miércoles, 22 de abril de 2015

EUROLEAGUE, FÚTBOL Y MALETINES


Estos días anda la Euroleague de baloncesto disputando los play-offs que decidirán los cuatro participantes en la Final Tour de Madrid. No es que esto en sí me interese demasiado. Únicamente llamaría la atención sobre el hecho de que el Real Madrid en su obsesiva y enloquecida carrera en pos de más y más títulos en las altas competiciones deportivas europeas tanto de fútbol (la Champions) como de baloncesto (la mencionada Euroleague) no ha tenido ya más remedio que volver a aflojar la cartera, desembolsar un buen puñado de euros y traerse la fase decisiva de la competición, esto es, la Final Tour, a la capital de este Reino de Taifas. Con la esperanza de que a ver si este año, por fin, Felipe Reyes levanta el preciado trofeo después de que lo hicieran aquellas huestes merengues lideradas por Arvidas Sabonis ¡allá por el año 1995!
 
Mucho tiempo, sí, mucha agua ha caído para estos ambiciosos y siempre hambrientos colmillos de Don Florentino. Cuando la sección (de baloncesto, se entiende) ya ha debido aprenderse de memoria que a su otrora (¿o lo es todavía?) flamante, rutilante y millonaria estrella o Rudy Fernández padece una incontinente cagalera, que le deja a medio gas, cada vez que debe jugar uno de esos partidos de sí o no ante un público que no es el suyo y que, tradicionalmente (méritos ha hecho el muchachito de Palma), se vuelca en su contra cuando bota el balón, arma el brazo para cascarse un tiro de tres o se fija en el aro y en el tablero de la canasta antes de lanzar un tiro libre. No, al muchachito, que ya no es tan muchachito, ya lo conocemos: nervios no precisamente de acero, a lo Nadal para entendernos, carácter más bien amembrilado, si es que la palabreja existe. Pero este año no le van a valer excusas. El Real Madrid se ha traído la Final Tour a casa, tiene un equipazo para solventar las posibles “lagunas mentales” de su otrora (¿o lo es todavía?) figura o figurita, y el muchachito ya hace tiempo que se afeita.

¿Faltaría algo más? La suerte, por supuesto. Como diría aquel general ruso de la inmortal Guerra y Paz. Pero parece que a estos arrogantes vestidos de blanco Tolstoi se la trae foja y hasta la suerte les parece una cuestión que a ellos nos les incumbe ya que sólo los débiles de espíritu se amedrentan ante ella. Ellos, nunca. Jamás. Pues que les vaya bonito. Porque a mí me gustaría que perdieran la final. Y que fuera por un punto. Y en la prórroga. Sólo lo lamentaría por Pablo Laso que siempre me ha parecido un deportista y un honrado técnico y al que, por ello, nunca he sabido muy bien colocar en semejante banquillo. Me imagino que muchos billetes de euro … morados habrán tenido la culpa.

Pero perdón por la chapa si es que a alguno de los que ha llegado hasta aquí se lo ha parecido porque, de verdad, no hubiera querido enrollarme tanto. Porque yo iba a otra cosa. Porque antes de llegar a estos play-offs previos a la Final Tour de Madrid los equipos clasificados han estado divididos en dos grupos de ocho equipos. Jugaron todos contra todos, a doble vuelta y los cuatro primeros de cada grupo son los que están actualmente disputando los mencionados play-offs. La FIBA, que es como la futbolera FIFA, llama a esta fase el TOP16. Y en él sucede lo que tiene que suceder dado el sistema de competición empleado. Y es que en su última jornada (y a veces también en la penúltima y en la antepenúltima) hay muchos partidos que enfrentan a equipos ya eliminados y que nada se juegan en el envite, contra otros que al revés, que en esos 40 minutos (si no hay prórroga o prórrogas) se juegan el ser o no ser en la competición y, en el caso de muchos (el Maccabi, por ejemplo), el ser o no ser de todo la Temporada.

