viernes, 26 de julio de 2024

JOHN GILBERT, EL ACTOR MÁS ENTRAÑABLE

Si me dijeran que eligiera a un actor entre todos los que ha habido y hay, a uno, uno, a uno solo solamente, posiblemente tardaría en pronunciar su nombre pero, sin duda, John Gilbert estaría entre esos candidatos a los que mi cabeza estaría dando vueltas. Y a más de uno y de dos podría parecerles, a bote pronto, una boutade, una ocurrencia de aquél que quiere pasar por ser más listo que nadie, más ingenioso que ninguno. Pero creedme que ésa no es mi intención. Y enseguida trataré de explicar el "sentido de mi voto".

Porque para quien no lo sepa John Gilbert fue una de las mayores estrellas del cine mudo. Ahí estarían para quien quiera corroborarlo La viuda alegre (1925), a las órdenes del gran Erich von Stroheim, El demonio y la carne (1925), junto a su adorada Greta Garbo o El gran desfile (1925), la no menos magnífica película de King Vidor y, en su momento, 2ª película de mayor recaudación en la Historia del Cine, y que no dudo que el mismo Vidor lo hubiera elegido para protagonizar esa cumbre del 7º Arte que, entre nosotros, se llamó Y el mundo marcha (1928), si John hubiera sido un rostro más anónimo, tal y como el papel, sin duda, exigía, y no tan popular. Pero también a las órdenes de Clarence Brown, y bajo el embeleso de Greta Garbo, rodó Anna Karenina (1927), y Una mujer ligera (1928).

Así que, más pronto que tarde, las dos grandes estrellas iniciaron una relación para regocijo de su multitud de seguidores. John quiso casarse pero Greta, en el último instante, cambió de opinión y no se presentó a la boda. Los motivos, desconocidos aún para quien esto escribe. Pero el golpe que encajó John fue de los que dejan marca.

Desde entonces su carrera entró en barrena; una fulgurante caída en picado. Triste y descangallao, como canta el tango, no volvió a levantar cabeza. Y la llegada del cine sonoro supondría para él la puntilla definitiva. Cuentan las crónicas que su voz de tenor ligero no era la mejor carta de presentación para acoplarse a las exigencias del nuevo arte hablado. Y lo peor que puede sucederle a un actor, terminaría sucediéndole a él: el públicó, que apenas 5 años antes hubiera dado su vida por un breve autógrafo suyo, se olvidó de su cara.

Sólo después de 5 años Greta Garbo volvería a acordarse de él haciéndole hueco en la cabeza de cartel en La reina Cristina de Suecia (1933), de Robert Mamoulian donde Gilbert interpretaba, ¡cómo no!, a su enamorado y terminaba falleciendo, trágicamente, en un duelo, dejando abandonada a la reina que, en uno de los finales más emocionantes que yo haya visto nunca, zarpaba de Suecia conteniendo las lágrimas en un rostro majestuoso y sublime.

Después alcohol, bandazos y resbalones; otra película y un infarto que acabaría, prematuramente con su vida. A los 38 años. Siguen hablando las crónicas sobre que Greta Garbo no le olvidaría nunca. Yo tampoco lo he hecho. La jovialidad, el entusiasmo, el buen hacer que demuestra en sus mejores películas marca un doloroso contraste con el turbio final de sus días. Que la tesitura de su dicción, un anonido detalle en otras circunstancias, pudiera suponer una cuchillada mortal para su vida, no deja de aparecérseme como la más milimética distancia que separa el éxito del fracaso en nuestras siempre vanidosas existencias; ese punto exacto que nos debería hacer recordar los imortales versos de Kipling que, no en vano, figuran inscritos en la pared que precede a los tenistas antes de saltar a la Pista Central de Wimbledon, Si puedes encontrarte con el Triunfo y la Derrota,/y tratar a esos dos impostores de la misma manera...

20 años después James Mason encarnaría a Norman Maine, un famoso actor en declive, en la película de George Cuckor Ha nacido una estrella junto a Judy Garland, remake de la película que con el mismo título realizara en 1937 William A. Wellman, ¡el mismo que dirigió a Gilbert en La reina Cristina...! Y no dudo, o más bien, no quisiera dudar porque me gusta la idea, que el personaje de Norman Maine se modela con los huesos del propio Gilbert que, de esta manera, y cada cierto tiempo habría ido haciéndose presente en nuestros cines, ataviado con diferente rostro, y dada las numerosas vueltas de las que ha disfrutado la historia; quizá su historia: y sin atosigar, en 1976 con Kris Kristofferson y Barbra Streisand o, ya más recintemente, en 2018 con Bradley Cooper y Lady Gaga.

