lunes, 23 de septiembre de 2019

PUERTAS GIRATORIAS, CERRADAS Y ENTREABIERTAS


Aunque no diré nada sobre política (para ello me remito a lo que escribí en la entrada sobre la investidura el pasado 5 de julio y que me llevará a abstenerme, como Dios manda, el próximo 10N), hablar de puertas parece que se ha puesto de moda desde hace tiempo; y sin que, la mayoría de nosotros, seamos carpinteros ni llevemos un lapicero colgándonos de la oreja. Pero todos hablan sobre puertas, los mass media los primeros en dar el coñazo. Sobre todo, en cuanto se refiere a las “las puertas giratorias”. Sí, éstas son el gran-gran coñazo.

Por eso yo, en esta entrada, voy a hacer caso omiso de estas puertas, de las giratorias, y a quedarme con otras que me interesan mucho más, como son las puertas entreabiertas, ésas que, después de haberlas atravesado, no hemos cerrado del todo. Por descuido o a propósito. Esto último me interesa más.

Porque el mundo del arte está repleto de ellas. Y gracias. Por eso, porque sus puertas se quedan, a menudo, entreabiertas, el arte avanza (la exposición de las naturalezas muertas, de Giorgo Morandi en el Guggenheim bilbaíno habría sido apenas una última muestra de lo dicho). Porque si bien o mal todo lo que se mueve entre puertas giratorias está condenado al “trinque”, a la “impresentabilidad”, a las comisiones de investigación, a los paraísos fiscales, a los ceses y a la vergüenza más vergonzante, todo lo que se hace entre puertas cerradas lo está al aislamiento, a la reclusión, y a la extinción por pura inanidad. De esta forma no hay manera de innovar. Y esto para el arte supone una auténtica sentencia de muerte, ya que si nos olvidamos de aquello que nos ha precedido y que debe servirnos para aprender y reflexionar, para darle una o más vueltas, si es necesario, a la tarea que pretendemos afrontar en estos momentos, estamos perdidos, entregados al fracaso más estrepitoso, a la quietud más lacerante.

Por eso nosotros necesitamos que la puerta donde se guarda lo pasado se quede entreabierta y sus vapores se mezclen con nuestra respiración y hagan que no todo lo que realicemos (un libro, una película, una canción,…) sea algo completamente nuevo sino, más bien, una mixtura, un mestizaje que, al contrario que la pureza de las puertas cerradas, y no digamos, que el fraude de las giratorias, siempre crecerá y tirará para adelante alimentándose, al menos durante sus primeros momentos de existencia (sí, como un recién nacido), de aquello que ha venido y/o triunfado antes que él, de aquello que, seguramente, le ha dado su razón de ser.

Y esto sólo es posible cuando abandonamos una habitación dejando sus puertas entreabiertas para que, aún sin nuestra presencia en ella, el aire (sus influjos) continúe corriendo y “contaminando” nuestro entorno, lo cual se me habría ocurrido, o creo que viene a cuento, porque recientemente ha caído en mis manos (¡a buenas horas, me objetará, y con razón, más de un buen aficionado!) el mítico disco de Charles Mingus Mingus Ah-Um, editado en el año 59 del siglo pasado, durante los mismo días en que se anda celebrando los 60 años de la publicación del revolucionario The Shape of Jazz to Come, de Ornette Coleman, que abriría desde el free jazz, mas sujeto a la improvisación y a la atonalidad, nuevos senderos por donde el jazz podría transitar y por donde, aún hoy en día, continúa transitando.

Y así, durante estas efemérides, leí un artículo firmado por José Olarte en el que éste daba cuenta de cómo, efectivamente, hace justo seis décadas que Ornette Coleman daría un buen revolcón al jazz y anticiparía su futuro con la publicación de su trabajo sobre el que el propio Mingus opinaría que “(…) sus notas eran tan frescas que hacía que todo lo demás, incluido mi propio disco, sonara fatal”.

La sinceridad y la humildad son siempre encomiables, y en estos tiempos que corren tan engreídos, casi un milagro. Por ello quisiera dejar, ante todo, constancia que Mingus, siempre tan modesto, se queja y se minusvalora en sus declaraciones, pero lo hace sin motivo, porque la puerta, por la que él habría salido con su Mingus Ah-Um, la habría dejado entreabierta, y así se habría quedado para siempre; una puerta entreabierta por donde podrán filtrarse todos los sonidos inventados por él, y sus antecesores; sonidos que servirían para vertebrar, sin duda, y entre otros, el legado que Coleman recoge en su disco. Sin Charles Mingus, sin su Mingus Ah-Um, Coleman no habría sabido dar la misma forma al jazz que, en una continua progresión, muy pronto vendría, parafraseando el título de su magnífico LP.
 