Y con esto llegaríamos adonde habría querido llegar desde el principio. A los partidos intranscedentes para unos, y súper trascendentes para otros. ¿Y cómo se dirimen y se resuelven estos enfrentamientos? ¿Qué podemos sacar en claro de sus resultados? Porque analizando los marcadores que se produjeron en la última jornada del TOP16 de este 2015 podríamos, seguramente, aventurar algunas cosas curiosas. Por ejemplo, Fenerbahce Ulker versus Anadolu Efes. El equipo entrenado por Zelko Obradovich, el Fenerbahce no se jugaba nada. Era segundo de su grupo ganara o perdiera. Luego partido intrascendente para él. Pero para el Anadolu, partido a cara perro. Partido, súper transcendente. Si perdía, y minutos después ganaba el Laboral Kutxa en la cancha de un Unicaja Málaga ya eliminado y que nada se jugaba en un envite para él intrascendente, a empaquetar sus ropas, cerrar las maletas y para casa hasta una próxima ocasión. ¿Y el resultado entonces? ¡Fenerbahce Ulker, 83-Anadolu Efes, 72! ¿Chocante, no? Es como si la indiferencia por perder enfrentada a la presión por ganar hubiera favorecido a la primera.

Pero fíjémonos si no todavía en el partido que vino a continuación. Los vitorianos del Laboral Kutxa contra los malagueños del Unicaja. Para los vitorianos más claro que el aire, conociendo ya la derrota del Anadolu Efes frente al Fenerbahce: ganando al defenestrado Unicaja tendrían en el bolsillo el pase a los play-offs. ¿Y el resultado? Unicaja, 93-Laboral Kutxa, 84. ¡Coño y tan chocante! Y esto bien se merece “una vueltilla de tuerca”. ¡Y confirma que en el baloncesto la “indiferencia” vence en el pulso a la “presión”.

Aunque, amigos, con el fútbol la cuestión pinta distinta: opuesta. Cuando un equipo no se juega nada en el campo y el contrario, la vida, el resultado final no deja lugar a la duda. ¿O acaso nos hemos olvidado del sonrojante 12-1 de España contra Albania o del no menos bochornoso 6-0 de Argentina contra Perú en su Mundial del 1978? Parece que en el fútbol, y al contrario de los que pasa con el basket, cuando a un equipo el partido le resulta “indiferente” ya podemos ir firmando su sentencia de muerte porque un contrario con “presión”, si le resulta preciso, le meterá tres, cuatro, cinco, o los goles que le hagan falta (por supuesto siempre dentro de unas “cantidades” razonables para 90 minutos de partido). Hasta en este detalle los dos deportes resultan tan antagónicos como el día y la noche. Y sus fieles seguidores ad hoc: apenas si puedan “seguirse” y hablar sobre sus respectivas pasiones sin una mueca de pasotismo, cuando no de franco desprecio, por el contrario de la camiseta de tirantes, por ejemplo. 
 
Pero todo esto, ¿a qué puede obedecer? Y ésta sería “la vuelta de tuerca”. Mi contribución personal. Porque las razones no serían tan difíciles de ver como una jirafa haciendo el pino. Se trata de que en el baloncesto los equipos no tienen más cojones que atacar. Para los cual se han implantado dos reglas preci(o)sas. Hay que pasar el campo propio en menos de 8 segundos. Y una vez que esto se ha conseguido hay que lanzar a la canasta rival en menos de 24. Por lo que la indiferencia por el resultado y la tranquilidad de ánimo, que ello llevaría aparejada, juegan (y valga la redundancia) ineludiblemente, CUANDO EXISTE, REPITO, ESA MARAVILLOSA (PARA EL ESPECTÁCULO) OBLIGACIÓN DE ATACAR, en favor del equipo que ostente en ánimo esa indiferencia y la tranquilidad. Y al revés, la presión, la necesidad de ganar, CUANDO EXISTE, REPITO, ESA MARAVILLOSA (PARA EL ESPECTÁCULO) OBLIGACIÓN DE ATACAR, repercutirá en contra del equipo que cargue sobre sus hombros con la mencionada presión, con esa imperiosa necesidad de ganar. Habrá, ¡qué duda cabe!, factores del juego en los que dicho equipo “con presión” saldrá beneficiado: el rebote ofensivo, por ejemplo, se cargará con mayor energía y en esa faceta del juego saldrá bien librado, sus defensas serán más pegajosas y atosigantes pero, en general, el equipo “con presión” saldrá perjudicado. La precisión de sus tiros, ante la ausencia de la debida tranquilidad, dejará mucho que desear. Sus porcentajes caerán por el precipicio. Las protestas, y las faltas y consiguientes técnicas serán, seguramente, una Espada de Damocles que, en muchas ocasiones, se afilará contra sus apurados gaznates; un mala jugada será, en definitiva, ésta de tener que jugar un partido de baloncesto “con presión” contra un equipo que, al contrario, nada se está jugando en la cancha. Y ti y tu equipo, mientras tanto, peleándose contra todo lo que se mueve cuando, en realidad, el rival está ahí porque así lo dispone el calendario. Sí, mala jugada. Una de las peores. Y a las pruebas me remito.

