jueves, 28 de diciembre de 2017

ÚNICOS Y GENIALES: FELIZ AÑO

Bueno, el año que se termina. ¡Adiós, finito, caput! Quien le eche de menos que se arrasque porque una de las cosas contra las que nunca podremos luchar en este mundo es que lo que se va ya no vuelve.

Por eso, y ante eso, paciencia. Y ver en su lugar su lado bueno. Que lo tiene, aunque a veces nos cueste dios y ayuda encontrarlo y podamos, entonces, pensar que no existe, que todo, y este mundo en concreto, es una mierda, y todo nos da igual: que a Trump le vaya bonito con lo que quiera hacer y a los yihaddistas lo mismo, y a Kim Jong-un lo mismo, jugando con sus misiles de tan corto alcance como su cabeza, y a los demás idem de ídem.

Pero por ahí mal vamos: cada uno con su movida: mal negocio, coleguitas. Porque de esta (mala) manera un día veremos las hostias a distancia y al otro, sin embargo, tan de cerca que nos dejarán la cara como el Ecce Homo de Borja. Así que al loro: que el mundo no sea tan dulce como un polvorón (ya que estamos en Navidades) no debe darnos permiso para tirar todo por la borda o tratar de “endulzar” la vida con un poquito más de vinagre. Lo bueno y lo malo se estrechan siempre las manos. Tampoco contra eso se puede luchar pero sí, en cambio, y sería ésta mi última propuesta del año, extraer de ello esa pizca de excelencia que es lo que, en definitiva, nos hace ser tan especiales.

Por eso, y a modo de ejemplo, os dejo, y dejo este 2017 que se muere, con Uliana Lopakina bailando, y ¡cómo!, La muerte del cisne, que también se muere como el año con sus buenos y malos momentos.
 
Y es que si somos capaces de hacer de la muerte algo tan emocionante y hermoso quizás entonces, aunque a veces nos cueste creerlo, seamos únicos y geniales. Demostrarlo o no ya es otro cantar que dependerá de cada uno de nosotros. Pero hacedme caso por una vez y, por lo menos, intentarlo: únicos y geniales, sí, y ¡¡¡Feliz 2018 para todo quisqui!!!


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sábado, 9 de diciembre de 2017

CARLOS BOYERO, DESHEREDADO


Todo el mundo sabe que filmaffinity es un portal de Internet donde se habla de cine y se valoran las películas, después de dar cuenta del argumento y de sus principales créditos, en una escala que va del 0 al 10 en función de las opiniones que emiten los usuarios debidamente registrados.

Pero es que además, la ficha de cada película se completa con un resumen de las críticas que algunos de los más renombrados expertos de este país han publicado en la prensa y revistas especializadas; este es el caso del señor Carlos Boyero, conocido y re-conocido crítico cinematográfico (¿cuántas películas habrá podido ver en su vida?); sin duda, uno de los más valorados y consultados por los aficionados después de haber trabajado para la prensa escrita del todopoderoso El País, perteneciente al más todopoderoso todavía Grupo Prisa, y para el más modesto El Mundo.
 
Así que por filmaffinity supe que el señor Carlos Boyero, en las páginas de El Mundo, calificaba a la majestuosa (para mí, por lo menos, que también he visto desde los 16 años bastante películas- y ahora tengo 52) Stalker, del no menos majestuoso (para mí, por lo menos) cineasta ruso Andrei Tarkovski, con una escueta y única palabra: “aburrida”, y se quedaba, me supongo, tan ancho.

Aunque yo tampoco es que me quedara demasiado “estrecho”. Las opiniones de estos críticos hace ya mucho, mucho tiempo que han dejado de servirme de referencia alguna. Menos todavía la del señor Boyero cuyas líneas siempre me las he saltado “a la comba” y cuyos gustos cinematográficos difieren de los míos como una gamba a una lima de uñas.

Por eso me importaba un carajo el adjetivo “aburrida” usado para des-calificar la excelente Stalker, porque tampoco quiero, ni me imagino que puedo, entrar en una discusión con el señor Boyero. Con ella, además, tampoco iba a ir a ninguna parte. Luego quedamos en eso de que para gustos no hay nada escrito y punto pelota.

Porque a lo que voy, o a lo querría ir con esta entrada, es a otra parte porque, días después, me encontré con el cortometraje Los desheredados de la cineasta Laura Ferrés nominado en su correspondiente categoría para los Premios de Cine Europeo de este año, después de haber ganado el premio Leica Cinema Discovery al Mejor Cortometraje en competición en el Festival de Cannes, ni más ni menos.

