jueves, 17 de agosto de 2023

ERIC CARMEN & SERGUEI RACHMANINOV

Yo, que me prodigo en este blog con los PARECIDOS RAZONABLES, se ve que no estoy suficientemente al loro, y entonces se me adelanta cualquier torito. O eso o que el mundo es tan grande que da para todo y que, con tanta artillería, siempre acaba cogiéndote desprevenido.

Y esto es lo que (me) ha pasado el otro día, cuando he descubierto que el 2º movimiento, el precioso adagio, del 2º concierto para piano de Rachmaninov tuvo ¡una versíon "popera"! en el tema All By Myself que cantaba Eric Carmen (¿quién dice usted?), y con el que el muchacho y su discográfica se hicieron de oro.

Cierto es que en este caso no se trata de un clásico caso de PARECIDOS RAZONABLES sino, más bien, de una versión de Rachmaninov pura y dura. Yo aquí os dejo con las dos piezas, una, la de Carmen; la otra con Hélène Grimaud al piano y el superlativo Claudio Abbado en el podio, en un registro del Festival de Lucerna de 2008. Y como siempre, la última palabra, toda vuestra.

Eric Carmen,-





Serguei Rachmaninov-




  

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domingo, 13 de agosto de 2023

EL VERANO Y LOS INCENDIOS





Aunque por los lares por donde resido y por donde me suelo mover, no azota la chicharra, sino que es más bien, y por momentos, el vientecillo norte, con una notable dosis de humedad, el que hace que no pierdas de vista dónde coño has dejado la chupa, no por ello, digo, me olvido del resto de la "piel de toro" donde al calor, los metereógos de la televisión, le han colocado un color rojo intenso que asusta por sus similitudes con el color que bien pudiera tener las paredes del mismísimo Infierno.

Y no es para menos. En muchas zonas del Sur, o a decir verdad, en casi todas, de Madrid para abajo, los 40º se han convertido en el nuevo miembro de la cuadrilla: un espantoso pelmazo al que nadie ha invitado a unnirse a la fiesta y que no te lo quitas de en medio ni a cañonazos. Pero el cabrito de él, no contento con eso, con meterse en nuestra misma cama e impedirnos conciliar el sueño durante toda la noche con su insufrible y calurosa verborrea, se ensaña con nuestros montes y les mete un repaso que los deja más pelados que al mismísimo Kojak, calcinados hasta las uñas, y con más parecido a la Luna que a la Tierra que es donde, realmente, están o... ya no: donde estaban.

Y cuento toda esta batalla al hilo de que el otro día un amiguete me envió la presente peliculita (apenas un par de minutos, y que os he dejado arriba) y que es, sin embargo una gran película. Y eso que tiene ya casi 100 años sobre sus espaldas pero que, ya en su momento, ya fue reconocida con el Oscar al Mejor Cortometraje de Animación del Año. Y alguno me dirán que ya no tienen años para dibujitos pero yo, entonces, les recordaría que estamos en verano, y que en verano a todos nos sale esa vena infantil o juvenil (¡esas terribles bermundas!) que nunca deshechamos del todo y que, además o sobre todo, se trata de una (digámoslo ya) peliculaza que nos podría alertar sobre los peligros de esos incendios provocados que, ahora en veranito, se convierten en tan cotidianos como los turistas que inundan esas ciudades conocidas por todos, y que haría palidecer a más de uno de esos súper creativos de publicidad que atestan cualquier Agencia y cuya última y lamentable ocurrencia habría podido ser aquel y yo no soy tonto con el que se despachaba a MediaMarkt, y que no sólo es un malísimo anuncio sino que, además, es mentira.


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viernes, 11 de agosto de 2023

SIXTO RODRÍGUEZ. DEP.



Ayer, con motivo del reciente fallecimiento de Sixto Rodríguez, a los 81 años, volví a ver su documental Searching for Sugar Man (2012), de Malik Bendjelloul, que en su momento ganó el Oscar, aunque esto sea lo de menos, y que nos habla sobre su increíble peripecia, sobre su música y su persona, súper popular en Sudáfrica, donde vendía más, y era más conocido que el mismísimo Elvis Presley, pero del que el resto del mundo, incluido su EEUU natal, no había oído hablar más que a las nubes.

Tan era así que todavía revisando el documental me asaltaban las dudas sobre que no fuera un "falso documental", tipo el Grizzlie Man, de Herzog, y que el propio Sixto no fuera un persnaje ficticio. Pero ayer se disparon las dudas, porque los medios se hicieron eco de que Sixto había fallecido, muy discretamente, tal y como había vivido. Luego, y de manera irónica, la muerte le ha convertido, finalmente, en una persona, a ojos de cualquiera, tan real como tú o yo que estamos leyendo o redactando estas líneas.

