Me parece que a la anterior entrada sobre Aprendiendo a escribir (I) le faltaría una sibilina coda en la que muchísimos escritores patrios no reparan como se merece, bien porque no quieren o bien porque me temo que no saben, lo que me hace pensar que las cosas, a estos efectos literarios, nos vayan como nos están yendo; o sea, y según mi modesto punto de vista, de calamidad en calamidad, salvo honrosísimas excepciones.
Por ello a esta sibilina coda yo la calificaría , directamente, como el terror que sienten los autores (o una amplísima mayoría de ellos, por lo menos) hacia todo aquello que suene a trascendencia como si, en lugar de ubicar esta trascendencia como aquello que hace que nuestro trabajo (y valga la redundancia) resulte trascendente y, por lo tanto, perdure en el tiempo (¿y no sería esto algo que todos los artistas quieren conseguir con sus obras?), la apartan en su lugar de un manotazo, asustados por la seriedad que parece llevar consigo la palabra; seriedad que no dudan ipso facto en asimilar (erróneamente, claro) con aburrimiento y con el coñazo más supino y duro.
Lo que no deja de parecerme una chorrada. Porque la intrascendencia siempre se ahoga en su propia intranscendencia, en su puro cortoplacismo, en la anécdota, en la, más o menos ocurrente, ocurrencia (y valga otra redundancia), en el slogan que sepulta a la idea, y que atinadamente denunciaba la brillante Susan Sontag, lo cual resultaría, además, de una facilísima comprobación acudiendo a las páginas de cualquier calendario. Lo que perdura, por un lado; de lo que no se acuerda ni dios, por otro. Y de mi cosecha añadiría un par de ejemplos ad hoc, para aclarar lo que aún está borroso.
Y, por ejemplo, si quisiéramos disertar sobre el juego, ¿adónde acudiríamos?, ¿a Los bingueros, aquella película de Ozores con Esteso y Pajares?, ¿o a El jugador, el relato que pergeñó en una agitada noche Dostoievski? Porque la primera el tiempo la habría colocado en la estantería de las mamarrachadas, y a olvidar cuanto antes. Pero, por el contrario, la novela del escritor ruso quedará siempre como algo atemporal (yo mismo me la acabó de comprar más de 100 años después de haber sido escrita). Sí, fácil es comprobarlo acudiendo a la presencia de la obra en el calendario. Vale, vale, de acuerdo me diréis. En este caso la calidad manda. No somos tan zoquetes. Los bingueros es intrascendencia en estado puro y El jugador, una novela como la copa de un pino porque, sin duda y entre otras virtudes, sus páginas son páginas trascendentes.
Pero yo ahora voy más allá. Sí, otra vuelta a la tuerca. Y lanzo al aire, como un guante que cualquiera pudiera recoger, una pregunta, ¿POR QUÉ? ¿Por que Los bingueros, y dejando aparte asuntos que pudieran relacionarse con la calidad, es la nadería que es, y El jugador, la obra maestra que es? Y no me cabrían prendas en reconocer que una parte importante de los motivos reside en que en la obra de Dostoievski, el juego es una excusa para contar algo que está más allá de los casinos y de las ruletas de juego. Sí, El jugador trasciende el juego, la anécdota, el Mac-Guffin hitchcockiano y, así, sus palabras, sus líneas y párrafos se hacen en su trascendencia universales. Mientras tanto, el juego, la anécdota en Los bingueros son el alma mater de la película y ésta no se desembaraza de ello por lo que no cuenta nada más que la anécdota. Los bingueros (¡como tantas y tantas obras españolas!) no "trascendentaliza" y su esencia (sic) queda en eso: en decenas de dimes-y-diretes, en una serie de gracietas que, dependiendo del estado de ánimo que llevemos encima, nos hará reír más o menos, pero al que el tiempo, ¡y que nadie lo dude!, acabará borrando y atizando una soberana patada-en-el-culo como único obsequio al que su triste intrascendencia se habría hecho acreedora.
