jueves, 12 de febrero de 2026

DOS COSAS IMPORTANTES QUE APRENDÍ CON EL GOLPE


El cineclub FAS inauguró el tercer trimestre del curso 2025/26- ¡se acercan las Bodas de Plata!- con la presencia del siempre agradecido 
Félix Linares y la proyección de El golpe, la archiconocida película que George Roy Hill dirigió en 1973 con la pareja Newman-Redford.

Seguramente no fuera la decisión más ajustada al espíritu y a las películas que el cineclub suele ofrecer pero, de vex en cuando, apetece, nos apetece mear fuera del tiesto y programar una película para -todos-los-públicos, más facilona y asequible, si se quiere, para cualquier edad y cabeza con independencia del tiempo que le haya dedicado a frecuentar las salas comerciales, filmotecas o cinematekas varias.

Porque de cualquier película se puede sacar un grano que nos alimente y sacie esas ganas que tenemos de meternos ideas y celuloide en el cuerpo. Ésta es mi regla de oro.  Así debiéramos ser y yo, por lo menos, me aplico el cuento, y un par de jugosas enseñanzas sí que saqué de golpe con El golpe- jeje. Me troncho, y enseguida me pongo.

Porque la 1ª enseñanza me atizó a los pocos minutos de empezada la proyección. O quizás más que una sacudida fuera una confirmación que bien podría formar parte de aquellas verdades de Perogrullo. Sí, ya habréis oído hablar de él: Perogrullo, el mismo que a la mano cerrada le llamaba "puño", y que volviendo al caso que nos ocupa sentenciaría lo siguiente: Paul Newman es un actor que con los años fue haciéndose grande y, por su parte, Robert Redford sí, otro actor pero éste en dirección contraria, o sea, siempre a pequeño; uno de esos actores que por mucho que crezca y se estire siempre aparecerá agachado; pero, ¡ojo!, sin que esto suponga ningún menoscabo a sus magníficas tareas como impulsor y defensor del cine más valiente e independiente, ése que se filma sin red que valga, y que todos los buenos aficionados conocemos como el Sundance Festival.

Y El golpe sería una prueba palmaria de esto que escribo. Me refiero al Redford en cuclillas o ¿no sentís que cada vez que Newman hace acto de presencia en la pantalla, la película saca pecho y se pone de puntas?, ¿y no veís que, por el contrario, Redford  casi nunca aporta, casi nada consigue por sí solo, y siempre debe estar acompañado, bien sea por el propio Newman, o por el entrañable Luther o, incluso, por la cogida con alfileres y sanguinaria-súper sanguinaria (sic), Salino?

Sí, la presencia de Redford es, sin duda, uno de los borrones con los que El golpe se ensucia. Y el otro, irónicamente estaría ligado a esa segunda enseñanza a la que antes me he referido y que no estaría haciendo referencia sino a las añagazas y trampas que nos tiende el guión y que, desde entonces, se habrían ido adueñando, digo las trampas y añagazas, de muchas de las ficciones que suelen llenar nuestras salas comerciales apelando al hecho incontrovertible de que el Director sabe más sobre su película que los Espectadores pero que, en lugar de sacar partido de esto, el sabio Director juega con los ignorantes Espectadores, les toma, desde el trono que ocupa, por el pito de un sereno. Y esto a mí como que no me gusta. Procuro no pagar una entrada y entrar en un cine sólo para que me tomen el pelo.

Y me explico. O lo intento. Siempre he creído que el buen cine es aquél en que el Director se toma en serio al Espectador: juega limpio con Aquél que ha decidido emplear un par de horas de su vida (¡uy, qué tremendo suena esto, pero es verdad!) y asiste al "espectáculo" que el Director le ha preparado, teniendo en cuenta que el Espectador siempre jugará con aquellas cartas que el Director quiera suministrarle y que le hará o no compartir con las que los propios Personajes, que ha creado, tienen en su poder.

Así nos encontraremos con tres posibilidades en las que Hitchcock, por ejemplo, era un maestro, y no sólo del suspense: 1,- El Espectador sabe tanto de la trama como los Personajes, 2.- El Espectador sabe más o 3,- El Espectador sabe menos. Y esto apelaría a la relación que, bajo los atentos mandatos y la supervisión del Director, se estrablece entre el Espectador y los Personajes. En este sentido casi podríamos colegir que el Director se mantiene al margen; esto es, juega limpio.