Sí, seguramente John Gilbert sea el actor al que más cercano me siento. Su peripecia vital no me parece más que un resumen perfecto de esta vida en la que andamos enredados, en la que a las alegrías de las tristezas apenas si les separa un ¡ay! 


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jueves, 25 de julio de 2024

JOHN MAYALL HA MUERTO, ¡VIVA JAZZ BLUES FUSION!

No quisiera parecer un muermazo dejando constancia de los puntuales fallecimientos que van produciéndose y borrando, literalmente, del mapa a esos grandes que, entre otras cosas, han hecho que yo sea como soy.

Ayer le tocó el turno a John Mayall. Tenía 90 años. Lo que no está mal. Pero sabiendo que ya nunca estará entre nosotros, duele. Y mucho. Porque yo tendría 16. Sí, creo que estaba en 2º de BUP. Y en aquellos días su mítico JAZZ BLUES FUSION era, para mí, el no va más. Todavía, más de 40 años después, lo conservo en esas alturas reservadas a lo más granado, a lo que, sin duda, puede recibir el calificativo de "imperecedero".

Pero entonces, a mis 16 años, y en plena fiebre mayalesca, una enfermedad que cuesta radicar, sobre todo porque se está muy a gusto padeciéndola, no se me ocurría otra gracieta que grabar en cada uno de los pupitres que me tocaba ocupar en el inolvidable colegio de los Jesuitas de Indautxu, agarrando firmemente la punta de un bolígrafo, la leyenda JAZZ BLUES FUSION para que quedara, supongo, constancia de mi paso por ahí y de la veneración que sentía por el disco y por su autor.

Claro que lo poco quizás agrade, y lo mucho quizás canse, pero el caso es que el Hermano Iriarte, nuestro insigne profesor de Pretecnología, descubrió- sólo le faltaba mrar- lo que, a todas luces, le parecía una audacia, cuando no una chorrada, o tal vez un puro acto terrorista contra la madera merecedor de un ejemplar castigo. Ahí era nada que en la clase de Pretecnología aparecieran lo menos veinte pupitres (sí, y no sé por qué, pero en cada clase de Pretecnología los alumnos ocupábamos el pupitre que más nos apeteciera) con la leyenda ariba mencionada y que, para mí, era más sagrada que la misa de los domingos.

Claro que el Hermano Iriarte no era de la misma opinión. Y después de preguntarnos a todos por el responsable de semejante desaguisado y de reconocer yo que yo era el único responsable de mancillar la madera de los pupitres con semejante chorrada (él así me lo dijo), procedió a suspenderme la Asignatura en esa evaluación, sin obviar que, en el caso de que persistiera con mi manía (él así me lo dijo), se vería obligado a comunicarlo al Jefe de Estudios o, incluso, al Rector, lo que eran sin duda palabras mayores. Así que dejé mi "manía" para mejores momentos, y con el suspenso a cuestas me refugié, supongo, en mi cuarto escuchando, por ejemplo, este increíble Mess Around que, hoy, os dejo aquí abajo:


    

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lunes, 22 de julio de 2024

LOS CHICHOS: HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO

No podría decir de ellos que son mi grupo favorito, ni tan siquiera uno de mis favoritos, pero si al César lo que es del César, de justicia es que a Los Chichos lo que es de Los Chichos. Y aquí me detendría y me cuadro. Porque a veces basta una sola canción para que mi respeto crezca al máximo.

Es lo que me sucede con Me quedo contigo, sin duda una de las canciones más hermosas que nunca me ha dado por escuchar. Sólo por ella siempre tendré a Los Chichos entre los míos. Como a Bob Beamon, por ejemplo, y su descomunal salto de 8,90 metros en las Olimpiadas de México, ahora que pronto entraremos en las de París 2024.

Pero por lo que menciono a Los Chichos es porque este año han planificado su progresiva y definitiva retirada de los escenarios. Lo leí en un escueto cartelito en D2 pegado a los maderos de una obra. Así están las cosas. Pero me encanta la frase que utilizado para llamar a esta última gira: Hasta aquí hemos llegado. Y me encanta, digo, porque la frase destila honradez; esto sería, que si Los Chichos no han llegado más lejos es porque el alma no les ha dado para más. Ellos han hecho lo que han podido y más todaavía... pero hasta aquí hemos llegado.