 
Y si para muestra valdría un botón yo aquí os dejo dos (arriba uno; abajo, el otro), para demostrar todo o parte de lo que en esta entrada he querido exponer. De esta manera, y a través de la magnífica puerta entreabierta, escuchemos el precioso Self-Portrait in Three Colours, incluido en Mingus Ah-Um, y después el mítico Lonely Woman de The Shape of Jazz to Come el cual, me repito, sin el antecedente de Charles Mingus, y de tantas puertas que se quedaron felizmente entreabiertas, posiblemente, nunca se hubiera grabado.






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viernes, 6 de septiembre de 2019

TOSCA PER SEMPER


Llevo ya bastantes años con esto de la ópera. Como aficionado, que nadie se vaya a creer otra cosa. Pero como aficionado, que cada día va a más. Y creo, y espero, que no esto no pare; quiero decir, esta creciente afición por el bel canto.

Pero a veces echo la vista atrás y cuando me pregunto sobre el porqué empezó en mí esta afición, no creo equivocarme mucho si lo achaco, en una buena medida, a un escrito de la atinadísima pensadora americana Susan Sontag en el que hablaba sobre la rapidez que tiene el género operístico para plantear las situaciones y las emociones que embargan y guían las acciones de sus personajes. Siempre citaría como ejemplo el Che Gelida Manina, de La Boheme de Puccini (ved, oíd y disfrutad del aria con Pavarotti en el vídeo que inserto más abajo) en donde en apenas cuatro minutos el personaje de Rodolfo descubre su amor por Mimí y se lo descubre a ella, mientras nosotros, como espectadores sabemos al momento, que será un amor correspondido y eterno, más allá de la caída de cualquier "telón".

Y a mí, que ya por entonces andaba enfrascado en las lides cinematográficas, este tema me tocó (y me sigue tocando) porque con cuántas dificultades no me habré encontrado a la hora de plasmar emociones de este tipo en un guión o en una película. Y os animo a que lo corroboréis cada vez que veis una película o tratéis de escribir un guión. Aunque la ópera hace de esta dificultad casi una nimiedad, un asunto facilón, y sin que lo sea para nada, pero la conjunción de la música con las palabras consigue que se obre el milagro, y que en 4 minutos no nos cueste adivinar que a Rodolfo y a Mimí sólo la muerte logrará separarles, y sin estar aún del todo seguros de que la burda parca vaya a lograrlo (de ahí las comillas en las que antes he encerrado al "telón").

Luego esta dificultad emocional, digamos, que yo sentía al ponerme a escribir guiones o a dirigir la misma película y que la ópera, sus compositores y libretistas, convertían, y nunca mejor dicho en un asunto de coser y cantar me atrajo y me atrapó sin remedio y aún hoy continúa teniéndome cogido por los machos.

 
Pero si ahora tuviera que concretar y decidir desde cuándo la ópera me tiene enredado con sus historias, sin duda que no andaría muy descaminado si recurro a la primera representación que vi de la Tosca del mismo Giacomo Puccini hace ya más de 25 años en el hoy ya utilizado para otros menesteres, seguramente menos artísticos, Coliseo Albia de Bilbao. Porque Tosca, y hoy (cosa extraña en mí) no he cambiado ni un ápice mi parecer al respeto, continúa pareciéndome, aparte de una de mis tres o cuatro óperas favoritas, una ópera modélica, con tres actos perfectamente armados y ensamblados, donde todo ocurre con el increíble legato y velocidad a la que aludía la imprescindible Susan Sontag y donde se plantean temas que a mí, por lo menos, siempre me han interesado, como el enfrentamiento entre la vida (con todos sus reveses y maldades) y el arte (con todas sus virtudes y bondades) y del que se queja, amargamente, Tosca en su conmovedora aria Vissi d´arte (y más desde la portentosa garganta de Maria Callas), aunque sin reparar en que, desgraciadamente, sin la amarga vida no existiría el bondadoso arte, de que ambos extremos pertenecen y hacen la misma cuerda.

Sí, reconozco que por cosas como esta la ópera continúa teniéndome bien cogido por los machos. Pero yo, tan a gusto. La función puede continuar...

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viernes, 23 de agosto de 2019

PASOLINI LOVED MARILYN TOO

 

Como a los buenos, y a menudo tan engreídos, cocineros a mí también me gusta mezclar. Y si son ingredientes que se encuentran en las antípodas de los sabores, mucho mejor. Pero es que además, en mi caso, no recurriría tanto a ingredientes ni a sabores sino que ahora, y siguiendo aquello que apunté en la crítica (ver la entrada grandes películas, pequeñas críticas) a la última y excelente película de Quentin Tarantino sobre la muerte de la inocencia, lo haría a Marilyn, por ejemplo, un poema del imprescindible, terrenal, amigo de los arrabales y de las periferias, de los pobres y más oprimidos, Pier Paolo Pasolini y la instalada en el otro lado de la Emilia-Romaña pasoliniana, la susodicha, glamorosa, hollywoodiense y star por antonomasia, Marilyn Monroe susurrando, más que cantando en 1959, cuando la ingenuidad aún lo arropaba casi todo,  aquello de I wanna be loved que oíamos en la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco.
 
