martes, 11 de abril de 2017

SAN MAMÉS SEDE DEL EUROPEAN RUGBY 2018. SABER GANAR Y SABER PERDER


Que Bilbao haya sido elegida, más en concreto, San Mamés, su mítico sí, estadio de fútbol, como sede de las finales del European Rugby de 2018; esto es de la Champions Cup y de la Challenge Cup de Rugby, es algo que me colma de alegría, que diría un hortera.

Pero para quien todavía albergue alguna duda sobre la importancia del evento, le diré que tome buena nota, entre otros detalles que, a diferencia del fútbol, en el que las finales de la Champions y de la Europa League, se celebran en estadios y en fechas diferentes, con el Rugby las tendemos a las dos en el mismo estadio y en días consecutivos. Primero, como aperitivo, la Challenge y después, como plato principal, la Champions.

Será un magnífico fin de semana, allá por el mes de mayo del año próximo, como para frotarse las manos, hoteles a tope, un gentío de aficionados poblando las calles y llenando los bares en sana armonía (¡me apuesto lo que sea y con quien sea!) y a pasárselo como enanos, llegue quien llegue a las finales. Habrá cuatro equipos, y cada uno tendremos nuestras preferencias, pero todos serán bienvenidos a nuestro Botxo y nos harán disfrutar como pocas competiciones deportivas en el mundo lo saben hacer. Dentro y fuera de San Mamés.

Pero es que además de todo esto auguro, y pongo la mano en el fuego si alguna falta hace, que los aficionados que lleguen desde sus respectivos países para animar, nos darán toda una lección de civismo, de saber ganar y… de saber perder, que es la lección que más nos cuesta que nos entre en la cabeza, y a la, por si esto fuera poco, más gente faltó el día en que se impartió en clase.

Aunque los aficionados al rugby sí que estuvieron, formales, y tomando notas, y nadie puede quitarles, desde entonces, las alegres ganas de cachondeo, ni cortarles el grifo: beben cerveza como cosacos pero… saben beber; tiñen las gradas con el colorido de sus bufandas y banderas, y con los curiosos atuendos con los que, a menudo, se disfrazan pero saben que los colores no son nunca pinturas de guerra;  hacen resonar los cimientos del campo con sus cánticos y algaradas pero saben que con la música no se ofende a nadie, y es más, alguno te recuerda que hace un porretón de años se nos dijo que la música amansa a las fueras; y sobre todo esto, y más allá de esto, después de que el partido haya concluido, haya sido el resultado el que haya sido, haya ganado el uno o el otro, vaya estas extrañas cosas que siempre ocurren cuando dos equipos se enfrentan sobre un mismo terreno de juego, eso (que me pierde la emoción), después de que el partido haya finalizado, después de los 80 minutos reglamentados (si no hay prórroga), después del reparto de las consiguientes medallas y trofeos, todos los que quieran, sin distinción de cánticos, bufandas y preferencias, se reunirán en una tasca de la ciudad para seguir bebiendo juntos más birras, celebrar el sagrado Tercer Tiempo y congratularse de haber formado parte del espectáculo. Esto sí que es, de verdad, lo importante: haber sido partícipes, desde la grada o desde el césped, del partido, porque esto, ni la victoria ni la derrota podrán quitárselo nunca a nadie.
 
Vamos, lo mismo que se lee en esos bonitos versos de Kipling que encabezan la salida de los vestuarios, la imponente entrada a la Pista Central de Wimbledon y que, sin duda, también nos sirven ahora, como anillo al dedo, para esto del Rugby que ese día estuvo en clase, que se los aprendió de memoria y los cumple a rajatabla, if you meet with Triumph and Disaster and treat those two impostors just the same; esto sería, más o menos, “si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota y tratar a estos dos impostores de la misma manera”.

Sí, un resumen tan perfecto de lo que cualquier deportista o aficionado debería llevar tatuado en el alma, que no se me ocurre añadir ni una coma. Sólo repetirlo para mis adentros y hacer que las palabras dejen de ser meras palabras sobre una pared y se conviertan en palabras de carne y hueso.

El Rugby nos enseña alguna de estas cosas. Durante la Temporada 2017/18 veremos en el círculo central de los campos donde se disputen las eliminatorias previas a la Final de la Champions, la leyenda Run To The Finals 2018. Bilbao. Un magnífico reclamo para nuestra ciudad. Y ya por el mes de mayo, aquí en San Mamés, tendremos la impagable oportunidad de tomar nota, de conocer otros modos, otras formas de acercarnos a esto que llamamos deporte, y que no tienen desperdicio, porque con ellas aprenderemos que en el deporte nadie sobra, que todos ganamos con el espectáculo…, aunque todos perdemos también, y no nos olvidemos del detalle, si, tozudos e insensatos, nos empeñamos en confundir un resultado con un patada a traición en los c.

 
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jueves, 30 de marzo de 2017

LA DONCELLA DE PARK CHAN-WOOK NO ME "PONE"


Ahora que voy a pronunciar una conferencia sobre los 30 de Robocop, de Paul Verhoeven, se me ocurre que otra buena fecha para el arranque de estos caminos por los que discurre el cine actual, sería su archifamosa Instinto básico.