Sí, después de 50 años que se dicen pronto, pero que son muchos años y es casi imposible que con su cuenta no se nos trabe la lengua. Pero el 30 de agosto se despiden pasando por Santander. Yo no iré a escucharles y lo lamentaré muy en serio. Me quedo contigo, que bien pudiera ser me quedo con vosotros es, sin duda, una de mis canciiones de referencia. Y siempre lo será. Desde que hace casi 30 años la escuché durante el visionado de Deprisa, deprisa, la película que Carlos Saura rodó en 1981 con el mítico, marginal y peligroso El Torete, y cuyo título no fue sino una acertadísima premonición de los tiempos que 40 años después, y deprisa-deprisa, nos iría tocando vivir. ¿Habrá algún día alguien capaz de frenarlos o esto ya no tiene remedio y va a ser así para siempre?


Y creo que Los Chichos con su canción optaban, sin duda, por encabezar la candidatura, por poner pie en pared o, ¿no es eso lo que significa me quedo contigo? Y ahora, exhaustos, dejan caer sus brazos, detienen sus palmas, los rasgueos de sus guitarras, se plantan y, con la cabeza bien alta, nos dicen, hasta aquí hemos llegado, que también pudiera entenderse como un hicimos lo que supimos hacer, nos dejamos la piel en cada uno de los rincones de los escenarios que pisamos, no engañamos a nadie y aquí nos tenéis esta tarde, vacíos pero contentos después de haberlo dado todo y más. Por eso, yo siempre me quedaré con ellos. Sin dudarlo. Siempre me bastará escuchar esos versos que dicen- y que tanta falta nos hacen-, Si me das a elegir/entre tú y la gloria/para que hable la historia/de mí por lo siglos/¡ay, amor! me quedo contigo. Y los pelos se me pondrán de punta. Y eso es mucho. Eso afecta a los sentimientos más profundos, a ésos que uno siempre lleva consigo a todas partes.   

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jueves, 18 de julio de 2024

¡EL "NIÑO" ME TIENE HASTA LOS COJONES!

Pero, ¿qué nos pasa en este país?, ¿a cuenta de qué esa costumbre de adjudicar a nuestros jóvenes talentos deportivos el sambenito de "niño" o, lo que vendría a ser lo mismo, su propio nombre terminado en "ito"? Fueron el "Niño" Torres (fútbol), el "Niño" Sergio García (golf) y ahora "Carl-itos" Alcáraz, el nuevo capo del panorama tenístico, con su 2º título consecutivo en Wimbledon. Sí, sí, de acuerdo, pero el "Carlitos" no te lo quita ni dios.

Y, ¡¿qué nos pasa entonces?! ¿Nunca dejará de gustarnos la "Nocilla"?, ¿nunca nos pondremos los pantalones largos?, ¿nunca dejaremos- como el título de la película de Pere Portabella- de contar con los dedos?, ¿nunca nos será necesario afeitarnos el bigotillo?, ¿y torceremos el cuelllo para mirar siempre hacia arriba?, ¿y con la baba colgando... hacia abajo?

Claro que si tratamos de responder a la pregunta quizás a esa "costumbre" no haya que seguirle el rastro hasta muy lejos. Témome que la respuesta no está soplando en el viento, como nos aseguró el gran Bob Dylan, sino en nosotros mismos, tan mayores y, sin embargo, tan pequeños también. Metafóricamente escribiendo, se entiende. Bien mayores y poniéndonos, todavía, de "Nocilla" hasta el culo; pelo en pecho, pero con pantalones cortos; afeitándonos a diario, pero sin que el bigotillo de marras desaparezca; cejijuntos y muy serios, pero siempre alzando, embobados, los ojos; sin la baba colgando, pero... con la baba colgando. Mayores, pero siempre "niños"; sí, auténticos "bebés de teta".

Porque parecería que no habría otra foma, se me ocurre pensar, de "sentirnos mayores" que calificar a los que sólo son menores en años, de "niños" por lo que, en consecuencia y por arte del birli-birloque, los demás nos convertiríamos ipso facto en mayores. Pero sin que nadie repare en que esto no es más que un hueco juego de palabras, y de que a pesar de haber cumplido ya los 50 años, por ejemplo, seguimos haciéndonos pis en los pantalones (cortos).

¡Pero este país necesita crecer como agua de mayo! ¡Necesita hacerse mayor de verdad, que ya siendo hora! Y un primer paso, en este sentido, sería seguramente borrar tantos "niños" e "itos" de nuestro vocabulario y de nuestros grandísimos deportistas. Eso, con la tela que ganan, con la responsabilidad que sostienen sus hombros- ¡ahí es nada representar a todo un país que no te quita los ojos de encima!- es, filosóficamente hablando, una reducción al absurdo.