William Faulkner, en el acto de recogida de su primer Premio Nóbel, allá por el año 50 del siglo pasado, pronunció unas palabras que se refieren a esta necesidad de trascendencia que debe tener, o aspirar a tener, cualquier obra de arte; unas palabras, sin desperdicio, que todo aquél que deseara aspirar a ser escritor (o artista, sin más) debería llevar tatuadas en la piel. No en vano el discurso está considerado uno de los mejores discursos escuchados durante la ceremonia del Nobel. Creo que el hombre, terminaba diciendo en él Faulkner aquel 10 de diciembre de 1950, no perdurará simplemente sino que prevalecerá. Creo que es inmortal no por ser la única criatura que tiene voz inextinguible sino porque tiene un alma, un espíritu capaz de compasión, de sacrificio y de perseverancia. El deber del poeta y del escritor es escribir sobre estos atributos. Ambos tienen el privilegio de ayudar al hombre a perseverar, exaltando su corazón, recordándole el ánimo y el honor, la esperanza y el orgullo, la compasión, la piedad y el sacrificio que han sido la gloria de su pasado. La voz del poeta no debe relatar simplemente la historia del hombre, puede servirle de apoyo, ser una de las columnas que lo sostengan para perseverar y prevalecer. Esto es, prevalecer, perdurar, TRASCENDER.
Obviamente, el subrayado y las mayúsculas finales son cosa mía. Para que estéis atentos, más que nada ya que continuaré refiriéndome aCita en Samarra, la primera novela de John O´Hara, con la que enredaba en la anterior entrada. Y a ella continuaré remitiéndome en esta sibilina coda echando, para ello, mano de la excelente introducción a la figura de John O´Hara y a su obra, que la Edición Planeta-Maestros Norteamericanos (IV) pone a nuestro alcance, y que durante los próximos días me propongo leer.
Porque la novela no se trata (todos los paréntesis son de mi cosecha), como a primera vista, pudiera parecer, de un cruce de asesinatos más o menos justificados (anécdota Intranscendente) sino "de la historia del encuentro de un hombre con la muerte" (trascendencia- recordemos el relato de Maugham que incluí en la anterior entrada). Luego, en la misma introducción se apunta "Muchos escriben como viven- intranscendentemente, diría yo; pero pocos sienten como escriben- trascendentemente". Y se añade al hilo de lo expuesto "La tragedia del hombre contemporáneo viene expresada siempre en un máximo de presencia (intranscendentemente, apuntillo yo) y un mínimo de significado (trascendente, re-apuntillo yo)". Y más todavía, "Vivir (intrascendentemente) devino más importante que el sentido de la existencia (trascendente) y morir (intrascendentemente) preocupa más que el sentido de la muerte (trascendente). Y todavía: "Frente a los meros narradores de fábulas o eventos propios y ajenos (más anécdotas intrascendentes), el (verdadero) escritor nos dará siempre su otra verdad, su biografía desde dentro (la trascendente). Al hacerlo así, no nos revela particulares intimidades que sólo a él conciernen (más anécdotas siempre intrascendentes), sino su universal condición humana (trascendente).
Y espero que con esto se me haya entendido un poco. o nos quitamos lo miedos y las vergüenzas de encima, y apelamos por la perenne trascendencia o seguiremos emborronando hojas y hojas sin mayor trascendencia que el ir afinando nuestros lanzamientos de bolas de papel al cesto de la basura donde, si por alguien no se había enterado todavía, las canastas no suben al marcador.
Si algo parece haberse extendido, durante nuestros
días, y con los mejores precios e intenciones (no lo dudo), son los Cursos/Talleres de Escritura. ¡Vaya, que
allá donde vas te encuentras con uno de ellos, donde te prometen que, si lo
intentas de verdad, acabarás escribiendo bien!
Porque, hoy, parece que a todo dios le ha dado por
escribir. Hasta el extremo de que si no sabes escribir, es como si fueras mudo.
No me cabe duda de que el masivo (y terrible) uso del whatssup ha contribuido lo suyo a semejante moda que, por lo visto,
no tiene trazas de pasarse, y valga la redundancia, de moda, por lo menos a
corto, medio o… largo plazo, ¿o quién podría saberlo a estas alturas?
Así que, enarbolando mi modestia por bandera, os
apuntaría una norma que, a menudo, dejamos inconscientemente dejar pasar de
largo como si ella, la norma en cuestión, no fuera con nosotros, los
potenciales escritores. Y esta norma partiría de aquel adagio que asegura, que
mal está lo que mal empieza, y al que yo, cambiándole el adjetivo, trastocaría por
un bien está lo que bien empieza.