Se dan en ella dos características que vertebran, como un santo y seña, nuestro cine de hoy en día. Posiblemente incluso, de nuestra misma sociedad de la que el cine no dejaría de ser una parte consustancial y un reflejo de la misma.

Y me referiría con estas características, primero, a los personajes femeninos o supermujeres (¿dónde se habrá quedado aquel Superhombre que preconizaba Nietzsche?) que se las saben todas o, como suelo decir yo, que se han aprendido el guión de memoria y no les pilla por sorpresa nada  de que pueda pasar en los siguientes minutos de la película; o sea, que esta primera característica hace de ellas una especie de demiurgos, omniscientes de todos los avatares que en la película se van a suceder.

Y en segundo lugar, o segunda característica, unos guiones tan enrevesados, tan epatantes en sus giros y retruécanos que provocan la admiración de los espectadores más fácilmente impresionables, de los críticos a los que se les van las manos para bajar estrellitas del cielo y ponerlas sobre el papel, al final de sus sesudas (sic) críticas, pero que empapuzan, digo los guiones, a los propios personajes de la película hasta hacer de ellos meras marionetas al servicio de unas tramas que terminan por engullirles en sus propias complicaciones, y haciendo de ellos medios al servicio de las alucinantes (sic) historias y nunca verdaderos fines a los que las historias, los guiones deberían servir.

Porque desde Instinto básico el guionista es el rey de la función antes de que la función o la película sea filmada; después, son las otras, las féminas, las reinas del cotarro.

Claro, diréis algunos, el mundo ha cambiado. Sí, de acuerdo. Este mundo nuestro se habría feminizado, tal vez, como un correlato de aquella juvenilización que este mismo mundo ha sufrido y de la que daba algunas cuentas en Divino tesoro, mi primer ensayo (y perdón por la autocita). La feminización del mundo es algo que yo mantengo como un axioma de estos días tan posmodernos y que no tengo ningún problema en asumir porque, entre otras cosas, nada puedo hacer para cambiarlo y, de hecho, ninguna gana tengo de hacerlo.

Prefiero contemplarlo desde la barrera y reflexionar sobre ello porque, esto sí, la feminización del mundo es una cosa que me afecta como ser vivo que vive en este mundo.

Así que sobre estos dos pilares, concretando, el guión enrevesado y la supermujer, se construirían el 90% de las películas actuales. Aludir a Tarantino quizás fuera un truquete demasiado fácil, pero a mí me basta. Ver sino Jackie Brown, los dos volúmenes de Kill Bill o el Django encadenado o la última, Los odiosos ochos. O ver el cine que nos llega puntualmente desde Oriente, como los Reyes Magos, de la mano de Zhang Yimou y su musa, ¡cómo no!, Gong Li, o de esos primos hermanos de Quentin como este modernete Park Chan-wook bebiendo sus complejos vitamínicos de estas mismas premisas: guiones que son un cristo, y mujeres a las que no engaña ni un trilero.

Y, además, por eso gustan mucho estas películas. Porque son como el mundo donde van a ser proyectadas: feminizado y un lío que ni dios acierta a poner en orden, una gigantesca caja de sorpresas, piruetas sobre piruetas, hacia un más difícil todavía, mientras los personajes, que son aquello que a mí, por lo menos, más me interesa rinden pleitesía y quedan al servicio de estas mismas premisas. También lo dije antes: siempre medios, nunca fines.

Y toda esta pajota mental se me vino a la cabeza viendo el otro día en mi querido cineclub FAS La doncella, de Park Chan-wook, multipremisada allá por donde se ha presentado, multiaclamada por todos los que la han visto. Un poco como la Carol, de Todd Haynes, de la que ya comenté similar en este mismo blog.

Sí, porque antes, ¿escribía “todos”? Quizás haya exagerado. Porque yo no estoy entre esos “todos”. Lo digo también directamente. A mí La doncella me pareció un bonito soufflé que va desmoronándose poco a poco según transcurren sus interminables 145 minutos. Y lo hace, principalmente (y es mi modesta opinión y por eso he empezado hablando de lo que he hablado), porque las dos premisas, a las que he aludido una cuantas veces en este texto, se cumplen en ella a rajatabla.

El cristo de guión y la mujer, en este caso, las mujeres que sí, que se las saben todas y a las que no hay manera de torear (¡a quien se le ocurriría torear a una mujer en pleno siglo XXI!).

Y por todo esto lo que empieza pareciendo una atractiva ficción que se sirve de aquella espléndida linterna roja, de Yimou, acaba derivando en una juguetona y sinsorga sorpresa-tras-sorpresa, sin más pretensiones que embaucar a los espectadores con una pretendida, pero más falsa que un billete de 2 euros, profundidad al alcance de muy pocos entendidos, que después luego resultan que son multitud: esas multitudes que pasan religiosamente por taquilla.