Con ello, o sea, desterrando la maldita costumbre, veremos, además, cómo a nosotros, al no pronunciarla, se nos viene el espíritu para arriba, nos crece el sentido común, se nos agrandan los ánimos y volteamos los balbuceos, a los que tan aficionados parecemos- sólo nos hace falta escuchar a nuestros patéticos políticos- y empezamos a articular frases subordinadas, a arreglarnos con las matrices e integrales.

¡Sí, por fin adultos! Pero sin que tengamos, por ello, que hacer un día de fiesta, porque es lo que nos toca ser, después de tantos siglos y años de Historia, de tantas inquisiones y descubrimientos, de siglos-de-oro y generaciones del 98 y del 27, de tanta sangre derramada a borbotones, de tantas luchas fraticidas, sin excusas ni prisioneros.

Entonces si, con todo ello, la voz nos debería haber cambiado, ¿por qué insistimos en continuar hablando con la "voz-de-pito? Seguramente, Nico y Yamal nos agradecerían el cambio de "tonalidad".   


 

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martes, 16 de julio de 2024

EL ATHLETIC GANÓ LA EUROCOPA

Esto que escribo me lo han inspiraron esas trifulcas callejeras y de barras de bar entre lo vasco y lo español en la que, estos días y a cuenta de la victoria de España en el Europeo de fútbol, estamos enfrascados. Y también me lo inspiró Paula, mi sacrificada mujer, cuando el pasado domingo, día 14 de julio, al volver de misa, me comentó que en el final de la homilia el cura, ni corto ni perezoso, había deseado que esa tarde ganara el Athletic. Pero esa tarde no jugaba el Athletic, sino España. Y yo mismo corroboré la supuesta petedura de pata añadiendo de cachondeo, Paulita, quizás a ese cura le estén empezando a fallar las conexiones con la Tierra.

Pero después lo pensé mejor. Y el próximo domingo intentaré acercarme a San Fernando- ésa es la iglesia- para hablar con el mencionado párroco y aclarar si su lapsus linguae fue tal o si, por el contrario, sabía muy bien lo que estaba diciendo y sólo intentaba que los feligreses le dieran una vueltilla a sus palabras para terminar descubriendo que, efectivamente, el domingo 14 el Athletic ganó 2-1 la Final de la Eurocopa a una triste y raquítica selección inglesa.

Como a mí me ha ocurrido, después de pegarle a la cabeza esa vueltilla y, convencido como ahora lo estoy, voy a tratar- aunque no sea nada amigo de sermones, ya que estamos- de convenceros a todos vosotros, a todos los athletitzales, a todos los que me estéis leyendo aquí-y-ahora de que el cura de San Fernando está perfectamente cuerdo. Pero vayamos por partes, como sabemos que diría Jack "El destripador":

1º. No creemos albergar duda alguna de que el Athletic, más allá que un equipo de fútbol, es un sentimiento.

2º Y un sentimiento no conoce fronteras como tampoco sabe la tabla de multiplicar. Un sentimiento se lleva muy dentro, muy cerca del corazón, donde los números no tienen acceso.

3º Por eso en las vísperas de la Final de la Copa del Rey de este año, en la que nos proclamamos campeones después de cuatro décadas, las páginas de los principales periódicos de Bizkaia se llenaron de fotografías en las que eufóricos aficionados, ataviados con nuestros colores rojiblancos, ¡y desde los cinco continentes! deseaban al equipo la mejor de las suertes con iindependencia del color de su piel o del idioma en el que pudieran expresarse. Porque los sentimientos no sólo no entienden de números sino tampoco de lenguas: los sentimientos se comprenden sin decir ni "mú".

4º Por eso, cuando la Selección Española saltó al terreno de juego del bellísimo Estadio Olímpico de Berlín (la Eurocopa se disputaba en Alemania, claro) con Unai Simón, uno de nuestros porteros, con Vivian, uno de nuestros defensas y con Nico Williams, uno de nuestros extremos, el Athletic o, hilando más fino, el Sentimiento-Athletic saltaba con ellos al campo, con cada una de sus paradas, con cada una de sus salidas al cruce, con cada uno de sus regates porque Unai, Vivian y Nico llevan muy dentro ese sentimiento.