Y sin embargo con el fútbol, ¿qué pasa? Pues lo de siempre. Lo contrario de lo que pasa en el baloncesto. En el fútbol ESA MARAVILLOSA (PARA EL ESPECTÁCULO) OBLIGACIÓN DE ATACAR brilla por su ausencia. No existe. Y así el equipo al que esa indiferencia y la tranquilidad adornan sus camisetas podrá recibir tantos goles como puñetazos Margarito en su sangriento combate contra Pacquiao. Nada le obliga a atacar. Nada le obliga a salir de su campo y pasar al del contrario. Cosa tan necesaria para meter un gol. Pero nada, una regla por ejemplo, le obliga a salir de su letargo. De su bendita siesta y modorra. Y en cambio, el contrario, ese otro equipo que sí se está jugando la vida y juega y disputa cada balón con furia, con presión; ese equipo al que el resultado puede cambiarle la vida, saldrá a morder, a atrincherar en su área al rival. “Hazaña” que no le costará llevar a cabo. Porque el indiferente y tranquilón rival, por lo que hemos dicho, tampoco querrá irse mucho más lejos, ni abandonar su área. Y estas dos circunstancias unidas no podrán desembocar en ningún otro resultado: 12-1, 6-0.

Pero si esto en principio no tendría en sí nada malo, salvo para el sufrido espectador que habría pagado una entrada para presenciar una “filfa”, una “broma que a nadie hace reír y menos disfrutar”, sí que acarrea un peligro que suele poner en serio peligro al propio deporte: los amaños, los dichosos maletines. Pero estos son, si me he explicado, y “la vuelta a la tuerca” de ha dado en su correspondiente sentido, la necesaria consecuencia de las reglas del fútbol. PORQUE SI UN EQUIPO, AFECTADO POR LA INDIFERENCIA Y LA TRANQUILIDAD DE ÁNIMO, NO ATACA ALGO HABRÁ QUE HACER PARA QUE LO HAGA. Y el dinero, en estos tiempos que corren que se las pelan, será seguramente la liebre más jugosa y efectiva para conseguir que esas piernas indiferentes y tranquilas se reactiven, que esos ojos alicaídos se abran como platos y que los ronquidos dejen de escucharse sobre la hierba. Y surgen entonces los sempiternos gritos al cielo, y las sospechas. Y las sospechas enturbian, desacreditan la Competición, el juego limpio. Hacen que el sudor de los contendientes huela a gel de ducha pero que huele francamente mal. ¡¿Por qué ese equipo al que el resultado del partido le resulte indiferente está jugando como si la vida le fuera en cada regate?!...

Aunque esto es lo que hay. Así lo han dispuesto los dirigentes y mandamases del balompié. Polémicas y más polémicas. Que de esto vive también el fútbol. Y muy bien por cierto. Luego no seamos cínicos y nos andemos quejando de lo que tenemos. Cuando lo que tenemos lo tenemos porque nos da la gana. Lo que a menudo suele ser además (aunque no siempre) porque nos lo merecemos. Así que mientras no se tomen cartas en el asunto y se acuerden otras regalas los maletines seguirán yendo de mano en mano. Y el fútbol irá dejándose en cada relevo parte de aquel limpio espíritu competitivo que le hizo ser, una vez, el Deporte Rey.

 
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sábado, 18 de abril de 2015

NBA PLAY OFFS. 1ª RONDA: EL NO VA MÁS

Los Playoffs, al detalle: analizamos todos los cruces

Después de casi 6 meses de Temporada (regulín) Regular empieza el mayor espectáculo del mundo deportivo: ¡la 1ª ronda de los Play-Offs de la NBA! En ellos los jugadores que han estado afilando sus dientes durante los 82 enfrentamientos, más o menos decisivos pero nunca trascendentes, de la (¡ellos lo dicen también) "Regular" Season, pueden por fin hincar esos dientes en las carnes del rival (figuradamente, claro: sin hacer personal). Un día sí y otro no. Y qué cabe duda que los aficionamos disfrutamos más a gusto con estos partidos a cara de perro. Son el "ser o no ser" que nos recitaba el Hamlet shakesperiano. "El uno o el otro", donde ya no se permite coger prisioneros. Y en la 1ª ronda, con las energías aún casi-intactas, con toda la intensidad y ganas de partirse el cobre en serio, ¡ya era hora!, los jugadores están en condiciones perfectas de brindarnos lo que por estas fechas se nos viene encima cada año: ¡el mayor espectáculo del mundo deportivo!