Lo que, quizás, pudiera sonarnos excesivamente
aventurado. No hay duda que desde que se empieza hasta que se acaba, pueden
ocurrir tantas cosas, podemos vernos envueltos en tales jaleos, que aquello que
estaba bien en la página 1, termina convirtiéndose en un auténtico disparate en
la página 10. Esto es innegable. Y contra esto, me temo, poco podemos hacer,
más que aplicarnos con una atención mayúscula primero, en cada palabra, luego,
en cada frase, luego en cada párrafo y así sucesivamente.
Resulta innegable que debemos aprender a ir poco a
poco. Y si a un principio bueno, le sucede una buena continuación, y a ésta
otra, y a ésta otra, y así hasta alcanzar, por ejemplo, la página 200, podremos
asegurar que estamos en condiciones ideales de pergeñar un buen trabajo. Claro,
siempre que la extensión final de la novela, si es que se trata de una novela,
no se nos salga de madre.
Y cuento todo esto al hilo de Cita en Samarra, la
primera novela escrita por John O´Hara, publicada en 1930 y que ayer empecé a
leer. Y si su principio, ¡el prólogo y el mismo título!, no enganchan es que ya
no entiendo nada de nada. Yo, por lo menos, he mordido el anzuelo y estoy
deseando que me lleguen los ratos libres para continuar devorando la novela. Y
todo por culpa de ese prólogo y título que me predisponen (desde ya) a esperar
lo mejor del trabajo de O´Hara, confiando en lo que anteriormente proponía: que,
por esta vez, lo que bien empieza bien acabe: apunte y guía fundamental que
todo trabajo literario que se precie debería mantener como frase de cabecera.
Empezar bien y…. seguir bien. Porque sin lo primero… nunca obtendremos lo
segundo.
Y ahora, y sin más tabarras, os dejo aquí abajo con el
prólogo y el título de Cita en Samarra, y vosotros diréis
si O´Hara empieza bien y si os apetece seguir pasando las hojas. Porque a mí el
anzuelo se me ha incrustado en el paladar. Pero sin dolor. Incluso lo “padezco”
como la mayor gozada que he saboreado durante los últimos meses. Ahí van:
(Prólogo)
HABLA
LA MUERTE
Cierta
vez, un comerciante de Bagdad envió a su criado a comprar provisiones en el
mercado. Al poco rato, volvió éste pálido y tembloroso, y dijo: “Señor, hace un
momento, mientras estaba en la plaza del mercado, he sido empujado por una
mujer que se hallaba entre la multitud y, al volverme, he visto que era la
Muerte”. Me ha mirado y ha hecho un gesto de amenaza. Préstame tu caballo para
que me aleje en él de esta ciudad, y así evitaré mi destino. Marcharé a
Samarra., y allí no me encontrará la Muerte.” El comerciante le prestó el caballo. El criado montó, picó
espuelas y emprendió la marcha a toda la velocidad que podía galopar el
caballo. Luego, el comerciante bajó al mercado y, descubriéndome entre la
multitud, se acercó y me dijo: “¿Por qué has hecho un gesto de amenaza a mi
criado cuando le has visto esta mañana?” “No ha sido un gesto de amenaza-
respondí-, sino de sorpresa. Me extraño verle en Bagdad, cuando esta noche tengo
un cita con ´él en Samarra.” W. Somerset Maugham.
(Título)
CITA
EN SAMARRA
¿Habría alguien a quien no le tentara seguir leyendo
la novela de O´Hara? Que levante la mano. Las mías las tengo bien metidas entre las páginas de Samarra, esperando la señal de salida.
Ahora que
estamos de bakatas-NBA y todavía relamiéndonos con la última victoria de losWarriors, frente a unos siempre
aguerridos y competitivos Celtics,
que les puso en los dedos el Anillo de Campeón de la Temporada 2021/22,
quisiera aclarar un par de cosas, o una cosa más que nada, sobre el equipo de
la Bahía y, más en concreto, sobre su indiscutible figura, ese base que
responde al nombre de Stephen Curry.
Porque, sin
salirnos del basket, debemos reconocer que siempre ha habido jugadores que han
marcado, con sus actuaciones y éxitos, el devenir de este deporte. Los nombres,
quizás, no sean muy numerosos (la excelencia si pretende ser tal, nunca debe
ser numerosa), aunque sí inolvidables.