Y, de esta forma, llegaríamos al colofón, al plano final de La doncella donde se resume el verdadero alcance y propósito de Park Chan-wook, donde el cachondeo campa a sus anchas, donde las dos actrices en pelota picada retozan y ríen de todo sobre la cama, como en una más de esas películas que los Reyes Magos de Oriente cargan sobre sus camellos, a cambio, eso sí, de llevarse una suculenta cosecha de Premios de la Crítica o del Jurado o del Público, o de Interpretación, femenina por supuesto; pero, ¡lástima!, los dos personajes habrían perdido, por el camino de la enrevesada ficción, todo el interés y nobleza que pudieran haber despertado en un principio, y no son ya más que divertidas gamberras que se saben el guión de antemano y se ríen y se ríen (¡viva la estulticia de Rótterdam!) de todos, de los hombres principalmente, ¡cómo no!, a los que habrían tomado por el pito de un sereno y que, mientras ellas disfrutan, ellos andan con cuchillitos rebanándose los dedos. Mundo feminizado obliga. Cada línea del guión incluida. Que no queden cabos sueltos. Que todo sea retorcido. Sin más. Y la sociedad que respire tranquila: nada de peligro avizor.

Claro, que al día siguiente vi el Nosferatu, de Murnau en una impecable copia, acompañada de la impactante música compuesta por José María Sánchez-Verdú e interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Escribir aquello de las comparaciones… me resulta demasiado cruel. Tampoco hemos venido hasta aquí para joder a nadie. ¡Hay tantas cosas mejores que hacer..!     
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miércoles, 15 de marzo de 2017

LA MIRADA DE MICHELANGELO ANTONIONI (DESPUÉS DE UN COLOQUIO)

Este artículo , con algún pequeñísimo añadido, lo escribí para mis amig@s del cineclub FAS. Y ell@s súper amables lo publicaron en su web. Darles desde aquí las gracias es lo menos que puedo hacer.

El otro día en el que mucho carnavalero estuvo “enterrando la sardina” yo, que soy poco de disfraces, estuve dirigiendo el coloquio de la Sesión que, como todos los martes a las 19,45hs., presenta el imprescindible cineclub FAS. Y como siempre, por lo menos para mí, volvió a ser una gozada.

O, ¿no lo es, acaso presenciar, hoy-en-día, en una sala oscura, en medio de un silencio ritual, o estando a lo que verdaderamente se está, que no es a otra cosa que a ver una película, presenciar, decía, dos películas de Michelangelo Antonioni como son El grito, una de las buenas, y La mirada de Michelangelo que apenas si dura 15 minutos y que algunos se empeñan en llamarla, con un cierto desdén, como siempre ocurre con estas “películas cortas”, “corto-metraje” (¿¡pero no habríamos quedado en que si lo breve es bueno, es doblemente bueno!?) cuando, en realidad, yo no veo en ella sino la culminación del arte de Antonioni, la culminación de su carrera, con un ascetismo y sobriedad que no pueden sino retrotraerme y llevarme de la mano hacia otras “últimas películas” como las también magistrales, hieráticas, sobrias Siete mujeres, de John Ford, donde Ozú y Mizoguchi se sienten por sus siete costados), o esa otra inolvidable fémina que es la Gertrud, de Dreyer?
 
Y lo siento. La pregunta me ha salido pelín larga, así que, a partir de ya, intentaré ser más conciso e iré al grano (¿lo conseguiré alguna vez?). Porque el caso es que, después del coloquio, estuve rumiando algunas cosas y me percaté de que no di a La mirada de Michelangelo la importancia que se merecía. Hablé de ella, sí, pero como de pasada, como si sólo fuera un cortometraje, como si yo también fuera víctima de esa manía de despachar a los cortometrajes con un chasquido de la lengua o, a lo sumo, con un “no está mal”.

Luego ahora voy a tratar de completar lo que dije o de añadir lo que no dije sobre esta, para mí, obra maestra. Porque sobre El grito todos estuvimos, más o menos de acuerdo. Los que no la habían visto y los que la habíamos visto y la recordábamos como entre brumas, como entre esas nieblas que inundan los planos de la película a orillas del triste remanso del Po. Por eso y porque La mirada de Michelangelo pasa por ser un “corto” y hay que echarle un capote. Y a eso voy. Y encantado de la vida. Aquí os va del  tirón:

  
Y es que en La mirada vemos al propio Antonioni entrar en la romana iglesia de San Pietro in Vincoli. Estamos en el 2004: o sea, Antonioni tiene ¡92 años!, y cuenta 19 desde que sufrió el ictus que le dejó inmovilizado y sin habla. Aunque después la rehabilitación obrara milagros y el cineasta pudiera recuperar la movilidad de las piernas, la voz se quedó muda.

Y Antonioni entra en la iglesia. El silencio, total. Apenas, un par de bocinazos sueltos, de algún vehículo despistado, y algún que otro ruidito que se cuela desde la calle. Pero, ¿por qué Antonioni elige esa iglesia entrar en ella y rodar su película?

A mí, por lo menos, se me ocurren dos razones. La primera, bastante obvia. En San Pietro se encuentra, entre otras imponentes piezas de mármol, el monumental Moisés que otro Michelangelo, éste Buonarrotti, esculpió hace 5 siglos. Y con él, con el marmóreo Moisés, Antonioni quiere hablar estableciendo, a falta de palabras, un diálogo hecho a base de miradas y roces.