 
Vaya, un deseo como todo el mundo ha tenido alguna vez. Aunque no todos, posiblemente ni el lumpen Pier Paolo ni la dorada Marilyn entre ellos, puedan presumir de haberlo conseguido. Y es que las adversidades habrían hecho, sin duda, de estas dos almas tan diferentes, íntimos compañeros de infortunios y desgracias, con Marilyn como anticipo de esa muerte de la inocencia, a la que aludía antes, con su trágico fallecimiento en 1962, y el gran Paolo, con su brutal asesinato en 1975 como un epílogo tardío de la misma, cuando casi todos sabíamos ya que las cosas no iban tan bien ni iban a dar marcha atrás.

marilyn

Del mundo antiguo y del mundo futuro

permaneció solo la belleza, y tú,

pobre hermanita menor,

aquella que corre detrás de los hermanos más mayores,

y ríe y llora con ellos, por imitarlos,

y se pone sus bufanditas,

toca sin ser vista sus libros, sus navajitas,

tú, hermanita más pequeña,

que poseías tu belleza humildemente,

y tu alma hija de gente pequeña,

nunca has sabido tenerla,

porque de otro modo no hubiera sido belleza.

Disparas, como un polvillo de oro.

El mundo te lo ha enseñado.

Así tu belleza se vuelve suya.

Del estúpido mundo antiguo

y del feroz mundo futuro

permanecía una belleza que no se avergonzaba

de aludir a los pequeños senos de hermanita,

al pequeño vientre tan fácilmente desnudo.

Y por ello era belleza, la misma

que tienen los dulces mendigos de color,

los gitanos, las hijas de los comerciantes

vencedoras de los concursos en Miami o Roma

Dispara, como una paloma de oro.

El mundo te lo ha enseñado,

y así tu belleza no fue más belleza.

Pero tú continuabas siendo niña,

boba como la antigüedad, cruel como el futuro,

y entre tú y tu belleza poseída por el poder

se inmiscuye toda la estupidez y la crueldad del presente,

te la llevabas siempre detrás como una sonrisa detrás de las lágrimas

impúdica por pasividad, indecente por obediencia.

Dispara como una blanca sombra de oro.

Tu belleza sobrevivida del mundo antiguo,

reclamada por el mundo futuro, poseída

por el mundo presente, se convierte así en un mal.

Ahora los hermanos mayores finalmente se dan la vuelta,

detienen por un momento sus malditos juegos,

salen de sus inexorables distracciones,

y se preguntan: ¿Es posible que Marilyn,

la pequeña Marilyn nos haya indicado la calle?

Ahora eres tú, la primera, tú, la hermana más pequeña, aquella

que no cuenta nada, pobrecita, con su sonrisa,

eres tú la primera a través de las puertas del mundo,

abandonado a su destino de muerte.

 
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sábado, 27 de julio de 2019

LOS COEN BROTHERS, CLINT EASTWOOD Y ALLAN DWAN

Corren malos tiempos para la lírica, de acuerdo. Y para los maestros: Allan Dwan, por ejemplo, ¿quién se acuerda de él? Era un director de cine canadiense, nacido en Toronto en 1885 y muerto en Los Ángeles en 1981: o sea, que nació mudo; esto es, que sus primeros trabajos (1916-1925) los realizó durante la época silente del cinematógrafo; y murió hablando; esto es, que sus últimas películas (1929-1957) fueron ya rodadas bajo los estigmas del cine sonoro.

Por todo ello, para una parte de la crítica cinematográfica más sesuda y original (sic), Allan Dwan formará siempre parte de ese exclusivo grupo de primitivos (quizás como King Vidor): realizadores a caballo entre dos maneras de entender el cine y que, ya durante su periplo sonoro, nunca abandonarán (¿podrían haberlo hecho realmente?) sus formas y maneras silentes: ese ir al grano, a lo esencial de cada giro argumental, de cada secuencia que caracteriza las mejores películas mudas y que a mí, por lo menos, siempre me ha recordado la increíble lucidez y rapidez con la que los compositores de Ópera saben plantear las tramas de sus mejores obras.
 
Pero hoy, o en esta apresurada entrada (¿cuál no lo es?), quisiera llamar la atención, aparte de sobre la longevidad del director, ¡casi 100 años!, aparte de su retirada oficial del cine con “apenas” 72 años y víctima, sin duda, sobre esas nuevas maneras de entender el cine, que empezaron a extenderse por un Hollywood golpeado en su más firme línea de flotación por el moderno fenómeno televisivo, y que retirarían sin contemplaciones a estos gloriosos primitivos al desván de los trastos viejos. Porque sin salirnos de los ya mencionados, ahí tendríamos a Allan Dwan poniendo fin a su carrera en 1957 con Al borde del río, o al propio King Vidor en 1959 con Salomón y la reina de Saba.
 

