes para cualquiera; o sea que para mí que no soy excesivamente politiquero y sí excesivamente mal pensado, ni os cuento. Me sobra con las tres.

Además las tres entradas, tal cual se quedan, conformarán así una especie de Trilogía Electoral, y esto de las Trilogías siempre está bien. Tienen un prestigio que no sé muy de dónde les viene. Quizás de la Santísima Trinidad, quién sabe. Luego basta de circunloquios sobre elecciones. Se acabaron. Cerramos el chiringuito hasta un nuevo aviso que esperamos tarde mucho, mucho en regresar. Porque si continúo hablando o escribiendo, como es el caso, sobre elecciones y políticos creo que, incluso, los sordos y los muertos pudieran alzarse en justísima rebelión.

Han sido seis meses, seis, seguidos, sin parar de darle a la sin-hueso, de teclear casi lo mismo en las mismas teclas, de monopolizar los telediarios, las tertulias, programas de radio y redes sociales con las mismas monsergas: promesas y promesas, declaraciones y declaraciones de todos los candidatos fueran del signo que fueran, que si yo sí pero que el resto para nada, encuestas y previsiones, porcentajes, leyes dom, repartos de territorios, miedos a lo que nos podría caer encima si…, que yo, por lo menos, me he hartado, y cuando estoy harto como cuando estoy sudando prefiero retirarme del sol y tumbarme a la sombra con un cuba-libre fresquito. Así que con las elecciones y los políticos haré lo mismo: apartarme a un lugar donde las palabras “urna” y “mitin” produzcan el más doloroso y antipático sarpullido.

Porque, incluso, el panorama que nos habría quedado después de semejante batalla dialéctica no sería precisamente un panorama para tirar y que brillen los cohetes recortados contra el cielo. Vamos, que para este viaje no habrían hecho falta tales alforjas y sí, en su lugar, unas cuantas tabletas de aquellas viejas pero efectivas biodraminas; por aquello de los mareos, más que nada.

Lo diré como lo siento. Creo de verdad que esto del mes de junio, y de los nos vendrán a continuación, es bastante peor y más desmoralizador que aquello que teníamos en el mes de diciembre del pasado año. Para ello sólo habría que reparar en un detalle. De los cuatro partidos que enarbolaban, allá con las nieves del invierno, su euforia y su alegría triunfalista, hemos pasado, con las bermudas y los potingues veraniegos, a unos resultados donde de esos cuatro partidos, tres han resultado claramente derrotados, se empeñen en contradecirnos, y en contradecir con ello a los sabios números, cuanto les dé la gana; y el cuarto, el único partido que podría presumir de haber ganado, tampoco debería sacar demasiado la cabeza ni hinchar demasiado el pecho. Su victoria no recoge, ni de lejos, la debacle que los otros tres contendientes han sufrido, aunque se empeñen estos en continuar sonriendo y exhibiendo unas chulescas maneras que resultan, hoy más que nunca, ridículas y con un empecinamiento difícil de entender en seres que presumen de ser racionales.

Por todo esto el panorama después de la batalla del 26J me resulta, cuanto menos, preocupante. El PSOE habría pasado de sus raquíticos 90 escaños a los aún más raquíticos 85; UNIDOS PODEMOS se habría tomado al pie de la letra eso de la unión y a los 69 escaños que obtuvo en diciembre un solitario PODEMOS le habría añadido los 2 pelados que sacó en aquellas elecciones IU, y ahora UNIDOS, PUEDEN sumar precisamente 71. Nunca hubo suma más exacta y deprimente, y a nada que se coja al toro por los cuernos, sus responsables deberían agachar la cabeza y reconocer el fracaso más absoluto.

Me quedaría CIUDADANOS, pero no me quedaría mucho más que añadir. ¿Cómo calificar el hecho de haber obtenido 40 escaños en diciembre, y seis meses después 32? Como el 26J me abstuve de votar, y ya que la abstención se ha disparado hasta cotas nunca antes alcanzadas (que todos se pregunten el por qué), me abstengo ahora de responder. Que lo hagan los CIUDADANOS, y se dejen también de esas bravuconadas que sólo asustan por su patetismo.