Aunque lo que de verdad resulta, al menos para mí, lo más valioso del documental es el cruel retrato que en él se hace sobre la Fama. Y la escribo con mayúscula porque creo que la Fama es el personaje central de este documento sobre Sixto Rodríguez; ese escurridizo y puñetero personaje, la Fama digo, que siempre quiere acaparar todo el protagonismo y al que el genial Rudyard Kipling le paró los pies con su inmortal If... escribiendo aquello que hoy se puede leer en el marco que precede a los jugadores antes de saltar a la Pista Central del Old England Tennis Lawn de Wimbledon:

(...)
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same.

Pues eso, que un poco de humildad nunca está de sobra. Ésa es la gran lección que Sixto nos deja con su persona y su música. DEP. Y os dejo con su emblemática I Wonder. Que la disfrutéis, que él sabrá reconocerlo allá donde ahora esté.


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miércoles, 9 de agosto de 2023

BEETHOVEN & ANTON KARAS, PARECIDOS RAZONABLES,

Nunca me lo hubiera imaginado, pero el otro día escuché la Sonata para violín y piano nº 8. de Ludwig Van Beethoven, y cuál no sería mi sorpresa cuando durante el tercer movimiento me vi trasladado a Viena (¿o acaso no fue la capital austríaca donde el insigne músico murió?), pero también a la Viena que Carol Reed retrató y a la que Anton Karas pusiera música con su inolvidable cítara (¿o acaso el "parecido razonable" no sería sino un guiño de Karas a la memoria de su colega?).

Yo, por si las moscas, aquí os dejo las dos piezas, y a ver qué os parece o a ver si me he vuelto loco, que todo es posible en estos tiempos:

Beethoven



Karas
















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jueves, 3 de agosto de 2023

EL VERANO Y LOS LIBROS

 

Ya estamos en agosto. El mes de bakatas por excelencia, el mes para tocarse las partes pudientes más a gusto, pero para no dejar descansar a la más pudiente de todas; ésta sería, la cabeza. ¡Esto nunca! La cabeza siempre debe estar en funcionamiento. No sabrían las neuronas lo que es pasarse un minuto, si acaso, tumbadas a la bartola. Por eso, incluso en agosto, debemos darles cañota. Con un libro, por ejemplo. Y dejarlas que se ejerciten en la lectura. Y el tiempo libre, y agosto sería  el mes que más tiene de esto, es el terreno ideal donde explayarse repasando con la mirada esas líneas paralelas donde se nos cuentan tantas cosas.

Yo, por esto, siempre con un libro en mente o bajo el brazo. E incluso, el libro que ahora me traigo entre manos, en este caso, Un brindis por San Martiriano, del cineasta Albert Serra, el de Pacificion (Mejor Película del 2022, según la mítica revista Cahiers du Cinema, y como podéis suponer, cuasi-desconocida por estos lares nuestros), y donde se recoge, sí, el brindis, el pregón que Albert pronunció con motivo de las fiestas de su pueblo natal, Banyoles, y que estaría ahondando en lo mismo que llevo escrito hasta ahora: si las neuronas no descansan ni en agosto, carnaza, y de la buena como el propio Serra señala en su libro, en una cita que no le corresponde precisamente a él, pero que es mérito suyo (y, obviamente, de Charlie Munger que es el autor) haberla incluido en el libro. Y dice algo así como que, no he conocido nunca a una persona sabia (sobre una gran cantidad de materias) que no se pasara el día leyendo: ni una, cero.

Y así, démosles a las neuronas material con el que distraerse, letras con las que poder enredarse de los pies a la cabeza, ideas, ideas nuevas o viejas (ésas que corroboran lo que ya sabemos y que, por eso, tanto nos ponen y congratulan,…o, incluso, ninguna idea… ¡¿Cómo que ninguna?!, saltaría al momento el interpelado, y yo reafirmándome, sí, sí, has oído bien: ninguna idea. Y entonces, quizás, el aludido me respondiera, sí, me estás leyendo el pensamiento, Toni: eso me pasa a mí, como nada se me queda y todo se me olvida, decidí en su momento pasar de leer. Y en éstas sigo. Y yo repetiría el consejo, porque incluso en esa circunstancia, lee y le citaría, a continuación, aquel ejemplo del sabio que colocaba un cedazo debajo de un chorro de agua cristalina, y después de unos segundos cerraba el grifo y preguntaba a su alumno, qué ha quedado del agua en el cedazo. A lo que el alumno, mirando perplejo el brillante cedazo, respondía, nada, maestro, no ha quedado nada. Efectivamente, respondía el sabio, no ha quedado nada, pero ¿no luce el cedazo más limpio, más brillante? Y al alumno no le quedaba más remedio que asentir. Pues esto pasa con los libros y con la mente, concluía el sabio su master class: aunque creas que nada se ha quedado en ella, con la lectura siempre estará más limpia, y será más brillante.
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viernes, 14 de julio de 2023