Pero además de su mutismo, el diálogo no será un simple diálogo como el que podemos entablar nosotros con un amiguete en nuestra taberna favorita. Claro que no. Sobre todo, como ya hemos señalado, porque el diálogo es mudo y, sobre todo, porque se trata de un diálogo imposible. Es el diálogo que un creador mantiene con una obra, con una obra maestra, en este caso. El diálogo del creador con una criatura que ha creado, en este caso, otro creador con el que Antonioni comparte nombre y oficio y… últimas voluntades. En eso Antonioni y Buonarrotti se dan la mano a través del tiempo, de la creación simbolizados en el Moisés que realizó el genio de las pinturas de la Capilla Sixtina a principios del siglo XVI.

Y me acuerdo, entonces, y fijaos que las distancias entre las dos películas son siderales (¿o no tanto?), de Blade Runner, y del sobrecogedor diálogo (aunque éste se oye) de Tyrell con la criatura que ha ayudado a crear, el inolvidable Nexos 6, el inolvidable Rutger Hauer (con el juega una partida de ajedrez como ¡el Caballero con la Muerte en El séptimo sello, de Bergman!) Porque aunque Moisés no habría salido de las manos de Antonioni, éste puede comprender y soñar con él sobre el destino que, ¡ojalá!, aguarde, ¿o no?,  a su propia obra, a sus propias películas.

Pero Antonioni habla (en silencio) con Moisés y, a través de él, lo hace, cruzando el río del tiempo, con Miguel Ángel. Luego asistimos a un increíble diálogo a tres bandas. Entre un cineasta en el ocaso de su vida, un hombre del Renacimiento instalado hace ya muchos años más allá del ocaso, y la criatura de este último que le sobrevive como un guardián de la memoria, como inmejorable ejemplo de “esto que fuimos capaces de hacer juntos”, con nuestras manos y con la tierra.

Y asistimos, incluso, a una no menos increíble puesta en escena donde se juntan también ¡tres miradas!: la mirada del creador de la película (Antonioni-director), la mirada pétrea de la creación (Moisés) y la mirada del protagonista (Antonioni-actor).

Sí, estas cosas sólo la magia del cine puede conseguirlas. Y La mirada de Michelangelo se me antoja uno de los momentos más mágicos e irrepetibles del cine de este siglo que hemos estrenado (ya que hablamos de cine) hace ya 17 años.

Pero aún habría que añadir más, porque Antonioni habla con Moisés, de acuerdo, pero debemos acordarnos que Antonioni nace en 1912, en Ferrara, cantera por antonomasia del mejor mármol y, posiblemente, esa “tierra” que permitió a Miguel Angel trabajar y dar forma a su majestuosa estatua.

Luego cuando Antonioni entra en San Pietro a contemplar el mármol en el que se inserta el Moisés está realizando un precioso e imposible regreso a su hogar natal. Y me acuerdo entonces del bonito título de la inacabada novela del gran Thomas Wolfe, We Can´t Go Home Again o de la película de Nick Ray con el mismo título, o ya que estamos con Wolfe y Ray, de esa vuelta que Robert Mitchum hace a su vieja y abandonada casa en The Lusty Men, donde encuentra bajo las tablas del porche el mismo rifle que usara de niño, y de la que Wim Wenders llegaría a decir que es la “mejor vuelta al hogar” que ha visto nunca en un cine. Yo lo suscrito. ¿Dónde habría que firmar? Aunque esta vuelta a su “hogar” de Antonioni no le va a la zaga.

Al final de la película, Antonioni saldrá de la iglesia. Y se dirige hacia el exterior donde brilla la clara luz del día. Aunque yo creo que se dirige hacia la muerte. Y Antonioni lo sabe. Moriría apenas tres años después. La mirada será, por eso, y él lo sabe, su último trabajo, su testamento en el que, cinematográfica y milagrosamente, se aúnan la Ferrara y los mármoles que le vieron nacer, y lo último que este gran hombre de cine rueda y entrega a los espectadores.

Por eso, según abandona San Pietro, Antonioni deja el espacio de la iglesia al mármol de su Ferrara natal y al Moisés que esculpiera Miguel Angel hace 5 siglos, y al preci(o)so último plano que recoge ya el interior de un San Pietro majestuoso y oscuro, silencioso y vacío como una tumba (¿o acaso no coronaba el Moisés la tumba del papa JulioII), la tumba del propio Antonioni, cincelada además ésta con su más sobrio celuloide, y que él acaba de realizar hace 5 segundos, y para el que desea, ¿cómo ponerlo en duda?, una posteridad tan dichosa como ésta de la que disfruta Moisés.
 