Y me falta el ganador, por llamarle algo. El PP, sí, el ganador ma non troppo que me corregiría un italiano. Sumar apenas 14 escaños sobre los resultados de diciembre, después de haberse rodeado de tanto fiasco entre sus rivales tampoco me parece como para presumir de guapo por mucho beso y abrazo que se dediquen sus líderes.

Por eso apuntaba que el panorama después de la batalla me resulta preocupante. Porque, siendo serios y dejando esos falsos poses de alto standing y dignidad para otro momento, ¿quién, o qué partido o partidos, se pueden arrogar con la moral suficiente y necesaria, con la energía del vencedor el derecho a gobernar, y sacar, y más con las peliagudas circunstancias internacionales que estamos atravesando, el país adelante? Todos jugaron con fuego y todos han terminado chamuscados, y de los quemados no me fío ni un pelo.

Les tenemos ahí delante. A todos. Disimulando las quemaduras y presumiendo de que no duelen. ¡Bah!Son incansables. Incansablemente tercos. Siguen copando las portadas y las entradillas de los telediarios. Achulados y ensoberbecidos. Para pelmazos nunca habrá nadie como ellos. Pero a modo de último consejo, y si les quedara un poco de vergüenza torera en los cuerpos, les aconsejaría que metieran las manos en los bolsillos y agacharan a continuación los pescuezos para recibir, sobre las quemaduras, las merecidas y sonoras toñejas por parte de todos y cada uno de los ciudadanos por habernos aburrido tanto, y sobre todo aburrirnos para qué, durante estos seis meses.

Entonces tal vez pudiéramos mirarles con otros ojos y ser más comprensibles con ellos. Nadie está libre de meter la pata. Cualquiera tiene derecho a equivocarse. Yo el primero. Pero por eso mismo, nada de persistir en vocingleras posiciones, en un orgullo fuera de sitio, en los puños cerrados, furiosos y en alto, en los aplausos por doquier y sí, a cambio, un poco más de humildad, de reconocerse perdedores y preguntar qué se puede hacer, de arrimar el hombro y empujar de este carro donde, nos guste o no, todos vamos montados.

Quizás entonces este  gris y desolador panorama después de la batalla, aunque haya que colegir que incluso esta, la batalla, ha sido más bien una batallita de críos malencarados durante un recreo y que huele a derrota allá por donde coloques la nariz, varíe su colorido y sin llegar a lucir como el arco iris, ¡no nos vamos a pasar, qué más quisiéramos!, sí que presente una tonalidad más acorde con el sentido común que nos impone la tarea de afrontar estos complicados tiempos en los que andamos metidos y que en mi caso, por lo menos, me haga recapacitar mi próxima decisión electoral y me acerque hasta el colegio que me corresponda para introducir en la urna una papeleta, cualquiera, lo mismo da. Ese sí que sería un buen indicativo de que el panorama, después de la batalla que haya tocado, ha cambiado; y huele mejor.
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viernes, 17 de junio de 2016

26-J: ¡CUÍDATE, ESPAÑA, DE TU PROPIA ESPAÑA!


Haciéndonos eco del significativo verso de César Vallejo. Estamos en capilla. Apenas faltan unos días. Dicen que nos la jugamos. Aunque tampoco creo que sea para tanto. Yo, por menos, sigo en mis “trece”. No es que sea un cabezón pero estos políticos hace tiempo que han dejado de convencerme. El próximo domingo no seré como uno de los corderitos del dibujo que he insertado entre estas líneas. Me abstengo Y por encima de otras consideraciones se me impone la idea de que estos políticos al no tener nada mejor que hacer se aferran a la barca. Con uñas, dientes, y lo que haga falta. No quieren, ni por lo más remoto, dejarla navegar sin su presencia. Se empeñan en continuar subidos a su cubierta... Claro, con la “barcaza” y la “cubierta” estoy refiriéndome al gobierno de este país. Sí, serían estos políticos como los invitados a una fiesta. Una vez que llegan ya no hay dios que pueda desembarazarse de ellos, que sepa echarles de casa. Claro, con la “fiesta” y la “casa” estoy refiriéndome al gobierno otra vez.