Y hasta aquí todo estaría, más o menos, "clarinete", pero ¿qué ocurre cuando el Director decide intervenir, no quedarse al margen, no jugar limpio y se "divierte" haciendo que el Espectador y los Personajes se "traguen" aquello que luego no será cierto, aquello que será, simple y llanamente, una mentira, un engaño vulgar y corriente? Y lo llamo "vulgar y corriente" porque el Director, cono Demiurgo que menea los hilos del argumento, siempre tiene esa posibilidad, la posibilidad de engañar al Espectador, llevarle por el camino equivocado y echarse unas risas cuando se despeñe; risas, claro está, que nadie, salvo Él, escucha.

Salino es una fría asesina que, detrás de su disfraz de camarera, quiere matar a Redford. Nadie lo sabe. Sólo el Director travestido en la piel de Newman. Pero el Espectador, no se entera hasta que lo decide el susodicho Demiurgo. Y, sobre todo, la original- otro sic- escena final, la redada en la que mueren Newman y Redford, que el Espectador se come con patatas y que, en el momento final, descubrimos que es más falsa que un duro de cuatro pesetas, que nadie muere en ella; detalle que todos conocían- por supuesto el Director, pero también los Personajes- y del que el pringao de turno, el Espectador, o sea "yo", sólo se enterará cuando las luces de la sala se enciendan. O unos minutitos antes, no exageremos. 

Por ello será ésta una operación contra la que siempre me he puesto en guardia y que siempre me tendrá en su contra. El Director, porque Él lo sabe todo, debe jugar limpio con sus Espectadores. Dejar claro qué es lo que Ellos y los Personajes deben conocer. Aunque también asumiría que, ante el incremento de sentido común e inteligencia (cinematográfica) que los Espectadores han ido adquiriendo con el paso de los años, a los Directores les tiente la posibilidad de engañar- jeje- a estos nuevos listillos con lo que esperan, además, que a ellos, a los Directores, les sirva para presentarse por lo que, realmente, son y que muchos parecen olvidar: el Director como Demiurgo, los Espectadores, ¡ay!, simples Criatur(ill)as.

Y bien que pudo ser con El golpe cuando este jamacucos, del que vengo dando cuenta, llegara a materializarse por 1ª vez- y que ello contribuyera, de paso ¡ay!, a sus excelentes resultados en las taquillas del mundo entero: el Espectador de los 70 tan listo él, engañado por una simple película ambientada en los años 30, pero que eso, lejos de amilanarle o contrariarle, le hizo sentirse bien, muy bien, descubrir que le gusta ser engañado- inteligentemente, por supuesto-, y que la película, en tanto que posteriormente es comprendida y, con ello, el engaño es aclarado, le hiciera venirse arriba, le aumentara las dosis de autoestima que circulara por su cuerpo de Espectador que-se-de-cuenta-hasta-de-lo-que-no-se-daba-cuenta.

Sí, creo que bien pudo ser El golpe, la primera ficción que me atizó ese golpe y me hizo ver, más allá de las estrellas, el papel en blanco. Y como después de los éxitos vienen las secuelas y continuaciones, después de El golpe vinieron muchísimas más de estas películas-con-trampa. Doy una pista: se las identifica con ceirta facilidad. Son todas esas sobre las que nos advierten- bajo pena de echarnos de la cuadrilla- ¡pero no contéis el final a nadie! Malditos spoilers. Y ahora mismo, mientras termno la entrada, me viene al recuerdo el mediocre sexto sentido, de Shyamalan. 

Y no tendría nada en contra de las trampas, pero mientras sea Espectador- Criatur(ill)a no quiero que el Director-Demiurgo las utilice para cachondearse de mí, y colocarse él, descaradamente, por encima. Porque el Director-Demiurgo es el amo de la función. Sí, todos lo sabemos o deberiamos saberlo. Pero regodearse en ello siempre me parecerá de un pésimo gusto: la bravuconada de un abusón que se las sabe todas.

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lunes, 9 de febrero de 2026

L´AMOUR TOUJOURS!: EL MUNDO SE HA HECHO PEQUEÑO

El mundo tan chulito él, creyéndose tan grande, resulta que es, en realidad, muy, muy, pequeño, ya que este finde se me habría mostrado en todo su real tamaño, en toda su patética mentira de gigante.