Así que paladeemos y saboreemos el trago. ¡Salud! Que después las semifinales y finales serán aún más importantes en la tan ansiada búsqueda del Anillo de Campeón, pero las fuerzas ya no serán las mismas: habrán menguado, y mucho, porque todos los pullazos que se reciben durante estos increíbles partidos de la 1ª ronda dejan siempre visibles e importantes secuelas; la mayoría de ellas, incurables.

 Los Playoffs, al detalle: analizamos todos los cruces

 
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jueves, 16 de abril de 2015

PABLO BERASALUCE, QUE NADIE TE TOQUE LAS "PELOTAS"


Mandé esta carta a la empresa a la que pertenece Pablo Berasaluce en la confianza de que se respeten sus tiempos y pueda preparar la Final del Campeonato de Parejas de Pelota2015 con la tranquilidad y el sosiego que se merece él y una ocasión tan especial como ésta. La carta dice así:
 
Estimados amigos/as de Asegarce,

os escribo estas líneas desde el entusiasmo y la más sincera admiración que siento por este juego de la Pelota a Mano que tanto queremos y con el que tantos inolvidables momentos hemos pasado.  Y el motivo no es otro que la próxima Final del Campeonato de Parejas con la participación en ella de Pablo Berasaluce, el pelotari de Muskiz que puede dar a Bizkaia su primera txapela en 35 años; además de ser la primera que a sus 37 años, y no sé cuantos como profesional pero muchos, Pablo se colocaría sobre su cabeza.

Y creo que todo esto ya es más que suficiente para que el frontón de Miribilla se llene hasta los topes, para que la afición ruga y jalee cada tanto como si, en realidad, fuera a ser el último. La tensión está garantizada. Y por eso mismo deberíamos andarnos con cuidado. Y no cargar demasiado las tintas ni echar sobre los hombros de los pelotaris, y en concreto de Pablo, más presión de la necesaria. Y lo digo a cuenta de detalles como esa portada de El Correo del pasado día 14 donde la figura de Pablo Berasaluce lucía ¡a 4 columnas ocupando más de la mitad de la página!
 
Porque si vamos a seguir por estos derroteros hasta la tarde de la finalísima no tengo dudas de que Pablo saldrá al frontón con el peso de toda la provincia (unas cuantas toneladas de tierra y mar) sobre sus hombros, como si en sus manos (que sólo tienen cinco dedos como las de cualquier mortal) debiera estar la solución a todos nuestros vizcaínos problemas. Claro, que ésta es nuestra encarar las cosas más o menos importantes: hacer de todas ellas (de una final del Campeonato de Parejas, por ejemplo) una cuestión de estado. Y Pablo no se merece tamaña responsabilidad ni castigo. La final ya será dura sin que nadie le añada más presión de la necesaria. El najerino Álvaro Untoria creo que ha sido la revelación del Campeonato. Por el bien del espectáculo que le siente mal el debut(profeno). Zubieta, que ha sido, con el permiso de Zabaleta, el mejor zaguero del Campeonato le espera con las cuchillas afiladas. Y Oinatz, su compañero y rival de Pablo en los cuadros "alegres", es un consumado "killer". ¿Quién podría negarlo? Un pelotari, por momentos, de dibujos animados. Y tampoco él ha ganado una txapela del Parejas. Pero es más descarado, más “canalla”, menos introvertido y sentido que Pablo. Y además Oinatz ya se probó aquella otra txapela del Manomanista que, al decir de los entendidos, tiene mayor peso y valor.

