Y quizás sea entonces una buena hora para soltar algunas de las reflexiones que dicho Campeonato me ha sugerido durante el último mes. Y empiezo rapidito para que no se me haga tarde:
- Y voy con lo primero, los minutos de silencio que se guardaron en los estadios, cuando correspondía. Aunque sobre el que se guardó en el partido que enfrentó a Egipto e Irán ya dejé constancia en la entrada en este mismo blog publicada el 27 de junio con el título precisamente de Minuto de silencio. Así que no me repietirá y haré extensiva su enseñanza; una enseñanza, que bien analizada, también resulta dolorosa ya que parece decirnos que en las desgracias el ser humano parece que se hace piña olvidándose de todas las posibles diferencias que pudieran haber y sentir entre ellos; y sin embargo, en las alegrías (¡ay!), no ocurriría lo mismo porque donde salta la alegría asoma también la tristeza; donde uno gana siempre lo hará porque hay otro que pierde. Sí, esto es lo que hay, que diría Vonnegut.
- Y ahora la segunda sugerencia, que haría referencia a las polémicas pausas de hidratación. Tres minutitos en cada una de las dos partes del partido: seis minutitos en total. Pero para los puretas taanto tiempo- sic- rompe el ritmo del juego, las dos partes reglamentadas se convierten ahora en cuatro y que así el fútbol deja de ser fútbol y se convierte en otra cosa. Pero y, seamos sincerotes, porque en esos seis minutitos adicionales además de hidratardse los jugador a nosotros, los que vemos el partido por tv, nos endiñan una casacada de anuncios, una directísima y precisa publicidad- porqie ¿quién es el guapo que decide levantarse del butacón y dejar de seguir el partido sólo por tres minutitos de anuncios? Claro, ¡todos no los vamos a tragar todos!, que por algo estamos en una pausa para hidratarnos- jeje.
<Pero para mí, que sería menos pureta que un caleidoscopio, o más retorcido que un tirabuzón- a elegir, estas pausas de hidratación me han supuesto una grata sorpresa. Cuando no existían los partidos duraban 90 minutos más 1, 2, 3,..., unos- normalmente- pocos minutos que el árbitro solía prolongar por diferentes circunstancias que pudieran haber hevho que el juego hubiera estado detenido; por lo que esos minutos añadidos eran, usando ahora la jerga del baloncesto, auténticos minutos de la basura, donde los jugadores, sobre todo si sus equipos iban ganando, se entretenían en perder el tiempo simulando lesiones o juntándose con el balón en el banderían de corner y a ver quién era el habilidoso que se lo quitaba sin hacerle falta. Sí, un auténtico turre que, ¡hola!, las pausas de hidratación se han encargado, amablemente, de eliminar de los terrenos de juego.
Porque ahora esos 3, minutitos se han convertido, añadiendo los 4 o 5 por los cambios efectudos y ¡los 6 de las pausas de hidratación!, casi en ¡otros 15 minutos!; esto es, en media prórroga que elimina ipso facto la disposición a perder el tiempo porque todavía queda todo un mundo por jugar. Y así este Campeonato me ha regaldo unos últimos minutos de vértigo donde a nadie ae le ocurrido perder el tiempo- ¡claro, si todavía queda un cuarto de hora!- y donde, en su lugar, se ha luchado con el cuchillo entre los dientes- el jugador hidratado está más fresco: a nadie se le sube la bola- hasta el últimísimo segundo. Además estas larguísimas prolongaciones han terminado penalizando y castigando a los equipos menores, a aquellos que no tiene tanto fuelle, ni recambios en el banquillo para mantener las espadas en alto. ¿O no os habéis percatado de cuántos de estos débiles equipos han terminado doblando las rodillas en estas eternas prolongaciones? Nos podían dar penita pero recozcamos que es justo que el equpo con menos recursos entregue la cuchara y deje el banquete, o el Mundial quiero decir, antes de tiempo.
- Y por último, la tercera pero seguramente la más importante de las enseñanzas que ha chivado el Mundial y me pongo filosófico, como a mí me gusta porque me voy a referir a la tan necesaria trascendencia. En todos los órdenes de la Vida- con mayúsculas, por favor- siempre debemos apelar a una trascendencia que nos acoja y respalde, que nos haga sentirnos parte de algo más grande que nosotros, que nos empuje hacia arriba y a lo que nunca debemos dejer de perseguir; esto es, siempre perfeccionándonos.
Y en la competiciones nacionales de fútbol, como es caso de este Mundial del que venimos disertando, esta trascencencia la encuetran las selecciones en los países a los que representan y que les engloba. Sólo fijémonos ahora en Argentina y España, las dos selecciones finalisttas, y extremos opuestos de lo que quiero expone. Argentina, desde su beligerante himno, siempre con la vena hinchada, clamando venganza, por las Malvinas, por lo que sea pero siempre con la "patria" en la punta de sus lsbios, dirigiendo las tácticas y movimientos que sus muchachos realizarán sobre el césped. Habitualmente estos equipos suelen tner un plus de compromiso, un plus de fuerza competitiva. Y suelen llevarse el gato al agua; o sea, suelen ganar.
Pero, ¿qué ahbría pasado ahora en este Mundial 2026, y en concreto, en la finalísima entre Argenttina y España? A este nivel de trascendencia llevaría todas las de perder, y así hhabría ocurrido tradicionalmente. La selección española no tiene país que le acoja, mime y respalde, no tiene país donde caerse muerto. España sería una mera palabra de 3 sílabas, una teoría (geográfica) que no encuentra práctica en la que pueda desarrollarse. Cada uno es, antes de nada, hijo de su padre y madre, cada cual tira por su lado y que los demás se las arreglen como puedan; un país con una mala saluda de hierro, que escribía Ortega; un país que, enfrentado en estas circunstancia acon la orgullosa, debería haber vuelto a casa con una derrota dibujada en su frente y el rabo entre las piernas.
Pero no ha ocurrido así. ¿Y qué ha pasado entonces? Pues que Luís de la Fuente, el entrenador, ha encontrado un milagrosa solución trascendente. Ya que España, país, no existe, ya que quedamos huérfanos de la saludable trascendencia, no bajemos los brazos y busquémosla en otra parte. Y Luís, y he aquí su genialidad, la ha enconrtrado, así que ¡pongamos Equipo en lugar de país!
¿Cuántas veces sino habéis oído hablar durante estos días de Equipo, de Equpo para arrba, Equipo para abajo, lo único que importa, lo más importante, la colmena a las tantas veces ha aludido Luís desde la gratificamte lectura de Marco Aurelio y de sus fundamentales e inagotables Meditaciones, porque lo que es malo para la abeja, lo es también para la colmena. Y entonces el país ya no es país, es colmena, es Equipo trascendente y así puede irse a cualquier sitio, a ganar un Mundial por ejemplo, a ser, al decir de todos, EL MEJOR EQUIPO DEL MUNDO, y olvidémosnos de un país que, de momento, ni está ni se le espera. Porque apelando a este trascendenre y necesario Equipo ya hemos logrado la 2ª Esrella. Y ahora que conocemos el secreto, ¡cuidado!,¡vamos a por más!
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