O si no aclaradme vosotr@s la razón por la que el sábado en Londres, en la majestuosa catedral del Rugby, o sea, en el estadio de Twickenham donde Inglaterra iniciaba su participación en el mítico Torneo de las VI Naciones que le enfrentaba a Gales a los sones de ese L´Amour Toujors! de Gigi DÁgostino, y al día siguiente, en las antípodas británicas y rugbísticas, o sea sé, en el Frontón Adarraga de Logroño sonaba ¡idéntica musica ratonera! en los descansos del partido del Torneo de Parejas de Pelota a mano 2026 que enfrentaba a Laso y Albisu contra Zabala y Martija.

Y como respuesta no se me ocurre otra razón que, a pesar de las apariencias- o quizás por ellas mismas-, el mundo engaña y es hoy, en realidad, un ente muy pequeño, que el capitalismo ha ido reduciendo en dimensiones hasta no saber si nos encontramos en Londres o en Logroño salvo si nos frotamos los ojos y oídos con agua y jabón. 


 


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lunes, 2 de febrero de 2026

ARVO PÄRT & CHARLES IVES, PARECIDOS RAZONABLES

Me había prometido no reincidir más en estos "parecidos rzonables" que desde hace años he venido metiendo en este blog. Y no sería otra la razón sino ésta que apela a aquello que dice que lo poco agrada pero que lo mucho cansa. Sí, mi intención era echar el freno o poner pie en pared , como prefiráis, a esa sección parecida.

Pero mis sinceros- lo juro- propósitos han vuelto a estropearse, como es habitual en mí, porque hete aquí que el otro día escuché la casi-desconocida The Unanswered Question, del compositor americano Charles Ives y me pareció un antecedente que guardaba una saludable sintonía con el, por contrario, archifamosísimo- sólo debéis echar un vistazo a las millonarias visualizaciones con las que cuenta en YouTube- Spiegel im Spiegel del músico estonio Arvo Pärt.

Posiblemente pudieran ser dos piezas a utilizar como acompañamiento sonoro en las sesiones de meditación y relajación que tanta falta nos hacen metidos como estamos en este mundo de Dios. Yo sólo os garantizo que si guardáis media horita de silencio y prestáis atendión a la música, posiblemente una extraña sensación de bienestar os recorrerá el cuerpo sin previo aviso y sin que sepáis, a ciencia cierta, de dónde viene esa calma: si está inserta en los pentagramasas de Ives y Pärt o en el interior de nuestro propio cuerpo al que sólo le hacía falta escuchar esas notas musicales para entrar en un modo más relajado y feliz de atender a todo lo que trascurre a nuestro alrededor; incluyéndonos a nosotros mismos, por supuesto, que somos quienes transcurrimos. Vamos allá:

Spiegel im Spiegel,-

The Unanswered Question,-


 

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jueves, 29 de enero de 2026

EL ACCIDENTE DE ADAMUZ O ESTA VIDA LOCA


Estos días, y a cuenta del accidente ferroviario de Adamuz, se me ha pasado por la cabeza una triste reflexión a la que si no le ponemos remedio me temo, ¡ay!, que continuarán sucediéndose tragedias más o menos equiparables a este terrible descarrilamiento que, de momento, se ha cobrado 45 vidas.

Y se me ocurre pensar que, en el fondo e irónicamente, es la propia vida la causante de su propio destino; en este caso, de un destino fatal. Pero eso sí, habría que condenar a la Vida con mayúsuclas y como gigantesco ser vivo que, de momento, a todos sin excepción nos acoge. De este modo debemos aprender a manejarnos con Ella porque es Ella quien nos impone las reglas con las que nosotros debemos jugar (vivir).

Así, me he puesto a divagar- ¡sí, cuánto me entretiene esto de divagar!- sobre que, del mismo modo, que los deportistas sufren tendiditis, tirones por stress, lesiones inoportunas, desgarros musculares, etc.,- y aunque ni soy ni pretendo ser médico-, a cuenta del excesivo número de partidos que disputan y a los que el calendario- ¡y el negocio, no seamos ciniquetes!- les obliga a respetar, también la Vida, como ese gigantesco ser vivo al que antes aludía; o sea, el cuerpo del mundo, se rebela, a su manera, ante los excesos a los que la sometemos en nuestro desquiciado día a día.

Porque sí, esta atosigante y exagerada, a todas luces y sombras, sucesión de personas yendo y viniendo, colapsando con sus prisas y agobios las terminales de autobuses, aviones o trenes, o las principales arterias que cruzan nuestra tierra como indescifrables jeroglíficos- siempre me acuerdo, en estos casos, de la impagable expresión de Elias Canetti cuando decía aquello de una vez me asomé a la ventana y estaba todo lleno de gente. A la que yo, con todo respeto añadiría, (...) de gente que no sabe estarse quieta ni un segundo.