 Pero además, y en el caso del director canadiense tendríamos en dos de sus últimas películas, concretamente, en sus excelentes, y proyectadas por televisión haciendo honor a su “primitivismo”: una, Filón de plata (1954), a las 11 de la mañana, entre semana, en la 2 de TVE; la otra, Ligeramente escarlata (1956), de madrugada, a las 3 o 4, en Antena3- ¡no vaya a ser que las vea alguien! Pero las dos con inequívocos rasgos y antecedentes, sobre todo en lo que respecta a sus tramas y a la caracterización de sus personajes principales, interpretados, curiosamente (¿o no?) por el mismo actor, el pétreo John Payne, con dos de mis películas modernas favoritas como son Sin perdón (1992), de Clint Eastwood y Muerte entre las flores (1990), de los Coen Bros. Y ahí os irían los siguientes enlaces para abrir boca:
 

Porque afirmar y mantener que los William Munny de Sin perdón o el Tom de Muerte entre las flores están ya prefigurados y anunciados en los personajes que interpreta el mismo John Payne en las dos películas mencionadas de Dwan es algo que siempre me ha llamado la atención, y sus coincidencias no deberían caer en saco roto. Para eso estamos aquí…

 
 
Porque aparte de representar la enésima prueba de que los americanos, residentes en Hollywood, son los mejores espectadores de cine del mundo, algo que nunca me cansaré de repetir- para hacer buen cine hay que ver, entre otras cosas, mucho cine-, es también el más meridiano ejemplo de cómo lo primitivo puede (¡y debe!) estrechase la mano con lo moderno y producir entre ambos dos obras maestras como Sin perdón o Muerte entre las flores.
 

¿Por qué no es el John Payne de Filón de plata un alter ego del Clint Eastwood de Sin perdón?, ¿no se presentan sus personajes, al principio de ambas películas, dedicados a lo que podríamos llamar tareas del hogar, uno de ellos a punto de casarse y el otro cuidando de su miserable granja de cerdos, escondiendo detrás de estas apacibles y actuales circunstancias, un pasado que para nada fue apacible y en donde, los dos, se manejaban como dos de los más habilidosos y terribles pistoleros del Far West?, ¿y no van a ser, precisamente, esos modi de la pacífica (sic) sociedad que les rodea los que consigan sacar a la luz aquello a lo que ambos hombres habían decidido renunciar y que, sin embargo y mal que les pese, vuelve a aflorar, y a apoderarse de ellos?

Quizás demasiadas preguntas, o demasiado largas pero, sin duda, que las respuestas a todas ellas es un rotundo SÍ. John Payne, al final de Filón de plata, pierde la paciencia y ajusta las cuentas con esa sociedad tan sonriente y cínica como la que forman sus vecinos de Silver Lode, y abandona su entrañable (sic) pueblecito, eso sí, sin la oscuridad demoníaca que sigue a Clint Eastwood en Sin perdón pero, y esto sí que sí, para no regresar a él nunca más. Porque, sin duda, una vez destapado el tarro de “lo siniestro”, “lo sublime” no puede ya ser lo mismo para nadie. Y que Eugenio Trías me perdone la alusión al título de su magnífico ensayo.

Y en cuanto a Ligeramente escarlata y Muerte entre las flores, ¿qué decir? Pues más de lo mismo. Primitivamente modernos. O, ¿no sería su John Payne un indiscutible antecedente del Gabriel Byrne- Tom de la segunda?, ¿no simula John Payne, al igual que Gabriel Byrne pasarse a la banda enemiga con el único objetivo de desmantelarla y salvar así la vida de su jefe y amigo- Leo, aun a costa de perder en el envite a su auténtico amor, llámese ésta Rhonda Fleming en Ligeramente escarlata, o Marcia Gay Harden en Muerte entre las flores?
 
Primitivos, sí; chochos y caducos, ni por el forro.
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viernes, 5 de julio de 2019

LA INVESTIDURA SIN PROBLEMAS: EL PUEBLO ES SOBERANO

 Quizás esté ya medio loco, o loco entero, ¿quién sabe? (como dice la increíble canción de Jimmy Hendrix- ésta sí que tiene también peligro, y ahí abajo os dejo el enlace en vivo), pero yo creo que ya va siendo hora de que alguien diga lo que voy a decir yo en las líneas siguientes. Porque a mí el tema de las últimas Elecciones Generales celebradas en España en abril de este año, y los consiguientes, y al parecer, irresolubles problemas para que sus resultados den lugar c una investidura del Presidente como Dios manda, y a un nuevo Gobierno, como también Dios manda, no me parecen en absoluto complicados.
 

Sí, ¡los cojones!, podría soltarme cualquiera con un poco de mala leche. Pero yo le pediría, ante todo, calma, que se tomara unos minutos y leyera lo que voy a poner aquí debajo, y que después me suelte lo que le parezca, que yo ya habría cumplido con mi cívico deber de informar al respetable que quiera oírme y me habría quedado ya tan ancho como unas pascuas.