Y entonces me acordé que estos desheredados de Laura Ferrés yo ya los había visto este mismo año durante la selección de cortometrajes para ZINEBI, el Festival de Cine de Cortometraje y Documental de Bilbao. El cortometraje fue seleccionado para el Festival pero quise repasar mis motas porque me sonaba que la película me había parecido una castaña. Y abrí el cajón, cogí las notas que escribo mientras veo los cortometrajes y, efectivamente, ahí estaban Los desheredados, a los que había calificado con un 1 sobre 3, siendo 3 el máximo, y terminando mis notas con un dramático ¡SOS! por el que clamaba una urgente ayuda que me despertara del sopor en el que había caído durante su visionado.

Luego, con Stalker y Boyero, y Los desheredados, las preguntas se me imponían con urgencia. ¿Dónde coño queda la objetividad?, ¿o acaso la puñetera no existe, y en su lugar sólo existe el más crudo relativismo?, ¿el “todo depende”, y el más caprichoso y pretencioso todavía, “todo depende de mí”? Y lo peor, ¿adonde nos lleva este relativismo a-toda-costa?, ¿no nos lleva a un sabio pero ignorante estado que ignora que es un ignorante estado?

Sólo sé que no sé nada, decían aquellos benditos griegos del pasado y nosotros, en este siglo XXI, nos vamos acercando a ellos, pero por caminos opuestos, por la puerta de atrás. No pensamos que no sabemos nada, sino justo al contrario, que lo sabemos todo o, por lo menos, tanto como cualquiera, y así nos van las cosas.

El relativismo nos obliga a caminar entre arenas movedizas, y con el arte y con el cine, que es de lo que estamos escribiendo, este terreno es, particularmente, pantanoso. ¿Qué película está bien o mal o regular, y en función de qué criterios? Y oímos la respuesta, todo depende y todo depende de cada uno. O sea, que no hay criterios. Y las consecuencias a este aserto nos esperan a la vuelta de la esquina, a la salida del cine: si la película te ha gustado, la película es buena; si no te ha gustado, la película es mala. Y punto pelota otra vez.

Pero yo a lo mío: así no vamos a ningún lado… o a lo mejor sí: al lado en el que todo da igual, en el todo se olvida a toda leche, al lado en el que, parafraseando a Woody Allen, el cachondeo no deja de ser la mayor de las tragedias más el tiempo necesario para que las lágrimas dejen de resbalar por nuestras mejillas, a ese lado, en definitiva, del todo depende y depende de mí, que para eso sé más que nadie o tanto como cualquiera, ¡¿qué pasa?!
 
 
Nada, tranki, no pasa nada... O sí que pasa, ¡qué coño! Pasa, por ejemplo, que necesitamos criterios objetivos y razonados que nos ayuden a despejar el grano de la paja. Pasa que necesitamos que nos expliquen los porqués, y así descartar los porque sí, o los que porque yo lo valgo o yo lo digo. Y entonces el señor Boyero, y tantos otros como él (no me duelen prendas en reconocer que, aunque trate de evitarlos a toda costa, a veces yo también caigo en esos porque sí), dejarán de deprimirme por partida doble. Por parecerme unos charlatanes-siempre-sin-criterio, y porque esos charlatanes-siempre-sin-criterio, en estos mercados tan volátiles y relativos como los que frecuentamos hoy en día (¡que ellos mismos habrían creado con sus alegres pareceres!), se cotizan a precio de oro. Sí, charlatanes por eruditos, y opiniones por verdades. Y esto nunca me ha parecido ni me parecerá de recibo.

 
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viernes, 24 de noviembre de 2017

BLACK FRIDAY

 
Como parece que hoy va a ser el Black Friday, el invento ese que la industria americana se ha sacado de la manga para vender más y más, y como a mí desde Bilbao este Black Friday me da por donde siempre me han dado las cosas que me interesan cerocoma, pero como a pesar de todo ello sigo reconociendo en la cultura yanqui más de un mérito que debería a muchos a animarnos a mirarnos en su espejo, sobre todo, en ese increíble sentido de comunidad que aún hoy continúan teniendo, como si la herencia de aquellos primeros Padres Fundadores de la Nación que arribaron a las que hoy son costas neoyorkinas, en el MayFlower y otros pasajes semejantes, inserto estos dos temazos del país de las Barras y Estrellas: el Black Market, de los Weather Report, con su connotación de "mercado negro", para quien quiera entenderlo, y el Friday On My Mind, del inolvidable Bowie, y compongamos, mezclando ambos títulos, nuestro muy particular y original Black Friday que espero que poco, o nada, tenga que ver con el que estos "capitales" americanos, tan derrochadores ellos, quieren convencernos a todos para que andemos de jauja, gastando pasta y pasta a lo tonto, incluso aquella de la que nuestros bolsillos no han visto ni la sombra.