Por todo esto, cuidemos a Pablo, dejémosle rumiar su propia tensión, que saboree a su aire cada uno de los minutos que quedan hasta la Final y nos brindará un bonito partido. Que es lo que todos los aficionados a la Pelota queremos. Gane o pierda jugará como sólo él sabe hacerlo. Y no exageremos las noticias en lo que a Pablo, y a Bizkaia, respecta, ni nos tomemos los prolegómenos del acontecimiento a la tremenda, como si después del tanto “22” la vida fuera a detenerse, ni saquemos cada detalle de quicio. El frontón estará a reventar. La reventa si no el agosto (los tiempos tampoco están para tomarse unas vacaciones) sí que hará el septiembre o el junio que casi-casi son también de “temporada alta”. Y el negocio y la taquilla, también garantizadas. Por todo eso, digo, seamos por una vez discretos. Que la boca y la pluma no se nos llenen con grandes titulares que, seguramente, ayudarán a vender más prensa y minutos en televisión pero que, sin duda también, jugarán en contra de Pablo. Y mucho antes del 26 de abril. Y sin tacos en las manos. Y lejos del frontón. Y Pablo no, no se merece eso. Porque a estos enemigos, a estos fantasmas como les llaman algunos, ni él ni nadie han podido derrotarles nunca. Y así todos salimos perdiendo.
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viernes, 27 de marzo de 2015

ATHLETIC, QUE NADIE DUERMA EN BARCELONA

 

Todavía estoy rumiando la jugada y el gol que nos ha metido el Barcelona antes de comenzar la Final de Copa de este año. Porque si jugar el partido en su propio estadio no es un gol tempranero que baje Dios y que diga lo contrario. Pero meterse en estos jardines y con estos cuatreros trae estas consecuencias. Se quiso traer la Final a Bilbao, a nuestro flamante y recién inaugurado San Mamés y nos hemos encontrado con lo que ahora tenemos. Por eso no debemos tener dudas de que se peleó por conseguir la Final para Bilbao. Éstas son las cosas que tiene buscarles las cosquillas a los abusones. Quienes hemos pasado y jugado miles de recreos en patios de colegio “unisex” nos lo sabemos de memoria. El resultado de la lucha no deja lugar a las dudas. La Final no sólo no se jugará en San Mamés sino que se disputará en el campo que nunca quisimos, en el campo del rival, del “abusón” de turno: en el Nou Camp. Si no queríamos taza, tomad, taza y media. Pero no nos achantemos antes de tiempo. Que el gol encajado no cuenta. Porque el árbitro aún no ha hecho sonar su silbato. Seguimos 0-0. Y velando armas. Que nadie duerma en Barcelona…

Nessun Dorma!

Porque que no atiendan a tus razones legítimas es un detalle que debe tenerse en cuenta pero continuar tan campantes,  como si nada hubiera ocurrido, es poner la mejilla para que te aticen otro tortazo. Y este segundo tortazo, por pardillo. Quiero decir que si la Final nos la han birlado (los cuatreros, digámoslo ya) y se la han llevado a Barcelona no vamos a ser tan canelos de echar a correr para reservar habitaciones, al precio que a ellos más les apetezca, en los hoteles de Barcelona, en los “albergues” del señor Gaspart; y a comer y a cenar y a beber en Las Ramblas y Canaletas… ¡Eso no! Si quieren “forrarse” que se pongan un abrigo. Humildes y pobres… seguramente. ¿Apaleados?, ¡jamás! Que nadie duerma en Barcelona…

Nessun Dorma!

Y por eso propongo una insumisión. Y al enemigo, ni agua. Que ningún hincha del Athletic que viaje a Barcelona a presenciar la Final duerma en un colchón en Barcelona. Y para ello barajo dos posibilidades: salir muy temprano y animosos desde Bilbao, o más descansados y prudenciales, pillar alojamiento en alguna de las bonitas ciudades y pueblos aragoneses, cercanos si se quiere a la frontera catalana, despertarnos bien entrado el día y arrear hasta el Nou Camp para darlo todo por el equipo. Que nadie duerma en Barcelona…

Nessun Dorma!