Cito, y si me dejo a alguno aquí pongo mi pescuezo para el merecido capón, a Jordan o a Bird, o a Magic Johnson, al
Doctor J, a Chamberlain, o a Kareen, y con un etc… me cubro las espaldas. Todos
ellos habrían conseguido que disfrute del baloncesto como antes nunca lo había
disfrutado. Y ésta siempre será una impagable deuda que los aficionados
tendremos con esos jugadorazos. Pero con ellos el baloncesto ha seguido siendo
el mismo deporte, más excelente, eso sí, sin duda, pero sin especiales alteraciones
en la forma de jugar, o de diseñar
esas jugadas, dignas de una atención tan particular.
Pero sin
embargo habría otros jugadores, quizás no tan súper brillantes, a los que el
deporte, el baloncesto en este caso, les debe no tanto la excelencia que han
aportado al juego, sino la auténtica revolución que su presencia habría
provocado tanto en los diseños de las jugadas, como en la misma práctica del
deporte en sí.
Y menciono a Stephen Curry, el excelente base
de los Warriors, y creo que me haré
entender con mayor facilidad. Porque, tal vez, el bueno de Stephen no llegue
(todavía) al nivelazo que acabaron por mostrar los Jordan, Bird, Magic y el
etc. aludido líneas arriba, pero pienso que, en cierta manera, Curry ha ido más allá o, por lo menos, hacia otro lado. Con él en la pista el
baloncesto no sólo se habría recubierto de una evidente excelencia sino que,
simple y llanamente, habría cambiado. Eso es, desde el aterrizaje de Curry en
las canchas NBA, el baloncesto ya nunca se jugará igual que antes de su llegada.
Simplemente
sus acertados lanzamientos desde más allá de los 8, o a veces cebándose, desde
más allá de los 9 metros, desde el popularizado downtown o desde la cocina de su casa, han provocado que las
defensas rivales se abran y jueguen
más arriba, con lo cual en la zona, en la pintura el tráfico es más fluido y
los jugadores, los pivots y ala-pivots sobre todo, no se amontonan y
“chocan” sobre la pintura. El juego da la razón a los “bajitos” y se acelera a
mil por hora. Se hace más espectacular, a bloqueo-limpio, y el espectador, sumido en su vida
cotidiana en una existencia que viaja, también, a velocidad de crucero,
encuentra ahora en el baloncesto, en especial, en la NBA, un deporte ad hoc; un deporte que sí, que va como su vida misma: a toda hostia.
Y Stephen Curry,
más allá de si es peor o mejor que Jordan, o que Bird, o que Magic ha conseguido
que esto (que no es moco de pavo) se haya hecho realidad. Él solito ha cambiado
el baloncesto como Fosbury cambió, en su día, el salto de altura; modalidad
atlética que desde sus saltos ya no ha vuelto a practicarse de la misma manera.
¿Y es Dick Fosbury el mejor saltador de altura de todos los tiempos? Ni lo sé,
ni me importa. Pero desde que él pisó los estadios de atletismo, la modalidad
del salto de altura se practica de otra manera. Y se salta más alto. Y con
Curry estaríamos en las mismas. Al baloncesto se jugaba de una forma a.C.
(antes de Curry, claro) y d.C (o sea, después de Curry) se juega de otra. O que
se lo pregunten sino al mismo Llull o al
Booker de los Suns de Phoenix. Y
además se meten más puntos.
Si con aquellos primeros excelentes, los Jordan, Bird, Magic y etc. aprendimos a ver el
baloncesto con los ojos como platos y la boca abierta. Con Curry todavía nos
preguntamos, más que si ganará tantos anillos como Jordan o Phil Jackson, hasta
dónde pueden llegar las variantes de este apasionante deporte del cinco contra
cinco. Y esto es mucho preguntar. Curry y su juego nos hacen pensar,
directamente, en un futuro que aún no podemos ni imaginar. Y esto también es
mucho pensar, Mr.
Acabo de terminar de leer las 7 novelas que componen En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, uno de esos puntuales de la Literatura Universal que todos deberían leer, por lo menos una vez en la vida. Así me lo propuse yo cuando empecé por la primera, Por el amor de Swann, allá por 2014, coincidiendo con el centenario de la novela. Luego, he ido a libro por año hasta terminar la serie este 2022 con El tiempo recobrado.