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sábado, 11 de noviembre de 2017

CHIQUITO, SÓLO TU NOMBRE ERA PEQUEÑO

 
Estaba, más o menos, cantado. La muerte le andaba rondando desde hacía unos días, y ésta rara vez desafina. En cuanto te echa el ojo encima, te quita el corazón. Todo lo que tienes y todo lo que podrías tener, como diría el inolvidable William Munny de Sin perdón.

Así que esta mañana me despertado con la muerte del GRAN Chiquito de la Calzada. Para mí, el último gran humorista que ha rondado por este país de marras. con un sentido del humor, original, irreverente, surrealista por momentos, y que no desmerecería al lado de las mejores páginas de Miguel Mihura o Carlos Arniches.

Pero la muerte se lo tenía pedido, y cuando la maldita se encapricha con alguien hay que joderse. Ahí será nada el cachondeo que se pueda montar a partir de ahora en los Cielos, con sus andares y sus tonadillas flamencas. Mientras nosotros, aquí abajo, nos quedaremos con su recuerdo y sus chistes emitidos por televisión y hoy al alcance de todos en YouTube. Será casi igual, pero eso: casi.

Y puestos a elegir uno, vuelvo a quedarme (no me gusta repetirme, pero ese chiste es una debilidad) con el mítico, sí, mítico chiste del burro. Lo metí en su día como la 9ª pastilla contra la depresión, aunque bien podría ser la única porque, estoy seguro de que con ella valdría y sobraría para que muchas consultas de psiquiatría cerraran sus puertas por "cese del negocio".

Hace un rato se lo contaba a uno de mis mejores amigos y me daba la razón. Y añadía, y sin canutos, Toni. Touché. Porque, sin duda, sin canutos todo tiene doble mérito.
DEP.
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domingo, 5 de noviembre de 2017

DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO

Para Manu Abans

Yo a Abbas Kiarostami no le conocía personalmente, pero voy a hacer como que sí, porque algunos artistas, y Kiarostami era uno de ellos, no te dan la mano para que les puedas tratar de “tú” sino que, en su lugar, hacen películas, por ejemplo como Abbas, y a través de ellas los que disfrutamos de la suerte de verlas, nos vamos sintiendo cercanos al hombre que las ha rodado, familiarizándonos con él, al extremo de que al tercer o cuarto visionado de alguna de sus películas, ya nos sentimos como en casa, con arrestos suficientes para tutearle (aunque no nos oiga directamente), y adjudicarle, sin temor a equivocarnos, un puesto “entre los nuestros”.

O esto es, más  menos, lo que me ha ido pasando a mí con Kiarostami. Primero con A través de los olivos, su sexta película (si no cuento mal), allá por 1994, después, y sin orden cronológico, con El sabor de las cerezas que le consagró en 1997 con la Palma de Oro en Cannes, pero después, y ya ganándose un particular huequecito (del que va a costar sacarle) en mi particular lista de filias cinematográficas, y más aún, humanas, con su inolvidable Dónde está la casa de mi amigo, en 1987 (por lo que esta casa cumple este año 30 años), y con su secuela, cinco más tarde, Y la vida continua, ya en 1992.

Y como esta increíble facultad que atesora el cine de Kiarostami hace que me sienta tan cercano a él como a mi querido tío Kote, su nombre de pila Abbas siempre me recordará a otro gran amigo, y al que uno de sus mejores amigos, llamaba cariñosamente Abans, porque éste era su apellido.

Así que Abbas y Abans. Uno, el amigo desconocido, murió en 2016; el otro, el amigo conocido un poco antes. Y los dos prematuramente. Siempre ocurre lo mismo con los amigos de verdad. A Abans le di la mano muchas veces, trabajé y compartí con él muchos tragos y ratos divertidos. A Abbas no le di la mano nunca, nunca trabajé con él, nunca nos bebimos un vinito juntos y nunca llegamos a hablarnos. Pero vi sus películas. En especial Dónde está la casa de mi amigo que es como ese apretón de manos que nunca nos dimos, como ese currelo en el que nunca nos enfrascamos, como esa ronda que nunca nos bebimos o esa amistosa charla que nunca compartimos, pero, aun y así, el más entrañable abrazo que se ha podido tejer con celuloide.