Porque vamos a ver, en una democracia como la nuestra, y según dice no sé qué artículo de nuestra Constitución, ¿dónde reside la soberanía? En el pueblo, ¿no?.Por eso hablamos de soberanía popular. Y el pueblo, ¿qué dice? El pueblo, sí, dice muchas cosas. Algunas con sentido y otras sin él, PERO cada cuatro años (más o menos) el pueblo no sólo dice sino que habla, y habla en las urnas, durante la celebración  de las consiguientes Elecciones. En éstas el pueblo habla y es soberano. En las urnas, y en el escrutinio de los votos que emite y deposita en ellas, reside la auténtica y democráticamente sagrada voluntad popular y, tirada por ella, la soberanía popular; esto es, el pueblo es democrática y electoralmente soberano.

Entonces me pregunto yo, poniendo cara de bobo, ¿dónde está el problema? El pueblo ha dictado sentencia. Y los resultados electorales son su sentencia. Ahora sólo falta que los políticos y líderes de turno sepan leer dicha sentencia. Sepan… y quieran, porque para mí lo que el pueblo, que es soberano, no lo olvidemos, quiere está más clarinete que el agua destilada.

O repasemos, si no, los resultados de las Elecciones del 28 de abril: 1º PSOE: escaños, 123; votos totales, 7.480.755; porcentaje, 28,68%; 2º PP: escaños, 66; votos, 4.356.023; porcentaje, 16,70%; 3º CIUDADANOS, escaños, 57; votos, 4.136.600; porcentaje, 15,86%; 4º UNIDAS PODEMOS, escaños, 42; votos, 3.732.929; porcentaje, 14,31%... y no sigo por no alargarme y porque para lo que pretendo decir me basta con los datos expuestos hasta ahora, sin menosprecio alguno (¡faltaría más!) para los no citados.

Porque vamos a ver, vamos a leer los resultados de la voluntad popular, lo que la soberanía popular ha querido decir con sus papeletas y que parece que nadie está dispuesto a hacerle el más mínimo o puto caso. Aunque aquí estoy yo, y el guante que lo lanzo por si alguien se anima a recogerlo y a solucionar semejante disparate y caos en el que país parece estar sumido post-electoralmente….

Pues, ¿qué ha dijo el pueblo soberano en la convocatoria electoral del 28A? Porque yo leo los resultados y no veo las complicaciones por ningún lado. Se me tachará de ingenuo pero la verdad es que no las veo ni con prismáticos. Porque el pueblo soberano ha dictado que el PSOE es el partido ganador de las Elecciones del 28A, pero que no gana con una mayoría suficiente que le permita formar gobierno en solitario (ya se sabe, sobre los 350 escaños que conforman el Hemiciclo, se necesitan, las matemáticas mandan ahora, 176- la mitad más uno, sí- para lograr esa mayoría).

Luego si se quiere un gobierno estable debería ser al PSOE, como partido ganador, al que le toca buscar alianzas que le permitan alcanzar esa estabilidad gubernamental tan necesaria para que el pueblo navegue viento en popa y a toda vela y tranquilidad. Porque para esto fuimos todos a votar, ¿o no? Y así lo hicimos y así se lo hacemos saber a quien quiera oírnos. Porque incluso hemos pensado en esa posibilidad con nuestros votos. Sí, ¿o acaso no le dimos al PSOE únicamente 123 escaños, a todas luces insuficientes? Porque está claro que queríamos al PSOE al frente del gobierno, pero con ¡alianzas!
 
¿Y dónde tendría que buscarlas? Y tampoco habría de qué preocuparse ni  echarse las manos a la cabeza temiendo no sé qué contratiempo porque también en eso el pueblo soberano ha pensado al votar. Y le dio el 2º lugar al PP con 66 escaños. así que el PP tendría todo el derecho a arrogarse el papel de aliado. Luego la alianza de marras, el pueblo soberano, nosotros también la hemos puesto sobre el tapete: PSOE + PP ó 123 escaños + 66; o sea = 189. ¡Bingo! ¡Mayoría absoluta! ¡Y punto pelota! ¡A obedecer los dos! Ésta es la decisión que ha tomado el pueblo tras las consulta del 28A. ¿Que a eso se le llama "gobierno de coalición"? Pues que se le llame como se quiera, y al que dé la gana que lo enrienda. El pueblo es soberano, ¿o no lo es, y todo es de boquilla? Porque si es cierto eso y es soberano, PSOE y PP manos a la obra. ¡Al cuarto! ¡Y a no salir hasta que hayan llegado a un acuerdo de gobernabilidad! ¿Hasta que las legañas les sirvan para atarse los zapatos! Porque ésa es su obligación como los dos partidos ganadores de las elecciones pero sin mayoría. Porque eso es lo que la soberanía popular ha decidido. Y ella manda. Y los problemas se acabaron. Y los dimes y diretes. Y que soy o dejo de ser. ¡Y que nadie nos aburra por más tiempo, por favor! O por lo menos que no lo hagan durante los próximos 4 años. Después, tras esos 48 meses ya se verá. Habrá nuevas elecciones, y el pueblo (se supone que continuará siendo soberano) decidirá con sus votos si aprueba o descalifica ese gobierno PSOE + PP. Pero de momento, trankis. Eso ya será parte de otra historia. Pero que nadie se equivoque. El pueblo soberano votó con más de dos dedos de frente. Y con los resultados de los comicios del 28A, la formación de un gobierno estable (como he tratado de demostrar) está ahí, al alcance de la mano. Otra cosa es que los políticos de turno quieran o no tenderla o, mejor dicho, que los políticos de turno escuchen de verdad y se plieguen a la voluntad popular; y reconozcan que la s-o-b-e-r-a-n-í-a que ostenta no es una palabra cualquiera formada por 9 letras al buen tun-tun.
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jueves, 27 de junio de 2019