5º Y porque a un sentimiento no podemos sacarle de dentro y dejarlo colgado en el armario mientras uno se va a dar una vuelta, por Alemania,ya que estamos. Porque el sentimiento siempre se viene con nosotros, vayamos por donde vayamos, como la mismísima respiración, y nunca como un vulgar traje.

6º Por eso cuando España levantó el trofeo de campeones a los cielos alemanes, el Athletic también lo levantaba. No en vano, por ahí seguían Vivian, Nico y Unai.

7º Y por eso, ahora creo- y si puedo se lo diré el domingo que viene- que al cura de San Fernando no le falló ninguna clavija cuando deseó que el Athletic ganara la Final de Berlín. Él sabía muy bien lo que decía. Y los intangibles le escucharon: el Athletic ganó 2-1, con goles de Nico Williams y Mikel Oyarzábal. Y espero que, aunque con los sentimientos nunca deba jugarse, se nos disculpe en estos felices momentos, hacer una excepción.


     

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lunes, 8 de julio de 2024

EL MILICIANO, EL CAMARADA Y EL PARTISANO

 

En estos tiempos de cierta, cuando no preocupante, apatía hacia todo aquello que a nuestro alrededor ocurre- aunque reconozca que esta cantidad de cosas muchas veces apabulla e invita a desconectar-, no es tiempo de dar nuestro brazo a torcer.

Bien que no nos vamos a echar el traje caqui sobre los hombros, reclamar un arma y liarnos a tiros contra cualquier bicho viviente que se cruce en nuestro camino pero sí que, de vez en cuando, pongamos pie en pared y pensemos- sólo eso: pensar, y de momento basta- unos minutos en tantas de esas cosas que nos vienen torcidas, y que tan necesario se nos hace enderezar.

Creo que el portaviones JC I que arrivó este fin de semana al puerto de Getxo- y de lo que dí cuenta en una entrada previa a ésta que estáis leyendo- me ha puesto el pin de la solidaridad en el bolsillo del niki y me ha hecho gritar aquello de ¡basta ya! aunque, de momento y por lo que continuamos viendo, aún no seamos suficientes y nuestras voces se queden en la pataletas de los eternos aguafiestas. Yo, sin embargo, aquí os dejo la mítica foto de Cappa, Muerte de un miliciano, ¡Camarades! o un poemita que dediqué a Walt Whitman, y la imperecedera canción de Leonard Cohen, El partisano. Y a ver si así vamos espabilando... 

¡Camarades!

a Walt Whitman

¡Yo os saludo, camarades!

Vista al frente

y que a nadie le tiemble el pulso.

Hoy no se permiten descuidos.

Pasó el tiempo del borrón

y cuenta nueva.

Y me temo que esto es algo

que entre nosotros debería quedar muy claro.

Y el que no se encuentre en condiciones

hará bien en abandonar la fila.

No jugamos con las medias tintas,

pero tampoco guardamos rencor a nadie.

Que cada cual se ajuste a su Destino.

Que el Nuestro será plantarnos firmes,

muy firmes sobre la tierra,

y recibid los golpes más dolorosos

sin que nuestros pasos

retrocedan un milímetro.

¡Ni un milímetro, camarades!

Por desgracia, no están los tiempos

para lamentos de ancianos,

para preguntas sin interrogaciones,

para tal veces o

reagruparnos en la duda.

Y si alguien lo hiciera

le queremos,

pero no a nuestro lado,

porque esta empresa es mayúscula.

Y los vientos, posiblemente, resulten adversos.

Son las predicciones.

Trampas sin número

se nos abrirán a cada paso:

lo sospechamos.

Y en cada foso las mandíbulas

de una fiera nos estarán aguardando

para reducirnos a un polvoriento montón de cenizas:

lo sospechamos también.

No corren primaveras

para andarse con rodeos.

¡Sujetémonos bien los machos, camarades!

Nunca habrá empresa como ésta.

Aunque tampoco se habrán encontrado

nunca tantos valientes

como éstos que somos,

dispuestos a todo,

a dejarse el alma

por lo que tanta falta hace.




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martes, 2 de julio de 2024

EL NUEVO SÁLVAME DE LUXE: SIESTA AL CANTO

Escribo esta crónica o entrada u ocurrencia más o menos disparatada a cuenta de que, por lo visto y por muy mal que lo haga y se comporte el Gobierno, o poniendo el dedo en la llaga, Pedro Sánchez y sus coadláteres o ministros y/ allegados de 1º, 2º o enésimo grado, y ante los resultados obtenidos en las últimas o penúltimas elecciones- he perdido la cuenta-, más que correctos- para lo que hay-, el país va bien, y parece no resentirse ante las abrumadoras chapuzas que le salpican un día sí, y otro también.