Por eso cuando me acuerdo de uno me acuerdo del otro, y esa es una magnífica señal que me habla de dos hombres como la copa de un pino. Del uno lo sé a ciencia cierta porque le traté, del otro lo sospecho y apuesto, por sus películas, a que no me equivoco: Dónde está la casa de mi amigo, 30 años después, me lo confirma cada vez que la echo un vistazo. QDEP. Los dos. Estén ahora sus casas donde estén.
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miércoles, 1 de noviembre de 2017

POR DIOS Y POR TODOS LOS SANTOS

Escribo esto para la festividad del 1 de noviembre, Todos los Santos, y creo que fue hace 10 días, sobre el 20 de octubre o por ahí, pero lo que leí, fuera cuando fuera, me dejó perplejo y, ¿por qué no decirlo?... acojonado.


Un turista de 52 años había fallecido mientras contemplaba los interiores de la Santa Croce, la bonita iglesia florentina, al desprenderse de sus cimientos una piedra que fue a estrellarse fatalmente contra su cabeza. Cuando las asistencias se personaron en el templo para socorrerle ya no había nada que hacer. La muerte había sido casi instantánea.

Y enseguida a la perplejidad y al acojono que me produjo la noticia vino a añadírsele una perpleja, y acojonada también, reflexión personal porque algunos, entre los que insistimos en creer en Dios o, al menos, en que Algo que nos trasciende y que se encuentra más allá de todas estas circunstancias temporales que nos rodean y con las que, ¡maldito remedio!, no nos queda más opciones que convivir, existe y… puede, no sé cómo, vernos por aquí abajo.

Y asumo, ya desde que las películas de Bergman me lo enseñaron, en que este Dios, desde que Eva mordisqueó la manzana del Árbol de la Ciencia, no aparece por ningún lado, no nos habla y  guarda, erre que erre, un completo silencio. Pero es que además, como si su mutismo e invisibilidad Le parecieran poca cosa, muchos de los consecuentes de sus comportamientos, ¡tiene que ser Él!, nos dejan con la boca abierta en un sentido (asombro) o en otro (desconcierto y estupefacción). Sí, y eso ya me cuesta más. Aunque también intento asumirlo poco a poco. A regañadientes…

Porque cuando leo noticias como ésa sobre la desgraciada muerte del turista que había ido a la Santa Croce a visitar a Dios ¡a su propia casa! (Dios tiene varias distribuidas por el mundo y la Santa Croce es una de ellas), a rendirle sus más humildes y amables respetos, y al que lejos de honrarle con su presencia (sería demasiado pedir, lo sé), permite directamente o le arroja un ladrillazo a la cabeza (sin mediar palabra, como siempre), que se ha desprendido de las vigas de su casa, causándole la muerte, me parece, por decir algo, una de esas bromas macabras sobre las que ese personaje de Hitchcock (eso sí, ¡más cine!) decía que, por un lado, tiene gracia, aunque por el otro, maldita la gracia que tiene.

Sí, porque este Dios, ¿qué demonios es? A su Hijo nunca se le vio reír en los 33 años que nos cuentan los Evangelios. Y a Él menos todavía. De hecho la risa ha sido anatema para la comunidad católica hasta hace bien poco; un rictus más propio del Ángel Caído, del Diablo que siempre andaría riéndose por cualquier cosa. De hecho a los sacerdotes no se les ha permitido asistir a funciones de teatro y otros espectáculos de feria hasta antesdeayer.

Entonces, a lo que voy: si la piedra de la Santa Croce no se desprendió para servir de hazmerreír en cualquier fiesta celestial,  entonces, ¿qué pasa? ¿Que este Dios es un cachondo?, ¿un descerebrado con mucho talento?, ¿y que, a pesar de que se diga lo contrario, nos toma a todos nosotros, sus criaturas, hombres y mujeres, por el pito de un sereno, su entretenimiento favorito?
 
¿O acaso la piedra se cayó sola y solo porque la argamasa que la sostenía al techo se secó y dejó de servir como argamasa, y el turista se plantó justo debajo de su trayectoria porque en algún sitio tenía que estar, y entonces todo coincidió para desgracia del hombre y de sus familiares y amigos más cercanos?

Y así, ¿todo ocurre porque sí?

Entonces, tal vez, los que creamos algo en Algo, tengamos que admitir que ese Algo, ¡y todas las demás cosas detrás de Ello!, también podrían ser porque sí. Y no darle más vueltas. Y si no, ¿por qué se me ha ocurrido precisamente a mí esta entrada en este blog? Pues porque sí, y punto pelota.  