POESÍA A RAS DE TIERRA. UNA CHARLA AD HOC

Con las variantes a las que mi horrible memoria me obligó, esta fue la conferencia que impartí en la Librería Cámara de Bilbao, el pasado 19 de junio con motivo de la presentación de mi poemario PÓRTATE BIEN AUNQUE SEA ABURRIDO (Huerga & Fierro editores).

Yo ya había hecho antes mis pinitos con la poesía. Nada serio, pero siempre me había gustado: Miguel Hernández, Cernuda, Neruda, José Hierro, y tantos otros. Y como siempre me pasa, aquello que me gusta quiero hacerlo yo o, por lo menos, probar. Así me pasó con el cine, y rodé y ruedo mis cortometrajes, e incluso realicé una película, Lo mejor de cada casa, de la que, quizás, alguno os acordéis porque todavía me paran de vez en cuando por la calle, y me preguntan por ella, por dónde pueden encontrarla o cómo pueden verla. Y esto es una gozada que no tiene precio. Y lo mismo me pasó con el ensayo. Y ahí están, todavía dando guerra, Divino tesoro o el más reciente y arduo Cállate la boca. O el sueño de ser algún día director de orquesta.

Pero reconozco que la poesía es algo especial. Siempre he pensado que un país sin poetas y sin poesía es un país a medias (y luego trataré de explicar por qué), un país que no puede merecer mucho la pena. Porque, desde los lejanos tiempos de Homero, en la Antigua Grecia, el poeta siempre colocaba a sus lectores en contacto con unos mundos que estaban más allá de sus propias miradas, de sus propias experiencias, y cuyas acciones les habían precedido y que, por lo mismo, podrían servirles de ejemplos a seguir… o no; y esto es, porque la trascendencia siempre habría sido algo inherente al sentir poético.

Aunque quizás, por esto mismo, hoy en día la poesía provoca más rechazo que nunca. Lo trascendente no casa bien con este mundo nuestro tan pragmático, tan de plazos cortos, y donde la “muerte de Dios”, el principal baluarte de esa trascendencia, ya es toda una realidad desde que lo proclamara Nietzsche a finales del siglo XIX.

Por eso creo que sin trascendencia nos quedamos a medias y la poesía no iba ser menos. Estoy seguro  que la poesía sin trascendencia no es realmente poesía sino un arte cojo y de muy corto recorrido, y por todo ello cuando cumplí mis 50 años, y mezclando mis gustos poéticos con esta trascendencia que yo pensaba tan necesaria y que pretendía rescatar modestísimamente, me enfrasqué en escribir este libro que hoy os presento, PÓRTATE BIEN AUNQUE SEA ABURRIDO, intentando además quitar razones a todos aquellos buenos amigos y lectores que cuando les comentaba que andaba enfrascado en la redacción de un poemario me contestaban enseguida, ¡pero Toni, ¿qué haces? A la poesía no la entiende ni dios; la poesía es un coñazo!

Así que en estas me encontraba queriendo ser trascendente pero, obviamente, no un coñazo, cuando me encontré con un poeta chileno, Jorge Tellier un excelente poema suyo: El día del fin del mundo. Os lo leo y os cuento…

 
El día del fin del mundo

será limpio y ordenado

como el cuaderno

del mejor alumno.

El borracho del pueblo

dormirá en una zanja,

el tren expreso pasará

sin detenerse en la estación

y la banda del regimiento

ensayará infinitamente

la marcha que toca hace veinte años en la plaza.

Sólo que algunos niños

dejarán sus volantines enredados

en los alambres telefónicos

para volver llorando a sus casas

sin saber qué decir a sus madres,

y yo grabaré mis iniciales

en la corteza de un tilo

pensando que eso no sirve para nada.

Los evangélicos saldrán a cantar

a las esquinas sus himnos de costumbre.