Y acabo, porque podría asegurar que nunca he visto, sobre una pantalla de cine, a la vida y a la muerte estrecharse las manos de una manera más hermosa que en esta mirada de Michelangelo…

Sí, cosas de este tipo se me ocurrieron después del coloquio. Y las escribo ahora. Porque mi memoria se me ha vuelto traicionera e insiste en jugarme malas pasadas.
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viernes, 3 de marzo de 2017

RECUERDOS A EDIE SEDGWICK

Yo sigo con mis historias; un poco a lo mío, que ya sabéis que ahora es el Éramos unos niños, de Patti Smith. El libro, lo dije en otra ocasión, cuenta la relación que mantuvo la cantante con el fotógrafo Robert Matlethorpe. Pero además cuenta muchísimas más cosas. Habla de Nueva York, habla de otra época, habla, por ejemplo, de unos años en la que el mundo estaba ahí enfrente, cuando sólo había que estirar el brazo para tocarlo, cuando te dirigías a él y él te saludaba amablemente, con dolor o con una sonrisa, o con una canción que incluyera a los dos.

Patti Smith vivió la decadencia de la Factory. Cuando ya habían disparado contra Warhol y éste se volvió aún más huidizo y misterioso. Pero allí conoció a la malograda, a la musa de todos aquellos que frecuentaban aquel mítico lugar, a la irrepetible Edie Sedgwick. Tal vez sea ella, su inocente belleza, el mejor resumen de aquellos años. A ella Patti Smith le dedicó el sentido poema que trascribo aquí abajo, pocos días después de su trágica muerte que el juez instructor calificó como “indeterminado accidente suicida” (¿?).

Luego lo he traducido al castellano (a ratos, libremente, como me gusta que "suene"); o sea, que todos los errores vuelven a ser míos. Y como complemento aprovecho e incluyo dos de las increíbles canciones que, esos “niños” que revoloteaban alrededor de Edie, le dedicaron: la Femme Fatale, de la Velvet, y el Just Like A Woman, de Bob Dylan, aquí con Tom Petty, otro QEPD: ¡cuántos se están yendo...!

Pero flipad. Porque talentos semejantes no sé si volverán a reunirse alguna vez en tan breve espacio de tiempo.
 
I don't know how she did it. Fire.
She was shaking all over. It took her hours to put her armiñ on.
But she did it. Even the false eye-lashes.
She ordered gin with triple limes. Then a limosine. 

Everyone knew she was the real heroine of Blonde on Blonde.


oh it isn't fair
oh it isn't fair
how her ermine hair
turned men around
she was white on white
so blonde on blonde
and her long long legs
how I used to beg
to dance with her
but I never had
a chance with her


oh it isn't fair
how her ermine hair
used to swing so nice
used to cut the air

how all the men
used to dance with her
I never got a chance with her
though I really asked her
down deep
where you do
really dream
in the mind
reading love
I'd get
inside
her move
and we'd
turn around
and she'd
turn around
and turn the head
of everyone in town
her shaking shaking
glittering bones
second blonde child
after brian jones


oh it isn't fair

how I dreamed of her
and she slept
and she slept
forever
and I'll never dance
with her no never
she broke down
like a baby
like a baby girl
like a lady
with ermine hair


oh it isn't fair
and I'd like to see
her rise again
her white white bones
with baby brian jones
baby brian jones
like blushing
baby dolls

Patti Smith
Seventh Heaven (1972)

No sé cómo lo hizo. Fuego.

Estaba temblando. Le llevó horas maquillarse.

Pero lo hizo. Incluso se puso sus pestañas postizas.

Y pidió una ginebra con triple de lima. Y después, una limosina.

Todo el mundo sabía que era la verdadera heroína del Blonde On Blonde.

 
No es justo, no,

no es justo, no,

rodeaba a los hombres

con su pelo brillante,

con sus piernas larguísimas,

tan pura,

tan rubia,

solía pedirle

que bailara conmigo

pero con ella nunca tuve

la mínima oportunidad.

 
No es justo, no,

su pelo brillante

se movía tan dulcemente,

cómo acariciaba el aire,

cómo todos los hombres

bailaban con ella.

Pero yo nunca tuve la mínima oportunidad

aunque le preguntara,

dónde construyes los sueños,

en esa mente que vive para el amor.

Entré en sus gestos

y nos volvíamos hacia ella,

y ella se giraba

y cualquiera en la ciudad se volvía

hacia sus temblorosos

y brillantes huesos,

aquel segundo niño rubio

después de Brian Jones.

 
No es justo, no,

cómo soñaba yo con ella

y ella se durmió,

se durmió para siempre

y ya jamás bailaré con ella.

Ella se ha roto,

como un crío,

como una niña,

como una mujer con el pelo brillante.

 
No es justo, no,

me gustaría volver a verla levantarse,

ver sus blanquísimos huesos,

con el pequeño Brian Jones,

con el pequeño Brian Jones

sonrojándose como

las muñecas de las niñas.

 
Femme Fatale

 
Just Like A Woman


 

 
 

 
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jueves, 2 de febrero de 2017

BILLIE HOLLIDAY, PATTI SMITH, FRANK Y LOU

Un buen coleguita, uno de los mejores, me regaló el otro día Éramos unos niños, los recuerdos que Patti Smith conserva sobre su relación con el fotógrafo Robert Mapplethorpe.