Quizás sólo apostillaría un detallito al hilo de lo que llevo escrito, que este mundo me coge siempre desprevenido, y que apenas si acierto a retirarle una esquina de la tapa sin poder, o sin atreverme, a retirarla por completo, porque seguramente, como escribe el poeta y como yo repito muchas veces, For us there is only the tryng./The rest is no our business.

Sí eso: para nosotros, levantar la esquina de la tapa; lo demás, lo que contiene realmente el frasco, no es asunto nuestro. Y, ahora sí, por Todos los Santos amén y punto pelota.
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sábado, 21 de octubre de 2017

EL NUDO GORDIANO

 
La vieja civilización griega no deja de asombrarme y de fliparme. No en vano ya Nietzsche decía que semejantes dioses olímpicos se merecían un gran pueblo; y viceversa.

Y estos días en que no dejo de oír en medios de comunicación y en las charletas de bar la expresión “nudo gordiano” a cuenta, sobre todo, de los acontecimientos que se vienen sucediendo en Cataluña he querido enterarme, de un vez por todas, del significado de  esa expresión tan corriente, mal que nos pese, en nuestros días y en nuestras televisiones, con una pesadez digna de mejor causa.

Y he aquí que el nudo gordiano también se remonta a mi muy querida e inagotable civilización griega. Si entendemos por este nudo una dificultad que no se puede resolver, un obstáculo difícil de salvar o de difícil desenlace, especialmente, cuando esta situación sólo admite soluciones creativas, así “desatar el nudo gordiano” significaría resolver el problema; la esencia del problema es decir, que descubriendo su esencia seremos, de este modo, capaces de revelar todas sus implicaciones.

Pero, ¿de dónde viene todo esto? Y aquí están los griegos y, concretamente, una vieja y apasionante (como casi todas las que nos han legado) leyenda, para aclarar nuestras dudas, según la cual los habitantes de Frigia, en la región de Anatolia, la actual Turquía, necesitaban elegir rey, por lo que procedieron a consultar al oráculo. Éste les respondió que el nuevo soberano sería aquél que entrase por la Puerta del Este de la ciudad acompañado de un cuervo posado sobre su carro.

Y el que así lo hizo fue Gordias que, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro atando a él la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior y de una forma tan enrevesada que nadie conseguía desatarlo. Y de esta forma, según se dijo entonces, quien pudiera hacerlo sería el dueño de toda Asia.

Cuando años después el joven Alejandro Magno se dirigía a conquistar el Imperio persa, sus ejércitos se apoderaron de Frigia y pudo, entonces, enfrentarse al reto de desenredar el ya, por entonces, famoso nudo de Gordias. Alejandro después de intentarlo en vano solucionó el problema cortando el nudo con su espada afirmando “lo mismo da cortar que desatar”. Esa misma noche una gran tormenta de rayos se abatió sobre Frigia la cual, según Alejandro, simbolizaba que Zeus daba su asentimiento a la solución que él había adoptado.

¿Y cómo no acordarnos, entonces, del ciclo de las leyendas artúricas donde se auguraba que aquel que extrajera la espada Excalibur de la piedra donde está clavada, sería el próximo rey de Inglaterra y, así, lo fue el joven Arturo? ¿Cómo no rememorar esa eterna búsqueda del elegido, enraizada en los más íntimos rincones de nuestro imaginario occidental, a través de la solución que solo este puede aportar para arreglar determinado problemón?

Incluso, años más tarde todavía, el lema personal de Fernando el Católico sería “Tanto monta” en una clara alusión a aquel mismo nudo de Gordias que proclamaba que “tanto monta cortar como desatar”; esto sería, lo mismo da cómo se haga con tal de que se consiga.

Sí, estos viejos griegos resultan inagotables. ¿Por qué, entonces, no dejarnos llevar por ellos un trozo del camino y aprender un poco a su lado?

Y que nadie venga ahora y crea que con ello defiendo que el problema catalán tendría, como el nudo gordiano, la solución que planteó el impulsivo Alejandro Magno que no se andaba, precisamente, con chiquitas; pero qué duda cabe que ésa sí que sería una solución, pero siempre la ultimísima, o la más descabellada, la que nadie, o yo por lo menos, quiere ni en pintura, pero que ahí está y pende sobre nuestras cabezas, como otra espada que, quizás, nos haga correr tan lejos como podamos, porque estando en este siglo XXI como estamos (nada que ver con el milagro griego), sin dioses olímpicos, ni nada ni nadie que se les parezca, cínicos, engreídos, desconfiados, tal vez no seamos acreedores de otras cosas más que de estas calamidades con las que nos tenemos que enfrentar y sufrir día sí, día también.

 
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