Y me he quitado el sombrero ante la descomunal tarea que Proust llevó al mejor puerto. Y aunque debo reconocer que la novela, en su conjunto, no me ha apasionado, sí que, a sombrero quitado, me descubro ante su segunda entrega o A a la sombra de las muchachas en flor, para mí la mejor de las 7 que componen el conjunto, todo un prodigio de sensibilidad como, casi nunca, he tenido ocasión de disfrutar, y ante decenas de pasajes de sus otras compañeras de viaje que no me dejan, precisamente, indiferente.
Lo compruebo cuando, una vez terminada la lectura de la novela en cuestión, repaso aquellos pasajes que más me han interesado y que, por ello, he subrayado- ¡a lápiz!- y me doy, entonces, cuenta que esos pasajes bien que podrían engrosar, a su vez, otra pequeña-gran novela- como si de dos muñecas rusas se trataran: una en el interior de la otra. Entonces sí, y aunque a primera vista no me lo haya parecido, En busca del tiempo perdido, además de su bonito título, es una obra maestra (aunque, en su totalidad, no me haya apasionado).
Y si para muestra de lo que digo sirviera un botón, extraería de la última entrega, de El tiemporecobrado un excelente momento, más o menos, extenso, y al que mientras le ponía los ojos encima, hacía aflorar en mi (calenturienta) mollera la escena que Alfred Hitchcock diseñara casi 60 años más tarde para la aparición de Judy salida de entre los muertos y reconvertida en Madeleine en su inagotable Vertigo.
Por eso las obras de Proust y de Hitchcock son cumbres de nuestra cultura. Las dos saben buscarse, encontrarse y reencontrarse, ser siempre las mismas, pero siempre diferentes, inagotables en sus enseñanzas.
Y ya os dejo "trankis". Primero, la página de El tiempo recobrado. En ella yo leía hace unos días: (...) como un aviador que, rodando penosamente en tierra, despega bruscamente, me iba elevando despacio hacia las silenciosas alturas del recuerdo. En París, esas calles se destacarán siempre para mí en una materia distinta de las demás. Cuando llegué a la esquina de la Rue Royale, donde estaba en otro tiempo el vendedor de aquellas fotos que tanto le gustaban a Francisca, me pareció que el coche, arrastrado por centenares de antiguas vueltas, no podría hacer otra cosa que girar por sí mismo. No atravesaba yo las mismas calles que los transeúntes que pasaban aquel día, sino un pasado deslizante, triste y dulce. Por otra parte, se componía de tantos pasados diferentes que me era difícil reconocer la causa de mi melancolía... Y después, ¡dentro vídeo!, la increíble secuencia de Vertigo a la que la página de El tiempo recobrado me remite como un imán. No sé. Pero sí, ahora una me lleva a la otra (a la de Proust, que desconocía hasta hace unos días). Y la otra, a la una.
En 1939 el incomparable Benjamin Britten compuso
unos bonitos lieders basándose en las Iluminaciones del no menos insigne poeta francés Arthur Rimbaud.
Yo las escuchaba el otro día, para lo
cual, para que la audición fuera más completa,
me había descargado los textos de Rimbauid en el original francés y con su
traducción al español. Y cuál no sería mi sorpresa cuando creí, o me dio por
confundir o entrelazar los versos de Rimbaud (ese inicio que reza, Sólo yo tengo la clave de este desfile
salvaje) con los que casi 1 siglo después utilizara el no menos grande Lou
Reed (sí, Lou again!) para su
demoledor desfile de Halloween o Haloween
Parade incluido en su New York, y
que yo mismo he traducido más mal que bien, pero con mucho gusto (se admiten,
¡cómo no!, discrepancias y sugerencias).
Y ahora aquí os van las dos, pero Las Iluminaciones en una increíble versión (a la que no he podido resistir) con la bellísima soprano canadiense Barbara Hannigan cantando y ¡dirigiendo a la vez (lo nunca visto, por lo menos por mí)!; y el Halloween Parade, con Lou al aparato y en directo. Con
paciencia os aseguro que las dos merecen (y mucho) la pena.
Ce sont des villes! C'est un peuple
pour qui se sont montés ces Alleghanys et ces Libans de rêve! Des chalets de
cristal et de bois se meuvent sur des rails et des poulies invisibles. Les
vieux cratères ceints de colosses et de palmiers de cuivre rugissent
mélodieusement dans les feux…Des cortèges de Mabs en robes rousses, opalines,
montent des ravines. Là-haut, les pieds dans la cascade et les ronces, les
cerfs tettent Diane. Les Bacchantes des banlieues sanglotent et la lune brûle
et hurle. Vénus entre dans les cavernes des forgerons et des ermites. Des
groupes de beffrois chantent les idées des peuples. Des châteaux bâtis en os
sort la musique inconnue…Le paradis des orages s'effondre…Les sauvages
dansent sans cesse la fête de la nuit…
Quels bons bras, quelle belle heure me
rendront cette région d'où viennent mes sommeils et mes moindres mouvements?