Porque habrá que emprender el viaje bien pertrechados. La comida y la bebida en Barcelona, ni tocar. El almuerzo, los bocatas, el kalimotxo y la bota de vino nos lo llevamos puesto. Y después de la Final, tanto si se ha perdido como si se ha ganado, para casa. Si el resultado ha sido una derrota, a ahogar las penas y la mala suerte, y los postes si los ha habido en algún rinconcito tan lejos de La Masía como de Marte, pero con la bebida más a mano que la Plaza Moyúa. Y si el resultado ha terminado con una victoria histórica, a regresar a bocinazos al Botxo, como si nos persiguiera el mismísimo Atila. ¡Y a preparar la Gabarra! ¡Y a alborotar las calles de Bilbao! ¡Y a pensar que por unos días el mundo entero cabrá en nuestras Siete Calles! ¡Y que Dios también se vistió, por esta vez, con la camiseta rojiblanca! ¡Y que los abusones y los cuatreros, en esta historia, se han llevado, por fin, su merecido! Que nadie duerma en Barcelona…

Nessun Dorma!
¡Así vencere(mos)!
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martes, 24 de marzo de 2015

MARLON BRANDON & R. L. STEVENSON, PARECIDOS RAZONABLES


Hay “parecidos razonables” que descolocan o que, por lo menos a mí (ya que éste me afecta directamente a mí), me dejan absolutamente perplejo. Sin saber muy bien qué pensar exactamente. O pensando que, tal vez, las cosas mantengan entre ellas una relación que no alcanzamos a comprender y que cuando la tenemos delante de los ojos nos deja fuera de juego, y por bastante más que un “palmo”.

Y a ver si consigo explicarme. Una de mis películas favoritas, una de ésas por las que siento una particular e inmarchitable admiración es El rostro impenetrable (One-Eyed Jacks), el western que Marlon Brandon dirigió en 1961. ¿Las razones? Muchas. Y muy variadas. Por ejemplo, que es la primera y única película que realizó el actor americano. Como me ocurre a mí con mi ópera prima, y de momento única película en mi “austera” filmografía, que sería Lo mejor de cada casa (Una semana en el parque). O porque El rostro impenetrable es una rareza. Vosotros diréis: una película del Oeste dirigida e interpretada por Marlon Brandon y cuya duración sobrepasa… ¡las 2 horas y cuarto! Y yo siempre he sentido una franca afinidad por estas “rarezas”. Por lo que no es como lo demás. Por lo que es y presume de ser diferente. Y en esto El rostro impenetrable no se esconde. Es una película diferente. Y muy larga. Y más tratándose de un western clásico. Sin duda que también eso la “toca” con la varita de la singularidad. ¿Y qué más? Quizás su director y actor principal. Porque reconozcamos que Marlon Brandon puede ser muchas cosas pero un tipo normal y corriente me temo que no. Aunque tampoco sabría decidir si ése es el motivo o uno de los motivos pero, en cualquiera de los casos, me atrevería a afirmar que una vez que se ha visto El rostro impenetrable uno no se olvida tan fácilmente de ella. Y seguramente la estupenda música de Hugo Friedhofer también tenga algo que decir al respecto. Y los actores, empezando por los siempre espléndidos Kart Malden, Ben Johnsom, Slim Pickers, Elisha Cook Jr o la misma Katy Jurado. O esa bonita historia de amor imposible que se crea entre dos seres tan opuestos como el forajido y canalla que interpreta Brandon y la ingenua e inocente Pina Pellicer.
 
No, no sabría con qué quedarme. Si apuntar a una razón o apuntar al aire y quedarme con todas… o con alguna otra que, en una primera y precipitada batida, me habría dejado en el tintero. Porque, vamos a ver, ¿qué es lo que hay en El rostro impenetrable, en un western, que no encontramos en ningún otro? Y entonces, a nada que lo pensemos, tal vez demos con la respuesta: ¡el mar! Claro, El rostro impenetrable transcurre en Monterrey, California, a la orilla del Océano Pacífico, y el mar es un elemento que en la película siempre está ahí, en presente, azotando con el rumor de las olas su banda de sonido e impregnando sus fotogramas con un inconfundible sabor a salitre y a arena mojada.

Claro, siempre nos acordamos del mar cuando pensamos en El rostro impenetrable. Y éste será un recuerdo que siempre nos acompaña, que desvela posiblemente que alguna vez, en algún tiempo muy remoto, todos sacamos nuestras cabezas del agua, que todos en definitiva venimos de allí. Y de aquí, entonces, el encanto que destilaría y que siempre tendrá El rostro impenetrable. El gran, y nunca suficientemente añorado, Jose Mª Latorre lo anotaba a menudo en sus comentarios sobre la película: el mar hace que El rostro impenetrable sea una película fascinante, única en su género y… singular. Y yo lo corroboro. Y continúo (con aquello a lo que iba).
 