HAGAMOS PIÑA, POR FAVOR

Creo que, aunque nos suene a chirigota, la clave de la solución a casi todos nuestros problemas tiene nombre de fruta: “piña”. Porque, en el fondo, se trata de eso: de hacer piña. De remar todos juntos. De ser parte de una misma trainera. De un mismo equipo de hombres y mujeres. Esto es: o arrimamos todos el hombro, cada uno con las fuerzas que Dios le haya dado, o de aquí no sale nadie (vivo).

Por eso, resulta tan necesaria esta  piña de la que ahora hablo, y que no brota de la tierra sino que entre todos nosotros debemos cultivar y que, a modo de devolución de favores, ella no sólo nos dará a cambio de comer, sino que además nos suministrará techo, coraje y consuelo cuando los necesitemos, durante estas puñeteras épocas de vacas flacas por las que, demasiado a menudo (¡ay!), a todos nos toca pasar.

Y cuando pienso un poco en todo esto, no dudo ni por un instante en que esta piña, esta gratificante sensación de formar parte de un colectivo que me acoge, que consigue que me sienta indestructible, vaya, que puedo con todo aquello que este mundo vaya a echarme encima, no la he sentido nunca igual a cuando la experimentaba durante aquellos años en los que el Colegio, en el que estudiaba (poco) acudía en pleno a la Basílica de Begoña a dar gracias a la Amatxu, y los 2500 alumnos que éramos (alumno arriba, alumno abajo) nos distribuíamos en los bancos  de menor a mayor edad, de menor a mayor curso.

Curiosamente yo, en mis recuerdos, siempre me imagino sentado en los bancos delanteros. O sea, siempre me imagino “pequeño” pero gracias a ello escuchaba, cuando tocaba, las voces de los otros, de los más mayores que se colocaban detrás, llegando hasta mis oídos mágicas, amplificadas por el eco del lugar, rotundas, poderosas, llenando y vistiendo hasta el último rincón de la majestuosa Basílica, mientras mis ojos, atrapados por la emoción, no se apartaban del frente, del altar embellecido como nunca, donde varios sacerdotes (en esos días especiales siempre había más de uno) oficiaban la Misa y el pelo, lo que no me suele ocurrir por cualquier menudencia, se me ponía de punta. Y con un nudo en la garganta podía creerme, entonces, el rey del mundo; y yo, uno de los más pequeñarras del Colegio, ocupando súper formal su sitio en uno de aquellos bancos delanteros, como si en mi vida hubiera roto un plato (¡si aún no había tenido tiempo!) podía, incluso, hacer frente al mismísimo Mike Tyson y ponerle a correr por patas ante mi gesto firme y convencido.

Y es que la “piña” tiene estas cosas. Aunque irónicamente, en los presentes días que corren que se las pelan, no dejamos de negarnos a formar parte de una de ellas. Como si nos avergonzara. Como si fuese de cobardes. Y nos gusta, entonces, salirnos y desembarazarnos de la “piña”, e ir siempre a nuestro aire, a nuestra bola, siempre por nuestra cuenta (y riesgo) a todas partes; y si te he visto no me acuerdo, y a los demás que les den sopa caliente.

Pero así nos van las cosas de bonitas, escribía antes, creyéndonos los amos del cotarro, sin acogernos a nadie, más solos que la una menos veinte. Aunque, en realidad ridículos “amos del cotarro”, egoístas, insolidarios, pensándonos  siempre los más guapos y listos, y valga la redundancia, de la clase y sin que nadie nos haya preguntado nada, sin que a nadie le importe un rábano nuestra belleza y nuestra sabiduría, porque por algo esas virtudes (sic) son sólo nuestras, y sólo a nosotros nos incumben.