Me había comentado que el libro le había enrollado bastante y a mí el título me pareció súper bonito.

Además andaba con la idea de hacerle un homenaje a la buena de Patti después de la enrollada que se metió con Bob Dylan sustituyéndole durante la entrega de los últimos premios nobeles y cantando, a pesar de sus nervios o gracias a ellos, quién sabe, una increíble y emocionantísima versión del dylaniano A Hard Rain (o echar un vistazo a la entrada que hice en este mismo blog el pasado 12 de diciembre, Bob Dylan y el dichoso Premio Nóbel: finito).

Y en estas estoy. Llevo un par de días con el libro. Y en una de sus primeras páginas, cuando aún es una chiquilla, Patti escribe que hubiera deseado que el poeta Frank O´Hara le hubiera dedicado unos versos como hizo con la malograda y mítica Billie Holliday. Y, entonces, me puse a buscar el poema. Éstas son las cosas que me enrollan cuando leo cualquier libro: sacarle punta, que una de sus páginas me lleve a la página de otro libro, si se da el caso, que una de sus líneas o ideas me aclare o me haga dudar de otra idea que ya daba, precipitadamente, por buena; que el libro, en definitiva, viva conmigo durante unas semanas.

Y así di con The Day Lady Died, el poema en el que O´Hara homenajea a Bille Holliday. Y el título me enganchó por la solapa. Cómo no iba a hacerlo, cómo no me iba a acordar con él del The Day John Kennedy Died que el siempre imprescindible Lou Reed dedicó al “día en que John Kennedy murió” y que, sin que sirva para darle coba, y menos aún ahora que Lou andará por donde ande, siempre me ha parecido una de sus mejores y más entrañables canciones (que Trump agache la cabeza, por favor).
Luego aquí os dejo con los dos; con Billie Holliday y el poema de O´Hara y la personal traducción (se admiten sugerencias) que he hecho porque me apetecía probar, y con John Kennedy en el recuerdo de Lou.

¡Que los disfrutéis!

The Day Lady Died
By Frank O'Hara (1926-1966)

It is 12:20 in New York a Friday
three days after Bastille day, yes
it is 1959 and I go get a shoeshine
because I will get off the 4:19 in Easthampton   
at 7:15 and then go straight to dinner
and I don’t know the people who will feed me
I walk up the muggy street beginning to sun   
and have a hamburger and a malted and buy
an ugly NEW WORLD WRITING to see what the poets   
in Ghana are doing these days
                                                        I go on to the bank
and Miss Stillwagon (first name Linda I once heard)   
doesn’t even look up my balance for once in her life   
and in the GOLDEN GRIFFIN I get a little Verlaine   
for Patsy with drawings by Bonnard although I do   
think of Hesiod, trans. Richmond Lattimore or   
Brendan Behan’s new play or Le Balcon or Les Nègres
of Genet, but I don’t, I stick with Verlaine
after practically going to sleep with quandariness

and for Mike I just stroll into the PARK LANE
Liquor Store and ask for a bottle of Strega and   
then I go back where I came from to 6th Avenue   
and the tobacconist in the Ziegfeld Theatre and   
casually ask for a carton of Gauloises and a carton
of Picayunes, and a NEW YORK POST with her face on it

and I am sweating a lot by now and thinking of
leaning on the john door in the 5 SPOT
while she whispered a song along the keyboard
to Mal Waldron and everyone and I stopped breathing

Son las 12,20, en Nueva York, un viernes
tres días después del día de la Bastilla, sí,
estamos en 1959 y busco un limpiabotas
porque me bajaré del 4: 19 en Esthampton
a las 7,15 e iré derecho a cenar
y no conozco a la gente que me dará de comer.
Bajo por la calurosa calle cuando el sol empieza calentar
y cojo una hamburguesa y una caja de leche malteada y compro
un mugriento ejemplar del NEW WORLD WRITING
para ver qué están haciendo los poetas estos días por Ghana.

Me dirijo al banco
y Miss Stillwagon (Lucy, de nombre, escuché una vez)
no ha mirado mis cuentas ni una vez en toda su vida
y en el GOLDEN GRIFFIN me hago con un Verlaine de bolsillo
para Patsy con dibujos de Bonnard y aunque
piense en Hesiodo, en el transexual Richmond Lattimore o
en la nueva obra de Brendan Behan o en Le Balcon o en Les Négres
de Genet, no lo haré, y sigo con Verlaine,
hasta que prácticamente me vaya a la cama con mis problemas,

y por Mike entro en el almacén de licores de PARK LANE
y pido una botella de Strega y
después regreso por donde he venido, hasta la Sexta Avenida
y la tabaquería del Ziegfeld Theatre y
 pido un cartón de Gauloises y un cartón
de Picayunea, y veo por casualidad  un NEW YORK POST con la cara de ella

y ahora estoy sudando mucho y pensando
en reclinarme sobre una esquina cualquiera del 5 SPOT
mientras ella susurra una canción sobre el teclado
para Mal Waldron y todo el mundo y yo dejamos de respirar.  