Porque la tarde pasada leía uno de los ensayos que escribió el mejor, para mí el mejor escritor (junto con William Faulkner) que haya emborronado jamás una cuartilla en blanco, y que no es otro que Robert Louis Stevenson. El ensayo se titulaba, o se titula, La antigua capital del Pacífico y en él Stevenson nos habla de su estancia en Monterrey, el mismo lugar que eligió Brandon para rodar su rostro impenetrable. Y Stevenson redacta el ensayo alrededor de 1880, un año que no quedará lejos del tiempo en que transcurre la película de Brandon. Y Stevenson escribe (y ésta fue la sorpresa mayúscula que sentí mientas lo leía, la que me  impulsa a pergeñar estas líneas), las olas que lamen suavemente las escolleras de Monterrey se hacen más grandes cada vez, en la distancia; (…) y en todas partes, incluso cuando hace buen tiempo, el rugido lejano y electrizante del Pacífico resuena por la orilla y los campos adyacentes, como el humo que se eleva sobre un campo de batalla. (…) Un rasgo común en toda esta región es la presencia perpetua del océano. El sonido lejano de las olas te sigue hasta las profundidades de los cañones del interior.

Y ya está. Porque ya no me cabrían dudas que las sensaciones que Stevenson y Brandon experimentaron contemplando Monterrey fueron las mismas, sólo que con ¡80 años de distancia entre las dos! Y que estas dos expresiones artísticas, dejemos ahora de lado cualquier agravio comparativo entre ellas, tan imprescindibles en mi imaginario como lo son la prosa de Stevenson y El rostro impenetrable de Brandon se estrechen las manos, más allá del tiempo, sobre las cálidas aguas que bañan los alrededores del Monterrey de finales del siglo XIX, me ha parecido motivo más que suficiente y sobrado para dejar constancia de ello en este artículo de este humilde “aprendiz de la vida”, que no deja de asombrarse ante las increíbles cosas (¿o no son, acaso, éstas el material, parafraseando al halcón maltés, con se forjan estos “parecidos razonables”?) que le va contando aquella que como decía el poeta, y como Brandon en la soberbia escena que cierra su película, va a “dar en la mar, que es el morir”.
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domingo, 15 de marzo de 2015

LA MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cuando me preguntan por mi película favorita de los dos últimos años, por ejemplo, me siento ante todo perplejo porque la opinión de uno siga contando para algo o que, por lo menos, despierte la curiosidad de un semejante (ya que supongo que si me lo pregunta es porque ese semejante tiene interés en conocer mi respuesta al respecto y no, simplemente, por escuchar el tono de mi voz o por comprobar que ésta me haya "cambiado", ya que los 14 años los dejé atrás hace tiempo y a Dios gracias).
 
Pero la pregunta, aparentemente sencilla, no tiene tan fácil contestación. Quizás debiera remontarme a los lejanos tiempos de Una historia verdadera, esa maravilla sobre el tiempo y la vida de David Lynch o al Fausto que Sokurov rodara en plenitud de condiciones y con todo ese ruido y furia shakespearianos que el director ruso es capaz de poner en imágenes (y que hoy en día, y aparte de él, no se me ocurre a ningún otro). Me gustó también El sueño de Ellis, una versión muy sui generis de La Strada felliniana con Marion Cotillard en lugar de Guiletta Masina, Joaquin Phoenix por Anthony Quinn y Jeremy Renner por "El loco" de Richard Basehart y un increíble finale a lo Moonfleet con Cotillard perdiéndose entre las olas a bordo de una barcaza como un trasunto del Stewart Granger de la película de Fritz Lang, pero dirigida ésta por James Gray, que a nada que se lo proponga acabará convirtiéndose (¿o acaso no lo es ya?) en el mejor director de cine americano. Y no sé,... me sobran dedos, muchos dedos.
 