Pero menos mal que la poesía ha vuelto a acordarse de mí y a echarme una mano para aclarar un poco el panorama. Y titular este artículo. En este caso César Vallejo y el segundo verso de su poema XIV contenido en el libro “España, aparta de mí este cáliz” (paradigmático título, ¿verdad?). En él, y en el poema XIV, el poeta habla de España. Y me enseña, y esto me tranquiliza un poco, que las cosas, desde la década de los 30´ del siglo pasado, cuando Vallejo escribió esos versos, tampoco han cambiado demasiado. Por desgracia si no seguimos igual, seguimos parecidos. Por eso el poema XIV nos enseña a conocernos mejor ahora. Y eso no tiene precio. Ése es el milagro de las cosas imperecederas.

PS,- Y un detalle nada más: cuando Vallejo termina el poema con ¡Cuídate de la República!/¡Cuídate del futuro!...  no nos equivoquemos ni nos echemos las manos a la cabeza, y menos aún en estos tiempos que corren, República no es sino otra de las formas que tiene el poeta de referirse al “pasado” contraponiéndolo a futuro, como antes ha hecho, entre otros, con héroes y muertos. Que vosotros lo disfrutéis.

XIV
¡Cuídate, España...!
¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…


 
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domingo, 12 de junio de 2016

LA LIGA BBVA ES UN TURRE. Y LA LIGA ENDESA NO LE VA A LA ZAGA

El deporte no para. Esto es como una partida de mus. Cuando no se está atento todo “pasa” y “se fue”. Y luego ya no vale decir que tenías pares. Ha pasado. Se fue.

Por eso las correcciones que he tenido que hacer estas semanas a un libro que espero se publique en septiembre me han dejado fuera de juego, como a ese sufrido y lento jugador de mus, Pero gracias al increíble invento de la “televisión a la carta” he podido resarcirme y mantenerme en el juego. Aunque sea a deshoras. Y en diferido.

Pero que me sirva para levantar acta de aquello que más me ha llamado la atención y/o de aquello que más me ha hecho disfrutar:

Las grandes ligas del fútbol europeo, a la espera de la Eurocopa y de la Copa América donde el balón ya rodará esta semana, han concluido. ¿Resultados? Los mismos de siempre. Los mismos coñazos de siempre. Salvo una honrosísima excepción que a todos nos ha mantenido en vilo y nos ha dibujado, al final, una sonrisa en el ánimo: el Leicester City en la Premier League.

Aunque Ranieri ya se lo habría advertido a su modesta plantilla antes de comenzar la competición. Atentos muchachos, venía a decir para armarles de moral, ésta es una Liga muy rarita. Lo que no era sino otra manera de de decir que la Premier es una Liga muy competitiva; la más competitiva de toda Europa, por lo menos; donde los ganadores y perdedores no siempre son los que los oráculos del balompié y aficionados se esperan; donde los marcadores son más inciertos. Y las apuestas tienen su razón de ser y hacen el agosto durante todo el año.

Y así de bonito le luce el pelo a la Premier. La incertidumbre genera diversión y competitividad y la diversión y la competitividad, interés y estadios llenos.

No en vano la Premier es, y seguirá siéndolo, la Liga más atractiva del mundo. Un somero repaso a la clasificación final de esta Temporada 2015/16 nos ayuda a entenderlo. Leicester City 81 puntos, 23 partidos ganados, 12 empatados y 3 perdidos; 68 goles a favor y 36 en contra.

Lo que ha sido posible, y esto parece que a mucha gente se le olvida, gracias a que, entre otros, el United, el Manchester City, el Arsenal, el Liverpool, el Chelsea; vaya los gallitos ingleses, se han pegado de morros contra los adoquines de la derrota. Arsenal, 20 partidos ganados, 11 empatados y 7 derrotas; Manchester United, 19, 9 empatados y 10 derrotas; Manchester City, el mismo y pedregoso sendero: 19, 9 y 10 derrotas; Liverpool, 16, 12, 10 derrotas; Chelsea, idem de idem: 16, 12, 10 derrotas y, por no agotar al personal, el moribundo Newcastle, 9, 10 y ¡19 derrotas!