The Day John Kennedy Died
por Lou Reed (1942-2013)




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jueves, 19 de enero de 2017

PSICOSIS & SHOSTAKOVICH, + PARECIDOS RAZONABLES


Escuchad estos dos fragmentos musicales. No os llevará mucho tiempo y creo que merecen la pena.

El primero corresponde al célebre tema principal compuesto por Bernard Hermann para la no menos célebre Psicosis, de Alfred Hitchcock,
 
 
 
Psicosis se estrenó en los cines de EEUU el 16 de junio de 1960. Las fechas tienen en este caso su importancia, porque la segunda pieza, que os propongo escuchar, es el magnífico Cuarteto nº8, de Dimitri Shostakovich, y en concreto, para los objetivos de esta entrada, su célebre 2º movimiento.

 
Shostakovich compuso su octavo cuarteto durante los días 12, 13 y 14 de julio de ese mismo año, 1960. Durante ese verano Shostakovich había viajado a Dresde por motivos laborales, y la visión de la ciudad alemana, ¡15 años después de los devastadores bombardeos que sufrió por parte de la aviación aliada!, aún le causaron una imperecedera impresión.

Así el Cuarteto nº8 responde a esos sentimientos. Shostakovich dedica la partitura: a todas las víctimas de la guerra y del fascismo. Sus acordes y desacordes, por usar ahora el título de la película de Woody Allen, no dejan lugar a las dudas, y creo que los parecidos razonables que se pueden establecer entre estas dos excelentes y casi coetáneas partituras (¿o no nos resulta ahora sorprendente la afinidad de sus fechas de composición?) no pueden pasarnos desapercibidos.

El horror cinematográfico, el frágil y perturbador Norman Bates, en el caso de Hermann, y el horror real de Shostakovic entre las ruinas de Dresde se estrechan temblorosos las manos.

Hermann y Shostakovich me parecen, sin duda, dos artistas de primer orden. Con sus trabajos para Psicosis y el Cuarteo nº8 consiguen que la orquesta, sus cuerdas “chillen” literalmente afiladas, sin consuelo ni final aparente. Los pensamientos desquiciados de Norman Bates, sus víctimas brutalmente acuchilladas y hundidas en la ciénaga que rodea el Bates Motel, y los habitantes de la desolada ciudad alemana, constituyen las imágenes que esos “gritos” quieren describir musicalmente, y sobre los que tanto Hermann como Shostakovic querían, por diferentes motivos eso sí, llamar nuestra atención: los arcos de violines, violas y contrabajos atacando y quebrando violentamente las cuerdas dispuestas en pacíficas líneas rectas son, sin duda, los limpios y crispados pentagramas sobre los que discurre el horror.
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miércoles, 18 de enero de 2017

DONALD TRUMP: TELÉFONO ROJO: VOLAMOS HACIA WASHINGTON

Dice un topicazo que la realidad supera a la ficción. Pero quién podría poner en duda esta cuestión. La ficción estaría limitada por nuestra humana capacidad de “inventar” mientras la realidad únicamente lo estaría por nuestra aptitud de “ser”. Para “inventar” es condición necesaria que primero “seamos”. Pero para “ser” sólo hace falta eso: “ser”. No se necesita ninguna condición previa ni mucho menos necesaria.

Así que los ejemplos en los que la realidad supera a la ficción se cuenta y seguirán contándose por cientos o por miles, y el que se eche las manos a la cabeza es que no le ha dado suficientes vueltas o que se asombra ante cualquier menudencia.

El último caso lo tenemos con el ínclito Donald Trump. Toma posesión del cargo de “Hombre más Poderoso de la Tierra” dentro de unas horas. Y el gabinete que piensa formar para afrontar sus primeros cuatro años de mandato presidencial no tiene desperdicio. Como para echarse, literalmente, a temblar. Hasta el punto que aquella ficción que ideó Stanley Kubrick en 1964 y que por estas tierras se llamó ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú se queda reducida a un amable; lo que ya es decir porque la película de Kubrick tira con bala y su parodia es corrosiva diversión en estado puro.

Pero Trump sale airoso del envite. Él gana. Kubrick pierde. La realidad gana. La ficción pierde. Y esto ya es mucho más preocupante porque es cierto.

Un tipo apodado Perro Loco (Crazy Dog), y no diría más, a los mandos del Pentágono; si el gobierno de George W.Bush fue bautizado en el 2001 como "el equipo de los millonarios" por una vergonzante riqueza conjunta de unos 250 millones de dólares, esta cifra -según The Washington Post- es apenas un aguinaldo, una décima parte del "tesoro" de Wilbur Ross, futuro secretario de Comercio, unos 2.500 millones de dólares. No está mal. Y sin contar con que parece ser que la procedencia de alguno de esos millones despierta más que algún recelo razonable. Aunque Wilbur se empeñe en frotar sus cuentas corrientes, nunca será oro todo lo que reluce. Dejémoslo de momento ahí. Con uno de mis odiosos refranes.