La anciana loca paseará con quitasol.

Y yo diré ‘El mundo no puede terminar

porque las palomas y los gorriones

siguen peleando por la avena en el patio‘.

 
Y es que en estos versos de Jorge Tellier vi una posible solución al problema que me había planteado al escribir poesía; éste de ser trascendente, pero no un coñazo. E inventé una posible descripción para lo que poéticamente yo quería hacer, y que Jorge Tellier me había inspirado: escribir una POESÍA A RAS DE TIERRA; una poesía que tomara su estilo, sus temas, que nos hablara, desde la más pura cotidianidad, desde las pequeñas cosas que nos ocurren a cada uno de nosotros cada día, nada más levantarnos de la cama y asomar la cabeza por la ventana.

Sí estas cosas debían de ser el meollo de la cuestión, el argumento de una poesía que, de esta manera, debía ser también poesía narrativa, una poesía que contara cosas, aquello que vivimos y de lo que vivimos diariamente porque los relatos sí que entendemos, y creía que esto podía librarme del peligro de resultar un coñazo, porque la Poesía a ras de tierra, o este PÓRTATE BIEN… por extensión, sería una poesía que se lee, que cuenta…¡y que se entiende!, porque hablaría de cosas que a todos nos han ocurrido alguna vez, o que entran dentro de lo posible que nos ocurran.

Y entonces a partir de ese entendimiento podríamos dar el siguiente paso, un paso que muchas veces nos sorprende porque, de repente, una idea, esa idea cotidiana, ese verso, esa poesía nos emociona. Y esto, la emoción ya resulta  trascendente. Es como aquello que escribía Quevedo hablando de todos nosotros, y que tantas veces hemos escuchado, lo de somos polvo, pero polvo enamorado. Es decir algo tan cotidiano como el polvo, pero al mismo tiempo, algo tan trascendental como estar enamorado, algo para lo que nos cuesta encontrar palabras exactas para definirlo, porque sí, porque está más allá de una simple explicación, porque ni es pragmático, ni intrascendente, ni individual, porque a todos nos atañe, a todos nosotros nos afecta; porque es, sin duda, el amor un universal.

Por eso la universalidad, esta trascendencia obra el milagro y hace que todos tengamos algo en común, que todos seamos parte de algo que sí, que nos trasciende, y que todos juntos, a partir de ahí, nos guste o no, estemos embarcados en un mismo barco, al que podríamos llamar “VIDA HUMANA”; cada uno jugando un papel distinto, pero todos iguales; cada uno, capitán, contramaestre, fogonero, vigía o, incluso, polizonte pero todos, seres humanos. Y esto que parece una tontada es lo que nos debe hacer, entre otras  muchas cosas, solidarios, lo que debe hacer que nos pre-ocupemos por los demás, que sintamos que en este mundo nadie puede ir a su bola, y quien insistiera en esta postura sería invitado, amablemente, a tomar un bote y dejar el barco en el que vamos todos los demás. Y él a flotar a la deriva, tan a gusto, en solitario, hasta que las fuerzas le aguanten. Y que sea por mucho tiempo porque desear, no deseamos solidariamente mal para nadie. Porque si de algo estoy convencido es que el arte, y la poesía por inclusión, si deben servir para algo, es para hacernos mejores, mejores viajeros.
 

Por eso, con mis 50 años encima, comprado el pasaje y subido a este barco al que he llamado VIDA HUMANA me puse a escribir PÓRTATE BIEN… dentro de ese programa genérico al que aludía como Poesía a ras de tierra, y por eso me convencí de que los temas de los poemas serían los argumentos que tendría más a mano, los más cotidianos, los que todos conocemos. Por ejemplo, ese amigo al que hace años que no veía y que un día, sin previo aviso, se presentó en mi casa y me contó que había estado muy jodido y que acababa de salir del hospital. Cuando entonces escribí Una forma poética de pasar por la vida, que más o menos viene a decir que…

 
Ayer por la tarde vino a casa

el Casero Comunista.

Viví con él cinco años.

No, tal vez fueron cuatro.

O cuatro y medio. No lo sé.

Pero fueron los justos y suficientes.

Yo fui su Primer Inquilino.

Y nos hicimos amigos.

Y de esos que duran

más que los años y los números.

Tocó el timbre y entró como siempre.

Como si la casa fuese suya. Y con más kilos

aunque no estropeado.

Acababa de salir del Hospital

después de quince días ingresado,

después de haber tonteado con las enfermeras

y después de haberse puesto el hígado

en condiciones de cruzar las calles.

Hacía mucho que no hablábamos.

Y mucho más que no nos veíamos.

Me contó que su hijo ya ha cumplido los doce.

(Yo le calculaba siete como mucho).

Y que apunta maneras pegándole a la raqueta.

Gana con cierta facilidad a jugadores que ya tienen catorce.