Y no puedo dejar de interpretar que, con semejante panorama, la desafección que cunde entre la ciudadanía de a pie ante las huestes gubernamentales habría llegado a tal punto que, en realidad, a esos políticos se les ve, se les sufre o se les disfruta como a esos otros personajes que inundan las programas de cotilleo, las almidonadas páginas de las revistas de corazón con sus permanentes idas y venidas, con sus aburridos dimes y diretes, con sus reiterados desacuerdos, con sus donde dije "Diego" ahora se me pone y digo "digo", ¿y qué pasa?, porque ahora digo "dildo" y juego con él con mi novia, ¿y qué pasa?. Sí, esos personajillos, llamémosles por su "nombrecillo", que tan a pecho se toman sus cosas que los demás, en el fondo, sabemos que no son tan serias y nos entretienen sin más porque ninguna de ellas nos van a llevar a ninguna parte. Acaso al recurrente y plomizo "y tú más". Así que, simplemente, después de que la bronca suba los decibelios, nosotros bajaremos el volumen de la tele y, entonces, su suave y monótono ronroneso nos ayudará a echar la siesta. Como las etapas más llanas de la Vuelta.

Claro, me ha llevado mi tiempo darme cuenta, pero ahora lo sé: Pedro Sánchez es Jorge Javier Vázquez, Feijoó, Kiko Hernández, Óscar Puente, Jimmy Jiménez-Arnau, María Jesús Montero, Chelo García-Cortés, Yolanda Díaz, Belén Esteban o Pilar Alegría, María Patiño. Y todos ellos nos siguen ayudando a pasar el rato, con sus exabruptos, crispados desencuentros, sí, pero que, en el fondo, nunca son para tanto. Al de unos días les podremos ver sonriendo sentados ante una lujosa mesa y firmando acuerdos que hace sólo unas horas antes eran verdaderos e irresolubles desacuerdos. Es lo que hay, que escribiría Vonnegut en su excelente Matadero Cinco.

Porque el país, mal que bien, continúa adelante. Porque en este mundo globalizado, en este mundo gigantesco, donde ya somos más que hormigas en un hormiguero africano, las cosas se disponen según unas directivas y estrategias que ya quedan fuera del control de nuestros enfrentados gobernantes. ¿Cómo, si no, iba a funcionar el país con semejantes rectores? Claro, los técnicos saben arreglárselas muy bien por sí solitos. Claro, en este mundo globalizado los tecnócratas campan, por fin, a sus anchas. Mientras sus "jefes" se entretienen y nos entretienen como los personajillos a los que hacíamos alusión un poco más arriba: personajillos de luxe. Se saben estos tecnócratas, a pesar de los desafueros y meteduras de patas en las que a veces incurren- ¡nadie es perfecto!-, imprescindibles para que el circo continúe levantando la lona cada mañana. Son ellos los que, realmente, empuñan el timón. Y aunque vistan trajes de marineritos, los prismáticos cuelgan de sus pescuezos.

Y por todo ello ello he aprendido, o creo haber aprendido, a no llevarme las manos a la cabeza cada vez que Pedro Sánchez o Puigdemont nos sale con alguna de sus ocurrencias..Sé que éstas apenas diferirán de aquellas otras que puede mostrar el incansable Mariñas antes de dar paso a la publicidad. Pataletas de niño mal criado. O posiblemente pataletas provocadas por saberse en el fondo con menos chicha e influencia en el panorama geopolíitico que un espontáneo saltando en pelotas a un campo de fútbol, ya que estamos en plena Eurocopa. Es triste, no, lo siguiente: patético, y haríamos muy bien en considerar que los políticos, en este mundo globalizado y tecnificado. ya no pintan mucho, apenas dan más de sí, o más que para entretenernos o aburrirnos hasta el moño; circunstancia esta que dependerá siempre de cada uno. Como las broncas en las que se enfrascan María Patiño, los Kiko Hernández y toda esa recua. Y por eso yo, cuando les veo y les oigo tan crispados, hago lo mismo que hacía cuando Sálvame se montaba la-de-dios-es-cristo: ladear la cabeza y coger postura. Porque el país va bien. A bronca limpia, pero va. Y hasta que lleguen las etapas más llanas de la Vuelta no creo poder encontrar mejor y más efecrtivo somnífero.

 

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