¡Son ciudades! ¡Un pueblo para el que se levantaron esos Alleghanys y
esos Líbanos de ensueño! Chalés de cristal y madera que se mueven sobre
raíles y poleas invisibles. Los viejos cráteres ceñidos por colosos y
palmeras de cobre rugen melodiosamente entre las llamas... Cortejos de Mabs
con atuendos rojos, opalinos, ascienden los barrancos. Arriba, con las patas
en la cascada y las zarzas, los ciervos maman de Diana. Las Bacantes de los
suburbios sollozan y la luna arde y aúlla. Venus entra en las cavernas de los
herreros y los ermitaños. Grupos de campanarios cantan las ideas de los
pueblos. Desde castillos construidos con huesos sale la música desconocida...
El paraíso de las tormentas se derrumba. Los salvajes bailan sin cesar la
fiesta de la noche.
¿Qué brazos bondadosos, qué hermosa
hora me devolverán a esta región de donde vienen mis sueños y mis menores
movimientos?
3a. Phrase
J'ai tendu des cordes de clocher à clocher; des guirlandes de fenêtre à
fenêtre; des chaînes d'or d'étoile à étoile, et je danse.
He tendido cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a
ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y bailo.
3b. Antique
Gracieux fils de Pan! Autour de ton front couronné de fleurettes et de
baies, tes yeux, des boules précieuses, remuent. Tachées de lies brunes, tes
joues se creusent. Tes crocs luisent. Ta poitrine ressemble à une cithare, des
tintements circulent dans tes bras blonds. Ton cœur bat dans ce ventre où
dort le double sexe. Promène-toi, la nuit, en mouvant doucement cette cuisse,
cette seconde cuisse et cette jambe de gauche.
¡Gentil hijo de Pan! En torno a tu frente coronada de florecillas y de
bayas, tus ojos, bolas preciosas, se agitan. Manchadas de heces pardas, tus
mejillas se hunden. Relucen tus colmillos. Tu pecho parece una cítara,
circulan tintineos por tus brazos rubios. Tu corazón late en ese vientre
donde duerme el doble sexo. Paséate, de noche, moviendo suavemente ese muslo,
ese segundo muslo y esa pierna izquierda.
4. Royauté
Un beau matin, chez un peuple fort doux, un homme et une femme superbes
criaient sur la place publique: "Mes amis, je veux qu'elle soit
reine!" "Je veux être reine!" Elle riait et tremblait. Il
parlait aux amis de révélation, d'épreuve terminée. Ils se pâmaient l'un
contre l'autre.
En effet ils furent rois toute une
matinée où les tentures carminées se relevèrent sur les maisons, et toute
l'après-midi, où ils s'avancèrent du côté des jardins de palmes.
Una hermosa mañana, en un pueblo muy amable, un hombre y una mujer
extraordinarios gritaban en la plaza pública. "¡Amigos míos, quiero que
ella sea reina!" "Quiero ser reina". Ella reía y temblaba. Él
hablaba a los amigos de revelación, de prueba terminada. Caían extasiados el
uno junto el otro.
De hecho fueron reyes toda una mañana
en que las colgaduras carmesíes se desplegaron en las casas, y toda la tarde,
en que juntos avanzaron por los jardines de palmas.
5. Marine
Les chars d'argent et de cuivre—
Les proues d'acier et d'argent—
Battent l'écume,—
Soulèvent les souches des ronces.
Les courants de la lande,
Et les ornières immenses du reflux,
Filent circulairement vers l'est,
Vers les piliers de la forêt,
Vers les fûts de la jetée,
Dont l'angle est heurté par des tourbillons de lumière.
Los carruajes de plata y de cobre,
Las proas de acero y de plata,
Baten la espuma,
Levantan las cepas de las zarzas.
Las corrientes del páramo
Y las roderas inmensas del reflujo
Fluyen circularmente hacia el este,
Hacia los pilares del bosque,
Hacia los fustes de la escollera,
Cuya esquina golpean torbellinos de luz.