Pues a eso me refiero, que semejantes aglomeraciones- mogollón al canto- y tantos movimientos para arriba y para abajo, para derecha e izquierda o arriba y abajo o pa´quí y pa´llá, también dejan, como les sucede a los deportistas machacados o a tantos currelas que no dan abastoa la Vida extenuada, sudando a borbotones, con la lengua fuera y con una urgentísima necesidad de echarse un rato, confiando en recuperarse so pena de caer, también Ella, en una indeseable lesión o baja por agotamiento extremo que nadie querría ver ni padecer ni en pintura.

Porque si algo habría deseado poner en claro es que accidentes como el de Adamuz, no serían otra cosa que la Vida levantando el brazo y pidiendo al entrenador- ya que también hablamos de deporte- un descanso, porque hasta aquí he llegado de momento. Así que todo lo que no sea pisar el freno, respirar hondo cinco segundos mientras nos miramos al espejo por la mañana, todo lo que no sea volver a integrar la calma chicha en esta Vida loca- con el permiso de Francisco Céspedes- a cambio le incluyo un enlace en esta entrada-, y procurar que la Vida se deslice más como una balsita de aceite que como un violentísimo tsunami, nos traerá nuevas tragedias, con un mayor o menor número de víctimas.

Claro, si los deportitas, ante los abusos a los que les somete la competioción, se ven abocado a pinzamientos, inoportunas torceduras que les obligan a guardar estricto reposo antes de iniciar la anhelada recuperación, también la Vida levanta su mano- aunque no la veamos, debemos aprender a imaginarla- y nos avisa, aunque desgraciadamente no en forma de pinzamientos sino de algo mucho más lamentable y terrible: inesperados descarrilamientos por ejemplo; no con inoportunas y dolorosas roturas del cruzado, sino con aparatosos e indesables desbordameintos de ríos.

Yo, por lo menos, así lo veo e he interpretado la tragedia de Adamuz: o a la Vida se la trata con suficiente paciencia y cariño o nuestras atolondradas y absurdas prisas harán que nos saque las uñas y nos arañe con algún que otro zarpazo... mortal; como el de Adamuz.



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jueves, 1 de enero de 2026

UN CONSEJO QUE NO TIENE PRECIO: TE JUZGARÁN SIEMPRE POR LO PEOR


Un gran amigo suele decirme, Toni, te juzgarán siempre por lo peor. Y desgraciada pero sinceramente, creo que es una de los consejos más acertados y válidos que he recibido en esta vida que ya no es corta.

Y me lo decía él que para más señas, trabaja para el Cine y la TV como un, creedme, magnífico Director de Fotografía. Y me lo cuenta dede hace bastante tiempo, desde que empezara a realizar sus primeras "demos" que enviaba a las Productoras que ofrecían trabajo.

Porque en las "demos" el candidato incluye aquellos planos, incluso secuencias y fotografías, de las que más orgulloso y satisfecho se siente, de las que piensa que serán vistas con buenos ojos por parte de la empresa y que, por lo tanto, le servirán a él para hacerse con el empleo. Y creedme también que no le ha ido nada mal aplicándose el cuento.

Pero justo en ese punto surgirían las dudas: ¿qué añado?, ¿qué recorto?, ¿qué pongo?, ¿qué quito? Si todo me gusta... Aunque para sacarme del atolladero siempre surgiría aquella voz tan amistosa como válida que me repetiría,Toni, Toni, siempre te juzgarán por lo peor que enseñes. Ésa será tu- injusta-medida. ¡Qué le vamos a hacer! Pues aplicarnos el cuento, transigir y sacarle chispas al consejo dorado.

Tofo lo cual me habría venido a esta revuelta cabeza a cuenta de las recientes memorias que con el título de Juan Carlos I. Reconciliación habría publicado el emértito rey don Juan Carlos, y entonces nadie se echaría las manos a la cabeza,- y el último de ellos el mismo don Juan Carlos, por supuesto. Porque escuchando, interiorizando y asumiendo el consejo- dorado pero barato donde los haya- las críticas ya no nos cogerían tan con-el-pie-cambiado y sí con la espléndida sonrisa de ya-me-lo-imaginaba. Claro, la diferencia es obvia, y el consejo no tiene precio: gratis, con el permiso de mi gran amigo.