¡A ver si al final me retiro por algún lado!,

me dijo. Y entonces nos reímos y le miré.

No había cambiado demasiado.

Porque yo también habré cambiado.

Y los cambios nos hacen soñar

que seguimos siendo los mismos.

Por su parte, idéntica seriedad.

Como si todo fuera una cuestión de vida o muerte.

Y sin perder la compostura,

la juerga, el desmadre más sano e inoportuno

(de ahí que se me haya ocurrido eso del Casero Comunista),

asoma detrás de su pose regia.

Aunque a mí no me engaña.

Fueron cuatro años y medio.

Pero fueron muchos años.

Con los veinte en los bolsillos

cada año que se añade da para mucho.

Y nosotros no aprendimos a desaprovecharlos.

Pudimos haber estado la tarde entera charlando.

Y la noche. Hasta que se hiciera la mañana

como tantas veces se nos hizo

hace… ¡cuánto tiempo!

Pero en los ratos que nos pisábamos las palabras,

cuando las frases se quedaban colgando

a medias y la conversación crecía

describiendo los disparates que habíamos cometido,

ese mismo tiempo se comprimía e inconscientemente

descubríamos que las agujas de todos los relojes

se habían detenido

para mirarnos y escuchar

a dos amigos que podrían contarse sin parar

a tomarse un respiro.

Luego, al final de la visita, nos separamos.

Tenía que visitar a un tío,

de más de ochenta años,

que acababa de quedarse viudo.

Iba a hacerle la cena. El Casero

sigue siendo un cocinero de primera.

Y nos despedimos con un abrazo.

Más sincero yo no sabría darlo. Lo juro.

Y quedamos en volver a vernos.



Y cenar los cuatro.

Él y yo y nuestras respectivas, Gema y Paula.

Y estoy planeando decirle a Paula que prepare

un rape al horno con patatas panaderas.

Quizás tengamos que regarlo

con agua destilada. Por lo del hígado del Casero.

Pero, ¡qué coño! La salud ante todo.

Ya nos la maltratamos bastante en su momento.

Y, ¡ojo!, no me arrepiento. Aunque no repito.

Además sólo el rape de Paula ya es de cinco estrellas.

Y con patatas panaderas.

Lo borda.

 
Y trato de contarlo con esa necesaria y trascendente emoción porque a todos nos ha podido ocurrir algo similar. Y en esto consistiría la Poesía a ras de tierra: algo simple pero endemoniadamete complicado de hacer. Y lo digo por experiencia ahora que lo he hecho. Pero éste ya es un problema del que escribe. Nosotros, y ahora me cambio de lado, somos, más bien, lectores. Y esto es más sencillo. Jorge Tellier, por ejemplo, también nos habla en su poema sobre él mismo, sobre una experiencia que él ha vivido, Jorge Tellier nos hablaba sobre Jorge. Aquél sería su yo poético e intransferible, pero al mismo tiempo, al hablarnos a ras de tierra, cotidianamente, al hacer que le entendamos, que nos emocionemos, trasciende la línea del suelo, los huesos y la carne de Jorge, y nos habla sobre todos, sobre todos nosotros; esto es, sobre algo que a todos nos atañe y nos incumbe, seamos CAPITANES, CONTRAMAESTRES, GRUMETES, POLIZONES A BORDO DE LA VIDA HUMANA, DE ESTE BARCO EN EL TODOS NAVEGAMOS. 

Y así yo mismo, con este poemario que hoy os presento aquí, en la entrañable, por muchos motivos, LIBRERÍA CÁMARA[1], con este PÓRTATE BIEN AUNQUE SEA ABURRIDO no he querido hacer otra cosa: apuntarme, como el más humilde secretario, a este gran consejo de la Poesía a ras de tierra donde también podemos codearnos con Ernesto Cardenal, o Gil de Biedma o Walt Whitman o al mismísimo Pasolini, entre otros. Todos ellos, una compañía como difícilmente podríamos encontrar y que nunca nos dejará en la estacada. Porque son ELLOS SÍ pero, al mismo tiempo, al hacer que sus versos pierdan ese sesgo de anecdoticidad y se trascendentalicen, consiguen que NOSOTROS, que les leemos, nos sintamos cómplices de sus experiencias, que podamos subirnos a ese mismo barco “trascendente”, a la VIDA HUMANA que ponen a nuestra disposición y dejar, con ello, la tierra firme, pero intrascendente, repleta de chascarrrillos, eslóganes, ocurrencias que no nos llevan a ningún lado pero de donde habríamos partido sí, aunque para aspirar a algo más, a algo más trascendente, y que no nos dé miedo decirlo, porque ningún otro ser vivo de los que pueblan este Planeta, puede presumir de serlo.

Eta eskerrik asko, por venir y aguantarme…



[1] Cuando se me preguntaba de niño qué quería ser de mayor, si médico o abogado o ingeniero, yo siempre contestaba “ser el dueño de una librería como Cámara”.


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