6. Interlude
J'ai seul la clef de cette parade sauvage.
Solo yo tengo la clave de esta parada salvaje.
7. Being Beauteous
Devant une neige
un Être de Beauté de haute taille. Des sifflements de morts et des cercles de
musique sourde font monter, s'élargir et trembler comme un spectre ce corps
adoré: des blessures écarlates et noires éclatent dans les chairs superbes.
Les couleurs propres de la vie se foncent, dansent, et se dégagent autour de
la Vision, sur le chantier. Et les frissons s'élèvent et grondent, et la
saveur forcenée de ces effets se chargeant avec les sifflements mortels et
les rauques musiques que le monde, loin derrière nous, lance sur notre mère
de beauté, —elle recule, elle se dresse. Oh! nos os sont revêtus d'un nouveau
corps amoureux.
O la face
cendrée, l'écusson de crin, les bras de cristal! Le canon sur lequel je dois
m'abattre à travers la mêlée des arbres et de l'air léger!
Ante una nevada, un Ser de Belleza de elevada estatura. Silbidos de
muerte y círculos de música sorda hacen subir, ensancharse y temblar como un
espectro a este cuerpo adorado; heridas escarlatas y negras estallan en las
carnes magníficas. Los colores propios de la vida se oscurecen, danzan, y se
disipan en torno a la Visión, en el taller. Y los escalofríos se levantan y
gruñen, y el furioso sabor de estos efectos cargándose de los silbidos
mortales y las roncas músicas que el mundo, allá lejos tras nosotros, lanza
sobre nuestra madre de belleza, ella retrocede, se yergue. ¡Oh!, nuestros
huesos se han revestido de un nuevo cuerpo enamorado.
¡Oh la faz cenicienta, el escudo de
crin, los brazos de cristal! ¡El cañón sobre el que debo arrojarme por entre
la maraña de árboles y el aire leve!
8. Parade
Des drôles très solides. Plusieurs ont exploité vos mondes. Sans besoins,
et peu pressés de mettre en œuvre leurs brillantes facultés et leur
expérience de vos consciences. Quels hommes mûrs! Des yeux hébétés à la façon
de la nuit d'été, rouges et noirs, tricolorés, d'acier piqué d'étoiles d'or;
des facies déformés, plombés, blêmis, incendiés; des enrouements folâtres! La
démarche cruelle des oripeaux! Il y a quelques jeunes…
O le plus violent Paradis de la
grimace enragée!…Chinois, Hottentots, bohémiens, niais, hyènes, Molochs,
vieilles démences, démons sinistres, ils mêlent les tours populaires,
maternels, avec les poses et les tendresses bestiales. Ils interpréteraient
des pièces nouvelles et des chansons "bonnes filles." Maîtres
jongleurs, ils transforment le lieu et les personnes et usent de la comédie
magnétique…
(J'ai seul la clef de cette parade sauvage.)
Robustísimos bribones. Muchos han explotado vuestros mundos. Sin
necesidades, y poco dispuestos a poner en práctica sus brillantes talentos y
su experiencia de vuestras conciencias. ¡Qué hombres tan maduros! ¡Ojos
alelados a la manera de la noche de estío, rojos y negros, tricolores, de
acero punteado por estrellas de oro; semblantes deformes, plomizos, lívidos,
incendiados; alocadas voces roncas! ¡El andar cruel de los oropeles! - Hay
algunos jóvenes -...
¡Oh el más violento Paraíso de la
mueca rabiosa!... Chinos, hotentotes, zíngaros, necios, hienas, Molocs,
viejas demencias, demonios siniestros, mezclan giros populares, maternales,
con poses y ternuras bestiales. Interpretarían piezas nuevas y canciones para
"señoritas" (picantes). Expertos juglares, transforman el lugar y
las personas y utilizan la comedia magnética...
(Solo yo tengo la clave de esta parada salvaje.)
9. Départ
Assez vu. La vision s'est rencontrée à tous les
airs.
Assez eu. Rumeurs
de villes, le soir, et au soleil, et toujours.
Assez connu. Les arrêts de la vie. O Rumeurs et Visions!
Départ dans l'affections et le bruit neufs!
Visto lo suficiente. La visión se ha vuelto a encontrar en todos los
aires.