¡Sí, cuánta razón tenía el bueno de Claudio: sí, una Liga bastante rarita y… apasionante! Justo lo contrario, para entendernos, que la nuestra, donde los ronquidos resuenan en las butacas de casa y en las de los estadios ni tan siquiera eso, ya que cada vez se escuchan menos ronquidos pero porque cada mañana o tarde hay menos aficionados que deciden comprar una entrada para sestear a la intemperie.

Echemos un pequeño vistazo a la clasificación final porque hasta sus números aburren y anestesian: Barcelona, 29 partidos ganados, 4 empatados y 5 perdidos; ¡112 goles a favor! y 29 en contra; Real Madrid, 28, 6 y 4 derrotas; 110 goles a favor y 34 en contra. El Leicester City mismo apenas hubiera sido 4º, a ¡10 puntos del Barcelona!

Y algún despistado podría preguntarnos, ¿es que en esta Liga los demás equipos, que no son ni el Barcelona ni el Real Madrid (que este año nos perdone el muy meritorio Atlético), juegan con 10 o con los pies atados? Y nosotros le responderíamos que no, que lo que pasa es justo lo contrario a aquello que Ranieri decía de la Premier, esto es, que la nuestra es una Liga normal, esto es, predecible, por usar un adjetivo en las antípodas de “competitiva”; vaya, un auténtico ladrillo.
Claro que luego el Real Madrid gana la Champions y todos tan contentos. Pero como diría Lobo, el personaje que Harvey Keitel interpretaba en el Pulp Fiction, de Tarantino, vamos a dejar de hacernos pajas. Que nuestro fútbol y Liga de las Estrellas (sic) aburre a las moscas. Que los chavales tienen que hacerse del Madrid o del BarÇa o claudicar y aficionarse al fútbol que se practica en otros países. Porque a veces tengo la sensación de que el resto de nuestros 18 equipos funcionan como las verdaderas canteras de los otros dos. Jugador que destaca, jugador que los dos grandes tragones se llevan a la boca. Por lo que a esos 18 que juegan, nadie sabe muy bien para qué, quizás deberíamos empezar a llamarles y conocerles por las letras del abecedario, como a los animosos equipos filiales, Real Madrid B, Real Madrid C, Real Madrid D, … Real Madrid J. O Barcelona M, Barcelona N,… Barcelona R.

Pero que, este año, todo sea por el Real Madrid y por su.. ¿11ª? Champions. Pero a mí me da igual la cifra si la “orejona” se levanta al precio de tener una competición nacional en la que se respira el “ambientazo” de aquellos fumaderos de opio que vimos en Érase una vez en América, otra película, la última de Sergio Leone.

Y sí, iba a hablar de más cosas, pero se me acaba el espacio. Se fue. Pero aunque sea de pasada, hablar de Iker Irribarría, el fenómeno guipuzcoano de 19 años, flamante y alucinante vencedor del reciente Manomanista y que, como el Tiger Woods de sus mejores años, nos va a obligar a alargar los campos o los frontones, en nuestro caso. Pero este chaval de Arama parece que va en serio con su golpe bestial, su sangre fría, su cara de “yo-no-he-sido”, de no haber roto un plato en su vida. O hablar, y no pararía, de los Warriors, con su histórico 73-9 en Temporada Regular que, después de unos apasionantes playoffs, se enfrentan a los Cleveland de un LeBron James con ganas de revancha, que seguro quiere ajustarle las cuentas a un Curry demasiado unánimemente ensalzado, en unas finales que prometen tanta o más emoción y espectáculo; unos playoffs, y unas finales raritas, como las calificaría Claudio; tan raritas como normalitas están siendo y serán las nuestras, las de la ACB… ACB…¡Schhh…! Llega la hora de echar una buena cabezada. Nuestra final este año es la misma de los últimos cinco años. El Barcelona la ha alcanzado por ¡10º año consecutivo! Sí, los párpados empiezan a pesar y a cerrarse lentamente… Sí, tengamos, por lo menos, felices sueños aunque, entre nosotros, siempre ganen los mismos.

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