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martes, 30 de diciembre de 2025

POEMA PARA UN FINAL DE AÑO

Os dejo este poemita para el Año Nuevo. Espero que os guste y que os haga entrar en Enero con una sonrisa y con el más firme propósito de "arrimar el hombro": que nadie se escaquee: todos hacemos falta.

Poema para un final de Año,-

Apretemos los dientes;

los puños si es preciso,

aunque confiemos

en no pasar a mayores.

Y dejemos sitio. No

nos amontemos

sobre la línea de salida.

Todos podremos participar.

A nadie se le impedirá

estrenar el Año. Aunque,

eso sí, habrá una ineludible

condición: no girar la vista

hacia atrás. Lo que se hizo,

hecho está. No le demos más vueltas.

Firmemos el armisticio.

Dejémoslo en que nadie

tuvo la culpa en exclusiva.

Fumemos la pipa de la paz.

Porque ahora lo que ciertamente

nos atañe será lo que viene,

y confiemos en que no sea

lo que se nos viene encima.

Y a partir de ahí,

que lo sepamos negociar,

suavizar las esquinas, desplegar

con los primigenios tablones

la lanzadera que nos permitirá colgar

en los cielos la Estrella que nos asegure

que aún estamos a tiempo, que nada

se ha perdido para siempre,

que nadie ha llegado tarde,

que ninguna Inscripción ha sido

arrojada al cesto de las basuras

por presentarse fuera de fecha,

que todos, sin excepción, cumplimos

los requisitos, que en definitiva

la carrera cuenta con todos sus participantes

en regla. Así que nadie empuje.

Porque aún falta unos segundos

Y romperemos después la cinta,

cruzaremos ese espacio que nos abre

el Año Nuevo. Cuando el pistoletazo

haya sonado, cuando es estruendo

haya emborronado el aire, que nadie

se espere.  Saldremos a por todas todos

como una desbandada de felices palomas,

explorando territorios aun vírgenes. Las plumas

se mullirán con el viento. Y no importará

quién encabece la estampida. Será suficiente

con que las bajas hayan sido convenientemente cubiertas

para que a nadie se le eche demasiado de menos. 

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lunes, 1 de diciembre de 2025

LA PARTITURA EN COMÚN: LA HUMANIDAD SOBRE UN CUARTETO DE CUERDAS

Vi y escuché el otro día en la plataforma digital de Medici tv el espléndido Cuarteto de cuerdas nº2 de Benjamin Britten. Aunque lo realmente importante no estuviera tanto en qué música se interpretó como en los músicos que la interpretaban y que eran, en esa ocasión, Blake Pouliot y Stephen Waats con los violines, Teng Li con la viola y Stephen Elliott con el violonchelo.... Y tampoco exactamente con los músicos en sí mismos si no, más bien, con sus rasgos físicos porque uno era un rubiales con ciertas reminiscencias arias- Pouliot;, otro, un negro- Elliott; otro, posiblemente, y por su extrema palidez y prominentes narices, un judío- Waats y una joven oriental- Teng Li.

Pero todo esto, me atrevería a decir, también era lo de menos; sí, intrascendente. Cada músico de su pàdre y de su madre. Y punto. Y dificílmente podríamos agrupar para la ejecución de una obra- no sólo musical- a personas de aspecto y orígenes más antagónicos y, sin embargo, ningún conflicto se produjo entre ellos. El Cuarteto de Britten se deslizó por mis oídos como la seda más exquisita. El sonido que unas manos tan diferentes accionaban, y que brotaba de los instrumentos, se me antojó sublime. Sí, eran cuatro músicos como cuatro fueron los Mosqueteros, de Dumas. Sí, aquéllos de los que habéis oído alguna vez eso tan bonito de, ¡uno para todos, todos para uno!

Y esto me dio que pensar, ¡cómo no! en estos tiempos tan convulsos que nos ponen, demasiado a menudo, la piel de gallina. El mundo se agita. Parece que se resquebraja, que más bajo no puede caer, que las tropelías, que en él se producen diariamente, parecen que nunca tendrán fin. Sí, ¿ adónde demonios vamos con él; con el mundo, quiero decir?

Pero, sin embargo, el cuarteto, que vi y escuché, rezumaba paz y quietud, y perdón por la reiteración, por los cuatro costados. Era el paraíso que cantaria Lou Reed; y además, y sin contar apriori con todas las bazas a su favor; esto es, con un supuesto ario, un negro, un supuesto judío y una oriental. ¡Menuda mezcla! ¿¡Menudo cócktel molotov?! Como el prólogo de un chiste malo.