Tenido lo suficiente. Rumores de las
ciudades, al anochecer, y al sol, y siempre.
Conocido lo suficiente. Los parones de la vida. - ¡Oh Rumores y Visiones!
¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!
HALLOWEEN PARADE, DE LOU REED
Ha llegado un hada desde el centro de la ciudad vociferando el "Proud
Mary" There's a down town fairy singing out "Proud
Mary"
Mientras cruza Christopher Street As she cruises Christopher Street
Y alguna que otra Reina del Sur actúa a gritos y sin nada de “glamour” And some Southern Queen is acting loud and mean
Donde los muelles y las Malas Tierras se juntan Where the docks and the Badlands meet
A este Halloween hay que venir bien convencido
This Halloween is something to be sure
Especialmente para estar aquí sin ti. Especially to be here without you
Veo a una Greta Garbo y a un Alfred Hitchcock There's a Greta Garbo and an Alfred Hitchcock
Y a algún semental jamaicano negro And some black Jamaican stud
A cinco Cenicientas y a algunos travestis con trajes de cuero There's five Cinderella's and some leather drags
Casi me caigo de culo. I almost fell into my mug
Veo también a una (Joan) Crawford, a una (Bette) Davis y a un pegajoso Cary
Grant There's a Crawford, Davis and a tacky Cary Grant
Y algunos Homeboys, venidos desde el Bronx, buscando problemas
And some Homeboys lookin' for trouble down here from
the Bronx
Pero no hay ningún Harry ni ninguna Virgen María But there ain't no Harry and no Virgin Mary
No volverás a escuchar esas voces otra vez. You won't hear those voices again
Y Johnny Rio y Rotten Rita And Johnny Rio and Rotten Rita
No volverás a ver esas caras otra vez. You'll never see those faces again
A este Halloween hay que venir bien convencido This Halloween is something to be sure
Especialmente para estar aquí sin ti Especially to be here without you
Están los Born Again Losers y los Lavender Boozers There's the Born Again Losers and the Lavender Boozers
Y algún equipo de crack que ha llegado desde Washington Heights And some crack team from Washington Heights
Los chicos de la Avenido B, las chicas de la Avenida D The boys from Avenue B, the girls from Avenue D
Una Campanita con mallas. A Tinkerbell in tights
Esta celebración en cierta manera me deprime This celebration somehow gets me down
Especialmente cuando veo que tú no andas por aquí
Especially when I see you're not around
Ni hay un Peter Pedantic diciendo cosas bonitas There's no Peter Pedantic saying things romantic
En latín, griego o spic In Latin, Greek or Spic
No hay un Tres Bananas o un Brandy Alexander There's no Three Bananas or Brandy Alexander
Mezclando todos sus licores Dishing all their tricks
Es una sensación distinta la que embarga hoy It's a different feeling that I have today
Especialmente cuando sé que tú te has ido Especially when I know you've gone away
Hay una chica del Soho con una camiseta que dice "te la mamo" There's a girl from Soho with a t-shirt saying "I
Blow"
Está con el "dame cinco, dos más tres" She's with the "Jive five, two plus three"
Y las chicas para asegurarse el cobro están ofreciendo tarifas reducidas And the girls for pay dates are giving cut rates
O, incluso, haciéndolo gratis Or else doing it for free
El pasado sigue llamando, llamando, llamando a mi puerta The past keeps knock, knock, knocking on my door
Y no quiero escucharlo más And I don't want to hear it anymore
Ningún consuelo por favor para sentirme deprimido No consolations please for feelin' funky
Tengo que poner mi cabeza por encima de los pies I got to get my head above my knees
Pero eso me vuelve loco y hace que me sienta triste But it makes me mad and that makes me sad
Y entonces empiezo a helarme de frío And then I start to freeze
En el fondo de mi mente tenía miedo que esto pudiera ocurrir
In the back of my mind I was afraid it might be true
En el fondo de mi mente tenía miedo que esto pudiera deberse a ti In the back of my mind I was afraid that they meant
you
El Desfile de Halloween (Desfile de Halloween) The Halloween Parade (Halloween Parade)
En el desfile de Halloween (Halloween Parade) At the Halloween parade (Halloween Parade)
En el desfile de Halloween (Halloween Parade) At the Halloween parade (Halloween Parade)
Os veo el próximo año, en el desfile de Halloween (Halloween Parade) See you next year, at the Halloween parade (Halloween
Parade)