Y seguimos. Betsy DeVos, ministra de Educación y esposa del hijo del fundador de Amway (¿?) que heredó una fortuna de 5.100 millones de dólares (¿?). Elaine Chao, ministra de Transportes e hija de un magnate del transporte marítimo. Steven Mnuchin, propietario de un hedge fund, esos fondos de inversión libre que tienen como objetivo prioritario obtener la máxima rentabilidad a través de todas las estrategias y productos de inversión que estén al alcance del profesional o profesionales que gestionen el dichoso hedge fund. Vaya, un experto conocedor de la selva financiera de Wall Street, un buen aficionado a la “barra libre” como futuro secretario del Tesoro.
 

Pero tampoco el resto del team tiene desperdicio: el Vicepresidente, Mike Pence, hombre "de bajo perfil", conservador en lo social y muy devoto a la fe cristiana; Jefe de Gabinete: Reince Priebus, político de Wisconsin, presidente del Comité Nacional Republicano, que cultivó una sólida amistad con el jefe de la Cámara de Representantes, Paul Ryan y puede alinear, de esta forma, al Congreso con Trump; Estratega jefe y consejero principal del presidente: Stephen Bannon, director del equipo electoral de Trump hacia el final de la campaña, su historia empieza en la Marina, continúa en el Pentágono, pasa por Hollywood como productor de películas políticas ultraconservadoras y culmina como director del portal de ultraderecha de noticias Breitbart, uno de los más exitosos de Estados Unidos; una de sus voces más radicales, misóginas y racistas.

Y más: asesor de Seguridad Nacional: Michael Flynn, crítico de la política exterior y de Defensa de Barack Obama,, pidió trabajar de manera más estrecha con Rusia e incluso se reunió con Vladimir Putin el año pasado, director de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de 2012 a 2014 y recientemente conocido por sus expresiones contra el Islam; Director de la CIA: Mike Pompeo, ocupa una banca en la cámara baja por Kansas desde 2011, miembro de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y del Tea Party, el sector más radicalizado del Partido Republicano, ex militar graduado por la academia de West Point y por la Universidad de Harvard, uno de los mayores críticos de la política exterior de Hillary Clinton en el Congreso, llegó a acusar a los líderes políticos del mundo musulmán de ser "cómplices potenciales" si no denunciaban los atentados islamistas.

Y otras "perlas": Secretario de Salud: Tom Price, cirujano ortopédico, congresista por el estado de Georgia desde 2005, se ha convertido en estos últimos seis años en uno de los mayores críticos de la reforma de salud de Obama conocida como "Obamacare", por lo que su nominación termina de confirmar que el próximo gobierno no mantendrá el actual sistema; Fiscal General: Jeff Sessions, con un pasado plagado de denuncias por racismo, llegó a ser fiscal en Alabama de la mano del ex presidente Ronald Reagan y desde 1997 es senador por el mismo estado, gran soporte en la cámara alta de los proyectos de George W. Bush, leal a Trump desde el principio de su campaña presidencial mientras gran parte del establishment del Partido Republicano le daba la espalda. And the last but not the least, Embajadora ante la ONU: Nikki Haley, gobernadora de Carolina del Sur, casada con un veterano de Afganistán.

Así que por una vez que cunda el pánico. Atémonos los machos porque la ficción, el bueno de Kubrick y su teléfono rojo se quedan tan anticuados como Graham Bell ante la realidad que se nos viene encima desde este mismo 2017. Y el gran Peter Sellers, y sus personajes del capitán de aviación de la Royal Air Force, Lionel Mandrake, de presidente de los Estados Unidos, Merkin Muffley, y del alucinante Dr. Strangelove (Doctor Insólito, sic), asesor (ex nazi) del presidente, agua de borrajas ante el elenco de Trump. Lo mismo que les sucede al descerebrado mayor Kong (¿de King-Kong?) que interpreta Slim Pickens o al histriónico George C. Scott en su papel de General Buck (Macho, sic) Turgidson. Por no mencionar ya al siempre excelente Sterling Hayden como el General Jack D. Ripper (destripador), auténtico “cerebro” de la trama al creer descubrir  que los rusos están detrás de su impotencia sexual al haber envenenado el agua (sic et sic), o al bueno de Keenan Gin como el Coronel Bat (murciélago) Guano o a Shanne Rimmer como Capitán G.A. “Ace” (el as) Owens.
 
Sí, mucho me temo que Kubrick se vaya a quedar corto ante los disparates de Trump. Luego habrá que estar muy al loro. Más de lo habitual. Es lo que sucede cuando la realidad quiere compararse con la ficción. Ésta retrocede espantada a un segundo lugar como un juego de niños para el que, si se quiere ver, hay que pagar una entrada. La realidad, sin embargo, siempre es más económica. Con ella nunca hay que rascarse los bolsillos. Siempre la tenemos ahí delante, gratis total, aunque, muy a menudo y por desgracia, nos salga muchísimo más cara.

PS,- Aunque trankis porque a comienzos de 2018 apenas si ya quedan algunas de estas "lumbreras" en sus posiciones originales. Donald Trump los ha ido fulminando sin percatarse que a los que pone en su lugar son "más de lo mismo", sin percatarse de que, en este caso, el problema está en quien extrae la bolita con el nombre del sustituto.
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