Y para nada. Porque ningún empujón se produjo. A nadie se le echó de su sitio. Ninguna mala u ofensiva expresión se escuchó. Ninguna explosión nos alteró los nervios. Sólo la fantástica música de Britten penetraba en mis sentidos y me conmovía con su maestría. Y lo pensé de seguido: ¿por qué el mundo no puede revestisrse con el espíritu de... un cuarteto de cuedas, ya que ha sido él quien me ha dado vela en este entierro?

Y para resolver este puñetero interrogante habría dado con una respuesta, tras una sesuda reflexión y que ahora paso a ofreceros en las líneas siguientes. Habla o suena el Cuarteto; un Cuarteto formado por personas, tan diferentes entre ellas como lo pueden ser sus nombres, pero que habrían acordado someterse previa y voluntariametne a una partitura común para los cuatro, el Cuarteto de cuerdas nº2 de Britten, adaptada a sus respectivas caracterísitcas o instrumentos, en este caso.

Y el sonido que se produjo entre ellos me subió al Cielo, como el título de esa excelente y casi desconocida, ¡ay!, película de Luís Buñuel. Pero, ¿dónde estaba la clave de semejante milagro?- y no me arrepiento para nada por usar semejante exageración. Y claro, la clave estaba en Britten, en su Cuarteto para cuerdas nº2, en su partitura,... claro, ¡EN LA PARTITURA!

Sí, eso es. Y es por eso que afirmo que el mundo también necesitaría una partitura en común que todos los hombres y mujeres supieran leer; en la que todos reconozcamos nuestras aptitudes y podamos, por ello, tocarla. La dificultad se trasladaría entonces hacia la búsqueda y encuentro de semejante "joya".

Pero me atrevería a apuntar para calmar, más que nada, los posibles ánimos crispados que estas últimas palabras hubieran podido producir, que nos fijemos en cómo en cuanto las cosas nos vienen mal dadas- y parece que cuanto más mal dadas, mejor- (cfr,- acordémonos del COVID) nos ponemos enseguida en marcha, manos a la obra y damos con la "joya". ¡Eureka! O con el Cuarteto, trasmutado para esta ocasión, en Comunidad Científica, encontrando la solución, la melodía más exacta y gratificante. Y continúo explicándome...    

Porque, para qué negarlo- y a las pruebas me remito, sí, a las vacunas contra el COVID, sí, ¡porque no se descubrió una sino varias!, en cuanto los hombres y mujeres nos unimos  para hacer frente a un proyecto que nos agrupa bajo un sentido o una partitura en común, salimos increíblemente bien-parados con independencia de esas cosas- ¿menudencias?- que tanto nos desunen como son las ideas políticas, los acuerdos éticos y morales, el sexo, el color de la piel, el idioma que hablamos, etc.

Sí, correcto, o fíjemonos si no en la fulminante rapidez con la que la Comunidad Científica llegó al descubrimiento de la(s) vacuna(s) contra el COVID, o en ese Cuarteto, con el que principiaba estas líneas, que ha sabido interpretar impecablemente a Britten con total independencia de los caracteres- ¿menudencias?- que individualizan a sus integrantes.

        

Entonces, si hasta aquí estamos de acuerdo, ¿qué nos pasa en esos otros aspectos que llenan nuestros telediarios y redes sociales con imágenes y mensajes de vergüenza ajena, terribles, de hacernos volver la cabeza? Y ahora ya no me cabría duda alguna sobre las razones que sostienen a estos diarios disparates: nos falta esa partituta en común, la que colocada sobre nuestros atriles personales, convenientemente adaptada a nuestras características, nos hace arrimar el hombro, tirar todos-a-una para que podamos, de esta forma, adscribirnos a un Cuarteto que se disponga a inaugurar un concierto o a una Comunidad Científica concentrada en buscar... el remedio contra el cáncer. ¿Y no sería, entonces, nuestro fallo el no saber definirnos bajo la común etiqueta de "simplemente "humanos"?, ¿y que, en su lugar, siempre nos haga falta más y más: las jodidas coletiñllas, "humanos científicos", "humanos músicos"?

Yo, y en previsión de que esta entrada me haya quedado pelín árida, os dejo a cambio con el increíble tercer movimiento (Chacona) del ya mencionado Cuarteto para cuerdas nº2, de Benjamin Britten con la ChamberMusic Society of Lincoln Center ¡Que lo disfrutéis! ¡Y que seais buenos! 


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