Y sin referirme aún a este país, a nuestro país de marras, a éste con una mala salud de hierro, que decía Ortega, y a prueba de bombas fabricadas con el 21% de IVA. Pero si el curioso en cuestión me persiguiera y preguntara por mi película española favorita de los dos últimos años ya estaría tocándome los c.... con las dos manos. Porque pensar en este tipo de cosas sólo puede hacerte emprender un viaje a través de todas las películas españolas que recuerdo haber visto y volver encogiéndome de hombros y con las alforjas más vacías que la despensa de Gandhi, o provocarte directamente el más inmenso dolor de cabeza..
... Pero de repente ¡una luz! Sí, la promoción que TVE realizó para publicitar la emisión de cine clásico en su cadena. Sí, ésa es mi "película" favorita española de los últimos años. Lo confirmo. ¿Y que no es una película?, ¿qué sólo dura minuto? Me da lo mismo. Esas imágenes, sobre la bonita canción de Lara del Rey, son lo más emocionante que he visto por parte del cine patrio en mucho tiempo. Una estupenda miniatura animada. ¿Y es que tal vez nos esté llegando la hora de replantearnos definitivamente las películas en hora y media, en tres actos, en tantos planteamientos-nudos-desenlaces y buscar o enredar con otras estructuras, formatos y duraciones, con otros motivos que no nos hagan salir despavoridos de las salas de cine o soltar tan sonoros ronquidos que hasta Phil se despertaría de su letargo antes del 2 de febrero, del Día de la Marmota para los no avisados?
 
Y os pongo la promo y citadme ahora vosotros otra reciente película española mejor que ésta.    

 

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viernes, 13 de marzo de 2015

ELMER BERNSTEIN & RAVEL, PARECIDOS RAZONABLES

 
En la entrada fechada el pasado 8 de julio de 2014 inauguré (¡que pretencioso me suena ahora que lo  escribo!) una sección que llame de forma, no muy original que digamos, parecidos razonables, y en cuya 1ª edición citaba una canción Silence, Sea & Sky de The Chameleons y el tema principal de Twin Peaks escrito por Angelo Badalamenti, como curiosos "parecidos", dadas las diferencias geográficas, temporales y musicales que existen (espero que esto nadie lo ponga en duda) existentes entre el grupo inglés y el compositor de Brooklyn.
 
Pero pienso que esto de los "parecidos razonables" es uno de los ejercicios más saludables que podemos realizar metidos en estas "huestes artísticas" ya que se trata del mejor que demuestra, o por lo menos me lo demuestra a mí, que las líneas que configuran a los distintos artistas lejos de ser líneas paralelas, sin contacto alguno entre ellas, son justo lo contrario: líneas transversales, líneas de fuga (que diría el imprescindible filósofo francés Gilles Deleuze) que se cruzan continuamente y de cuyos encuentros surgen nuevos temas, nuevas melodías, nuevos actos de creación.
 
Por esto siempre he insistido, en mis clases, en tomar por bandera un aprendizaje continuo, que nunca se termine y que nos permita descubrir tantos parecidos razonables como nos sea posible. Porque este rastreo de similitudes de fondo y/o forma, lejos de darnos la pueril excusa de ir corriendo a cualquier oficina de Derechos de Autor a denunciar un miserable plagio, nos debe servir como impagable ejemplo de que el Arte, en mayúsculas, no es sino Uno, también con mayúsculas: aquella expresión al alcance sólo de los seres humanos, la que hace que podamos ser, al mismo tiempo, humanos o, como diría Nietzsche, demasiado humanos.
 
Y me animo, y confío en seguir con la sana costumbre (indicio de que aún no me he convertido en piedra o pedrusco), y traigo a colación una 2ª entrega de estos "parecidos razonables" que no harían referencia sino al Tema Principal de la película Matar a un ruiseñor (To Kill A Mockingbird), de Elmer Bernstein, que de vez en cuando pienso que es el mejor Main Theme, que dirían en Hollywood, escrito para cine y el Menuet o 3º movimiento de la suite para orquesta Le Tombeau de Couperin, una delicatesen de Maurice Ravel (para quien no tenga paciencia, cosa que lamentaría, de escucharla entero, el Menuet empieza en el minuto 9 y 43 segundos). Y sugerir, apenas, antes de dejaros disfrutar con ellas que los "parecidos" entre ambas, más que en sus notas y acordes, yo los derivaría del aire que "sopla" sobre las dos piezas y que vuelven a congraciarme, ¡una vez más!, con este género humano al que pertenezco, me guste o no, y que no puedo negar que en muchas ocasiones, en muchas más de las que debería, me saca, y me temo que continuará sacándome, de quicio.
 
     MATAR A UN RUISEÑOR, BERNSTEIN               
 



  LE TOMBEAU DE COUPERIN, RAVEL  
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