Y así seguimos. Y así nos va. Solitos. Y cuando surge algún problema, pero de esos gordos, de esos de verdad, ¡ay!, ¡qué bajón!, ¿no hay nadie con quien pueda hablar?, ¿no hay nadie que pueda echarme un capote?, ¿a mí, al más guapo y listo de la clase? Claro, seguimos sin enterarnos de casi nada. Porque sólo siendo parte (y arte) de la piña, sólo acogidos al resto de semejantes podremos sentir ese alivio tan necesario para esos momentos jodidos, sólo siendo piña podremos respirar juntos y… tranquilos.

Por eso yo, cuando las cosas me vienen mal dadas, reseteo y vuelvo a Begoña a sentarme en uno de sus bancos delanteros. Y vuelvo a fijar los ojos en la Amatxu y es, entonces, cuando hasta mis pequeños oídos llega desde atrás aquel vozarrón de los más mayores, cantando aquello de,

Virgen de Begoña,

Madre de mi Dios,

desciende tu manto

y cobíjanos.

¡Oh, Virgen de Begoña,

oh Reina de Bizkaia,

alzad, alzad los brazos

que suben hasta Tus plantas!

Míranos con amor…(1)

… y yo, entonces, carne de gallina. Pero nunca solo. Siempre acompañado. Siempre formando parte de una piña. Sí, de la más dulce, de la invulnerable. 

(1) Aún busco esta canción. Agradecería a cualquiera que pudiera echarme un capote para encontrarla, y no pensar que la he soñado.
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lunes, 10 de julio de 2023

FAREWELL BBK LIVE 2023

Ayer me di una vueltilla por el BBK Live, para que no se diga, y elegí el concierto de Ángel Stanich del que me habían hablado muy bien. Y fui a pesar de la hora a la que estaba programado el concert, ¡a las 15,30!, y a pesar de la chicharra que cascaba a esa hora intempestiva.

Pero a pesar de todos estos pesares el Escenario Vueling, que así se llamaba el lugar donde Ángel iba a tocar (la pasta ordena y manda en nuestros días, ¡sniff!: empleados ataviados con uniformes Vueling repartíeron abanicos con el logo de la compañía aérea para sacudirnos de encima el bochornazo), ubicado entre las robustas y acristaladas Torres Isozaki, que el arquitecto japo del mismo nombre había disreñado y construido, estaba lleno hasta los topes (cierto, el concert era gratis: bereziak) y con la peña con muchas ganas de pasar un buen rato. Y Stanich, en ese sentido, no se iba a hacer de rogar. Tocó una horita, que a muchos nos supo a poco, pero ya se sabe, donde manda Vueling no manfda marinero. Esto es lo que hay en estos tiempos que sólo saben cotizar en Bolsa.

Pero si nos olvidamos del abuelete cascarrabias, la cosa estuvo más que bien. Para empezar y antes de que Ángel se subiera al las tablas sonó el majestuoso Main Theme de Twin Peaks, lo que habla, y muy bien, de los gustos de Ángel. Aquí os lo dejo para que vayáis entrando en calor,

Y cuando terminó Badalamenti, el concert empezó. 9 temas. La peñota tararreando las letras y Ángel brincando mientras rasgaba su guitarra acústica. Delgadito, delgadito, una especie de flautista de Hamelín (a lo Ian Anderson) con mucha barba y mucho descaro. Me lo imagino a gusto en mitad de una bronca. Entre los 9 temas, y para que os hagáis una idea, este Escupe fuego,


Y a las 16,45 Ángel terminó. Bajo las notas del Centro de gravedad, de Battiato el grupo se despidió bailando (sí, impecables sus gustos musicales) y la peña siguiéndoles el rollo a él y a la bonita canción de Franco, brincando a lo loco. Era de lo que se trataba, ¿no? De perder, irónicamente, el centro de gravedad durante 60 minutos y olvidarnos, durante esa horita, de que en Ucrania la gente muere como moscas, de que, seguramente, algunas pateras estén rellenando los últimos y pírricos huecos que quedan libres entre sus endebles maderos antes de ser lanzadas a ese Mare Nostrum, que a ver si nos enteramos, traducimos del latín y nos convencemos de que es un mar "de todos nosotros" y de que, por lo tanto, a todos nos atañe lo que en él suceda. Seguro que Ángel suscribiría el deseo.



Pero ya finito: y la baskota preparándose para subir a Kobertas, y yo preparándome para subir a casa a comer y ver el Alcaraz-Jarry. Tenía hambre. ¡Coño, eran casi ya las cinco y media! Y pensé que posiblemente en estos tres días de Festival habría habido otros conciertos tan buenos como éste de Ángel Stanich, pero mejores, lo dudo. 
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