
Hace unos meses que pertenezco y participo en los escelentes coloquios que organiza mensualmente el Club de Roma. Pero hasta hoy no me había decidido- cosa rara en mí- a escribir nada al respecto, pero he decidido estrenarme con las presentes líneas, y a resultas de un manuscrito que la semana pasada me envió un buen amigo para que lo leyera y le diera mi humilde- ¡siempre humilde, que diría David Hume!-...